Versículo destacado

Mateo 6:16 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio. "

Mateo 6:16

menu_book El versículo en contexto

14 Porque si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, su Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes;

15 pero si no perdonan a otros, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus pecados.

16 Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que aparentan tristeza para que la gente vea que están ayunando. Les aseguro que con eso ya tienen su premio.

17 Tú, cuando ayunes, lávate la cara y arréglate bien,

18 para que la gente no note que estás ayunando. Solamente lo notará tu Padre, que está en lo oculto, y tu Padre, que ve en lo oculto, te dará tu recompensa.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí se nos advierte contra la hipocresía en el ayuno, así como antes se nos advirtió contra ella en la ayuda a los necesitados y en la oración.

En primer lugar, este pasaje da por sentado que el ayuno religioso es una práctica que los discípulos de Cristo pueden ser llamados a realizar cuando la providencia de Dios lo requiera o cuando sus propias almas lo necesiten. Jesús ya había dicho: «Cuando el esposo les sea quitado, entonces ayunarán» (Mateo 9:15). El ayuno se menciona al final porque no es principalmente un deber que se practica por sí mismo, sino un medio que nos ayuda a prepararnos para otros deberes. La oración aparece entre la ayuda a los necesitados y el ayuno porque es la vida y el alma de ambos.

Cristo habla especialmente de los ayunos privados, es decir, aquellos que las personas establecen por decisión propia como actos voluntarios de devoción. Entre los judíos más devotos, algunos ayunaban un día cada semana, otros dos, y otros con menor frecuencia, según lo consideraban conveniente. En esos días no comían hasta la puesta del sol y, aun entonces, lo hacían con moderación. Cristo no condenó que el fariseo ayunara dos veces por semana, sino que presumiera de ello (Lucas 18:12). Esta es una buena práctica, y es triste que los cristianos la hayan descuidado tan ampliamente. Ana se dedicaba mucho al ayuno (Lucas 2:37). Cornelio ayunó y oró (Hechos 10:30). Los primeros cristianos también ayunaban con frecuencia (Hechos 13:3; 14:23). El ayuno privado también se da por sentado en (1 Corintios 7:5).

Ayunar es un acto de negación propia y una manera de hacer morir el cuerpo a sus deseos pecaminosos. Es una forma santa de corregirnos y humillarnos bajo la mano de Dios. Aun los cristianos maduros deben aprender por medio del ayuno que no tienen nada de qué presumir y que no son dignos ni siquiera del pan que reciben cada día. El ayuno ayuda a refrenar la carne y sus deseos, y nos hace estar más atentos en la adoración. Con frecuencia, el estómago lleno hace que las personas se adormezcan. Pablo ayunaba con frecuencia y, de esa manera, mantenía su cuerpo bajo control y lo hacía obedecerle.

En segundo lugar, se nos advierte que no ayunemos como los hipócritas, porque de lo contrario perderemos la recompensa del ayuno. Y cuanto más difícil es el deber, mayor es la pérdida cuando se pierde su recompensa.

Los hipócritas actuaban como si estuvieran ayunando, aunque no sentían verdadero dolor por el pecado ni tenían una verdadera humildad de corazón, que es la esencia de este deber. Sus ayunos eran fingidos: solo mostraban una apariencia externa, sin la verdad interior. Actuaban como si estuvieran mucho más humillados de lo que realmente estaban y, de ese modo, intentaban engañar a Dios, lo cual es un terrible insulto contra él. El ayuno que Dios ha escogido es el que aflige el alma. No consiste simplemente en inclinar la cabeza o vestirse de tela áspera y cubrirse de ceniza. Nos equivocamos gravemente si llamamos ayuno a eso (Isaías 58:5). Si todo se reduce a una disciplina corporal, tiene poco valor, porque eso no es ayunar para Dios, ni para él solamente.

También se aseguraban de que todos notaran cuándo estaban ayunando. En esos días salían en público cuando debían estar en privado. Adoptaban una expresión triste, un rostro afligido y un caminar lento y solemne. Se hacían ver demacrados y miserables para que la gente notara cuántas veces ayunaban y los alabara como hombres devotos y disciplinados. Es triste que quienes, en cierta medida, han vencido el placer físico, que es pecaminoso en el cuerpo, terminen arruinados por el orgullo, que es pecaminoso en el espíritu y no menos peligroso. Una vez más, recibieron la recompensa que deseaban: la alabanza y el aplauso de la gente. La recibieron, y eso fue todo lo que obtuvieron.

En tercer lugar, se nos enseña cómo llevar a cabo un ayuno privado: manteniéndolo en privado (Mateo 6:17-18). Cristo no nos dice con qué frecuencia debemos ayunar, porque las circunstancias son diferentes y la sabiduría debe guiarnos. El Espíritu Santo, por medio de las Escrituras, ha dejado este asunto a la obra del Espíritu en el corazón. Pero esta regla permanece: cada vez que ayunes, busca agradar a Dios, no obtener la aprobación de las personas. La humildad siempre debe acompañar a la humillación.

Cristo no nos dice que debilitemos la realidad del ayuno. No dice que comamos un poco, que bebamos un poco o que busquemos algún alivio para hacerlo más fácil. No; deja que el cuerpo sienta la falta, pero oculta sus efectos externos. Conserva tu expresión, tu ropa y tu apariencia habituales. Mientras te niegas el alimento corporal, hazlo de tal manera que los demás no lo noten, ni siquiera quienes están más cerca de ti. Preséntate con normalidad, unge tu cabeza y lávate el rostro, como en los días comunes, para que tu devoción permanezca escondida. Así no perderás finalmente su recompensa, porque aunque las personas no la vean, Dios te recompensará.

El ayuno es la humillación del alma (Salmo 35:13), y esa es la parte interior del deber. Esa debe ser tu principal preocupación. En cuanto a la parte exterior, no busques llamar la atención. Si somos sinceros en nuestros ayunos solemnes, verdaderamente humildes, y confiamos en la mirada de Dios, que todo lo sabe, para que sea nuestro testigo, y en su bondad para que sea nuestra recompensa, descubriremos que él ve en lo secreto y recompensa en público. Los ayunos religiosos practicados correctamente pronto recibirán como respuesta un banquete eterno.

Nuestra aceptación delante de Dios cuando ayunamos en privado debe hacernos indiferentes a la alabanza de las personas, ya que no debemos practicar este deber esperando recibirla. También debe hacernos indiferentes a las críticas de las personas, ya que no debemos abandonarlo por temor a ellas. El ayuno de David fue usado contra él como motivo de reproche (Salmo 69:10), y aun así pudo decir: «En cuanto a mí, que digan de mí lo que quieran; mi oración está delante de ti en un tiempo aceptable» (Salmo 69:13).

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