Versículo destacado
2 Reyes 25:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió que, en el noveno año de su reinado, en el décimo mes, el décimo día del mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, acampó frente a ella y construyeron fortificaciones a su alrededor. "
2 Reyes 25:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Y sucedió que, en el noveno año de su reinado, en el décimo mes, el décimo día del mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, acampó frente a ella y construyeron fortificaciones a su alrededor.
2 Y la ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías.
3 Y el noveno día del cuarto mes el hambre se agravó en la ciudad, y no había pan para el pueblo de la tierra.
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Dejamos al rey Sedequías en rebelión contra el rey de Babilonia (2 Reyes 24:20), tratando de sacudirse el dominio babilónico cuando no tenía fuerzas para hacerlo. También se negó a tomar el camino correcto: primero debía haber buscado que Dios estuviera de su lado. Ahora vemos las terribles consecuencias de esa decisión.
El ejército del rey de Babilonia sitió Jerusalén (2 Reyes 25:1). Babilonia ya controlaba el territorio que rodeaba la ciudad, y construyó fortificaciones a su alrededor. Usó las tácticas de guerra de aquel tiempo para golpear la ciudad, sembrar la muerte y cortar el suministro de alimentos y de todo lo necesario para vivir. Jerusalén había estado rodeada por el favor de Dios como por un escudo, pero ahora esa protección se había retirado y los enemigos la cercaban por todos lados.
Quienes pecan y alejan a Dios de su vida descubren que innumerables problemas los rodean. Este sitio duró dos años. Al principio, el ejército se retiró por temor al rey de Egipto (Jeremías 37:11), pero cuando se dieron cuenta de que no era tan fuerte como pensaban, regresaron de inmediato. Estaban decididos a no retirarse hasta apoderarse de la ciudad.
Durante el sitio, el hambre se agravó terriblemente (2 Reyes 25:3). Durante mucho tiempo, el pueblo tuvo que racionar cuidadosamente el pan (Ezequiel 4:16). Este fue un juicio apropiado por su avaricia, sus excesos y su desenfrenada búsqueda de placer. Finalmente, no hubo pan para la gente común ni para los soldados, de modo que se debilitaron y quedaron incapacitados para luchar. Después llegaron incluso a comerse a sus propios hijos, porque no tenían nada más que comer. Un profeta había anunciado esto de antemano (Ezequiel 5:10), y otro lo lamentó (Lamentaciones 4:3). Jeremías instó firmemente al rey a rendirse (Jeremías 38:17), pero su corazón se endureció, y eso lo llevó a la ruina.
Por fin, la ciudad fue tomada por asalto y se abrió una brecha en la muralla (2 Reyes 25:4). Los atacantes rompieron la muralla y entraron por la fuerza. Los defensores ya no podían sostener la ciudad, así que trataron de escapar y salvarse como pudieron. Sin duda, muchos fueron asesinados, porque el ejército vencedor estaba enfurecido por su obstinada resistencia.
El rey, su familia y todos sus funcionarios importantes escaparon de noche por caminos secretos, que quizá los sitiadores no conocían o no vigilaban de cerca (2 Reyes 25:4). Sin embargo, quienes creen que pueden escapar del juicio de Dios se engañan tanto como quienes intentan enfrentarlo directamente. La persona que huye del juicio de Dios fracasará con la misma seguridad que aquella que lucha contra él. Cuando Dios juzga, él vence.
La noticia de la huida del rey y del camino que había tomado llegó hasta los caldeos, es decir, los babilonios, y estos lo alcanzaron rápidamente (2 Reyes 25:5). Sus guardias se dispersaron, y cada hombre trató de salvarse por su cuenta. Si el rey se hubiera puesto bajo la protección de Dios, no habría quedado indefenso en ese momento. Cayó en manos del enemigo, y se nos cuenta lo que hicieron con él.
Primero, lo llevaron ante el rey de Babilonia, quien lo juzgó mediante un tribunal militar por haberse rebelado contra el gobernante que lo había hecho rey y ante quien había jurado lealtad. Tanto Dios como los seres humanos tenían un caso contra él por ese pecado (Ezequiel 17:16). En ese momento, el rey de Babilonia se encontraba en Ribla, una ciudad ubicada entre Judá y Babilonia, desde donde podía dirigir tanto su corte en la capital como a su ejército en campaña.
Segundo, mataron a sus hijos delante de sus ojos. Aunque eran niños, esto tenía el propósito de llenarlo de dolor y horror por el resto de su vida. Al matar a sus hijos, los babilonios demostraron su indignación por la deslealtad de Sedequías. En efecto, declaraban que ni él ni su familia eran dignos de confianza y que, por lo tanto, no merecían vivir.
Tercero, le sacaron los ojos. Esto le quitó uno de los consuelos básicos de la vida, la luz del sol, y también lo dejó incapaz de desempeñar cualquier función útil. Había temido que se burlaran de él y por eso se negó a rendirse (Jeremías 38:19), pero aquello que temía le sucedió por completo. Sin duda, esto hizo todavía más intensa su miseria, porque las personas ciegas a menudo imaginan que otros hablan de ellas o se ríen de ellas. De este modo, se cumplieron dos profecías que parecían contradecirse. Jeremías había dicho que Sedequías sería llevado a Babilonia (Jeremías 32:5; Jeremías 34:3). Ezequiel había dicho que no vería Babilonia (Ezequiel 12:13). Fue llevado allí, pero después de que le sacaron los ojos no pudo verla. Así, en cierto sentido, llegó al final de su vida antes de que terminaran sus días.
Cuarto, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia. Como estaba ciego, no era necesario encadenarlo para impedir que escapara, pero lo hicieron de todos modos para aumentar su vergüenza. A los prisioneros comunes los sujetaban con grilletes de hierro (Salmo 105:18; Salmo 107:10), pero, por ser un príncipe, a él le pusieron cadenas de bronce. El metal quizá era más fino y ligero, pero eso le ofrecía poco consuelo mientras permanecía encadenado. No debería parecernos extraño que quienes alguna vez estuvieron sujetos por las cuerdas del pecado terminen sujetos por las cuerdas del sufrimiento (Job 36:8).
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De este capítulo
2 Reyes 25:2
"Y la ciudad estuvo sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías."
2 Reyes 25:3
"Y el noveno día del cuarto mes el hambre se agravó en la ciudad, y no había pan para el pueblo de la tierra."
2 Reyes 25:4
"Entonces se abrió una brecha en la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron de noche por el camino de la puerta que estaba entre los dos muros, junto al jardín del rey; (los caldeos estaban alrededor de la ciudad:) y el rey se fue por el camino hacia la llanura."
2 Reyes 25:5
"Y el ejército de los caldeos persiguió al rey y lo alcanzó en las llanuras de Jericó; y todo su ejército se dispersó, apartándose de él."
2 Reyes 25:6
"Entonces capturaron al rey y lo llevaron ante el rey de Babilonia, a Ribla; y dictaron sentencia contra él."
2 Reyes 25:7
"Y mataron a los hijos de Sedequías ante sus ojos; luego le sacaron los ojos a Sedequías, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia."
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