Versículo destacado
Hechos 12:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Herodes estaba muy enojado con los de Tiro y Sidón. Pero ellos acudieron a él de común acuerdo y, después de ganarse la amistad de Blasto, el encargado de los aposentos del rey, pidieron paz, porque el territorio de ellos recibía alimentos del territorio del rey. "
Hechos 12:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Al amanecer, hubo un gran alboroto entre los soldados por no saber qué había sido de Pedro.
19 Herodes lo buscó, pero no lo encontró. Entonces interrogó a los guardias y ordenó que fueran ejecutados. Después descendió de Judea a Cesarea y permaneció allí.
20 Herodes estaba muy enojado con los de Tiro y Sidón. Pero ellos acudieron a él de común acuerdo y, después de ganarse la amistad de Blasto, el encargado de los aposentos del rey, pidieron paz, porque el territorio de ellos recibía alimentos del territorio del rey.
21 En el día señalado, Herodes se vistió con ropas reales, se sentó en su trono y les dirigió un discurso.
22 El pueblo gritaba: «¡Es voz de un dios y no de un hombre!».
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En estos versículos vemos la muerte de Herodes. Dios lo juzgó no solo por haber matado a Santiago, sino también por haber planeado matar a Pedro. Los pecadores tendrán que responder no solo por el mal que llevan a cabo, sino también por el mal que intentan hacer, aun cuando fracasan (Salmo 28:4). Herodes no vivió mucho tiempo después de esto, y a veces Dios trae el juicio rápidamente.
Observa cómo su culpa llegó a su punto culminante. El orgullo lo derribó. El orgullo suele venir antes de la destrucción, y el espíritu orgulloso antes de la caída. Nabucodonosor, el rey de Babilonia, también había sido cruel y perseguidor, pero las palabras orgullosas que pronunció trajeron juicio sobre él: «¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué?» (Daniel 4:30-31). La gloria de Dios se manifiesta cuando humilla a los orgullosos (Job 40:12).
Este caso es impactante y muestra cómo Dios se opone a los orgullosos. Los habitantes de Tiro y Sidón habían ofendido a Herodes, y él estaba decidido a hacerles sentir su ira. Esas ciudades estaban bajo el dominio romano y dependían de él, así que hasta una ofensa pequeña bastaba para que un hombre como Herodes provocara una disputa. Cuando un gobernante es dominado por el orgullo, su ira puede sentirse como el rugido de un león.
Los habitantes de Tiro y Sidón cedieron. Tal vez no reconocieron su culpa, pero sabían que era inútil resistirse a un enemigo tan poderoso. Querían resolver el asunto porque su territorio dependía del territorio del rey para recibir alimentos. Tiro y Sidón eran ciudades comerciales con poca tierra cultivable, y recibían grano de la tierra de Canaán. Como su seguridad dependía del favor de Herodes, buscaron hacer las paces con él. Para nosotros también es sabio hacer las paces con Dios y humillarnos delante de él, porque nuestra dependencia de Dios es mucho mayor que la dependencia de una nación respecto de otra.
Intentaron detener el conflicto ganándose el favor de Blasto, el encargado de los aposentos del rey, probablemente por medio de regalos y sobornos. Así es como muchas veces la gente consigue aliados en la corte. Es difícil para los gobernantes que sus asuntos, e incluso sus sentimientos, puedan ser manejados por ayudantes interesados en obtener beneficios. Sin embargo, un gobernante orgulloso como Herodes, que no se dejaba guiar por la razón, podía ser controlado de esta manera mejor que por su propio orgullo y enojo.
Después Herodes se presentó con todo su esplendor. Vestido con su ropa real, se sentó en su trono (Hechos 12:21). Josefo dice que llevaba una túnica de plata que brillaba bajo el sol y deslumbraba los ojos de la multitud. Las personas insensatas juzgan a los demás por su apariencia exterior, y peor aún son quienes se juzgan a sí mismos por los elogios que reciben. Herodes intentaba cubrir la falta de un corazón real con una vestidura real, como si su trono le diera derecho a pasar por encima de los demás.
Luego pronunció un discurso ante los hombres de Tiro y Sidón. Probablemente fue un discurso bien preparado, en el que señaló la falta de ellos, elogió su sumisión y después dejó claro que los perdonaría y volvería a recibirlos en su favor. Era tan orgulloso que pensaba tener control sobre quién vivía y quién moría. Tal vez incluso los mantuvo en suspenso hasta ese momento, para que su misericordia pareciera aún más impresionante.
