Versículo destacado
Génesis 2:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de las costillas y volvió a cerrarle la carne. "
Génesis 2:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 Y Dios el Señor formó de la tierra todos los animales y todas las aves, y se los llevó al hombre para que les pusiera nombre, y ese nombre se les quedó.
20 El hombre les puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes. Sin embargo, ninguno de ellos resultó ser la ayuda adecuada para él.
21 Entonces Dios el Señor hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de las costillas y volvió a cerrarle la carne.
22 De esa costilla Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre,
23 el cual, al verla, dijo: «¡Esta sí es de mi propia carne y de mis propios huesos! Se llamará “mujer”, porque Dios la sacó del hombre.»
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Aquí tenemos la creación de la mujer, quien habría de ser una ayuda adecuada para Adán. Esto ocurrió en el sexto día, cuando Adán ya había sido colocado en el paraíso, aunque se menciona aquí después del relato del descanso del séptimo día. Lo que antes se había dicho de manera general —que Dios creó a los seres humanos varón y hembra (Génesis 1:27)— ahora se presenta con más detalle.
Observemos, en primer lugar, que Adán fue formado antes que Eva (1 Timoteo 2:13), y que ella fue hecha del hombre y para el hombre (1 Corintios 11:8-9). Más adelante, Pablo usa esto como una razón para llamar a las mujeres en general a la humildad, la modestia, el silencio y la sumisión, y para señalar el respeto que las esposas deben a sus propios esposos. Sin embargo, así como el hombre fue creado al final de las criaturas, como la mejor y más elevada de ellas, que Eva haya sido creada después de Adán y a partir de él también honra a la mujer, como gloria del hombre (1 Corintios 11:7). Si el hombre es la cabeza, ella es la corona: corona de su esposo y corona de la creación visible. El hombre fue polvo refinado, pero la mujer fue polvo refinado una vez más, un paso más alejado de la tierra.
Observemos, en segundo lugar, que Adán dormía mientras su esposa era formada, para que nadie pensara que él había guiado al Espíritu del SEÑOR o le había dado consejo (Isaías 40:13). Adán ya había sentido que necesitaba una ayuda adecuada, pero como Dios se había encargado de proveérsela, no se preocupó por ello. Se acostó y durmió en paz, dejando su cuidado en manos de Dios y confiando en la sabiduría de su Creador. «El SEÑOR proveerá» cuando quiera y a quien quiera. Si descansamos en Dios con fe, Dios actuará a nuestro favor con gracia y hará que todo contribuya para bien.
Observemos, en tercer lugar, que Dios hizo caer sobre Adán un sueño profundo, para que la abertura de su costado no le causara dolor. Aunque no conocía el pecado, Dios se aseguró de que tampoco sintiera dolor. Cuando la providencia de Dios lleva a su pueblo por algo difícil para el cuerpo, no solo dispone un buen resultado, sino que también, por su gracia, puede calmar su espíritu para que soporte en paz las acciones más dolorosas.
Observemos, en cuarto lugar, que la mujer fue hecha de una costilla tomada del costado de Adán. No fue hecha de su cabeza, como si debiera gobernarlo, ni de sus pies, como si él debiera pisotearla. Fue hecha de su costado, para ser igual a él; bajo su brazo, para recibir protección; y cerca de su corazón, para ser amada. Adán perdió una costilla, pero sin ningún daño para su fuerza o su apariencia, pues seguramente la herida fue cerrada sin dejar cicatriz. En su lugar recibió una ayuda adecuada para él, lo cual compensó con creces la pérdida. Lo que Dios quita de su pueblo, de alguna manera lo restaurará con una bendición mayor.
En esto, como en muchas otras cosas, Adán era una figura de aquel que habría de venir. Del costado de Cristo, el segundo Adán, fue formada su novia, la iglesia. Esto ocurrió cuando él durmió el profundo sueño de la muerte en la cruz. Su costado fue abierto, y de él salieron sangre y agua: sangre para comprar a su iglesia y agua para limpiarla y apartarla para sí (Efesios 5:25-26).
En segundo lugar, tenemos el matrimonio de la mujer con Adán. El matrimonio es honorable, pero este fue seguramente el matrimonio más honorable de todos, porque Dios mismo intervino directamente en cada parte de él. Se dice que los matrimonios se hacen en el cielo, y sabemos que este sí fue hecho allí, porque el hombre, la mujer y la unión fueron obra de Dios. Con su poder hizo a ambos, y ahora, por medio de su ordenanza, los hizo uno. Este fue un matrimonio en perfecta inocencia, y ningún matrimonio desde entonces ha sido igual.
