Versículo destacado

Isaías 40:27 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Israel, pueblo de Jacob, ¿por qué te quejas? ¿Por qué dices: «El Señor no se da cuenta de mi situación; Dios no se interesa por mí»? "

Isaías 40:27

menu_book El versículo en contexto

25 El Dios Santo pregunta: «¿Con quién me van a comparar ustedes? ¿Quién puede ser igual a mí?»

26 Levanten los ojos al cielo y miren: ¿Quién creó todo eso? El que los distribuye uno por uno y llama a todos por su nombre. Tan grandes son su poder y su fuerza que ninguno de ellos falta.

27 Israel, pueblo de Jacob, ¿por qué te quejas? ¿Por qué dices: «El Señor no se da cuenta de mi situación; Dios no se interesa por mí»?

28 ¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído? El Señor, el Dios eterno, el creador del mundo entero, no se fatiga ni se cansa; su inteligencia es infinita.

29 Él da fuerzas al cansado y aumenta el vigor del débil.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

El profeta reprende al pueblo de Dios, presentado aquí como cautivo en Babilonia, por su incredulidad y desánimo en medio del sufrimiento (Isaías 40:27). Les dice: «¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas, oh Israel: “Mi camino está oculto del Señor, y mi juicio ha pasado de largo ante mi Dios”?». Les pregunta por qué llegan a conclusiones tan amargas y desesperanzadas acerca de su situación, como si estuviera fuera del cuidado o del alcance de la ayuda de Dios.

Los nombres «Jacob» e «Israel» debieron haberlos avergonzado de desconfiar. Debían recordar de dónde provenían esos nombres: de un hombre que halló que Dios era fiel en cada dificultad, y de su identidad como pueblo del pacto de Dios. El profeta también los reprende razonando con ellos: «¿Por qué dicen esto? Piensen bien si de verdad tienen motivos para afirmarlo». Muchos temores y quejas insensatos desaparecerían si los examináramos con cuidado.

En particular, corrige las palabras perversas que dijeron acerca de Dios, como si él los hubiera rechazado. El énfasis está en que lo dijeron, no solamente en que lo pensaron. Los malos pensamientos son pecado, pero es peor aprobarlos y convertirlos en palabras. Más adelante, David recordó con tristeza lo que había dicho en su desesperación, cuando habló precipitadamente en medio de la angustia.

Su queja mostraba que habían perdido la esperanza a causa de su dolorosa condición. Primero, estaban dispuestos a pensar que Dios no los vería: «Mi camino está oculto del Señor», como si él no observara su sufrimiento ni se interesara por ellos. Segundo, pensaban que Dios no podía ayudarlos: «Mi juicio ha pasado de largo ante mi Dios», como si su situación no tuviera remedio. Se sentían tan desesperanzados como los huesos secos (Ezequiel 37:11).

El profeta responde a sus temores recordándoles verdades que ya habían oído y conocido, tal como lo había hecho al desenmascarar a los idólatras (Isaías 40:21). Jacob e Israel eran un pueblo que había recibido conocimiento por medio de lo que escuchaba, porque la sabiduría se les había anunciado. Entre las verdades que habían oído una y otra vez estaba esta: «El poder pertenece a Dios» (Salmo 62:11). Él es el Dios eterno, Jehová, el Señor que siempre es. Existía antes de todas las cosas y permanecerá para siempre; por eso, en él no hay debilidad, deterioro ni cambio.

También es el Creador de los confines de la tierra, es decir, de todo el mundo, de un extremo al otro. Como hizo todas las cosas, todo le pertenece y todo está bajo su gobierno. Por tanto, tiene poder absoluto y plena capacidad para ayudar a su pueblo en su angustia más profunda. El Dios que creó el mundo al principio ciertamente todavía puede salvar a su iglesia.

Tiene sabiduría para planear la salvación, y esa sabiduría nunca se agota. «Su entendimiento es inescrutable» significa que nadie puede superar sus planes ni seguirlos por completo. Cuando nosotros no sabemos qué hacer, él sí lo sabe. También tiene poder para llevar a cabo la salvación, y ese poder nunca falla. Nunca se cansa ni se agota. Él sostiene toda la creación y gobierna a cada criatura sin esfuerzo; por eso, ciertamente puede ayudar a su iglesia, sin importar cuán bajo haya caído.

Dios también da fuerza y poder a su pueblo, ayudándolo al capacitarlo para actuar. El Dios fuerte se convierte en la fuerza de Israel. Ayuda a los débiles, porque a menudo da poder al cansado y aumenta la fuerza del que no tiene ninguna. Fortalece el cuerpo de quienes están agotados y, por su gracia, fortalece el corazón desfallecido. Quienes reconocen su debilidad y admiten que no tienen fuerzas suelen experimentar su ayuda con mayor claridad, porque cuando somos débiles en nosotros mismos, entonces somos fuertes en el Señor.

También ayuda a quienes están dispuestos a confiar humildemente en él mientras cumplen con su deber. Los jóvenes pueden confiar en sus propias fuerzas, pero fracasarán. Se cansarán y desfallecerán en su trabajo, en sus luchas y bajo sus cargas. Esto enseña lo insensato que es confiar en uno mismo. Pero quienes esperan en el Señor, lo obedecen y se ponen bajo su cuidado no quedarán decepcionados.

Tendrán gracia suficiente para cada necesidad. Su fuerza será renovada a medida que lleguen nuevas responsabilidades y nuevas pruebas. Es como si Dios les diera aceite fresco para sus lámparas y nuevas fuerzas para su trabajo. Él será su brazo cada mañana (Isaías 33:2). Si han sido derribados, se recuperarán y recibirán nuevas fuerzas. Su fortaleza cambiará conforme cambien sus tareas, dándoles poder para trabajar, luchar, resistir y llevar cargas. Según sea el día, así será la fuerza.

También usarán bien esa fuerza. Primero, se elevarán hacia Dios. Subirán con alas como las águilas, altas, rápidas y fuertes, elevando su alma por encima del mundo y llevándola a una comunión cercana con Dios. Los deseos santos y devotos son como alas de águila que llevan a los creyentes hacia lo alto (Salmo 25:1). Segundo, seguirán avanzando hacia el cielo. Caminarán e incluso correrán con alegría por el camino de los mandamientos de Dios, sin cansarse y perseverando sin desfallecer. Por eso, a su debido tiempo, cosecharán.

Así que Jacob e Israel, aun en su angustia más profunda, deben seguir esperando en Dios. No deben abandonar la esperanza de recibir de él ayuda y rescate oportunos y eficaces.

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