Versículo destacado
Deuteronomio 34:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Así murió allí Moisés, siervo del SEÑOR, en la tierra de Moab, conforme a la palabra del SEÑOR. "
Deuteronomio 34:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 el sur y la llanura del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Zoar.
4 Y el SEÑOR le dijo: «Esta es la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando dije: “Se la daré a tu descendencia”. He hecho que la veas con tus propios ojos, pero no cruzarás allá».
5 Así murió allí Moisés, siervo del SEÑOR, en la tierra de Moab, conforme a la palabra del SEÑOR.
6 Y lo enterró en un valle de la tierra de Moab, frente a Bet-peor; pero hasta el día de hoy nadie conoce su sepulcro.
7 Moisés tenía ciento veinte años cuando murió; su vista no se había debilitado ni su vigor natural había disminuido.
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Aquí se relata la muerte de Moisés (Deuteronomio 34:5). Moisés, el siervo del SEÑOR, murió. Dios le había dicho que no debía cruzar el Jordán y, aunque en una ocasión había orado con fervor pidiendo que se cambiara esa sentencia, la respuesta de Dios fue suficiente para él. Después de eso, no volvió a hablar del asunto (Deuteronomio 3:26). De la misma manera, nuestro bendito Salvador oró para que la copa pasara de él; pero, cuando no podía ser así, se sometió diciendo: «Padre, que se haga tu voluntad».
Moisés tenía muchas razones para querer vivir un poco más en este mundo. Era anciano, pero todavía no había llegado a la edad que habían alcanzado sus antepasados. Su padre, Amram, vivió 137 años; su abuelo, Coat, 133; y su bisabuelo, Leví, 137 (Éxodo 6:16-20). Moisés tenía apenas 120 años, y su vida había estado más dedicada al servicio de Dios que la de ellos. Además, al pueblo de Israel difícilmente le sobraba su presencia en ese momento. Su liderazgo y su estrecha relación con Dios les habrían sido de gran ayuda mientras conquistaban Canaán, así como lo sería el valor de Josué. Para Moisés también era difícil que, después de todo el arduo trabajo en el desierto, se le impidiera disfrutar de las bendiciones de Canaán. Había soportado la carga y el calor del día, pero tuvo que dejarle a otro el honor de terminar la obra; no a su hijo, sino a su siervo, quien entraría en el trabajo que él había comenzado. Eso no era fácil para la naturaleza humana.
Aun así, Moisés era muy humilde. Como Dios lo había ordenado, cedió de buena voluntad. Aquí se le llama el siervo del SEÑOR, no solamente porque era un hombre bueno —pues todo el pueblo de Dios es su siervo—, sino porque había sido especialmente útil. Había servido al propósito de Dios al sacar a Israel de Egipto y conducirlo por el desierto. Era un honor mayor ser siervo del SEÑOR que ser rey en Jesurún. Sin embargo, murió. Ni su piedad ni su utilidad pudieron librarlo de la muerte. Los siervos de Dios deben morir para descansar de su trabajo, recibir su recompensa y dejar espacio para otros. Cuando son llevados de la tierra, siguen sirviéndolo de una manera mejor, día y noche en su templo.
Murió en la tierra de Moab, antes de llegar a Canaán, mientras él y el pueblo todavía estaban peregrinando y aún no habían entrado en su reposo. En la Canaán celestial no habrá más muerte. Murió conforme a la palabra del SEÑOR, literalmente, «por boca del SEÑOR». Los judíos dicen que esto significa que murió con un beso de la boca de Dios. Sin duda, su muerte fue muy tranquila, sin una lucha dolorosa, y experimentó de una manera especial el amor de Dios. Pero el punto principal es que murió en plena obediencia a la voluntad de Dios. Los siervos del SEÑOR, después de terminar todo su demás trabajo, finalmente deben morir en obediencia a su Maestro y estar dispuestos a ir a casa cuando él los llame (Hechos 21:13).