Dios, como Padre de la mujer, la llevó al hombre como su otra mitad y como una ayuda adecuada para él. Después de crearla, no la dejó escoger por sí misma. Ella era su hija y no debía casarse sin su consentimiento. Quienes se ponen bajo la guía de Dios mediante la fe y la oración son los que tienen más probabilidades de establecer un matrimonio firme. Es probable que la esposa formada por la gracia especial de Dios y guiada por su providencia especial llegue a ser una verdadera ayuda para el hombre.
Entonces Adán recibió a la mujer de parte de Dios, como de su Padre (Génesis 2:23): «Esta sí es hueso de mis huesos». En otras palabras: «Ahora tengo lo que necesitaba, algo que ninguna de las demás criaturas podía darme: una ayuda adecuada para mí». Los regalos de Dios deben recibirse con humilde agradecimiento, reconociendo su sabiduría al adaptarlos a nuestras necesidades y su favor al concedérnoslos. Es probable que, mientras dormía, Adán hubiera aprendido mediante una visión que aquella hermosa criatura presentada ante él era parte de sí mismo y sería su compañera y esposa bajo el pacto. Algunos incluso han usado esto para sostener que los santos glorificados en el cielo se reconocerán unos a otros. Como prueba de que la aceptaba, Adán le dio un nombre que no era exclusivo de ella, sino que compartía con todo su sexo: sería llamada mujer, es decir, una hembra del varón, diferente del hombre solo en cuanto al sexo, no en cuanto a la naturaleza; hecha del hombre y unida al hombre.
En tercer lugar, tenemos la institución del matrimonio y el establecimiento de su ley (Génesis 2:24). El sábado y el matrimonio fueron dos ordenanzas establecidas en la inocencia: una para preservar a la iglesia y la otra para preservar a la raza humana. Por Mateo 19:4-5 parece que Dios mismo dijo aquí: «El hombre debe dejar todos sus lazos familiares y unirse a su esposa», aunque no es seguro si habló por medio de Moisés, quien escribió estas palabras, o por medio de Adán, quien acababa de hablar en Génesis 2:23. Parece que son palabras de Adán, pronunciadas en el nombre de Dios, mediante las cuales estableció esta ley para todos sus descendientes.
Observa cuán firme es una ordenanza divina, pues su vínculo es aún más fuerte que los lazos naturales. ¿Quién debería estar más cerca de nosotros que el padre que nos engendró y la madre que nos dio a luz? Sin embargo, el hijo debe dejarlos para unirse a su esposa, y la hija debe dejarlos para aferrarse a su esposo (Salmo 45:10-11). Observa también cuán necesario es que los hijos tengan el consentimiento de sus padres para casarse, y cuán equivocados están quienes se casan sin él. Ofenden a sus padres y actúan sin el debido respeto, porque toman lo que les pertenece a ellos y se lo entregan a otra persona de una manera deshonesta y contraria a la naturaleza.
Esto también muestra cuánta prudencia y oración se necesitan al elegir esta relación, pues es tan estrecha y duradera. Lo que está destinado a durar toda la vida debe hacerse con cuidado. También muestra cuán firme es el vínculo matrimonial. No debe debilitarse por tener muchas esposas (Malaquías 2:15), ni romperse por el divorcio, excepto por infidelidad sexual o abandono voluntario. Finalmente, muestra cuán profundo debe ser el amor entre el esposo y la esposa, semejante al amor que tenemos por nuestro propio cuerpo (Efesios 5:28). Estos dos son una sola carne; por eso, que sean también una sola alma.
En cuarto lugar, vemos una prueba de la pureza y la inocencia del estado en que fueron creados nuestros primeros padres (Génesis 2:25). Ambos estaban desnudos. No necesitaban ropa para protegerse del frío o del calor, porque nada de eso podía hacerles daño. Tampoco necesitaban ropa como adorno, pues ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Tampoco necesitaban ropa por modestia, porque estaban desnudos y no tenían razón para sentir vergüenza.
No sabían qué era la vergüenza, como lo expresa la versión caldea. Hoy, el sonrojo suele considerarse una señal de virtud, pero en aquel tiempo no era señal de inocencia. Quienes tenían la conciencia libre de pecado podían justamente no sentir vergüenza en el rostro, aunque no llevaran ropa sobre el cuerpo.
De este capítulo
Génesis 2:1
"El cielo y la tierra, y todo lo que hay en ellos, quedaron terminados."
Génesis 2:2
"El séptimo día Dios terminó lo que había hecho y descansó."
Génesis 2:3
"Entonces bendijo el séptimo día y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó de todo su trabajo de creación."
Génesis 2:4
"Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra. Cuando Dios el Señor hizo el cielo y la tierra,"
Génesis 2:5
"aún no había plantas ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra ni había nadie que la trabajara."
Génesis 2:6
"Sin embargo, de la tierra salía agua que regaba todo el terreno."
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