Versículo destacado
Deuteronomio 34:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Josué hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él. Los hijos de Israel lo escucharon e hicieron lo que el SEÑOR había ordenado a Moisés. "
Deuteronomio 34:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Moisés tenía ciento veinte años cuando murió; su vista no se había debilitado ni su vigor natural había disminuido.
8 Los hijos de Israel lloraron por Moisés en las llanuras de Moab durante treinta días; así terminaron los días de llanto y duelo por Moisés.
9 Josué hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él. Los hijos de Israel lo escucharon e hicieron lo que el SEÑOR había ordenado a Moisés.
10 Desde entonces no ha surgido en Israel ningún profeta como Moisés, a quien el SEÑOR conoció cara a cara,
11 en todas las señales y maravillas que el SEÑOR lo envió a realizar en la tierra de Egipto al faraón, a todos sus siervos y a toda su tierra,
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Aquí tenemos un homenaje muy honorable tanto a Moisés como a Josué. A cada uno se le reconoce y cada uno lo merece. Es una falta de gratitud alabar tanto a nuestros amigos que viven que olvidemos a quienes han muerto, cuya memoria todavía merece honra. Al mismo tiempo, es injusto exaltar tanto a los muertos que despreciemos el bien que Dios nos concede por medio de quienes sobreviven y ocupan su lugar. Dios debe ser glorificado en ambos, como sucede aquí.
Josué recibe reconocimiento como un hombre maravillosamente capacitado para la obra a la que Dios lo llamó (versículo 9). Moisés llevó a Israel hasta las puertas de Canaán y después murió, mostrando que la ley no podía llevar nada a la perfección (Hebreos 7:19). La ley conduce a las personas al desierto de la convicción, pero no a la paz establecida del descanso. Le correspondía a Josué, figura de nuestro Señor Jesucristo, hacer lo que la ley no podía hacer, porque la ley era débil por causa de la naturaleza humana (Romanos 8:3). Por medio de Cristo entramos en el descanso: tanto en el descanso interior de la conciencia como en el descanso eterno del cielo.
Tres cosas mostraron claramente que Josué había sido verdaderamente llamado para esta gran tarea. Dios lo había capacitado, porque estaba lleno del espíritu de sabiduría. Necesitaba esa sabiduría, pues debía guiar a un pueblo terco y conquistar a un enemigo astuto. La capacidad para liderar es tan necesaria para un comandante como el valor. En esto, Josué apuntaba a Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría.
Además, por dirección de Dios, Moisés había designado a Josué como su sucesor. Había puesto sus manos sobre él, apartándolo para ese cargo, y había pedido que Dios lo capacitara para la obra. Esto ayuda a explicar por qué Dios le concedió a Josué una medida tan extraordinaria de sabiduría. Su designación era obra de Dios mismo, y a quienes Dios usa también los hace aptos, en alguna medida, para la tarea que les encomienda. También era precisamente lo que Moisés le había pedido a Dios que hiciera cuando puso sus manos sobre Josué. De la misma manera, cuando la presencia corporal de Cristo dejó a su iglesia, él pidió al Padre que enviara a otro Consolador, y recibió lo que había pedido.
El pueblo también aceptó con gusto a Josué y se sometió a su liderazgo. Tener un lugar en el corazón del pueblo es una gran ventaja y un gran apoyo para cualquier responsabilidad pública. También fue una gran misericordia para Israel que, cuando murió Moisés, no quedara como ovejas sin pastor. Ya tenían entre ellos a un hombre a quien todos podían acordar seguir con plena confianza.
