Versículo destacado
Lucas 13:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Jesús les contó esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo y fue a ver si daba higos, pero no encontró ninguno. "
Lucas 13:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 ¿O creen que aquellos dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima eran más culpables que los demás que vivían en Jerusalén?
5 Les digo que no; y si ustedes mismos no se vuelven a Dios, también morirán.
6 Jesús les contó esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo y fue a ver si daba higos, pero no encontró ninguno.
7 Así que le dijo al hombre que cuidaba el viñedo: “Mira, durante tres años seguidos he venido a esta higuera buscando fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala, pues; ¿para qué ha de ocupar terreno inútilmente?”
8 Pero el que cuidaba el terreno le contestó: “Señor, déjala todavía este año; voy a aflojarle la tierra y a echarle abono.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Esta parábola busca grabar en nosotros la advertencia que aparece justo antes: «Si no se arrepienten, todos perecerán igualmente». Es decir, si las personas no se apartan del pecado ni cambian de vida, terminarán en la ruina, así como se corta un árbol sin fruto cuando sigue sin producirlo.
En primer lugar, la parábola señala especialmente a la nación y al pueblo judío. Dios los escogió para sí, los acercó a él y les dio más luz y privilegios que a las demás naciones. A cambio, esperaba obediencia y fidelidad, que habrían sido fruto para su gloria. Pero le fallaron. No cumplieron con su deber y, en vez de honrar aquello que profesaban, hicieron que fuera objeto de reproche. Por eso, Dios justamente podría haberlos rechazado, quitado sus privilegios y cortado de raíz. Sin embargo, como Cristo intercedió por ellos, tal como Moisés lo había hecho mucho tiempo antes, Dios les concedió más tiempo y misericordia.
En cierto sentido, les dio otro año al enviar a sus apóstoles para llamarlos al arrepentimiento y ofrecerles perdón en el nombre de Cristo si se volvían a Dios. Algunos fueron movidos a arrepentirse y dieron fruto; con ellos todo estuvo bien. Pero la nación en conjunto permaneció obstinada y sin fruto, y la ruina cayó sobre ella sin remedio. Unos cuarenta años después fue cortada y arrojada al fuego, tal como Juan el Bautista les había advertido (Mt 3:10). Esta parábola amplía aquella advertencia.
Sin embargo, la parábola también alcanza mucho más lejos. Busca despertar a todos los que disfrutan de los medios de gracia y de los privilegios de la iglesia visible, para que se aseguren de que su vida interior y su conducta exterior correspondan a lo que profesan. Ese es el fruto que Dios exige. La higuera tenía muchas ventajas: estaba plantada en una viña, en un suelo mejor y con más cuidados que las higueras comunes, que por lo general crecían junto al camino y no en las viñas, porque las viñas son para las vides (Mt 21:19).
Esta higuera pertenecía a cierto hombre, quien era su dueño y había invertido en ella dinero y esfuerzo. La iglesia de Dios es su viña, apartada del mundo común y protegida como un terreno cercado (Is 5:1, 2). Por medio de nuestro bautismo, somos plantados en esta viña como higueras. Tenemos un lugar y un nombre en la iglesia visible, y eso es un gran privilegio y una gran misericordia. Dios no ha tratado así con las demás naciones.
El dueño esperaba fruto de la higuera y tenía toda razón para esperarlo. No envió a otra persona, sino que él mismo fue a buscarlo, mostrando su deseo de encontrar fruto. Cristo vino a este mundo y vino a los suyos, los judíos, buscando fruto. Dios, desde el cielo, exige y espera fruto de quienes tienen un lugar en su viña. Observa a quienes escuchan el evangelio para ver si viven de una manera que corresponda a él. Busca pruebas de que los medios de gracia les están haciendo bien.
Las hojas no son suficientes; representan las palabras vacías como «Señor, Señor». Tampoco bastan las flores; representan un buen comienzo o una promesa alentadora. Tiene que haber fruto. Nuestros pensamientos, palabras y acciones deben corresponder al evangelio, a la luz y al amor.
El dueño quedó decepcionado. No encontró ningún fruto, ni siquiera un higo. Es triste pensar en cuántas personas disfrutan de los privilegios del evangelio y, aun así, no hacen absolutamente nada para honrar a Dios ni para cumplir el propósito por el cual él les concedió esos privilegios. Eso entristece al Espíritu de gracia. Él se queja de un pueblo así ante el viñador: «Vine buscando fruto, pero quedé decepcionado. Busqué uvas, pero encontré uvas silvestres». Un pueblo de esa clase le causa dolor.
