Versículo destacado

Mateo 6:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" No hagan sus buenas obras delante de la gente solo para que los demás los vean. Si lo hacen así, su Padre que está en el cielo no les dará ningún premio. "

Mateo 6:1

menu_book El versículo en contexto

1 No hagan sus buenas obras delante de la gente solo para que los demás los vean. Si lo hacen así, su Padre que está en el cielo no les dará ningún premio.

2 Por eso, cuando ayudes a los necesitados, no lo anuncies a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente hable bien de ellos. Les aseguro que con eso ya tienen su premio.

3 Cuando tú ayudes a los necesitados, no se lo cuentes ni siquiera a tu amigo más íntimo;

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Así como debemos superar a los escribas y fariseos al evitar pecados del corazón, como el adulterio y el asesinato interiores, también debemos superarlos en la práctica de una religión sincera. Debemos hacer lo que hacemos movidos por un principio interior y vivo, para que Dios nos apruebe y no para recibir elogios de la gente. Por eso debemos cuidarnos de la hipocresía, que era la levadura de los fariseos, además de cuidarnos de su enseñanza (Lucas 12:1).

Dar limosnas, orar y ayunar son tres grandes deberes cristianos, las tres bases de la ley, como decían los árabes. Por medio de ellos honramos y servimos a Dios con nuestros tres intereses principales: oramos con el alma, ayunamos con el cuerpo y damos limosnas con nuestros bienes. Por tanto, no solo debemos apartarnos del mal, sino también hacer el bien, hacerlo correctamente y perseverar en él. En estos versículos se nos advierte contra la hipocresía al dar limosnas, y se nos exhorta a estar atentos porque es pecado.

Estamos en gran peligro por causa de ella, porque es un pecado sutil. El orgullo se introduce en lo que hacemos antes de que nos demos cuenta. Los discípulos estarían especialmente expuestos a la tentación por el poder que tenían para realizar muchas obras sorprendentes, y por vivir entre personas que los admiraban y otras que los despreciaban. Ambas situaciones pueden hacer que una persona quiera convertir su fe en un espectáculo. También estamos en gran peligro porque, si la hipocresía nos domina, puede arruinarnos; es como una mosca muerta que echa a perder todo un frasco de perfume precioso.

Aquí se dan por sentadas dos cosas. Primero, dar limosnas es un deber importante, y todos los discípulos de Cristo deben hacerlo con frecuencia, conforme a sus posibilidades. Tanto la ley natural como la ley de Moisés lo exigen, y los profetas le dan mucha importancia. Algunos manuscritos antiguos dicen aquí «su justicia» en lugar de «sus limosnas», porque las limosnas son una forma de justicia, como se ve en (Salmo 112:9) y (Proverbios 10:2). Los judíos llamaban al fondo para los pobres el fondo de justicia. Lo que se da a los pobres se considera algo que les corresponde (Proverbios 3:27).

Este deber no deja de ser necesario ni excelente porque los hipócritas lo usen indebidamente para alimentar su orgullo. Si los católicos romanos supersticiosos han atribuido mérito a las obras de caridad, eso no excusa a los protestantes avaros que son estériles en buenas obras. Nuestras limosnas no nos ganan el cielo, pero también es cierto que no podemos entrar al cielo sin ellas. Esta es la religión pura (Santiago 1:27), y será puesta a prueba en el gran día. Cristo da por sentado que sus discípulos dan limosnas, y no reconocerá como suyos a quienes no lo hacen.

Segundo, este deber tiene una gran recompensa, y esa recompensa se pierde si la obra se hace con hipocresía. A veces recibe recompensa en esta vida por medio de abundancia (Proverbios 11:24, 25; 19:17), protección contra la necesidad (Proverbios 28:27; Salmo 37:21, 25), ayuda en la aflicción (Salmo 41:1, 2), honor y un buen nombre, que por lo general acompañan a quienes menos se preocupan por obtenerlos (Salmo 112:9). Aun así, la recompensa completa llegará en la resurrección de los justos (Lucas 14:14), en forma de riquezas eternas. Los bienes que das son los únicos que conservarás para siempre.

Partiendo de esto, observemos la conducta de los hipócritas en este deber. Sí daban limosnas, pero no por obediencia a Dios ni por amor a las personas. Daban por orgullo y para exhibirse, no por compasión hacia los pobres. Querían ser elogiados como buenas personas y ganar un lugar en la aprobación pública, algo que sabían usar para su propio beneficio y que les permitía recibir mucho más de lo que daban. Por eso escogían dar sus limosnas en las sinagogas y en las calles, donde pudiera verlos la mayor cantidad de gente. Las personas elogiaban su generosidad porque también se beneficiaban de ella, pero eran demasiado ciegas para percibir la fealdad de su orgullo.

Probablemente daban cuando se recogían ofrendas para los pobres en las sinagogas y cuando los mendigos se reunían en las calles y los caminos. No está mal dar limosnas en lugares donde otros puedan vernos, pero no debemos hacerlo con el propósito de que nos vean. Incluso deberíamos preferir las oportunidades de ayudar que llamen menos la atención. Si los hipócritas daban limosnas en sus propias casas, tocaban una trompeta, fingiendo que llamaban a los pobres para ayudarlos, cuando en realidad anunciaban su caridad y atraían la atención hacia sí mismos.

