Versículo destacado

Daniel 2:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo sueños; su espíritu quedó turbado por ellos y se le fue el sueño. "

Daniel 2:1

menu_book El versículo en contexto

1 En el segundo año del reinado de Nabucodonosor, Nabucodonosor tuvo sueños; su espíritu quedó turbado por ellos y se le fue el sueño.

2 Entonces el rey mandó llamar a los magos, astrólogos, hechiceros y caldeos para que le mostraran sus sueños. Ellos llegaron y se presentaron ante el rey.

3 El rey les dijo: «He tenido un sueño, y mi espíritu está turbado por saber cuál fue el sueño».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Primero encontramos una dificultad relacionada con la fecha de este relato. Dice que sucedió en el segundo año del reinado de Nabucodonosor (Daniel 2:1). Sin embargo, Daniel fue llevado a Babilonia en el primer año de Nabucodonosor, y parece que pasó tres años en preparación antes de ser presentado ante el rey (Daniel 1:5). Entonces, ¿cómo pudo ocurrir esto en el segundo año?

Una manera de entenderlo es la siguiente: aunque se habían apartado tres años para la preparación de los demás jóvenes, Daniel pudo haber progresado tan rápido que comenzó a servir después de solo un año. Así, para el segundo año ya había adquirido importancia. Otros piensan que se refiere al segundo año después de que Nabucodonosor comenzó a reinar solo, o quizá al quinto o sexto año después de haber comenzado a reinar junto con su padre. Algunos entienden la frase como «en el segundo año», es decir, el segundo año después de que Daniel y sus amigos se presentaron ante el rey. Prefiero una de estas explicaciones a la idea de que esto ocurrió en el año treinta y seis de Nabucodonosor, después de su conquista de Egipto. Ezequiel muestra que Daniel ya era conocido por su sabiduría y por su poderosa oración mucho antes de ese momento, así que este acontecimiento debe situarse al principio del reinado de Nabucodonosor.

Primero debemos observar la angustia en la que se encontró Nabucodonosor a causa de un sueño que tuvo y luego olvidó (Daniel 2:1). Tuvo sueños; es decir, un solo sueño compuesto de varias partes, o un sueño que llenó su mente como si fueran muchos sueños. Salomón habla de muchos sueños extraños y confusos, llenos de cosas inútiles (Eclesiastés 5:7). En sí mismo, el sueño de Nabucodonosor no era más extraño que muchos sueños comunes, en los que las personas suelen ver cosas muy alejadas de la vida real. Lo que hizo especial este sueño fue la profunda impresión que dejó en él. Eso mostraba que había venido de Dios y que tenía un significado profético.

Las personas más importantes no están libres de las preocupaciones que perturban el sueño durante la noche. De hecho, a menudo están más expuestas a ellas. El sueño del trabajador suele ser dulce y profundo, y quien vive con moderación duerme sin sueños confusos. Pero la riqueza trae sus propias preocupaciones, y el exceso de comida o bebida produce sueños inquietos. Nabucodonosor perturbaba al pueblo de Dios, Israel, pero aquí Dios lo perturbó a él. El Señor, quien creó el alma, puede hacer que su juicio llegue hasta ella. El rey tenía guardias a su alrededor, pero ellos no podían mantener la preocupación fuera de su mente.

No sabemos cuánta inquietud se esconde en quienes viven rodeados de gran esplendor y de lo que parece ser comodidad. Miramos sus casas y quizá los envidiamos, pero si pudiéramos ver sus corazones, sentiríamos compasión por ellos. Toda la riqueza y todos los placeres bajo el control de este poderoso rey no podían darle ni siquiera un poco de descanso cuando su mente turbada le quitó el sueño. Pero Dios les da descanso a quienes ama, porque acuden a él como su descanso.

