Versículo destacado

1 Samuel 22:6 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Cuando Saúl oyó que se había descubierto a David y a los hombres que estaban con él (Saúl se encontraba entonces en Guibeá, debajo de un árbol en Ramá, con su lanza en la mano, y todos sus siervos estaban de pie a su alrededor), "

1 Samuel 22:6

menu_book El versículo en contexto

4 Los llevó ante el rey de Moab, y ellos vivieron con él durante todo el tiempo que David estuvo en la fortaleza.

5 El profeta Gad dijo a David: No te quedes en la fortaleza; sal y vete a la tierra de Judá. Entonces David salió y fue al bosque de Haret.

6 Cuando Saúl oyó que se había descubierto a David y a los hombres que estaban con él (Saúl se encontraba entonces en Guibeá, debajo de un árbol en Ramá, con su lanza en la mano, y todos sus siervos estaban de pie a su alrededor),

7 Saúl dijo a los siervos que estaban de pie a su alrededor: Escuchen ahora, benjamitas: ¿acaso el hijo de Isaí dará a cada uno de ustedes campos y viñas, y los hará a todos jefes de millares y jefes de centenas?

8 ¿Han conspirado todos ustedes contra mí, sin que haya nadie que me revele que mi hijo ha hecho un pacto con el hijo de Isaí? No hay ninguno de ustedes que se compadezca de mí ni me revele que mi hijo ha incitado a mi siervo contra mí para acecharme, como sucede hoy.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Ya hemos visto cómo empeoraban las dificultades de David. Ahora vemos cómo se profundiza la maldad de Saúl. Parece haber dejado de lado todos los demás asuntos para dedicarse por completo a perseguir a David. Finalmente se enteró, por los rumores que corrían por el país, de que habían encontrado a David; es decir, que se había presentado públicamente y estaba reuniendo hombres a su servicio.

Entonces Saúl llamó a todos sus siervos para que se reunieran a su alrededor y se sentó debajo de un árbol, o de un grupo de árboles, en el lugar alto de Guibeá. Tenía su lanza en la mano como si fuera un cetro, mostrando la clase de gobierno que pensaba ejercer. También revelaba el estado de su corazón, o más bien, la enfermedad de este, pues estaba dispuesto a matar a cualquiera que se interpusiera en su camino. En este tribunal de investigación manchado de sangre, Saúl primero buscó acusaciones contra David y Jonatán, y después contra el sacerdote Ahimelec.

Saúl quería creer dos cosas para poder descargar su odio contra dos de los mejores hombres que tenía. Primero, quería pensar que David estaba al acecho para atacarlo y quitarle la vida, lo cual era completamente falso. En realidad, Saúl era quien buscaba la vida de David, pero fingía lo contrario, aunque no tenía ninguna prueba verdadera. Segundo, quería pensar que su hijo Jonatán había incitado a David y formaba parte del mismo complot para matar al rey. Eso también era claramente falso.

Entre David y Jonatán había amistad, pero no una conspiración malvada. Nada de lo que habían acordado apuntaba a hacerle daño a Saúl. Si Jonatán había aceptado que David ocupara el trono después de la muerte de Saúl, porque esa era la voluntad que Dios había revelado, ¿qué daño le hacía eso a Saúl? Aun así, con frecuencia se ha calumniado como enemigos del príncipe y de la nación a los mejores amigos de ambos. Incluso a Cristo mismo lo trataron de esa manera. Saúl suponía que Jonatán y David conspiraban contra él, contra su corona y contra su honor. Estaba molesto porque sus siervos no se lo habían informado, como si ellos necesariamente hubieran tenido que saberlo. Pero no existía tal conspiración.

Esto muestra la naturaleza del odio provocado por los celos y sus pobres recursos para hacer aparecer cosas que no existen. Saúl veía como enemigos a todos los que lo rodeaban porque no repetían su propia opinión. Primero les dijo que eran insensatos y que actuaban en contra del bien de su tribu y de sus familias. Ellos eran benjaminitas, y si David alcanzaba una posición más elevada, el honor pasaría de Benjamín a Judá. También les dijo que David nunca los recompensaría como él lo había hecho, dándoles campos, viñedos y puestos importantes como capitanes y comandantes.

