Versículo destacado
Isaías 42:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Aquí está mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me deleito. He puesto mi espíritu en él para que lleve la justicia a todas las naciones. "
Isaías 42:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Aquí está mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien me deleito. He puesto mi espíritu en él para que lleve la justicia a todas las naciones.
2 No gritará ni levantará la voz, ni hará oír su voz en las calles,
3 no acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Verdaderamente traerá la justicia.
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Podemos estar seguros de que estos versículos hablan de Cristo, porque el evangelista afirma claramente que esta profecía se cumplió en él (Mateo 12:17-21). Por eso, debemos contemplarlo con fe y reconocer lo que se nos invita a observar en él. «Mi siervo, a quien sostengo» es un título lleno de honor que lo distingue por encima de todos los demás. Los creyentes del Antiguo Testamento debían contemplarlo, recordarlo y admirarlo.
En primer lugar, observemos el cuidado del Padre hacia él y la estrecha relación que tienen. Dios lo llama «mi siervo». Aunque Cristo era el Hijo de Dios, como Mediador —es decir, como quien se coloca entre Dios y los pecadores— asumió el lugar de un siervo. Obedeció la voluntad de Dios, se entregó a la obra del reino de Dios y vivió en servicio fiel a su Padre.
Dios también lo llama «mi elegido», su escogido. Cristo no asumió esta obra por iniciativa propia y sin un llamamiento, sino que Dios lo escogió como la persona perfecta y adecuada para realizarla. La sabiduría de Dios hizo la elección y luego Dios la confirmó públicamente. El Padre también confió plenamente en él. Algunos entienden estas palabras como «mi siervo, en quien me apoyo», lo que significa que el Padre confió en él para llevar a cabo la obra y conducir a muchos hijos a la gloria.
El Padre también lo sostuvo: lo respaldó, permaneció a su lado y lo fortaleció para cumplir su misión. Y se deleitó grandemente en él. «Mi elegido, en quien se deleita mi alma» señala el placer eterno de Dios en el Hijo, incluso antes de la creación del mundo (Proverbios 8:30). El Padre también manifestó públicamente ese deleite al declarar que se complacía en Cristo (Mateo 3:17; Mateo 17:5). Por eso, nuestras almas también deben deleitarse en Cristo, confiar en él y regocijarse en él. Entonces, por causa de Cristo, el Padre se complacerá en nosotros.
En segundo lugar, Cristo está completamente capacitado para su oficio. «He puesto mi Espíritu sobre él» significa que Dios le dio el Espíritu Santo para prepararlo para su obra, tal como lo había prometido en Isaías 61:1. El Espíritu no solo vino sobre él, sino que permaneció sobre él (Isaías 11:2). A diferencia de los siervos de Dios, que reciben el Espíritu en cierta medida, Cristo lo recibió sin límite. Quienes son enviados por Dios para servirle pueden tener la seguridad de que él los sostendrá y también les dará su Espíritu.
En tercer lugar, consideremos la obra que Cristo fue designado para realizar. Debía llevar el juicio a los gentiles; es decir, debía establecer en el mundo una religión caracterizada por la sabiduría, la santidad y la justicia, una fe a la que los gentiles quedarían sujetos y cuyas bendiciones compartirían. Cristo vino a darles a conocer las leyes y las verdades del Señor, que antes habían estado ocultas para los gentiles (Salmo 147:20). Él sería una luz para ellos.
En cuarto lugar, observemos cuán manso y tierno sería Cristo al llevar a cabo esta obra (Isaías 42:2-3). La realizaría con quietud, sin gritos ni demostraciones ostentosas. No haría un espectáculo ruidoso de sí mismo, como suelen hacerlo los gobernantes terrenales. Tampoco respondería a la oposición de una manera carnal, sino que soportaría con paciencia los insultos y la resistencia de los pecadores. Su reino es espiritual, por lo que no viene acompañado de pompa exterior ni de armas carnales.
También trataría con ternura a los débiles y quebrantados. No trataría de inmediato con dureza a las personas malvadas, aun cuando fueran como cañas cascadas. Les daría oportunidad para arrepentirse. Y no despreciaría a quienes tienen poca fuerza, poco ánimo o poca fe, como una caña cascada o una mecha que apenas humea. Una caña cascada es algo débil y fácil de quebrar. La mecha que humea es el pabilo débil y agonizante de una lámpara. Cristo no aplastaría a esas personas ni les impondría más de lo que pudieran soportar; al contrario, tomaría en cuenta con bondad su debilidad.
Aquí se da a entender más de lo que se dice directamente. Él no quebrará la caña cascada, sino que la fortalecerá hasta hacerla semejante a un cedro en los atrios de Dios. No apagará la mecha que humea, sino que avivará su llama. Jesús es muy tierno con quienes poseen una gracia verdadera, aun cuando sea débil. Él acepta el espíritu dispuesto y perdona la debilidad de la carne.
En quinto lugar, Cristo continuaría con valor y propósito firme hasta terminar su obra (Isaías 42:4). «No se cansará ni desmayará» significa que, aunque su obra sería difícil y aunque sabía que el mundo sería ingrato, seguiría adelante hasta poder decir: «Todo está cumplido». También capacita a sus apóstoles y ministros para perseverar en su trabajo, de modo que ellos tampoco desmayen ni pierdan el ánimo hasta terminar su testimonio.
De esta manera, lleva a cabo aquello para lo cual vino. Establece el juicio conforme a la verdad, demostrando la verdad de su enseñanza por medio de muchos milagros y, finalmente, mediante su resurrección. Establece su juicio en la tierra al afirmar su gobierno en el mundo, formar una iglesia entre las personas y transformar la vida por el poder de su evangelio y su gracia. Las islas de las naciones esperan su ley; es decir, reciben con agrado su evangelio como algo que habían esperado durante mucho tiempo. Se convierten en sus discípulos, se sientan a sus pies y están dispuestas a recibir instrucción de su boca, diciendo: «¿Qué quieres que hagamos?».
De este capítulo
Isaías 42:2
"No gritará ni levantará la voz, ni hará oír su voz en las calles,"
Isaías 42:3
"no acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Verdaderamente traerá la justicia."
Isaías 42:4
"No descansará ni se quebrará su ánimo hasta que establezca la justicia en la tierra. Los países del mar estarán atentos a sus enseñanzas."
Isaías 42:5
"Dios, el Señor, que creó el cielo y lo extendió, que formó la tierra y lo que crece en ella, que da vida y aliento a los hombres que la habitan, dice a su siervo:"
Isaías 42:6
"Yo, el Señor, te llamé y te tomé de la mano para que seas instrumento de salvación; yo te formé, pues quiero que seas señal de mi alianza con el pueblo y luz de las naciones."
Isaías 42:7
"Quiero que des vista a los ciegos y saques de la cárcel a los presos, del calabozo donde viven en la oscuridad."
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