Versículo destacado

Filipenses 2:19 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Confiado en el Señor Jesús, espero enviarles pronto a Timoteo, para alegrarme al recibir noticias de ustedes. "

Filipenses 2:19

menu_book El versículo en contexto

17 Y aunque mi propia vida sea sacrificada para completar la ofrenda que ustedes hacen a Dios por su fe, yo me alegro y comparto esa alegría con todos ustedes.

18 Alégrense ustedes también y participen de mi alegría.

19 Confiado en el Señor Jesús, espero enviarles pronto a Timoteo, para alegrarme al recibir noticias de ustedes.

20 Porque no tengo a ningún otro que comparta tanto mis propios sentimientos y que de verdad se preocupe por el bien de ustedes;

21 todos buscan su propio interés y no el interés de Jesucristo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Pablo presta especial atención a dos buenos ministros. Aunque él mismo era un gran apóstol y trabajaba más que los demás, hablaba con gusto de quienes ocupaban una posición inferior a la suya. Primero menciona a Timoteo, a quien pensaba enviar a los filipenses para saber cómo estaban. Esto muestra el cuidado de Pablo por las iglesias y el consuelo que encontraba cuando ellas estaban bien. Se sentía intranquilo cuando pasaba algún tiempo sin recibir noticias de ellos; por eso quería que Timoteo los visitara y le llevara información.

Pablo dice: «No tengo a nadie como él, que se preocupe sinceramente por el bienestar de ustedes». Timoteo era único. Sin duda había muchos buenos ministros que se preocupaban por las almas de las personas a quienes predicaban, pero ninguno igualaba el corazón tierno y el buen espíritu de Timoteo. Cuando Pablo dice que Timoteo se preocuparía sinceramente por ellos, quiere decir que su interés era genuino y nacía de un corazón dispuesto, no solo del deber o de las apariencias. Lo mejor es cuando cumplir con nuestro deber llega a ser algo casi natural para nosotros. Timoteo era un verdadero hijo del bendecido Pablo, pues caminaba con el mismo espíritu y seguía sus mismos pasos.

Es deber de los ministros interesarse por la condición de las personas que tienen a su cargo y preocuparse por su bien, como Pablo dijo en otro lugar: «No busco lo que es de ustedes, sino a ustedes mismos» (2 Corintios 12:14). Es raro encontrar a alguien que haga esto de manera natural, y una persona así sobresale entre sus hermanos. Pablo también dice: «Todos buscan sus propios intereses, no los de Jesucristo» (Filipenses 2:21). Esto no significa que todos los ministros fueran corruptos. Pablo habla de la tendencia general de muchos de ellos, o de todos en comparación con Timoteo. Buscar nuestro propio beneficio mientras descuidamos a Jesucristo es un pecado grave, y es muy común entre los cristianos y los ministros. Muchos ponen su comodidad, reputación y seguridad por encima de la verdad, la santidad y el deber; ponen su propio placer antes que el reino, el honor y la causa de Cristo en el mundo. Timoteo no era así.

Pablo añade: «Ustedes conocen su carácter» (Filipenses 2:22). Timoteo había sido probado y había demostrado plenamente su ministerio (2 Timoteo 4:5). Todas las iglesias que lo conocían habían visto su fidelidad. Era tal como parecía ser, y servía a Cristo de una manera que agradaba a Dios y era aprobada por las personas (Romanos 14:18). Pablo les está diciendo: «Ustedes no solo conocen su nombre y su rostro; también conocen su carácter y han visto su amor y fidelidad al servirles». Timoteo había servido con Pablo en el evangelio «como un hijo al lado de su padre». Lo ayudó en muchos lugares, con el respeto que un hijo muestra hacia su padre y con la disposición alegre con que un hijo lo ayuda. Su trabajo conjunto estuvo marcado por un gran respeto de parte de Timoteo y por un profundo cariño de parte de Pablo. Es un hermoso ejemplo para los ministros mayores y más jóvenes que sirven juntos.

Pablo pensaba enviar a Timoteo pronto, «tan pronto como yo vea cómo van las cosas conmigo» (Filipenses 2:23). En ese momento era prisionero y todavía no sabía qué sucedería. Dependiendo del resultado, decidiría qué hacer con Timoteo. También esperaba ir él mismo: «Confío en el Señor que yo también iré pronto» (Filipenses 2:24). Esperaba ser liberado pronto y poder visitarlos. Pablo deseaba la libertad, no para vivir cómodamente ni para buscar su propio placer, sino para hacer el bien. Y expresa esta esperanza con una confianza humilde en Dios y con sumisión a su voluntad.

