Versículo destacado
Génesis 1:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Entonces Dios dijo: «Que el agua que está debajo del cielo se reúna en un solo lugar, para que aparezca lo seco.» Y así fue. "
Génesis 1:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Dios hizo una bóveda que separó las aguas: una parte de ellas quedó debajo de la bóveda y otra parte quedó arriba.
8 A la bóveda la llamó «cielo». De este modo se completó el segundo día.
9 Entonces Dios dijo: «Que el agua que está debajo del cielo se reúna en un solo lugar, para que aparezca lo seco.» Y así fue.
10 A la parte seca Dios la llamó «tierra», y al agua que se había reunido la llamó «mar». Cuando Dios vio que todo estaba bien,
11 dijo: «Que la tierra produzca toda clase de plantas: hierbas que den semilla y árboles que den fruto.» Y así fue.
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La obra del tercer día se describe en estos versículos: la formación del mar y de la tierra seca, y el hacer fructífera la tierra. Hasta ese momento, el poder de Dios se había manifestado en la parte superior del mundo visible. Había encendido la luz del cielo y establecido el firmamento arriba, pero ahora dirige su atención a este mundo inferior: la tierra.
La tierra fue hecha para las personas, tanto como su hogar como el lugar que habría de sostenerlas. Aquí vemos a Dios preparándola para ambas necesidades: construyendo su casa y extendiendo su mesa. Observemos cómo preparó la tierra para ser el hogar de la humanidad al reunir las aguas y hacer aparecer la tierra seca. Donde antes había confusión, como en Génesis 1:2, con la tierra y el agua mezcladas, ahora hay orden, porque Dios las separa de una manera que hace útiles a ambas.
Dios dijo que sucediera, y sucedió. En cuanto lo ordenó, quedó hecho. A las aguas que cubrían la tierra se les mandó retirarse y reunirse en un solo lugar, en las depresiones que habían sido formadas para contenerlas. Una vez reunidas y colocadas donde les correspondía, Dios las llamó mares. Aunque hay muchos mares en distintas regiones, siguen formando un solo gran cuerpo de agua, porque están conectados entre sí, ya sea sobre la superficie o bajo tierra. Todos los ríos desembocan en ese lugar común, y aun así el mar no se llena (Eclesiastés 1:7).
En las Escrituras, las aguas y los mares suelen representar la aflicción y el sufrimiento (Salmo 42:7; Salmo 69:2, 14, 15). El pueblo de Dios no queda libre de esas cosas en este mundo. Pero encuentra consuelo en que esas aguas están solamente debajo del cielo, no en el cielo, y en que todas permanecen dentro de los límites que Dios les ha establecido. Salmo 104:6-9 describe de manera hermosa cómo Dios reunió las aguas al principio y todavía las mantiene en su lugar. Allí se presenta esto como una razón para alabarlo. Quienes salen al mar en barcos deben agradecer cada día al Creador por hacer útiles las grandes aguas para el comercio y los viajes. Quienes permanecen en casa también deben recordar que Dios mantiene el mar encerrado con límites y puertas en el lugar que le corresponde, y que refrena sus orgullosas olas (Job 38:10, 11).
La tierra seca también apareció y salió de entre las aguas; fue llamada tierra y entregada a los hijos de los hombres. La tierra ya existía, pero era inútil mientras permanecía escondida bajo el agua. De la misma manera, muchos de los dones de Dios se desperdician cuando están enterrados y ocultos. Cuando Dios los saca a la luz, llegan a ser útiles. Todavía disfrutamos del beneficio de la tierra seca, aunque después fue cubierta por el diluvio y luego volvió a secarse. Debemos reconocernos como inquilinos y dependientes de Dios, cuyas manos formaron la tierra seca (Salmo 95:5; Jonás 1:9).
La tierra también fue preparada para sostener y mantener a la humanidad. Esto se hizo mediante el crecimiento inmediato de la tierra recién formada. Por mandato de Dios, apenas fue creada comenzó a ser fructífera, produciendo hierba para el ganado y plantas para el uso humano. También se proveyó para el futuro, al dar a cada clase de planta su propia semilla, de modo que el alimento siguiera produciéndose durante todo el tiempo que las personas habitaran la tierra. ¿Qué es el ser humano para que Dios se preocupe tanto por él y le provea de tal manera? Muchas veces ha merecido perderlo todo, y aun así Dios sigue cuidando de su vida.
Aquí debemos notar varias cosas. Primero, no solo la tierra pertenece al Señor, sino también todo lo que hay en ella. Él es el legítimo dueño y gobernante no solo de la tierra, sino de todo lo que contiene. La tierra estaba vacía en Génesis 1:2, pero ahora, por una sola palabra, está llena de las riquezas de Dios. Aun así, siguen siendo de él. Él las llama su grano, su vino, su lana y su lino (Oseas 2:9). Se nos permite usarlas, pero la propiedad sigue siendo suya, y debemos emplearlas para su servicio y honor.
Segundo, la providencia ordinaria es una creación continua. En ella, nuestro Padre sigue obrando. La tierra continúa bajo el poder de aquel mandato que le ordenó producir hierba, plantas y cosechas cada año. Estas cosas no son milagros permanentes, porque siguen el curso habitual de la naturaleza, pero sí son pruebas constantes del poder incansable del Creador y de su bondad inagotable.
Tercero, Dios normalmente obra por medio de causas secundarias, es decir, mediante los medios creados que utiliza para realizar su obra en el mundo. Sin embargo, no necesita de esos medios ni está limitado por ellos. Por lo general, los frutos valiosos de la tierra se producen por medio del sol y la luna (Deuteronomio 33:14), pero aquí la tierra produjo una abundante cantidad de frutos, probablemente ya maduros, antes de que fueran hechos el sol y la luna.
Cuarto, es sabio tener preparado lo necesario antes de que llegue la necesidad. Antes de que fueran creados los animales y el ser humano, ya estaban preparadas la hierba y las plantas para ellos. De esta manera, Dios trató a la humanidad con sabiduría y bondad. Por tanto, que nadie actúe neciamente al tratar consigo mismo.
Quinto, Dios debe recibir la gloria por cada beneficio que obtenemos de la tierra, ya sea alimento o medicina. Él es quien responde a los cielos, y los cielos responden a la tierra a su vez (Oseas 2:21, 22). Y si por gracia pertenecemos a aquel que es la fuente de todo, entonces, aun cuando se sequen los arroyos y la higuera no florezca, todavía podemos alegrarnos en él.
De este capítulo
Génesis 1:1
"Al comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra."
Génesis 1:2
"En aquel entonces, la tierra no tenía ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua."
Génesis 1:3
"Entonces Dios dijo: «¡Que haya luz!» Y hubo luz."
Génesis 1:4
"Cuando Dios vio que la luz era buena, la separó de la oscuridad"
Génesis 1:5
"y llamó «día» a la luz, y llamó «noche» a la oscuridad. De este modo se completó el primer día."
Génesis 1:6
"Después Dios dijo: «Que haya una bóveda que separe las aguas, para que queden separadas.» Y así fue."
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