El juicio de Cristo sobre esto es muy contundente: «Ya recibieron su recompensa». A primera vista, parece una promesa, como si recibir la recompensa fuera suficiente. Pero dos palabras lo convierten en una advertencia. Es una recompensa, pero es su recompensa, no la que Dios promete a quienes hacen el bien. Es solamente la recompensa que ellos mismos se habían propuesto, y es una recompensa pobre. Lo hicieron para que la gente los viera, y la gente los vio. Escogieron sus propias mentiras y se engañaron con ellas; ahora recibirán exactamente lo que escogieron.

Los que profesan una religión carnal hacen tratos con Dios para obtener progreso, honor y riquezas, y tendrán su porción de esas cosas (Salmo 17:14). Pero no deben esperar nada más. Esas cosas son su consuelo ahora (Lucas 6:24), sus bienes (Lucas 16:25), y serán despedidos llevando solamente eso. Acordaron recibir una moneda, y probablemente esa será toda la recompensa que obtendrán. Es una recompensa presente, porque ya la tienen, y no hay nada reservado para ellos en la vida futura. La palabra significa un recibo completo. Las recompensas que reciben las personas piadosas en esta vida son solo un anticipo, pues todavía les espera mucho más; pero los hipócritas reciben todo lo suyo en este mundo. Así, su juicio queda determinado por su propia elección.

El mundo sirve para proveer a los santos, como dinero destinado a sus gastos. Pero para los hipócritas es su salario, y constituye toda su porción. Luego Cristo da su propio mandato sobre este asunto: «Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha». Esto podría referirse al fondo o cofre de ofrendas voluntarias, colocado en el lado derecho del camino que llevaba al templo, de modo que las ofrendas se depositaran con la mano derecha. O podría significar que dar con la mano derecha representa disposición e intención, hacerlo con destreza y no de manera torpe o con un propósito falso.

La mano derecha puede usarse de muchas maneras para ayudar a los pobres: levantarlos, escribir por ellos, curar sus heridas y hacer mucho más que simplemente entregarles dinero. Pero cualquiera que sea la bondad que tu mano derecha haga por los pobres, que tu mano izquierda no la conozca. Ocúltala tanto como sea posible y guárdala con cuidado en privado.

Hazlo porque es una buena obra, no porque vaya a darte un buen nombre. En todas nuestras acciones debemos sentirnos motivados por el valor de la acción misma, no por quién está observando.

Esto sugiere dos cosas. Primero, no debemos permitir que otras personas sepan lo que hacemos, ni siquiera quienes están muy cerca de nosotros, como si estuvieran junto a nuestra mano izquierda. En vez de contárselo, debemos mantenerlo oculto si podemos. Por lo menos, debemos comportarnos como si quisiéramos mantenerlo en privado, para que, por respeto, parezca que no lo notan y permitan que no vaya más lejos.

Segundo, tampoco debemos quedarnos pensando demasiado en ello. La mano izquierda forma parte de nosotros, así que esto significa que no debemos volver una y otra vez, en nuestra mente, a nuestras buenas obras. No debemos elogiarnos ni admirarnos por lo que hicimos. La satisfacción propia y el orgullo por nuestra bondad son tan peligrosos como el deseo de recibir elogios de los demás. Las personas cuyas buenas obras fueron recordadas para honrarlas fueron precisamente las que las habían olvidado; son como aquellos que dijeron: «¿Cuándo te vimos hambriento o sediento?».

¿Cuál es la promesa para quienes dan limosnas, es decir, dinero o ayuda a los pobres, con esta sinceridad y humildad? «Da tus limosnas en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». Cuando menos notamos nuestras buenas obras, más las nota Dios. Así como Dios escucha los males que nos hacen cuando nosotros no los escuchamos (Salmo 38:14, 15), también ve el bien que hacemos cuando nosotros no lo tomamos en cuenta.

Esto es una advertencia para los hipócritas, pero un consuelo para los cristianos sinceros: Dios ve lo que se hace en secreto. Y eso no es todo. La alabanza viene de Dios, y la recompensa también viene de Dios. Él mismo te recompensará públicamente. Quienes procuran agradar a Dios al dar sus bienes se ponen realmente en sus manos, como quien confía en él para recibir su pago. El hipócrita se aferra a una sombra, pero la persona recta asegura lo verdadero.

Observa cuán enfática es esta afirmación: «Él mismo recompensará». Él será personalmente quien recompense, como dice (Hebreos 11:6). Déjalo a él la tarea de compensarte, ya sea por medio de bienes o de bondad. Más aún, él mismo será tu recompensa, como en (Génesis 15:1): «Yo soy tu recompensa muy grande». Te recompensará como un padre, no simplemente como un amo que entrega a su siervo exactamente lo que ha ganado, sino como un padre que da generosamente y sin medida a su hijo que le sirve.

Él te recompensará públicamente. Si eso no sucede en esta vida, sucederá en el gran día. Entonces todos recibirán alabanza de parte de Dios, una alabanza pública, y tú serás reconocido delante de los demás. Si la obra no se ve, la recompensa sí se verá, y eso es mucho mejor.

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