Versículo destacado

1 Corintios 10:6 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Todo esto sucedió como un ejemplo para nosotros, para que no deseemos lo malo como ellos lo desearon. "

1 Corintios 10:6

menu_book El versículo en contexto

4 y tomaron la misma bebida espiritual. Porque bebían agua de la roca espiritual que los acompañaba en su viaje, la cual era Cristo.

5 Sin embargo, la mayoría de ellos no agradó a Dios, y por eso sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

6 Todo esto sucedió como un ejemplo para nosotros, para que no deseemos lo malo como ellos lo desearon.

7 Por eso, no adoren ustedes ídolos, como algunos de ellos lo hicieron, según dice la Escritura: «La gente se sentó a comer y beber, y luego se levantó a divertirse».

8 No nos entreguemos a la prostitución, como lo hicieron algunos de ellos, por lo que en un solo día murieron veintitrés mil.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

El apóstol ya había hablado de los privilegios de Israel. Ahora pasa a sus fracasos y a los castigos que siguieron. Estas cosas quedaron registradas como una advertencia para nosotros, para que no repitamos sus pecados ni compartamos sus juicios. No debemos hacer lo que ellos hicieron, porque podríamos sufrir lo que ellos sufrieron.

Comienza con una advertencia contra los deseos incorrectos de las cosas del mundo: «No codiciemos cosas malas, como ellos también las codiciaron» (1 Corintios 10:6). Dios les dio maná a los israelitas, pero ellos desearon carne (Números 11:4). Tenían suficiente para cubrir sus necesidades, pero no estaban satisfechos; por eso pidieron comida para alimentar sus deseos (Salmo 106:14). Los deseos descontrolados se fortalecen cuando los alimentamos, así que debemos vigilarlos y detenerlos desde el principio. Esta advertencia aparece primero porque los deseos pecaminosos suelen ser la raíz de muchos otros pecados.

Después advierte contra la idolatría: «No sean idólatras, como algunos de ellos» (1 Corintios 10:7). La Escritura dice: «El pueblo se sentó a comer y a beber, y luego se levantó a divertirse». Esto se refiere al becerro de oro, cuando Israel primero ofreció sacrificios, después comió y bebió, y luego bailó delante del ídolo (Éxodo 32:6). La advertencia de Pablo encajaba con la situación de los corintios, quienes sentían la tentación de comer en banquetes paganos alimentos ofrecidos a los ídolos. Aunque solo comieran y bebieran en honor del ídolo, eso seguía siendo idolatría, y el ejemplo de Israel debió haberlos mantenido alejados de ella.

También advierte contra el pecado sexual, que era especialmente grave en Corinto, una ciudad muy corrupta. Allí había un templo dedicado a Venus, la diosa de la lujuria, y muchas prostitutas prestaban sus servicios en ese lugar. Quienes vivían en una ciudad así y, además, enfrentaban la tentación de la idolatría, necesitaban una fuerte advertencia contra la inmoralidad sexual. La infidelidad espiritual con frecuencia también conduce al pecado corporal. Muchas religiones paganas fomentaban la conducta indecente, y algunos escritores judíos, junto con muchos cristianos posteriores, pensaban que esto sucedió en el culto a Baal de Peor, cuando Israel se entregó al pecado sexual con mujeres moabitas (Números 25). Eso provocó una plaga que mató a veintitrés mil personas en un solo día, además de quienes fueron ejecutados por la justicia pública. «Dios juzgará a los que cometen inmoralidad sexual y a los adúlteros», cualesquiera que sean los privilegios externos de los que presuman. Si queremos evitar las plagas que sufrió Israel, debemos temer los pecados de Israel.

También nos advierte que no pongamos a prueba a Cristo, como lo hicieron algunos israelitas, y por eso fueron destruidos por serpientes (1 Corintios 10:9). Cristo estaba con la iglesia en el desierto. Él era el ángel del pacto que iba delante de ellos. Sin embargo, lo entristecieron y lo provocaron una y otra vez, especialmente cuando se quejaron contra él y contra Moisés diciendo: «¿Por qué nos sacaron de Egipto para morir en el desierto?». Por eso Dios envió serpientes venenosas entre ellos, y muchos murieron a causa de sus mordeduras (Números 21:5-6). Es justo temer que quienes ponen a prueba a Cristo bajo el evangelio sean entregados al poder de la serpiente antigua.

También advierte contra las quejas: «No murmuren, como algunos de ellos lo hicieron, y fueron destruidos por el destructor» (1 Corintios 10:10). Un ángel destructor ejecutó el juicio de Dios. Ellos discutían con Dios y se quejaban contra Moisés, su siervo, cada vez que enfrentaban dificultades. Cuando se desanimaron en el camino hacia Canaán, atacaron rápidamente a sus líderes y quisieron regresar a Egipto bajo el mando de líderes escogidos por ellos mismos. Algo parecido parece haber estado ocurriendo en Corinto. Murmuraban contra Pablo y, por medio de él, contra Cristo, y buscaban maestros que los halagaran y excusaran sus deseos, especialmente su inclinación hacia la idolatría. Preferían comer alimentos ofrecidos a los ídolos antes que enfrentar la vergüenza o la ira de sus vecinos paganos. Esa conducta provocó profundamente a Dios y trajo una rápida destrucción sobre Israel (Números 14:37).