La decepción se agrava por dos razones. Primero, el dueño había esperado durante mucho tiempo. No estaba pidiendo demasiado: solo fruto, y tampoco era impaciente. Había ido durante tres años, año tras año. Aplicado a los judíos, esto puede señalar una etapa antes del cautiverio, otra después de él y otra durante la predicación de Juan el Bautista y del propio Cristo. También puede referirse a los tres años del ministerio público de Cristo, que casi habían terminado.
De manera más general, esto enseña que Dios tiene mucha paciencia con quienes escuchan el evangelio, pero no dan fruto por medio de él. Con frecuencia, esa paciencia es mal aprovechada, y al final esto trae un juicio mayor. Muchas veces Dios se ha acercado a algunas personas, por así decirlo, año tras año, buscando fruto y sin encontrarlo, o encontrando muy poco, o incluso algo peor que la ausencia de fruto.
Segundo, el árbol no solo dejó de producir fruto; también causaba daño. Ocupaba el terreno, es decir, usurpaba el lugar de un árbol fructífero y se convertía en una carga para el suelo. Las personas que no hacen el bien a menudo hacen daño mediante su mal ejemplo. Desaniman a los piadosos y fortalecen a los malvados en su maldad. El daño es aún mayor cuando el árbol es grande, frondoso o viejo, porque ocupa más espacio mientras no produce nada.
La sentencia pronunciada contra él es: «Córtalo». Estas palabras se dirigen al viñador, a Cristo, a quien se le ha dado todo juicio, y también a los ministros, que declaran su juicio en su nombre. No debe esperarse un resultado mejor para los árboles estériles que ser cortados. Así como una viña sin fruto es derribada y queda expuesta a todos (Is 5:5, 6), los árboles sin fruto que están en la viña son arrojados fuera y se marchitan (Jn 15:6).
Dios los corta por medio de sus juicios, especialmente mediante juicios espirituales, como los que cayeron sobre los judíos incrédulos (Is 6:9, 10). También los corta por medio de la muerte y los arroja al infierno. Esto es justo, porque un árbol así no tiene razón para seguir ocupando el terreno sin ningún propósito.
Entonces aparece la súplica del viñador pidiendo misericordia. Cristo es el gran Intercesor y vive siempre para interceder. Los ministros también actúan como intercesores. Quienes trabajan en la viña deben orar por ella, porque aquellos a quienes predican también deben ser aquellos por quienes oran.
El viñador pide una demora: «Señor, déjala todavía este año». No está pidiendo: «No la cortes nunca», sino: «No la cortes ahora». Está pidiendo que el árbol no sea removido todavía, que el viñador no sea retirado, que el rocío no sea retenido y que el árbol no sea arrancado de raíz. Es una misericordia que a un árbol sin fruto se le conceda más tiempo.
Algunas personas todavía no tienen la gracia necesaria para arrepentirse, pero sigue siendo una misericordia que se les dé la oportunidad de hacerlo, así como al mundo antiguo se le concedieron 120 años para reconciliarse con Dios. Le debemos a Cristo, el gran Intercesor, que los árboles sin fruto no sean cortados de inmediato. Si él no hubiera intervenido, todo el mundo habría sido cortado a causa del pecado de Adán. Pero él dijo: «Señor, déjala», y él es quien sostiene todas las cosas.
Se nos anima a orar por una demora misericordiosa para las higueras sin fruto, es decir, por las personas que no han mostrado ningún fruto espiritual. Podemos pedir: «Señor, déjalas un poco más. Dales más tiempo, ten paciencia con ellas y espera para mostrarles tu gracia». De esa manera, nos ponemos en la brecha e intentamos apartar la ira.
Estas demoras de misericordia solo duran un tiempo. «Déjala todavía este año» significa un período corto, aunque lo bastante largo para probar completamente al árbol. Cuando Dios ha mostrado paciencia durante mucho tiempo, podemos tener la esperanza de que espere un poco más, pero no podemos esperar que lo haga para siempre. Es posible que esas demoras ocurran porque otros oran por nosotros, pero no constituyen un perdón completo. Para recibirlo, deben estar presentes nuestra propia fe, arrepentimiento y oración; de lo contrario, no hay perdón.
Después, el viñador promete hacer todo lo posible para mejorar el árbol si se le concede la demora: «Hasta que yo cave alrededor de ella y la abone». Nuestras oraciones siempre deben estar respaldadas por nuestros esfuerzos. Parece decir: «Señor, tal vez he fallado en lo que me correspondía hacer; pero déjala este año y haré más que antes para ayudarla a dar fruto». En todas nuestras oraciones debemos pedir la gracia de Dios y, al mismo tiempo, resolver humildemente cumplir con nuestro deber. De lo contrario, nos burlamos de Dios y demostramos que en realidad no valoramos la misericordia que estamos pidiendo.