Moisés también recibe reconocimiento, y con justa razón (Deuteronomio 34:10-12). Fue verdaderamente un gran hombre, especialmente en dos aspectos. Primero, tuvo una cercanía extraordinaria con el Dios de la creación. Dios lo conoció cara a cara, y Moisés conoció a Dios de una manera que nadie más conoció, al menos entre los santos del Antiguo Testamento (Números 12:8). Vio más de la gloria de Dios que cualquier otra persona de su época. Tuvo un acceso más libre y frecuente a Dios, y Dios le hablaba no por medio de sueños o visiones mientras dormía, sino cuando estaba despierto y delante de los querubines. Otros profetas solían llenarse de temor cuando Dios se les aparecía (Daniel 10:7), pero Moisés conservaba la calma cada vez que recibía un mensaje de Dios.
Segundo, Moisés tuvo gran autoridad y poder en el mundo creado por Dios. Los milagros de juicio que realizó en Egipto delante del faraón, y los milagros de misericordia que realizó en el desierto delante de Israel, demostraron que gozaba de un favor especial del cielo y que había recibido una comisión única para su obra en la tierra. Nadie en Israel tenía más razones para amarlo, y ningún enemigo de Israel tenía más razones para temerle. El historiador llama a estas obras señales y maravillas, realizadas con mano poderosa y con gran terror. Esto también puede señalar los terrores del monte Sinaí, donde Dios confirmó plenamente la comisión de Moisés y la demostró sin lugar a dudas ante todo Israel.
Moisés fue mayor que cualquier otro profeta del Antiguo Testamento. Todos ellos eran hombres importantes en el cielo y con influencia en la tierra, pero ninguno podía compararse con él. Nadie antes de Moisés, ni nadie después de él hasta que cesó la profecía, mostró o llevó a cabo una comisión del cielo como la suya. Este reconocimiento de Moisés parece haber sido escrito mucho tiempo después de su muerte; sin embargo, aun entonces no había surgido ningún profeta como él. Por medio de Moisés, Dios dio la ley y formó a la iglesia judía. Por medio de los demás profetas, Dios dio solamente reprensiones, instrucciones y predicciones específicas. El último profeta termina diciéndole al pueblo que recuerde la ley de Moisés (Malaquías 4:4). Cristo mismo apeló con frecuencia a los escritos de Moisés y llamó a Moisés testigo, pues Moisés vio de lejos el día de Cristo y habló acerca de él.
Sin embargo, así como los demás profetas quedaron por debajo de Moisés, nuestro Señor Jesús lo superó. La enseñanza de Cristo era mejor, sus milagros eran más gloriosos y su comunión con el Padre era más íntima. Él había estado en el seno del Padre desde la eternidad, y por medio de él Dios ahora nos habla en estos últimos días. Moisés fue fiel como siervo, pero Cristo lo fue como Hijo. La historia de Moisés termina con él sepultado en las llanuras de Moab y con el fin de su gobierno. La historia de nuestro Salvador termina con él sentado a la derecha de la Majestad en las alturas, y tenemos la seguridad de que su reino y su paz seguirán creciendo sin fin.
El apóstol demuestra extensamente en Hebreos que Cristo es superior a Moisés, y esa es una razón poderosa para que quienes nos llamamos cristianos seamos obedientes, fieles y firmes en la santa religión que profesamos. Que Dios, por su gracia, haga que todos seamos así.
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De este capítulo
Deuteronomio 34:1
"Moisés subió desde las llanuras de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está frente a Jericó. Y el SEÑOR le mostró toda la tierra de Galaad hasta Dan,"
Deuteronomio 34:2
"todo Neftalí, la tierra de Efraín y de Manasés, y toda la tierra de Judá hasta el mar más lejano,"
Deuteronomio 34:3
"el sur y la llanura del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Zoar."
Deuteronomio 34:4
"Y el SEÑOR le dijo: «Esta es la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando dije: “Se la daré a tu descendencia”. He hecho que la veas con tus propios ojos, pero no cruzarás allá»."
Deuteronomio 34:5
"Así murió allí Moisés, siervo del SEÑOR, en la tierra de Moab, conforme a la palabra del SEÑOR."
Deuteronomio 34:6
"Y lo enterró en un valle de la tierra de Moab, frente a Bet-peor; pero hasta el día de hoy nadie conoce su sepulcro."
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