Versículo destacado
1 Corintios 10:23 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Se dice: «Uno es libre de hacer lo que quiera». Es cierto, pero no todo conviene. Sí, uno es libre de hacer lo que quiera, pero no todo edifica la comunidad. "
1 Corintios 10:23
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
21 No pueden beber de la copa del Señor y, a la vez, de la copa de los demonios; ni pueden participar de la mesa del Señor y, a la vez, de la mesa de los demonios.
22 ¿O acaso queremos poner celoso al Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
23 Se dice: «Uno es libre de hacer lo que quiera». Es cierto, pero no todo conviene. Sí, uno es libre de hacer lo que quiera, pero no todo edifica la comunidad.
24 No hay que buscar el bien de uno mismo, sino el bien de los demás.
25 Coman ustedes de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar nada por motivos de conciencia;
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En este pasaje, el apóstol explica en qué circunstancias los cristianos podían comer legítimamente alimentos ofrecidos a los ídolos. No debían hacerlo como señal de respeto al ídolo, ni entrar en su templo para celebrar allí un banquete. Tampoco debían comerlos fuera del templo si sabían que la comida formaba parte de un sacrificio. Sin embargo, había casos en los que podían comer esos alimentos sin pecar, y Pablo menciona algunos aquí.
Primero, les advierte que no abusen de su libertad en asuntos permitidos. Algo puede estar permitido y, aun así, no ser sabio ni beneficioso. Un cristiano no debe preguntarse solamente: «¿Está permitido?», sino también: «¿Esto ayudará a otros y los hará crecer?». Incluso en la vida privada, el creyente no debe preocuparse únicamente por sí mismo, sino también por el bien de su prójimo. Debe procurar actuar de maneras que ayuden a los demás y no obstaculicen su santidad, su consuelo o su salvación.
Quienes se permiten todo lo que no es claramente pecaminoso a menudo terminan desviándose por las consecuencias de sus decisiones y lastimando a otros. Algo que en sí mismo es lícito no siempre es correcto en toda situación. Las circunstancias pueden hacer pecaminosa una acción, aunque la acción misma no lo sea. Por eso debemos pensar cuidadosamente en el contexto y en si lo que hacemos ayudará a los demás a crecer. Si queremos actuar correctamente, debemos tomar en cuenta el bienestar de otros, además de nuestra propia comodidad.
Segundo, Pablo dice que podían comer lo que se vendía en el mercado sin hacer preguntas. Con frecuencia, la porción que correspondía al sacerdote después de un sacrificio pagano se vendía más tarde como carne. Pablo les dice que no tenían que preguntarle al carnicero si la carne había sido ofrecida a un ídolo. Se vendía como alimento común y, como tal, podían comprarla y usarla. «Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella» (1 Corintios 10:26). Dios hizo la tierra y sus productos para el uso y el sustento de la humanidad, especialmente para sus propios hijos y siervos.
Toda criatura que Dios hizo es buena, y nada debe rechazarse si se recibe con acción de gracias, porque es santificada por la palabra de Dios y la oración (1 Timoteo 4:4-5). Para los puros, todo es puro (Tito 1:15). Por eso, aunque es pecaminoso usar los alimentos de una manera idólatra, no es pecaminoso tomar después esos mismos alimentos y usarlos de una manera santa y común.
Tercero, Pablo dice que, si vecinos que no creían en Cristo los invitaban a comer, podían ir y comer lo que les sirvieran sin hacer preguntas (1 Corintios 10:27). Aunque supieran que se estaba sirviendo comida ofrecida a un ídolo, podían comerla. Pablo no les prohíbe aceptar una invitación a cenar de parte de personas que no creían. Incluso a los incrédulos y paganos se les debe tratar con cortesía. El cristianismo no nos aparta de los actos comunes de bondad humana, ni permite que tratemos con rudeza a las personas simplemente porque tienen una religión diferente.
Cuando los cristianos eran invitados a comer con personas que no creían, no debían hacer preguntas innecesarias sobre la comida. Esas preguntas podían inquietar su mente y su conciencia, por lo que debían evitarlas. Todo alimento apropiado para una comida normal podía comerse legítimamente. ¿Por qué insistir en averiguar si había sido ofrecido a un ídolo? Esto se aplica a las comidas sociales comunes, no a los banquetes religiosos. Entre los paganos, un banquete religioso implicaba comer alimentos sacrificados, y Pablo ya había condenado eso porque significaba participar en la adoración idólatra. En una comida común podían esperar alimentos comunes y no tenían que atormentarse con escrúpulos innecesarios.
Sin embargo, Pablo añade un punto más. Si alguien decía: «Esto fue ofrecido a los ídolos», entonces no debían comerlo, por consideración a la persona que lo había dicho y por causa de la conciencia. No importa si quien lo mencionaba era el anfitrión u otro invitado, ni si lo decía abiertamente o en privado. Debían abstenerse por respeto a la persona que había planteado el asunto, ya fuera un incrédulo o un cristiano débil, y por respeto a la conciencia. De ese modo mostrarían que valoraban la conciencia en sí mismos y fomentarían ese respeto en los demás.