Esto también enseña que, cuando oramos pidiendo gracia para nosotros o para otros, debemos acompañar nuestras oraciones con un uso diligente de los medios de gracia, es decir, de las maneras que Dios ha dado para ayudar a las personas a crecer. El viñador promete hacer su parte y, con ello, enseña a los ministros cuál es su deber. Cavará alrededor del árbol y lo abonará.
A los cristianos sin fruto hay que despertarlos mediante las advertencias de la ley, que remueven la tierra endurecida, y luego animarlos por medio de las promesas del evangelio, que calientan y nutren como el abono a un árbol. Hay que emplear ambas cosas: una prepara el camino para la otra, y las dos son necesarias.
El viñador deja el asunto sobre una base esperanzadora: «Déjala todavía este año, y si da fruto, bien» (Lc 13:9). Es posible, e incluso esperanzador, que todavía llegue a ser fructífera. Con esa esperanza, el dueño tendrá paciencia y el viñador trabajará con empeño. Si el árbol llega a dar fruto, ambos se alegrarán de que no haya sido cortado.
La palabra «bien» no aparece en el original, pero la idea está tan llena de alegría que encaja perfectamente. Si da fruto, habrá buenas razones para regocijarse, porque tendrán lo que deseaban. Las personas religiosas que no han dado fruto, pero que después de mucho tiempo se arrepienten, cambian su manera de vivir y comienzan a dar fruto, descubrirán que todo está bien. Dios se agradará, porque será honrado. Los ministros recibirán nuevas fuerzas, y esas personas arrepentidas serán su alegría ahora y su corona después.
Más aún, habrá gozo en el cielo por ello. La tierra ya no estará cargada, sino que será mejorada. La viña será más hermosa, y los buenos árboles que están en ella también recibirán ayuda. Para el árbol mismo, esto será algo bueno. No solo se salvará de ser cortado, sino que recibirá la bendición de Dios (Hebreos 6:7). Será podado y dará más fruto, porque el Padre es el jardinero (Juan 15:2). Y al final será trasladado de la viña terrenal al paraíso celestial.
Pero si no da fruto, entonces después será cortado. Aunque Dios es paciente, no tolerará para siempre a las personas que no dan fruto. Su paciencia tiene un límite, y cuando se abusa de ella, da lugar a una ira que no tendrá fin. Al final, los árboles estériles ciertamente serán cortados y arrojados al fuego.
Mientras más tiempo espera Dios y más ha invertido en ellos, mayor será su ruina. Ser cortados después de tanta paciencia, después de tantas esperanzas y de tanto cuidado, será muy triste y hará que el juicio sea más severo. Sin embargo, a Dios no le agrada cortar el árbol. Observa que el dueño le dijo al viñador: «Córtalo, porque está agotando la tierra». Pero el viñador respondió, en esencia: «Si al final debe hacerse, hazlo tú. Que mi mano no esté sobre él».
Quienes ahora oran por los árboles estériles y trabajan para ayudarlos, si estos permanecen sin dar fruto, finalmente podrán estar dispuestos a verlos cortados. Ya no tendrán nada más que decir en su defensa. Incluso sus mejores amigos estarán de acuerdo con el justo juicio de Dios, e incluso lo alabarán, cuando este sea revelado (Apocalipsis 15:3-4).
De este capítulo
Lucas 13:1
"Por aquel mismo tiempo, algunos fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mezclado la sangre de unos hombres de Galilea con la sangre de los animales que ellos habían ofrecido en sacrificio."
Lucas 13:2
"Jesús les dijo: ¿Piensan ustedes que esto les pasó a esos hombres de Galilea porque eran más pecadores que los demás de su país?"
Lucas 13:3
"Les digo que no; y si ustedes mismos no se vuelven a Dios, también morirán."
Lucas 13:4
"¿O creen que aquellos dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima eran más culpables que los demás que vivían en Jerusalén?"
Lucas 13:5
"Les digo que no; y si ustedes mismos no se vuelven a Dios, también morirán."
Lucas 13:7
"Así que le dijo al hombre que cuidaba el viñedo: “Mira, durante tres años seguidos he venido a esta higuera buscando fruto, pero nunca lo encuentro. Córtala, pues; ¿para qué ha de ocupar terreno inútilmente?”"
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.