Segundo, Saúl dijo que eran desleales. «Han conspirado contra mí», les dijo. Qué inquietud y miseria constantes les sobrevienen a quienes se entregan a los celos. Cuando un gobernante escucha mentiras, todos sus siervos le parecen malvados (Proverbios 29:12). Es decir, así los ve en su mente, sean realmente así o no. Tercero, Saúl dijo que eran desconsiderados. Intentó conmoverlos diciendo: «¿No hay ninguno entre ustedes que sienta compasión por mí o que se preocupe por mí?». Con ese tipo de palabras pretendía agitarlos y hacer que sirvieran a su odio, para poder acallar sus sospechas sobre ellos.

Aunque Saúl no pudo obtener de sus siervos ninguna información contra David o Jonatán, sí recibió de Doeg información contra el sacerdote Ahimelec. Doeg, un hombre malvado y un siervo edomita de Saúl, presentó una acusación contra Ahimelec y él mismo actuó como testigo. Tal vez no habría hecho esto si Saúl no lo hubiera presionado. Si hubiera estado ansioso por acusarlo, lo habría hecho antes. Pero ahora Saúl actuaba como si todos tuvieran que ser considerados traidores, a menos que se convirtieran en acusadores. Así que Doeg le contó a Saúl la bondad que Ahimelec le había mostrado a David, algo que había visto con sus propios ojos.

Dijo que Ahimelec había consultado a Dios por David, algo que un sacerdote normalmente no hacía excepto en favor de líderes y asuntos públicos, y que le había dado a David pan y una espada. Todo eso era cierto, pero no era toda la verdad. Doeg también debió haber dicho que David había hecho creer a Ahimelec que estaba cumpliendo una misión del rey. Por tanto, la ayuda que Ahimelec le brindó tenía la intención de honrar a Saúl, sin importar lo que sucediera después. Eso habría dejado libre de culpa a Ahimelec, quien estaba bajo el poder de Saúl, y habría puesto la responsabilidad donde correspondía: en David, que estaba fuera del alcance de Saúl.

Entonces apresaron a Ahimelec, o más bien, lo llamaron para que se presentara ante el rey. A causa de esta acusación, fue llevado a juicio. Saúl mandó llamar a Ahimelec y a todos los sacerdotes que servían en el santuario, pues suponía que ayudaban a David. Como no se sentían culpables, no temían ningún peligro, así que todos acudieron ante el rey (1 Samuel 22:11). Ninguno intentó escapar ni corrió a buscar la protección de David, como podrían haberlo hecho ahora que David había reunido seguidores, si realmente hubieran estado de su lado, como Saúl imaginaba.

Entonces Saúl acusó a Ahimelec con gran desprecio y enojo (1 Samuel 22:12). Le dijo: «Escucha ahora, hijo de Ahitub», sin siquiera llamarlo por su nombre y mucho menos mostrarle algún respeto. Esto demostraba que Saúl había dejado de temer a Dios. Ya no respetaba en absoluto a sus sacerdotes y parecía disfrutar insultándolos. Ahimelec respondió como un hombre dispuesto a presentarse ante el tribunal: «Aquí estoy, mi señor, listo para escuchar de qué se me acusa», sabiendo que no había hecho nada malo.

No cuestionó el tribunal de Saúl ni reclamó una protección especial por ser sacerdote, aunque era el sumo sacerdote. En otro tiempo, el oficio del sumo sacerdote había estado unido al del juez o gobernante principal, pero ahora Saúl tenía el poder real. Por eso, en los asuntos que correspondían al rey, incluso el sumo sacerdote estaba sujeto a la misma autoridad que cualquier israelita. Toda persona debe someterse a las autoridades superiores, aun quienes ocupan cargos en la iglesia.