Entonces la gente comenzó a alabarlo a gritos. Como dependían de él y se beneficiaban de su favor, exclamaron: «¡Voz de un dios, y no de un hombre!» (Hechos 12:22). Tal vez quedaron impresionados por su apariencia y su discurso. O quizá en realidad no pensaban tan bien de él, pero estaban ansiosos por halagarlo y asegurar la paz con él. Los hombres importantes se exponen fácilmente al peligro cuando escuchan a los aduladores y reciben con agrado sus elogios.
Esto deshonra a Dios, porque le da al ser humano la gloria que pertenece solo a Dios. También perjudica a la persona que recibe esos elogios, porque la adulación hace que se olvide de quién es y la llena de orgullo. Ese tipo de orgullo deja a la persona en el mayor peligro de caer bajo el juicio del diablo. Herodes aceptó esos elogios, disfrutó de ellos y se llenó de orgullo por causa de ellos. Ese fue su pecado. No se nos dice que ordenara a sus acompañantes comenzar el grito ni que corrigiera a la multitud, lo cual hace todavía mayor su culpa.
Su falta estuvo en que no dijo nada. No reprendió la adulación, no rechazó el título que le dieron ni le dio la gloria a Dios (Hechos 12:23). En cambio, se apropió de ella. Le agradaba que los elogios terminaran en él y que la gente pensara que era un dios y le rindiera honores divinos. Si la gente quiere engañarse, que se engañe. Esto era aún peor en él, porque era judío y afirmaba creer en un solo Dios, que en el caso de los emperadores paganos, quienes tenían muchos dioses y muchos señores.
2. Cómo fue castigado su pecado: de inmediato (Hechos 12:23), el ángel del Señor lo hirió por orden de Cristo, ya que todo juicio le ha sido entregado a Cristo. Dios es celoso de su propio honor, y será glorificado incluso por quienes se niegan a glorificarlo. Herodes fue comido por gusanos y murió. De esta manera recibió el pago por haber perturbado a la iglesia de Cristo, haber matado a Santiago, haber encarcelado a Pedro y haber cometido todo el demás mal que había hecho.
Observa que, en la destrucción de Herodes, no fue menos que un ángel quien la llevó a cabo: el ángel del Señor, designado y enviado para esa tarea, el ángel destructor. O quizá se refiera al mismo ángel que había liberado a Pedro anteriormente en este capítulo y que hirió a Herodes. Dios utiliza a los espíritus ministradores tanto para el juicio como para la misericordia, según su voluntad. El ángel lo hirió con una enfermedad grave justo cuando se jactaba ante la multitud y se admiraba a sí mismo. De la misma manera, el rey de Tiro dijo en su orgullo: «Yo soy un dios; me siento en el trono de un dios», pero Dios le dijo que no era más que un hombre, un mortal débil en manos de quien puede matarlo (Ezequiel 28:2-9). Eso mismo sucedió con Herodes. Los gobernantes poderosos deben saber no solo que Dios es todopoderoso, sino también que los ángeles son más fuertes y poderosos que ellos. El ángel hirió a Herodes porque no le dio la gloria a Dios. A los ángeles les importa el honor de Dios y, cuando reciben la orden, están listos para herir a quienes reclaman los derechos de Dios y le roban su gloria.
No fue más que un gusano lo que destruyó a Herodes. Fue comido por gusanos; es decir, su cuerpo quedó lleno de gusanos. Ya estaba corrompido, y llegó a ser como madera podrida. Los gusanos destruyen el cuerpo en la tumba, pero el cuerpo de Herodes comenzó a descomponerse mientras todavía estaba vivo, y los gusanos comenzaron a alimentarse de él desde temprano. Así murió Antíoco, un gran perseguidor.
Esto nos muestra qué débiles y sin valor son los cuerpos que llevamos con nosotros. Ya contienen las semillas de su propia descomposición, y Dios puede destruirlos cuando pronuncia la palabra. Descubrimientos recientes con microscopios han mostrado cuántos gusanos hay en los cuerpos humanos y cuánto contribuyen a causar enfermedades. Eso debería impedir que nos sintamos orgullosos de nuestro cuerpo o de sus capacidades, y que lo consintamos demasiado. Hacerlo solo es alimentar a los gusanos y alimentarlos para los gusanos.
También vemos cómo Dios puede utilizar cosas débiles y despreciables como instrumentos de juicio cuando así lo decide. El faraón fue azotado con piojos y moscas; Efraín fue consumido como por una polilla; y Herodes fue comido por gusanos. Vemos además que a Dios le agrada no solo derribar a los orgullosos, sino hacerlo de la manera más humillante y vergonzosa. Herodes no solo fue destruido, sino destruido por gusanos, para que el orgullo de su gloria quedara completamente manchado.