En segundo lugar, Nabucodonosor puso a prueba a sus magos y astrólogos para ver si podían decirle cuál era el sueño que había olvidado. Los mandó llamar de inmediato para que le contaran su sueño (Daniel 2:2). Hay ocasiones en que conservamos la sensación que nos dejó algo, pero perdemos la imagen de lo que vimos. No podemos decir qué fue, aunque todavía sabemos cómo nos afectó. Eso fue lo que le sucedió a Nabucodonosor. El sueño se había borrado de su memoria, pero estaba seguro de que lo reconocería si alguien se lo contaba otra vez.

Dios dispuso esto para que Daniel recibiera mayor honra y, junto con él, el Dios de Daniel. A veces Dios cumple sus propósitos quitando cosas de la mente de las personas, así como lo hace poniendo cosas en ella. Probablemente los magos se sintieron orgullosos de haber sido llamados a la presencia del rey, pensando que aquella oportunidad demostraría su habilidad y les daría honor. El rey solo les dijo que había tenido un sueño (Daniel 2:3).

Ellos le respondieron en lengua aramea, que en aquel tiempo era la misma lengua de los caldeos, aunque hoy ambas lenguas son diferentes. A partir de este punto, Daniel también usa esa lengua, o esa forma del hebreo, por la misma razón por la que Jeremías 10:11 fue escrito en ella. Se pretendía mostrarles a los caldeos la necedad de la idolatría y llevarlos a conocer y adorar al Dios verdadero y viviente. Los relatos de estos capítulos apuntan en esa dirección. Pero los capítulos 8 en adelante, destinados a consolar a los judíos, están escritos en su propio idioma.

Los magos respondieron al rey con palabras corteses y le pidieron que les contara el sueño, prometiendo con confianza que luego se lo explicarían (Daniel 2:4). Pero el rey insistió en que primero le contaran el sueño mismo, porque lo había olvidado y no podía repetirlo. Si no podían hacerlo, todos serían ejecutados por mentirosos y engañadores. Serían descuartizados, y sus casas se convertirían en un montón de desperdicios (Daniel 2:5). Si lograban hacerlo, recibirían recompensas y un rango más elevado (Daniel 2:6). Al igual que Balaam sabía que Balac podía hacerlo, ellos sabían que el rey podía elevarlos a una posición de gran honor y darles la recompensa que tantas veces desean quienes practican el mal.

Por eso harían todo lo posible para complacer al rey. Si fracasaban, no sería por falta de buena voluntad, sino de poder. Dios ordenó esto para humillar a los magos de Babilonia, así como en otro tiempo había humillado a los magos de Egipto. En ambos lugares, el pueblo de Dios fue objeto de burla y tratado como insignificante, pero en ambos casos Dios honró su verdad al silenciar a quienes se le oponían.

Los magos tenían la razón de su lado. Dijeron que el rey debía contarles el sueño y que, si después no lograban interpretarlo, la culpa sería de ellos (Daniel 2:7). Pero el poder sin límites no escucha la razón. El rey se enfureció, les habló con dureza y, sin ninguna base sólida, los acusó de estar ocultando la respuesta a propósito. En vez de culparlos por su incapacidad y por las limitaciones de su arte, lo cual habría sido justo, los acusó de inventar mentiras y palabras corruptas para hablar delante de él.

¡Qué injusta y absurda era esa acusación! Si los magos hubieran afirmado que podían decirle el sueño al rey y lo hubieran engañado con mentiras, él habría tenido razón para acusarlos de falsedad y engaño. Pero ellos habían reconocido honestamente su incapacidad, y aun así él los trató como si estuvieran intentando engañarlo. Esto muestra cuán necia puede ser la ira sin control y con qué facilidad las personas poderosas creen que pueden seguir sus propios deseos en contra de la razón, la justicia y toda norma sensata.