Luego Pablo habla de Epafrodito, a quien llama su hermano, su colaborador y su compañero de lucha. Era un hermano cristiano a quien Pablo amaba profundamente, un compañero en el trabajo y en los sufrimientos del evangelio, y el mensajero de los filipenses, enviado por ellos a Pablo, probablemente para consultarlo acerca de asuntos de la iglesia o para llevarle una ofrenda que lo ayudara. Pablo también dice que Epafrodito había atendido sus necesidades. Parece ser la misma persona que se llama Epafras en (Colosenses 4:12). Epafrodito tenía un fuerte deseo de regresar con los filipenses, y Pablo se alegraba de que pudiera hacerlo.

Parece que Epafrodito había estado enfermo. Los filipenses habían oído que estaba enfermo y, en efecto, había estado muy cerca de la muerte (Filipenses 2:26, 27). La enfermedad es una aflicción común para todas las personas, incluso para los hombres buenos y los ministros. Algunos podrían preguntarse por qué Pablo no lo sanó, ya que tenía poder para sanar enfermedades e incluso para levantar a los muertos (Hechos 20:10). La respuesta más probable es que esos milagros tenían el propósito de servir como señales para otros, a fin de confirmar la verdad del evangelio, y no siempre se usaban en favor de los creyentes. «Estas señales acompañarán a los que creen: impondrán las manos sobre los enfermos, y estos sanarán» (Marcos 16:17, 18). También puede ser que ese poder no se usara siempre según la voluntad de ellos, sino únicamente cuando Dios lo consideraba conveniente y se cumplía algún propósito mayor.

Los filipenses se afligieron profundamente al enterarse de la enfermedad de Epafrodito. Se llenaron de tristeza, igual que él, cuando supieron lo que le había sucedido, porque parecían tenerle un cariño especial y lo habían escogido para llevar a cabo esta misión ante Pablo. Dios tuvo a bien restaurarlo y perdonarle la vida: «Pero Dios tuvo misericordia de él» (Filipenses 2:27). Pablo dice que esto fue una gran misericordia para él mismo, así como para Epafrodito y para los demás. Aunque en aquel tiempo la iglesia había sido bendecida con dones extraordinarios, difícilmente podía darse el lujo de perder a un buen ministro. Pablo se conmovió profundamente al pensar en una pérdida así, pues quería evitar «tristeza sobre tristeza»: la tristeza por la muerte de Epafrodito añadida a la tristeza causada por su propio encarcelamiento. O quizá otros buenos ministros habían muerto recientemente, y esto le habría traído un dolor más.

Epafrodito también deseaba visitar a los filipenses para recibir consuelo de parte de quienes se habían entristecido por su enfermedad. Pablo dice que, cuando volvieran a verlo, ellos se alegrarían (Filipenses 2:28). Comprobarían por sí mismos que se había recuperado por completo y tendrían buenas razones para dar gracias y alegrarse por él. Pablo se alegraba de brindarles ese consuelo al enviarles a un amigo tan querido. Luego les pide que lo reciban «en el Señor con toda alegría y que tengan en alta estima a personas como él». Es decir, debían darle una bienvenida alegre, valorar a los hombres fieles y comprometidos, y amarlos y respetarlos profundamente.

Debían expresar su alegría y respeto mediante un afecto sincero y una buena opinión de él. Parece que Epafrodito se había enfermado mientras servía en la obra de Dios. Había estado a punto de morir porque estaba haciendo la obra de Cristo y completando lo que faltaba en el servicio de los filipenses a Pablo. El apóstol no lo critica por haber puesto su vida en riesgo. Al contrario, considera que ellos debían amarlo aún más por esa razón.

Quienes aman verdaderamente a Cristo y se preocupan profundamente por su reino consideran que vale la pena arriesgar la salud e incluso la vida para servirle y ayudar a edificar su iglesia. También debían recibir a Epafrodito con alegría, como a alguien que acababa de recuperarse de una enfermedad. Es profundamente conmovedor cuando las misericordias de Dios nos son devueltas después de haber parecido estar a punto de perderlas, y eso debe llevarnos a valorarlas y usarlas bien. Lo que Dios nos concede en respuesta a la oración debe recibirse con profunda gratitud y alegría.

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