Luego se relata su sepultura (Deuteronomio 34:6). Algunos judíos afirmaban equivocadamente que Moisés fue llevado al cielo como Elías, pero el texto dice claramente que murió y fue sepultado. Aun así, es probable que después haya sido resucitado para encontrarse con Elías y honrar a Cristo en la transfiguración. Dios mismo sepultó a Moisés, probablemente por medio del ministerio de los ángeles, de modo que aquel funeral privado fue, no obstante, glorioso. Dios cuida los cuerpos de sus siervos. Su muerte es preciosa para él, y también lo es su polvo. Ni un solo grano se perderá, porque su pacto con ellos no fallará.
Cuando Moisés murió, Dios lo sepultó. Cuando Cristo murió, Dios lo resucitó, porque la ley de Moisés llegaría a su fin, pero el evangelio de Cristo no. Los creyentes mueren a la ley para pertenecer a otro, a aquel que resucitó de entre los muertos (Romanos 7:4). Incluso es posible que Miguel, a quien algunos consideran una referencia a Cristo, haya sepultado a Moisés, pues por medio de Cristo las ordenanzas mosaicas fueron quitadas, clavadas en la cruz y sepultadas con él (Colosenses 2:14).
Moisés fue sepultado en un valle frente a Bet-peor. Los ángeles que lo sepultaron fácilmente podrían haberlo llevado al otro lado del Jordán y haberlo puesto junto a los patriarcas en la cueva de Macpela, pero no deberíamos preocuparnos demasiado por el lugar donde son sepultados nuestros cuerpos. Si el alma descansa con Dios, importa poco dónde yace el cuerpo. Un parafrasta caldeo dice que fue sepultado frente a Bet-peor para que, cada vez que Baal-peor se jactara de que Israel se había unido a él, la tumba de Moisés, al otro lado de su templo, contradijera esa afirmación.
No se dio a conocer el lugar exacto, probablemente para que los israelitas, tan propensos a la idolatría, no convirtieran el cuerpo de Moisés en un objeto de adoración. Las Escrituras no registran que adoraran reliquias, y quizá esta sea la razón. Se les impidió adorar a Moisés y, de ese modo, se les libró de esa vergüenza en otras formas. Algunos escritores judíos dicen que el cuerpo fue escondido para que los nigromantes —personas que intentan consultar a los muertos— no pudieran molestarlo, como la mujer de Endor había perturbado a Samuel. Dios no permitiría que el nombre y la memoria de su siervo Moisés fueran mal utilizados. Muchos creen que este es el conflicto entre Miguel y el diablo acerca del cuerpo de Moisés, mencionado en Judas 1:9. El diablo quería que se conociera el lugar para convertirlo en una trampa para el pueblo, pero Miguel no lo permitió. Quienes desean dar honor divino a las reliquias de santos muertos se ponen del lado del diablo en contra de Miguel, nuestro príncipe.
También se menciona su edad (Deuteronomio 34:7). Su vida se prolongó hasta una edad avanzada: vivió 120 años. Eso era mucho menos que las edades de los patriarcas, pero seguía siendo bastante más que la mayoría de las personas de su época, pues la duración normal de la vida se había reducido recientemente a setenta años (Salmo 90:10). La vida de Moisés estuvo dividida en tres períodos de cuarenta años. Durante los primeros cuarenta vivió como cortesano, tranquilo y honrado en la corte del faraón. Durante los siguientes cuarenta vivió como un pastor pobre y solitario en Madián. Durante los últimos cuarenta vivió como rey en Jesurún, con honor y poder, pero también con mucho cuidado y trabajo. El mundo en que vivimos cambia constantemente y mezcla las bendiciones con las dificultades, pero el mundo venidero es puro e inmutable.
