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1 Corintios 4:17 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Por esto les envié a Timoteo, mi querido y fiel hijo en el Señor. Él les recordará mi conducta como creyente en Cristo Jesús, conforme a lo que enseño en todas las iglesias por donde paso.

1 Corintios 4:17

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí, en primer lugar, Pablo les dice que les ha enviado a Timoteo para que les recuerde sus caminos en Cristo, tal como enseñaba en todas partes y en cada iglesia (1 Corintios 4:17). Timoteo debía recordarles la predicación de Pablo y su manera de vivir: lo que enseñaba y cómo había vivido entre ellos. Incluso la buena enseñanza se olvida con facilidad, por lo que las personas necesitan que se les refresque la memoria. Una verdad que se vuelve a enseñar quizá no produzca una luz nueva, pero puede dejar una impresión más profunda y rápida.

También les recuerda que su enseñanza era la misma en todas partes y en cada iglesia. No daba una doctrina a un grupo y otra diferente a otro. Se mantenía fiel a lo que el Señor le había entregado: «Lo que recibí del Señor, les transmití a ustedes» (1 Corintios 11:23). El evangelio es un solo mensaje para todas las personas y no cambia de un lugar a otro. Por eso, Pablo enseñaba lo mismo en cada iglesia y vivía de la misma manera en todo lugar y en todo momento. La verdad de Cristo es una e inmutable. Lo que enseñaba un apóstol lo enseñaban todos los apóstoles; lo que uno enseñaba en un lugar, lo enseñaba en todos los lugares. Los cristianos pueden entender mal algunas cosas y estar en desacuerdo, pero Cristo y la verdad cristiana son los mismos ayer, hoy y para siempre (Hebreos 13:8).

Para que respetaran más a Timoteo, Pablo les habla de su carácter. Timoteo era su hijo amado, un hijo espiritual de Pablo, y no solamente de ellos. La familia espiritual debe producir amor, así como lo hace una familia natural. Los hijos de un mismo Padre deben tener un solo corazón. Pablo también dice que Timoteo era fiel en el Señor, digno de confianza como alguien que reverencia a Dios. Sería fiel a la tarea que el Señor le había encomendado y al mensaje que llevaba, no solo de parte de Pablo, sino también de Cristo. Timoteo conocía lo que Pablo había enseñado y cómo había vivido en cada lugar, así que ellos podían confiar en su testimonio. Es un gran elogio para cualquier ministro ser fiel en el Señor: fiel a su propia alma, a la luz que ha recibido y a la responsabilidad que Dios le ha confiado.

En segundo lugar, Pablo reprende el orgullo de quienes pensaban que él no iría a visitarlos. Les dice claramente que sí piensa ir, aunque ya les haya enviado a Timoteo: «Iré a visitarlos pronto, si el Señor quiere» (1 Corintios 4:19). Esto muestra que, en los asuntos comunes de la vida, ni siquiera los apóstoles sabían más que los demás ni hablaban siempre por revelación directa. Si Pablo hubiera conocido con certeza la voluntad de Dios en este asunto, no se habría expresado de esa manera. Sin embargo, nos da un buen ejemplo: todos nuestros planes deben hacerse dependiendo de la providencia, es decir, del gobierno sabio de Dios sobre los acontecimientos, y dejando espacio para que él los dirija conforme a su voluntad. «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello» (Santiago 4:15).

En tercer lugar, les dice lo que sucederá cuando vaya: «Me daré cuenta, no de las palabras de los que están envanecidos, sino de su poder» (1 Corintios 4:19). Pondría a prueba a los principales hombres jactanciosos de entre ellos. No los juzgaría por sus palabras elegantes ni por sus ideas ingeniosas, sino por la autoridad y el poder reales que respaldaban su enseñanza. Vería si podían confirmarla mediante actos milagrosos y si estaba acompañada por el poder de Dios que verdaderamente transforma a las personas. «Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder» (1 Corintios 4:20). El reino de Dios no se establece, se extiende ni se sostiene en el corazón de las personas mediante argumentos hábiles o discursos refinados, sino por el poder visible del Espíritu Santo en los primeros milagros y por la poderosa obra de la verdad de Dios en la mente y en la vida. Una buena regla general para evaluar la doctrina de un predicador es observar el efecto que produce en el corazón de las personas. Lo que proviene de Dios, por su propia naturaleza, estará de acuerdo con la obra de Dios y, al final, hará que las personas se parezcan más a Dios, sean más piadosas y vivan con mayor rectitud.

En cuarto lugar, Pablo deja en manos de ellos la decisión sobre cómo deberá presentarse: con una vara o con amor y un espíritu de gentileza (1 Corintios 4:21). En otras palabras, lo recibirían conforme a la manera en que se comportaran. Si continuaban aferrados a sus faltas, tendría que ir con una vara; es decir, tendría que ejercer la autoridad que Dios le había dado como apóstol, aplicando disciplina, dando ejemplos y quizá incluso enviando enfermedades, castigos físicos u otras sanciones por sus pecados. A veces es necesario tratar con firmeza a quienes persisten en hacer lo malo. En las familias y en las comunidades cristianas, el amor y la compasión pueden requerir en ocasiones el uso de la vara. Aun así, ese está muy lejos de ser el mejor resultado y debe evitarse siempre que sea posible.

Por eso Pablo añade que dependía de ellos que fuera con una vara o con un espíritu muy diferente. En efecto, les dice: «Dejen sus discusiones anticristianas, corrijan los males que hay entre ustedes y vuelvan a cumplir con su deber; entonces me recibirán con gentileza y bondad». La severidad iría en contra de su propio deseo. Pablo prefería llegar entre ellos como un padre amoroso, en lugar de verse obligado a ejercer su autoridad. Si cumplían con su deber, no tendrían ninguna razón para temer su visita. Es algo muy bueno cuando el amor y la gentileza guían a un ministro, sin que por ello deje de ejercer la autoridad que le corresponde.

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