Versículo destacado
Éxodo 24:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El Señor dijo a Moisés: «Sube a mí, al monte, y quédate allí. Yo te daré tablas de piedra, y una ley y mandamientos que he escrito, para que se los enseñes». "
Éxodo 24:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Ellos vieron al Dios de Israel. Debajo de sus pies había como un pavimento de piedra de zafiro, semejante al cielo mismo en su claridad.
11 Él no puso su mano sobre los nobles de los hijos de Israel. Ellos vieron a Dios, y comieron y bebieron.
12 El Señor dijo a Moisés: «Sube a mí, al monte, y quédate allí. Yo te daré tablas de piedra, y una ley y mandamientos que he escrito, para que se los enseñes».
13 Moisés se levantó, y también su servidor Josué; y Moisés subió al monte de Dios.
14 Y dijo a los ancianos: «Quédense aquí esperándonos hasta que regresemos a ustedes. Aarón y Hur están con ustedes; si alguien tiene algún asunto, que acuda a ellos».
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Después de que terminó la ceremonia pública de la ratificación del pacto, Moisés fue llamado a subir para recibir más instrucciones, las cuales se dan en los capítulos siguientes.
Moisés subió al monte y permaneció allí, apartado durante seis días. Dios le dijo: «Sube a mí, al monte, y quédate allí», dando a entender que debía esperar permanecer allí por algún tiempo. Quienes desean tener comunión con Dios deben hacer algo más que acudir a sus ordenanzas; deben perseverar en ellas. Dichosos son los que viven en su casa, no los que simplemente la visitan. Dios también dijo: «Sube, y yo te daré una ley para que se la enseñes». Moisés no enseñó al pueblo nada que no hubiera recibido del Señor, ni transmitió nada que Dios no le hubiera dado. De ese modo fue fiel tanto a Dios como a Israel. No añadió a las palabras de Dios ni quitó de ellas, sino que siguió cuidadosamente sus instrucciones.
Después de recibir estas órdenes, Moisés nombró a Aarón y a Hur, su ayudante y un líder respetado, para que actuaran como jueces durante su ausencia y conservaran la paz y el orden entre el pueblo (Éxodo 24:14). Quería dejar atrás la responsabilidad del gobierno mientras subía al monte, para que su mente no se distrajera. Sin embargo, no dejaría al pueblo como ovejas sin pastor, ni siquiera por unos cuantos días. Los buenos gobernantes cuidan constantemente de su pueblo, y ese cuidado es para el pueblo una bendición firme.
También llevó consigo al monte a Josué, su siervo y futuro sucesor (versículo 13). Para Josué debió ser un consuelo estar con Moisés durante esos seis días antes de que Dios lo llamara. Como sucedería a Moisés, fue honrado delante del pueblo por encima de los demás ancianos. Esto ayudaría a que más adelante el pueblo lo aceptara con mayor disposición como su líder. Además, estaba siendo preparado para el servicio al aprender a tener comunión con Dios. Josué era una figura de Cristo y, como señala el obispo Pearson, Moisés lo llevó consigo al monte porque, sin Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, nadie puede penetrar en los secretos del cielo ni acercarse a la gloriosa presencia de Dios.
Una nube cubrió el monte durante seis días, mostrando que Dios estaba allí presente de manera especial. Dios se revela de una forma que a la vez lo da a conocer y lo oculta. Nos da suficiente luz para asegurarnos de su presencia, poder y gracia, pero también nos recuerda que no podemos comprenderlo por completo. Durante esos seis días, Moisés esperó en el monte a que Dios lo llamara a su cámara de presencia (Éxodo 24:15-16). De esta manera, Dios puso a prueba la paciencia de Moisés y su obediencia al mandato: «Quédate allí» (Éxodo 24:12). Si Moisés se hubiera impacientado antes del séptimo día, como le ocurrió a Saúl (1 Samuel 13:8-9), y hubiera dicho: «¿Por qué voy a seguir esperando al Señor?», habría perdido el honor de entrar en la nube. Pero la comunión con Dios vale la pena esperar. También es apropiado que acudamos al culto solemne con una pausa serena, tomándonos el tiempo para aquietar el corazón (Salmo 108:1).
En el séptimo día, probablemente el día de reposo, Moisés fue llamado a entrar en la nube (Éxodo 24:16). La nube espesa se abrió delante de todo Israel, y la gloria del Señor apareció como un fuego consumidor (Éxodo 24:17). Dios es ciertamente un fuego consumidor, y escogió mostrarse de esa manera al entregar la ley. Al contemplar la santidad y el terror del Señor, el pueblo sería movido a obedecer. También quedaría preparado para recibir los consuelos del evangelio, de modo que la gracia y la verdad que vienen por medio de Jesucristo fueran recibidas con mayor gratitud.
La entrada de Moisés en la nube también fue extraordinaria. Entró en medio de ella (Éxodo 24:18). Para hacerlo se necesitaban gran valor y una fe firme, que Dios le había dado durante aquellos seis días de preparación, especialmente porque la nube resplandecía con un fuego consumidor. Moisés sabía que quien lo había llamado también lo protegería. Incluso las cualidades de Dios que más aterrorizan a los malvados son motivo de alegría para los santos cuando se acercan a ellas con humilde reverencia. Los que viven rectamente y hablan con sinceridad pueden habitar aun con este fuego consumidor, como dice Isaías (Isaías 33:14-15). También hay personas y obras que resistirán el fuego, y algunas tendrán confianza delante de Dios (1 Corintios 3:12).
Su permanencia en la nube fue igualmente extraordinaria. Estuvo allí cuarenta días y cuarenta noches. Parece que los seis días de Éxodo 24:16 no formaron parte de esos cuarenta, porque durante ellos Moisés estaba con Josué, quien comía el maná y bebía del arroyo mencionado en Deuteronomio 9:21. Mientras estuvieron juntos, es probable que Moisés también comiera y bebiera con él. Pero cuando Moisés fue llamado a entrar en medio de la nube, dejó a Josué afuera. Josué siguió comiendo y bebiendo cada día mientras esperaba el regreso de Moisés, pero a partir de ese momento Moisés ayunó. Dios podría haberle comunicado en un solo día todo lo que necesitaba decirle, pero, para dar mayor solemnidad al momento, lo mantuvo en el monte durante cuarenta días y cuarenta noches. Aprendemos de esto a pasar mucho tiempo con Dios y a considerar bien aprovechado ese tiempo. Quienes desean conocer la voluntad de Dios deben meditar en ella de día y de noche.
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De este capítulo
Éxodo 24:1
"Y dijo a Moisés: «Sube al Señor, tú, Aarón, Nadab, Abiú y setenta de los ancianos de Israel; y adoren desde lejos»."
Éxodo 24:2
"Solo Moisés se acercará al Señor; pero ellos no se acercarán, ni el pueblo subirá con él."
Éxodo 24:3
"Moisés fue y comunicó al pueblo todas las palabras del Señor y todos los decretos. Todo el pueblo respondió a una sola voz: «Haremos todo lo que el Señor ha dicho»."
Éxodo 24:4
"Moisés escribió todas las palabras del Señor. Se levantó temprano por la mañana, construyó un altar al pie del monte y levantó doce columnas, conforme a las doce tribus de Israel."
Éxodo 24:5
"Luego envió a jóvenes de los hijos de Israel, quienes ofrecieron holocaustos y sacrificaron al Señor bueyes como ofrendas de paz."
Éxodo 24:6
"Moisés tomó la mitad de la sangre y la puso en recipientes; la otra mitad de la sangre la roció sobre el altar."
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