Pablo apoya esto con la misma razón que había dado antes: del Señor es la tierra. Dios ha provisto suficiente alimento para que comamos sin inquietarnos. Una misma verdad puede aplicarse de distintas maneras. Puesto que la tierra pertenece al Señor, los cristianos pueden comer alimentos comunes sin escrúpulos. Pero, precisamente porque la tierra pertenece al Señor, no deben comer nada que ofenda a otros, les ponga un tropiezo, fomente la idolatría o tiente a creyentes más débiles a actuar contra su propia conciencia y pecar. Los cristianos deben tener mucho cuidado de no herir la conciencia de otras personas ni debilitar su sentido del deber.
Quinto, Pablo les pide que eviten causar ofensa, aunque permite que coman los alimentos que les sirvan como comida común, aun si alguna vez fueron ofrecidos en sacrificio. La conciencia de otra persona no establece por sí sola la norma de nuestra conducta. Lo que alguien considera incorrecto no se vuelve incorrecto para mí simplemente porque esa persona lo piense. Si recibo mi alimento con acción de gracias y honro a Dios como el que me lo da, no es justo que alguien me condene por comerlo. Esto debe entenderse aparte del caso en que mi manera de comer realmente cause tropiezo. Algunos también entienden que Pablo quiere decir que no debemos usar nuestra libertad de una manera que dé a otros motivos para hablar mal de nosotros. Como dice en otro lugar: «No permitan que se hable mal del bien que hacen» (Romanos 14:16). Los cristianos deben tener cuidado de no usar su libertad de una manera que perjudique a otros o les traiga reproche.
Sexto, Pablo usa esta discusión para establecer una regla general de conducta cristiana y luego la aplica a este asunto (1 Corintios 10:31-32). Al comer y beber, y en todo lo demás, debemos procurar la gloria de Dios y buscar agradarlo y honrarlo. Este es el principio principal de la piedad práctica, es decir, de una fe puesta en acción en la vida diaria. Cuando no tenemos una regla específica y clara, este propósito más amplio debe guiarnos. No debemos hacer nada que vaya en contra de la gloria de Dios ni del bien de nuestros semejantes, porque ambas cosas están estrechamente relacionadas. Incluso la manera en que nuestra conducta afecta el bien común y el honor de nuestra santa fe debe ayudarnos a orientar nuestras decisiones.
Por eso no debemos hacer nada que ofenda a nadie, ya sea judío, gentil o miembro de la iglesia (1 Corintios 10:32). No debemos molestar innecesariamente a los judíos, quienes tienen un rechazo tan fuerte hacia los ídolos que consideran contaminada la comida ofrecida a ellos. Piensan que cualquiera que la coma queda contaminado y culpable.
También debemos evitar que nuestra conducta les dé a los paganos algún apoyo para su idolatría, si pudieran interpretarla como una muestra de respeto u honor hacia sus ídolos. Los nuevos creyentes que antes practicaban el paganismo no deben ver nuestro comportamiento y pensar que pueden conservar algún respeto por los dioses falsos y la adoración que dejaron atrás. Tampoco debemos hacer nada que pueda apartar a los miembros de la iglesia de su fe cristiana o de su manera de vivir.
Nuestros gustos y apetitos no deben controlar lo que hacemos. Más bien, debemos pensar en el honor de Dios y en el bien y el crecimiento de la iglesia. Debemos preocuparnos menos por nuestra comodidad y beneficio, y más por la expansión del reino de Dios entre las personas. Un cristiano debe estar dedicado a Dios y tener un espíritu de servicio hacia la comunidad, es decir, preocuparse por el bien de los demás.
Pablo refuerza todo esto con su propio ejemplo: procura agradar a todos en todo lo que legítimamente puede, sin buscar su propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (1 Corintios 10:33). Un predicador puede hablar con valentía y autoridad cuando respalda sus consejos con su propia vida. La persona que demuestra en sí misma un espíritu de servicio hacia los demás es la más capacitada para enseñarlo.
Es especialmente apropiado que un ministro deje de lado su propia ventaja para promover la salvación de quienes lo escuchan. Eso demuestra un espíritu adecuado para su llamado. Su trabajo existe para el bien de los demás, y nunca podrá realizarlo fielmente si tiene una mentalidad limitada y hábitos egoístas.
De este capítulo
1 Corintios 10:1
"No quiero, hermanos, que olviden que nuestros antepasados estuvieron todos bajo aquella nube y que todos atravesaron el Mar Rojo."
1 Corintios 10:2
"De ese modo, todos ellos quedaron unidos a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar."
1 Corintios 10:3
"Igualmente, todos ellos comieron el mismo alimento espiritual"
1 Corintios 10:4
"y tomaron la misma bebida espiritual. Porque bebían agua de la roca espiritual que los acompañaba en su viaje, la cual era Cristo."
1 Corintios 10:5
"Sin embargo, la mayoría de ellos no agradó a Dios, y por eso sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto."
1 Corintios 10:6
"Todo esto sucedió como un ejemplo para nosotros, para que no deseemos lo malo como ellos lo desearon."
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