Estos acontecimientos no fueron solo advertencias para Israel. También fueron escritos para nuestra instrucción (1 Corintios 10:11). Las leyes y ordenanzas dadas a los judíos tenían un significado que señalaba hacia algo más, y lo mismo ocurría con la manera en que Dios trató con ellos. Sus pecados y su alejamiento de Dios apuntaban de antemano a la incredulidad de muchos bajo el evangelio. Los juicios de Dios sobre ellos también señalaban juicios espirituales en el presente. Su exclusión del Canaán terrenal representaba la exclusión de muchos del Canaán celestial a causa de la incredulidad. Su historia permanece como una advertencia para la iglesia, aun ahora que ha llegado el fin de la era. Nada en la Escritura es inútil. Dios tuvo razones sabias y bondadosas para conservar la historia de Israel, y nosotros debemos aprender de ella.

Por eso Pablo llega a esta conclusión: «El que piensa estar firme, tenga cuidado de no caer» (1 Corintios 10:12). Las dificultades que les ocurrieron a otros deben hacernos actuar con cuidado. Si pensamos que estamos seguros, no debemos volvernos orgullosos ni descuidados. Otros han caído, y nosotros también podemos caer. Las personas corren mayor peligro cuando están más seguras de sí mismas, porque entonces dejan de estar alerta. Una desconfianza humilde de nosotros mismos, unida a la vigilancia y a la dependencia de Dios, es la mejor protección del cristiano contra el pecado. Dios no ha prometido impedir que caigamos si nos negamos a ser cuidadosos. Su protección incluye nuestra propia prudencia.

Sin embargo, Pablo no termina solo con una advertencia. En el versículo siguiente añade consuelo, porque así como Dios no se agrada de nuestra presunción, tampoco se agrada de nuestra desesperación. La presunción es un gran pecado, pero la desesperación tampoco es algo insignificante.

Debemos temer y mantenernos atentos para no caer, pero no necesitamos vivir sacudidos por el terror. Nuestras pruebas estarán de acuerdo con nuestras fuerzas, o recibiremos las fuerzas necesarias para enfrentarlas. Vivimos en un mundo lleno de tentaciones y rodeados de trampas. Hay trampas en cada lugar, cada circunstancia, cada relación, cada tarea y cada placer. Sin embargo, este pasaje nos ofrece consuelo.

El apóstol dice que no nos ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a la humanidad, es decir, ninguna que esté fuera de lo que normalmente enfrentan los seres humanos. Es la clase de prueba que podemos esperar de personas con principios y capacidades semejantes a los nuestros, de las debilidades comunes de la vida humana o incluso de aquello que puede soportar un espíritu humano fuerte. Las pruebas de los cristianos comunes son solo pruebas comunes. Otros enfrentan las mismas cargas y tentaciones, y lo que ellos han soportado y vencido, nosotros también podemos soportarlo y vencerlo.

Dios es fiel. Satanás es un engañador, pero Dios es verdadero. Las personas pueden ser falsas y el mundo puede ser engañoso, pero Dios es fiel. Nuestra fuerza y seguridad están en él. Él cumple su pacto, la promesa firme que hizo, y nunca defraudará la esperanza ni la confianza de sus hijos.

Él también es sabio, no solo fiel, y medirá nuestra carga de acuerdo con nuestras fuerzas. No permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos soportar. Él sabe lo que podemos llevar y lo que podemos resistir. En su cuidado sabio, mantendrá la tentación dentro del límite de nuestras fuerzas o nos hará capaces de enfrentarla. Se asegurará de que no seamos derrotados si dependemos de él y nos proponemos permanecerle fieles. No necesitamos angustiarnos por las dificultades futuras cuando Dios se encargará de que nunca sean demasiado grandes para enfrentarlas.

También hará que el resultado sea bueno. Proveerá una salida, ya sea librándonos de la prueba misma o, al menos, de su daño. No hay valle tan oscuro que él no pueda guiarnos a través de él, ni dificultad tan grande que no pueda mantenerla alejada, quitarla o ayudarnos a soportarla. Al final, puede usarla para nuestro bien.

Basándose en este argumento, Pablo presenta otra advertencia contra la idolatría. Dice: «Por tanto, amados míos, huyan de la idolatría». Observemos cómo se dirige a ellos. Los llama amados porque su consejo nace de un cuidado afectuoso por ellos. El sentido de su advertencia es claro: huyan de la idolatría, evítenla y manténganse alejados incluso de los primeros pasos que conducen a ella.

La idolatría es un insulto muy grave contra el Dios verdadero. Significa darle a un rival la adoración y el honor que le pertenecen a él. La razón de Pablo también es clara: puesto que tienen tanto ánimo para confiar en Dios y permanecer fieles, deben actuar con valentía y no dejarse sacudir por nada de lo que sus enemigos paganos les pongan delante. Dios los ayudará en sus pruebas y los sostendrá a través de ellas, así que no deben ceder ante ningún compromiso idólatra.

Tenemos toda razón para huir del pecado y permanecer fieles a Dios. No caeremos en la tentación si nos aferramos firmemente a él.

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