Después Saúl leyó la acusación contra él (1 Samuel 22:13). Acusó a Ahimelec de haberse unido a David, el hijo de Isaí, en un complot para quitarle el reino y matarlo. «Su plan», dijo Saúl, «era rebelarse contra mí, y tú lo ayudaste con comida y armas». Esto muestra hasta qué punto pueden distorsionarse los actos inocentes. También muestra lo insegura que puede ser la vida bajo un gobernante cruel y por qué debemos agradecerle a Dios por el buen gobierno que disfrutamos.

Ahimelec respondió a la acusación y se declaró inocente (1 Samuel 22:14, 1 Samuel 22:15). Admitió los hechos, pero negó haber actuado con traición o malicia, o con alguna intención contra el rey. Dijo que no tenía idea de que hubiera algún conflicto entre Saúl y David. De hecho, había creído que David todavía contaba con el favor de Saúl en la corte, como antes.

Es importante notar que Ahimelec no se defendió diciendo que David lo había engañado, aunque eso era cierto. No quiso revelar la debilidad de David ni siquiera para protegerse, especialmente delante de Saúl, que estaba buscando excusas para atacar a David. En cambio, señaló el largo y fiel servicio de David a Saúl, el honor que Saúl le había concedido al darle a su hija en matrimonio y la confianza que Saúl había depositado muchas veces en él.

Ahimelec también dijo que en otras ocasiones había consultado a Dios por David cuando Saúl lo enviaba en distintas misiones, y que esta vez lo había hecho con la misma sinceridad de siempre. Negó haber participado en algún complot contra el rey: «¡Lejos de mí tal cosa! Yo atiendo mis propios asuntos y no me meto en los asuntos públicos». Luego pidió misericordia: «No acuses a tu siervo de ningún delito», y terminó con una declaración sencilla de inocencia: «Tu siervo no sabía nada de todo esto».

Difícilmente podría haber hablado con mayores señales de sinceridad. Si hubiera comparecido ante un tribunal israelita honesto, seguramente habría sido declarado inocente, pues nadie habría podido encontrar culpa en él. Sin embargo, Saúl mismo dictó el veredicto en (1 Samuel 22:16): «¡Morirás, Ahimelec, tú y toda la familia de tu padre!», como si fuera un traidor. Esto fue profundamente injusto. «Vi también que en el lugar del juicio había maldad» (Eclesiastés 3:16).

Saúl actuó mal al juzgar su propio caso sin recurrir a un juez, a un profeta, a un consejo ni a un consejo de guerra. También estuvo mal que rechazara una defensa tan razonable sin dar ninguna explicación ni intentar demostrar que era falsa. Actuó con demasiada rapidez: no se dio tiempo para pensar ni le dio al prisionero la oportunidad de responder más. Peor aún, la sentencia no cayó solamente sobre Ahimelec, a quien Doeg había acusado, sino sobre toda su familia, aunque no se había dicho nada contra ellos. No se debe dar muerte a los hijos por los pecados de sus padres. Además, la sentencia fue pronunciada con ira, no al servicio de la justicia, sino para alimentar la furia salvaje de Saúl.

Entonces Saúl dio la orden verbal de ejecutar a los sacerdotes de inmediato. Les dijo a sus soldados que los mataran, pero ellos se negaron (1 Samuel 22:17). Saúl quería añadir humillación a la matanza. No quiso que murieran a manos de soldados ni de los oficiales de justicia que normalmente cumplían esas funciones, sino por medio de sus propios siervos, para que pareciera que habían sido pisoteados en desgracia. Nunca se dio de manera más malvada la orden de un gobernante: «Vuélvanse y maten a los sacerdotes del Señor». Hay algo estremecedor en la manera en que lo dijo.

Si hubiera omitido su oficio sagrado y su relación con Dios, al menos habría mostrado cierta vergüenza. Pero llamarles «los sacerdotes del Señor» mientras ordenaba matarlos hizo aún más evidente su odio. Dios había rechazado a Saúl y había escogido a otro para reemplazarlo, y Saúl parece alegrarse por tener la oportunidad de atacar a los sacerdotes del Señor, ya que no podía llegar hasta Dios mismo. El mal puede llevar muy lejos a una persona cuando Satanás toma el control. Saúl también justificó la orden con algo falso y sin pruebas: dijo que ellos sabían cuándo había huido David, aunque no sabían nada al respecto. La malicia y el asesinato suelen sostenerse con mentiras.