Josefo, el historiador judío, también relata la muerte de Herodes. Dice que Herodes bajó a Cesarea para celebrar una fiesta en honor de César. A la mañana siguiente fue temprano al teatro, vestido con la espléndida túnica mencionada antes. Sus aduladores lo recibieron como si fuera un dios y le rogaron que fuera bondadoso con ellos. Dijeron que durante mucho tiempo lo habían honrado como hombre, pero que ahora admitirían que había en él algo superior a la naturaleza mortal. Herodes no rechazó ni corrigió aquella perversa adulación. Sin embargo, poco después levantó la mirada y vio un búho sobre su cabeza. En ese mismo momento lo atacó un dolor intenso en los intestinos, con fuertes cólicos desde el principio. Se volvió hacia sus amigos y dijo, en esencia: «Ahora yo, a quien ustedes llamaron dios y, por lo tanto, inmortal, debo demostrar que soy un hombre y mortal». Su dolor continuó sin alivio y luego murió a los cincuenta y cuatro años, después de haber reinado siete años.
II. El avance del evangelio después de esto.
1. La palabra de Dios creció y se extendió como una semilla que se siembra y luego brota con gran abundancia: treinta, sesenta o cien veces más. Dondequiera que se predicaba el evangelio, muchos lo creían y se añadían a la iglesia (Hechos 12:24). Después de la muerte de Santiago, la palabra de Dios creció, porque cuanto más sufría la iglesia, más se multiplicaba, como Israel en Egipto. El valor y el consuelo de los mártires, junto con el apoyo que Dios les daba, contribuyeron más a atraer a las personas al cristianismo que sus sufrimientos a alejarlas. Después de la muerte de Herodes, la palabra de Dios avanzó todavía más. Cuando un perseguidor como él fue eliminado mediante un juicio tan terrible, muchos quedaron convencidos de que la causa cristiana era verdaderamente la causa de Cristo, y por eso la abrazaron.
Bernabé y Saulo regresaron a Antioquía tan pronto como terminaron el trabajo para el que habían sido enviados. Después de completar su ministerio, entregar el dinero a las personas indicadas y asegurarse de que se distribuyera correctamente entre quienes lo necesitaban, regresaron de Jerusalén. Allí tenían muchos amigos, pero en ese momento su trabajo estaba en Antioquía. Debemos permanecer donde está nuestro deber y no alejarnos de allí más tiempo del necesario. Cuando un ministro es enviado a cumplir alguna misión, una vez que termina ese ministerio debe recordar que tiene trabajo esperándolo en casa y que su hogar lo llama de regreso.
Cuando Bernabé y Saulo fueron a Antioquía, llevaron consigo a Juan, llamado también Marcos, hijo de la mujer en cuya casa se había reunido el grupo para orar, como se menciona en Hechos 12:12. Ella era hermana de Bernabé. Es probable que Bernabé se haya hospedado allí, y quizá también Pablo, mientras estuvieron en Jerusalén. Tal vez por eso se reunieron allí en aquella ocasión, pues Pablo siempre buscaba hacer alguna obra buena dondequiera que estuviera. El contacto cercano con esa familia durante su estancia en Jerusalén probablemente los llevó a llevarse con ellos a uno de sus hijos, para que recibiera capacitación de parte de ellos y pudiera ser usado al servicio del evangelio.
Capacitar a hombres jóvenes para el ministerio e incorporarlos a la obra es una tarea muy valiosa para los ministros de mayor experiencia y una gran ayuda para la generación que viene.
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De este capítulo
Hechos 12:1
"Por aquel tiempo, el rey Herodes extendió sus manos para maltratar a algunos de la iglesia."
Hechos 12:2
"Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan."
Hechos 12:3
"Al ver que esto agradaba a los judíos, procedió también a arrestar a Pedro. (Eran entonces los días de los panes sin levadura)."
Hechos 12:4
"Después de arrestarlo, lo puso en prisión y lo entregó a cuatro grupos de cuatro soldados para que lo custodiaran, con la intención de presentarlo ante el pueblo después de la Pascua."
Hechos 12:5
"Así que Pedro permanecía bajo custodia en la prisión, pero la iglesia oraba sin cesar a Dios por él."
Hechos 12:6
"La misma noche en que Herodes iba a presentarlo, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los guardias que estaban ante la puerta custodiaban la prisión."
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