Versículo destacado
Efesios 2:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Antes ustedes estaban muertos a causa de las maldades y pecados "
Efesios 2:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Antes ustedes estaban muertos a causa de las maldades y pecados
2 en los que vivían, pues seguían los criterios de este mundo y hacían la voluntad de aquel espíritu que domina en el aire y que anima a quienes desobedecen a Dios.
3 De esa manera vivíamos también todos nosotros en otro tiempo, siguiendo nuestros malos deseos y cumpliendo los caprichos de nuestra naturaleza pecadora y de nuestros pensamientos. A causa de eso, merecíamos con toda razón el terrible castigo de Dios, igual que los demás.
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Pablo describe aquí la condición miserable de los efesios por naturaleza. Las personas no convertidas están muertas en sus transgresiones y pecados. Todos los que viven en pecado están muertos en el pecado, y la expresión «transgresiones y pecados» abarca toda clase de pecado, tanto interno como externo: los pecados del corazón y los pecados de la vida. El pecado es la muerte del alma. Donde reina el pecado, falta toda vida espiritual. Los pecadores están muertos en su condición porque carecen de la vida y del poder que provienen de Dios, la fuente de la vida. También están muertos ante la ley, como un condenado que ya ha sido declarado muerto.
Una vida de pecado también es una vida moldeada por este mundo. En el versículo 1, Pablo habla de su condición interior, y en el versículo 2 habla de su conducta exterior. En esas transgresiones y pecados, antes caminaban; es decir, vivían y se comportaban como la gente del mundo. Seguían el patrón de esta época, que se opone a Dios.
Por naturaleza, somos esclavos del pecado y de Satanás. Quienes caminan en transgresiones y pecados, y conforme a los caminos de este mundo, caminan conforme al príncipe de la potestad del aire, es decir, el diablo, el principal de los espíritus malignos. El diablo y sus ángeles caídos actúan juntos bajo un solo gobernante; por eso la Escritura habla de su poder en singular. El aire aparece como el ámbito de su dominio. Tanto los judíos como los paganos consideraban que el aire estaba lleno de espíritus. Por permiso de Dios, el diablo tiene cierto poder en las regiones inferiores del aire, donde está cerca para tentar a las personas y hacer todo el daño que pueda. Pero el pueblo de Dios encuentra consuelo en que Cristo, quien es cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, ha derrotado al diablo y lo mantiene sujeto.
Las personas malvadas son esclavas de Satanás porque lo siguen. Moldean su vida y sus acciones de acuerdo con la voluntad de este gran usurpador. Toda su manera de vivir corresponde a sus sugerencias y cede a sus tentaciones. Están bajo su dominio y él las lleva cautivas según su voluntad. Por eso se le llama el dios de este mundo y el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. Los hijos de desobediencia son las personas que eligen desobedecer a Dios y servir al diablo. En ellas, él actúa con mucha fuerza y eficacia. Así como el buen Espíritu produce lo bueno en las almas obedientes, este espíritu maligno produce lo malo en las personas malvadas. Y todavía sigue actuando, aun en un mundo que ha recibido la luz del glorioso evangelio.
Pablo añade después que también todos nosotros vivimos anteriormente entre ellos. Con esto quiere decir que los judíos se encontraban por naturaleza en la misma triste condición. También ellos eran tan viles y pecadores como los gentiles no convertidos. En las palabras siguientes describirá con mayor amplitud su estado natural.
Por naturaleza, somos esclavos de la carne y de nuestros deseos corruptos. Al llevar a cabo los deseos de la carne y de la mente, las personas atraen sobre sí la impureza del cuerpo y del alma que Pablo más adelante insta a limpiar (2 Corintios 7:1). Esto incluye todo el pecado y la maldad cometidos mediante las facultades inferiores y superiores del alma. Antes vivíamos practicando los pecados hacia los cuales nos inclinaba nuestra naturaleza corrupta. La mente carnal convierte a la persona en una esclava completa de los deseos pecaminosos. Estas palabras también pueden entenderse como «los deseos de la carne», lo cual muestra cuán poderosos son esos deseos sobre quienes se entregan a ellos.
Por naturaleza, somos hijos de ira, igual que los demás. Los judíos se encontraban en ese estado tanto como los gentiles, y toda persona está por naturaleza en la misma condición. Esto es cierto no solo por el hábito y la imitación, sino desde el momento en que comenzamos a existir, debido a nuestras inclinaciones y deseos naturales. Todos, al ser por naturaleza hijos de desobediencia, también somos por naturaleza hijos de ira. Dios está airado contra los malvados cada día. Nuestra condición y nuestra manera de vivir merecen la ira, y terminarían en ira eterna si la gracia de Dios no interviniera. ¡Qué razón tan poderosa es esta para que los pecadores busquen esa gracia, que puede convertir a los hijos de ira en hijos de Dios y herederos de la gloria! Hasta este punto, Pablo ha descrito la miseria de nuestro estado natural, y en los versículos siguientes continúa desarrollando esta misma verdad.
De este capítulo
Efesios 2:2
"en los que vivían, pues seguían los criterios de este mundo y hacían la voluntad de aquel espíritu que domina en el aire y que anima a quienes desobedecen a Dios."
Efesios 2:3
"De esa manera vivíamos también todos nosotros en otro tiempo, siguiendo nuestros malos deseos y cumpliendo los caprichos de nuestra naturaleza pecadora y de nuestros pensamientos. A causa de eso, merecíamos con toda razón el terrible castigo de Dios, igual que los demás."
Efesios 2:4
"Pero Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande,"
Efesios 2:5
"que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. Por la bondad de Dios ustedes han recibido la salvación."
Efesios 2:6
"Y en unión con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo sentar con él en el cielo."
Efesios 2:7
"Hizo esto para demostrar en los tiempos futuros su generosidad y su bondad para con nosotros en Cristo Jesús."
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