Versículo destacado
2 Reyes 4:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Un día Eliseo pasó por Sunem, donde vivía una mujer importante, y ella insistió en que comiera pan. Desde entonces, siempre que pasaba por allí, entraba a comer pan. "
2 Reyes 4:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Cuando las vasijas estuvieron llenas, ella dijo a su hijo: «Tráeme otra vasija». Él le respondió: «No queda ninguna vasija». Entonces el aceite dejó de fluir.
7 Luego ella fue y se lo contó al hombre de Dios. Él le dijo: «Ve, vende el aceite y paga tu deuda; y tú y tus hijos vivan de lo que quede».
8 Un día Eliseo pasó por Sunem, donde vivía una mujer importante, y ella insistió en que comiera pan. Desde entonces, siempre que pasaba por allí, entraba a comer pan.
9 Ella dijo a su esposo: Mira, percibo que este que pasa continuamente por nuestra casa es un santo hombre de Dios.
10 Hagamos, por favor, una pequeña habitación sobre el muro y pongamos allí para él una cama, una mesa, un taburete y un candelero. Así, cuando venga a nosotros, se alojará allí.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
El poder y el favor de Dios al dar un hijo a personas de edad avanzada que habían permanecido estériles durante mucho tiempo ya se habían manifestado en los casos de Abraham, Isaac, Manoa y Elcana. Aquí vemos la misma clase de maravilla por medio de Eliseo. Dios concedió esta bendición como respuesta a la cálida hospitalidad que una buena mujer le mostró, así como Abraham recibió la promesa de un hijo después de recibir a los ángeles.
Observemos primero la bondad de la mujer sunamita hacia Eliseo. Las cosas estaban muy difíciles en Israel, pero no tanto como para que el profeta de Dios no pudiera encontrar amigos dondequiera que fuera. Sunem era una ciudad de Isacar, ubicada en el camino entre Samaria y el Carmelo, y Eliseo pasaba con frecuencia por allí (2 Reyes 2:25). Allí vivía una mujer rica, que administraba bien su casa y era generosa con sus invitados, mientras su esposo tenía suficientes recursos y confiaba en su buen juicio (Proverbios 31:11).
Eliseo era demasiado conocido como para pasar inadvertido. Al principio, probablemente se hospedaba en alojamientos sencillos y privados de la ciudad. Pero esta mujer piadosa se enteró de que estaba allí y lo invitó con insistencia a comer en su casa, hasta que finalmente logró convencerlo (2 Reyes 4:8). Él era modesto y no quería ser una carga para nadie, y también era lo bastante humilde como para no buscar la compañía de las personas más importantes. Por eso hizo falta cierto esfuerzo para entablar amistad con él en aquel lugar. Después de eso, cada vez que pasaba por allí, seguía deteniéndose en la casa de ella.
A ella le daba tanto gusto recibirlo que no solo quería servirle comida, sino también prepararle una habitación en su casa para que pudiera quedarse más tiempo. Confiaba en que su casa sería bendecida por su presencia y que todos los que vivían bajo su techo se beneficiarían de su enseñanza y de su ejemplo piadoso. Aun así, no quiso hacerlo sin hablar primero con su esposo. No gastaría el dinero de él ni invitaría a un extraño a la casa sin su consentimiento (2 Reyes 4:9-10).
Le explicó a su esposo dos cosas. Primero, que el hombre a quien quería hospedar era un santo hombre de Dios; por eso seguramente traería bienestar a su familia, y Dios recompensaría la bondad que le mostraran. Tal vez recordó cómo Dios había recompensado a la viuda de Sarepta por recibir a Elías. Segundo, el gasto no sería grande: solo le construirían una pequeña habitación. Quizá no tenían un cuarto disponible o ninguno que fuera lo bastante tranquilo para un hombre que dedicaba mucho tiempo a la oración y a la reflexión.
Los muebles eran muy sencillos: una cama, una mesa, un banco y una lámpara. No había decoraciones lujosas, sino únicamente lo necesario para descansar, estudiar, leer y escribir. Eliseo evidentemente quedó satisfecho con el arreglo, porque entró en la habitación y se quedó allí (2 Reyes 4:11). Parece probable que su siervo también se hospedara en el mismo cuarto, pues Eliseo estaba muy lejos de ser orgulloso o ostentoso.
Observemos ahora la gratitud de Eliseo por la bondad que ella le había mostrado. Se sintió muy complacido con la tranquilidad de la habitación y con la calidez de su bienvenida, y pensó en cómo podría recompensarla. Quienes reciben bondad deben buscar maneras de devolverla. Está mal que los siervos de Dios sean ingratos o que vivan de la generosidad de los demás sin preocuparse por corresponder.