También fue una buena vejez. Sus ojos no se habían debilitado, como los de Isaac y Jacob (Génesis 27:1; Génesis 48:10), y su fuerza natural no había disminuido. No había decaído ni su cuerpo ni su mente. Todavía podía hablar, escribir y caminar tan bien como siempre. Su entendimiento seguía tan claro y su memoria tan firme como antes. Algunos escritores judíos dicen que su rostro no tenía arrugas, y otros afirman que no había perdido ningún diente. Muchos entienden esto como una señal de que el resplandor de su rostro (Éxodo 34:30) permaneció con él hasta el final. Esta fue la recompensa general por su servicio fiel y, especialmente, el fruto de su gran humildad, pues esa virtud contribuye a la salud y la fortaleza tanto como cualquier otra.
La ley moral dada por medio de Moisés permanece vigente. Para los verdaderos creyentes, su poder condenatorio ha sido quitado, pero sus mandamientos siguen siendo obligatorios y continuarán siéndolo hasta el fin del mundo. Su filo no se ha embotado, pues todavía muestra los pensamientos y las intenciones del corazón. Su autoridad natural no ha disminuido, y todavía estamos bajo la ley de Cristo.
También hubo un duelo público por Moisés, como dice Deuteronomio 34:8. Es correcto honrar con lágrimas la memoria de los líderes piadosos, porque los amábamos, los valorábamos y sentimos nuestra pérdida cuando se van. Ese dolor también debe ir acompañado de una tristeza humilde por los pecados que llevaron a Dios a quitárnoslos. Las lágrimas de arrepentimiento son apropiadas en un duelo de esta clase.
Todos los israelitas participaron en el duelo. Siguieron los ritos acostumbrados de luto, cualesquiera que hayan sido, aunque algunos quizá solo estaban fingiendo. Aun así, podemos creer que algunos de los que antes se habían opuesto a Moisés y a su autoridad, incluso quizá algunos que habían querido apedrearlo, ahora sintieron profundamente su pérdida y lo lloraron con sinceridad después de que les fue quitado. No habían sabido valorarlo mientras estaba con ellos, pero su ausencia les enseñó a hacerlo, como dice Isaías 29:24. Debemos recordar que la pérdida de las personas buenas, especialmente de los buenos gobernantes, es algo serio y debe sentirse profundamente. Son necios quienes no lo toman en cuenta.
Su duelo duró treinta días. Ese era el período completo de manifestación pública del dolor, aunque podemos suponer que algunas personas siguieron lamentándolo en su corazón por mucho más tiempo. Aun así, el hecho de que los días de llanto por Moisés llegaran a su fin nos recuerda que, por grande que sea nuestra pérdida, no debemos entregarnos a un dolor interminable. Con el tiempo, la herida debe sanar. Si esperamos ir al cielo con alegría, ¿por qué decidiríamos ir a la tumba llenos de tristeza?
La ley ceremonial de Moisés ha muerto y ha sido sepultada en la tumba de Cristo. Pero los judíos todavía no han puesto fin a su duelo por ella.
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De este capítulo
Deuteronomio 34:1
"Moisés subió desde las llanuras de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está frente a Jericó. Y el SEÑOR le mostró toda la tierra de Galaad hasta Dan,"
Deuteronomio 34:2
"todo Neftalí, la tierra de Efraín y de Manasés, y toda la tierra de Judá hasta el mar más lejano,"
Deuteronomio 34:3
"el sur y la llanura del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Zoar."
Deuteronomio 34:4
"Y el SEÑOR le dijo: «Esta es la tierra acerca de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, cuando dije: “Se la daré a tu descendencia”. He hecho que la veas con tus propios ojos, pero no cruzarás allá»."
Deuteronomio 34:6
"Y lo enterró en un valle de la tierra de Moab, frente a Bet-peor; pero hasta el día de hoy nadie conoce su sepulcro."
Deuteronomio 34:7
"Moisés tenía ciento veinte años cuando murió; su vista no se había debilitado ni su vigor natural había disminuido."
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