La negativa de los soldados fue honorable. Mostraron más sensatez y reverencia que su amo. Tal vez esperaban perder su empleo, o incluso la vida, por desobedecer; aun así, no quisieron tocar a los sacerdotes del Señor. Respetaban el oficio sacerdotal y creían que los sacerdotes eran inocentes. Nunca se había desobedecido una orden de manera más honorable.

Entonces Saúl se volvió hacia Doeg, el informante, y le ordenó que lo hiciera. Doeg obedeció. Uno habría esperado que la negativa de los soldados despertara la conciencia de Saúl, o al menos lo hiciera detenerse a pensar antes de continuar con semejante crueldad. Pero su mente estaba cegada y su corazón endurecido. Si los testigos no querían hacerlo, entonces, como más adelante permitía la ley en otro caso, el propio testigo daría el golpe (Deuteronomio 17:7). Los gobernantes sedientos de sangre siempre pueden encontrar siervos tan crueles como ellos.

Doeg no perdió tiempo. Cuando Saúl le ordenó atacar a los sacerdotes, lo hizo con gusto. Sin encontrar resistencia, mató ese mismo día a ochenta y cinco sacerdotes, hombres que tenían la edad suficiente para ejercer el servicio sacerdotal, entre los veinte y los cincuenta años, pues llevaban un efod de lino (1 Samuel 22:18). Es posible que incluso se hubieran presentado ante Saúl con sus vestiduras sacerdotales y que fueran asesinados con ellas puestas. Eso habría sido suficiente para el hombre más violento, pero la persecución es como una sanguijuela que sigue clamando: «¡Dame más!».

Después de matar a los sacerdotes, Doeg, por orden de Saúl, fue a Nob y mató a todos los que estaban allí: hombres, mujeres, niños e incluso el ganado (1 Samuel 22:19). Es una crueldad indescriptible, y apenas se puede pensar en ella sin sentir horror. Cuesta creer que semejante maldad pudiera entrar en el corazón humano.

Esto muestra la maldad desesperada de Saúl después de que el Espíritu del Señor se apartó de él. A quienes se entregan a sus propios deseos pecaminosos, estos pueden llevarlos a cometer cualquier vileza. El hombre que en otro tiempo mostró misericordia a Agag y al ganado de los amalecitas, desobedeciendo el mandato de Dios, ahora observaba sin ninguna compasión cómo asesinaban a los sacerdotes del Señor, y no perdonó nada de lo que les pertenecía. A causa de aquel pecado anterior, Dios lo dejó entregado a este otro mal.

Esto también cumplió la advertencia hecha desde hacía mucho tiempo contra la familia de Elí, pues Ahimelec y su familia descendían de él. Aunque Saúl actuó mal, Dios seguía siendo justo al permitirlo. Lo que Dios había dicho a Elí se cumplió, tal como le había advertido, y ninguna palabra de Dios caerá al suelo sin cumplirse (1 Samuel 3:11-13). Esto también puede verse como un gran juicio sobre Israel, el resultado apropiado de su deseo de tener un rey antes del tiempo que Dios había establecido para ellos.

Qué triste era la situación de la religión en Israel en aquel tiempo. El arca había permanecido oculta durante mucho tiempo, pero todavía era un consuelo que contaran con el altar y con sacerdotes que sirvieran allí. Ahora, sin embargo, veían a sus sacerdotes tendidos en su propia sangre, junto con los herederos del sacerdocio. La ciudad de los sacerdotes quedó devastada, de modo que el altar de Dios tuvo que ser descuidado por falta de servidores.

Todo esto fue consecuencia de la orden injusta y cruel de su propio rey, dada para satisfacer su furia descontrolada. Sin duda, tuvo que herir profundamente el corazón de cada israelita fiel a Dios y hacer que desearan mil veces haberse conformado con el gobierno de Samuel y sus hijos. Los peores enemigos de su nación no podrían haberles causado un daño mayor.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica 1 Samuel 22:6 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.