Primero le ofreció usar su influencia en la corte del rey para ayudarla (2 Reyes 4:13). En esencia, le dijo que, puesto que ella había cuidado tanto de él y de su siervo, quería saber qué podía hacer por ella: si tenía alguna petición, algún asunto legal o alguna necesidad que requiriera la ayuda de las autoridades, él podía hablar en su favor ante el rey o el jefe del ejército. Para entonces, Eliseo se había ganado tanto respeto que podía ayudar de esa manera a sus amigos, aunque no usaba esa influencia para beneficio propio. Una persona buena puede encontrar tanta alegría en ayudar a los demás como en mejorar su propia posición.
Pero ella respondió que no necesitaba ninguna ayuda de ese tipo: vivía entre los suyos. En otras palabras, estaba cómoda tal como estaba y no buscaba ascender socialmente. Es una bendición vivir entre personas que nos aman y nos respetan, y entre quienes podemos hacer el bien. Es una bendición aún mayor estar contentos con eso y reconocer cuándo tenemos suficiente. Muchas personas serían más felices si tan solo entendieran cuándo ya tienen lo necesario.
Más adelante, esta mujer sunamita sí necesitaría que alguien hablara por ella ante el rey, aunque en ese momento no necesitaba esa ayuda (2 Reyes 8:3-4). Quienes viven seguros entre los suyos no deben pensar que su situación nunca cambiará. Es posible que, como le ocurrió a esta buena mujer, se vean obligados a vivir entre extraños por un tiempo. Nuestro hogar permanente está en lo alto.
Entonces Eliseo recurrió a su influencia en la corte celestial, que era mucho mejor. Habló con su siervo acerca de qué bien podía hacerle a la mujer, y estuvo dispuesto a escuchar incluso la opinión de su siervo. Giezi le recordó que ella no tenía hijos, aunque poseía una buena heredad, y que no tenía un hijo a quien dejarle todo. Además, su esposo era anciano, así que humanamente no había esperanza de cambiar esa situación.
Si Eliseo podía pedirle este regalo a Dios, eliminaría aquello que en ese momento era la causa principal de su tristeza. Los regalos más bondadosos son los que responden a nuestra necesidad más profunda. Eliseo mandó llamarla de inmediato. Ella se quedó de pie humildemente en la puerta, con la modestia que la caracterizaba (2 Reyes 4:15). Entonces él le anunció que dentro de un año tendría un hijo (2 Reyes 4:16).
Ella había recibido al profeta precisamente como profeta, y ahora no recibió una recompensa propia de un cortesano, como la ayuda en la corte. Recibió, en cambio, la recompensa de un profeta: una misericordia especial concedida por medio de los profetas y como respuesta a la oración. La promesa la sorprendió, y no quería hacerse ilusiones con algo que quizá no fuera cierto. En esencia, le respondió que, puesto que él era un hombre de Dios, confiaba en que hablaba seriamente y que no estaba engañando a su sierva. El cumplimiento de la promesa dentro del tiempo señalado demostró la verdad de sus palabras: ella dio a luz un hijo cuando Eliseo había dicho (2 Reyes 4:17).
Dios estaba edificando su casa en respuesta a la bondad con que ella había construido una habitación para el profeta. Podemos imaginar fácilmente la alegría que esto trajo a toda la familia. Alégrate, mujer estéril que nunca has dado a luz.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
2 Reyes 4:1
"Una mujer de las esposas de los hijos de los profetas clamó a Eliseo diciendo: «Tu siervo, mi esposo, ha muerto. Tú sabes que tu siervo temía al SEÑOR; y el acreedor ha venido para llevarse a mis dos hijos como esclavos»."
2 Reyes 4:2
"Eliseo le dijo: «¿Qué puedo hacer por ti? Dime, ¿qué tienes en casa?». Ella respondió: «Tu sierva no tiene nada en casa, excepto una vasija de aceite»."
2 Reyes 4:3
"Entonces él dijo: «Ve y pide prestadas vasijas a todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas»."
2 Reyes 4:4
"Luego entra, cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos, y vierte el aceite en todas esas vasijas. Cada vez que una esté llena, ponla aparte."
2 Reyes 4:5
"Ella se apartó de él y cerró la puerta detrás de ella y de sus hijos. Ellos le traían las vasijas, y ella vertía el aceite."
2 Reyes 4:6
"Cuando las vasijas estuvieron llenas, ella dijo a su hijo: «Tráeme otra vasija». Él le respondió: «No queda ninguna vasija». Entonces el aceite dejó de fluir."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.