Cuando los magos le suplicaron que les contara el sueño, su petición era justa y razonable, pero él los acusó de estar ganando tiempo (Daniel 2:8), hasta que cambiaran las circunstancias (Daniel 2:9). Tal vez pensaba que estaban esperando que se le pasara el deseo de obtener una respuesta o que olvidara el sueño, para después inventar una interpretación y hacer que él la aceptara. La forma del sueño ya se estaba borrando de su mente y, una vez que desapareciera, no podría demostrar que ellos estaban equivocados. Por eso exigió que le contaran el sueño de inmediato.

Su súplica fue inútil. Primero dijeron que nadie en la tierra podía recuperar el sueño del rey (Daniel 2:10). Existen métodos establecidos para juzgar el significado de un sueño cuando se conoce el sueño. Pero nadie puede descubrir el sueño mismo si no se le da algo en qué basarse. Ellos reconocieron que los dioses pueden revelar los pensamientos de una persona (Amós 4:13), porque Dios conoce nuestros pensamientos desde lejos (Salmo 139:2): antes de que los pensemos, mientras nosotros los ignoramos y aun después de que los hayamos olvidado.

Quienes pueden hacer esto son dioses que no viven en un cuerpo humano (Daniel 2:11), y solo ellos pueden hacerlo. Los seres humanos vivimos en un cuerpo. Incluso las personas más sabias e importantes están limitadas por la debilidad de la vida corporal, que impide que comprendan plenamente las realidades espirituales y sus acciones. Pero los dioses, por ser espíritus puros, conocen lo que hay en el ser humano. En esto los magos muestran tanto su ignorancia como una verdad limitada. Hablan de muchos dioses, aunque solo puede existir un Dios infinito. Sin embargo, confiesan algo que incluso la naturaleza enseña: que existe un Dios espiritual que conoce perfectamente los pensamientos de los seres humanos, de una manera que ningún ser humano puede hacerlo.

Esta confesión del conocimiento completo de Dios sale a la fuerza de los labios de estos idólatras. Honra a Dios y los avergüenza, porque sabían que existe un Dios en el cielo, delante de quien todos los corazones están abiertos, todos los deseos son conocidos y ningún secreto permanece oculto. Aun así, oraban a ídolos mudos, que tienen ojos, pero no ven; tienen oídos, pero no oyen. En segundo lugar, argumentaron que ningún rey en la tierra pediría algo semejante (Daniel 2:10). Esto muestra que estaban acostumbrados a tratar con reyes y gobernantes poderosos, no con personas comunes, y que vivían a merced de hombres así. En contraste, la palabra de Dios y el evangelio de Cristo se ofrecen a los pobres.

Los reyes y gobernantes a menudo han exigido cosas injustas de sus súbditos, pero incluso ellos pensaban que nadie llegaría a pedir algo tan absurdo. Por eso esperaban que su majestad imperial no insistiera en ello. Pero todo fue inútil. Cuando la ira ocupa el trono, la razón queda de lado. Estaba enojado y muy furioso (Dan. 2:12). A quienes no se dejan convencer por la razón, con frecuencia la razón solo los vuelve más amargados; entonces, llenos de furia, siguen adelante con aquello que no pueden defender con justicia.

Entonces se dictó la sentencia contra todos los magos de Babilonia. Había un solo decreto para todos ellos (Dan. 2:9), y todos fueron condenados sin excepción. Se ordenó matar a cada uno de ellos (Dan. 2:13), y Daniel y sus amigos, aunque no sabían nada del asunto, también quedaron incluidos. Aquí vemos la injusticia habitual del poder absoluto. Nabucodonosor se muestra como un verdadero tirano: pronuncia una sentencia de muerte cuando no puede hablar con sensatez y trata como traidores a hombres cuya única falta era que querían servirle, pero no podían hacerlo.

También vemos el justo castigo de quienes fingían tener poderes que no poseían. Aunque la sentencia de Nabucodonosor era injusta, Dios seguía siendo justo. Aquellos que habían engañado a la gente al afirmar que podían hacer lo que en realidad no podían, ahora eran condenados a muerte por no poder hacer algo que nunca habían prometido de verdad.

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