Versículo destacado
1 Samuel 17:31 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando se oyeron las palabras que David había dicho, las repitieron delante de Saúl, y este mandó buscarlo. "
1 Samuel 17:31
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
29 David dijo: «¿Qué he hecho ahora? ¿No hay una causa?».
30 Se apartó de él y se volvió hacia otro, y habló de la misma manera. El pueblo volvió a responderle como antes.
31 Cuando se oyeron las palabras que David había dicho, las repitieron delante de Saúl, y este mandó buscarlo.
32 David dijo a Saúl: «Que el corazón de nadie desfallezca por causa de él. Tu siervo irá y peleará contra este filisteo».
33 Saúl dijo a David: «Tú no puedes ir contra este filisteo para pelear con él, porque no eres más que un joven, y él ha sido un hombre de guerra desde su juventud».
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Por fin llevan a David ante Saúl como el hombre que podría enfrentarse al filisteo (1 Samuel 17:31), y él se ofrece con valentía para pelear contra él (1 Samuel 17:32): «Que nadie se desanime por causa de ese hombre». David no señala directamente a Saúl, porque eso habría insinuado demasiado acerca del valor del propio rey. En vez de eso, habla en nombre de todos. Un joven pastor, que apenas había llegado esa mañana después de cuidar las ovejas, demuestra más valor que todos los soldados de Israel y los anima. Con frecuencia, Dios ayuda a su pueblo por medio de lo que el mundo considera débil e insensato.
David solo le pide a Saúl permiso para ir a pelear contra el filisteo. No menciona la recompensa que Saúl había ofrecido, porque su verdadero propósito era honrar a Dios y servir a su nación. Tampoco quiere dar la impresión de que duda de la generosidad de Saúl. Así que David tiene dos asuntos que resolver con el rey.
Primero, debe responder a la objeción de Saúl. En esencia, Saúl le dice: «Tienes valor, pero no eres un rival adecuado para este filisteo» (1 Samuel 17:33). Enfrentarlo sería desperdiciar una vida que podría servir para algo mejor en otro lugar. David apenas es un joven sin experiencia en la guerra, mientras que el filisteo es un guerrero entrenado desde su juventud. Saúl piensa que el gigante sin duda será demasiado fuerte para él.
David responde al temor de Saúl con fe, así como antes había respondido con humildad al enojo de su hermano. Le da una razón para esperar que vencerá al filisteo. Es posible que Saúl no conociera ni valorara mucho la palabra de Dios, de modo que David no basa principalmente su argumento en las Escrituras, aunque seguramente las tenía presentes. En cambio, habla desde su experiencia. Aunque era joven y nunca había servido en el ejército, ya había peleado, con la ayuda de Dios, contra un león y un oso que habían tomado corderos de su rebaño (1 Samuel 17:34-36). Ve a este filisteo como otro enemigo salvaje y peligroso, y por eso cree que Dios también lo ayudará a enfrentarlo. De esta manera, demuestra ante Saúl que no es tan inexperto frente al peligro como el rey piensa.
David cuenta la historia como un hombre de espíritu firme. No se avergüenza de decir que cuidaba las ovejas de su padre, aunque su hermano acababa de burlarse de él por hacerlo. No oculta ese trabajo. Más bien, lo usa para mostrar la experiencia que ahora le da valor. Cualquiera que sea nuestro trabajo, aun si parece humilde, debemos hacerlo bien.
Cuando David cuidaba las ovejas, era atento y tierno con el rebaño, aunque este pertenecía a su padre y no a él. No podía ver a un cordero en peligro sin arriesgar su propia vida para salvarlo. Ese cuidado demostraba que estaba capacitado para ser rey, porque un gobernante debe valorar la vida de su pueblo y considerar preciosa su sangre (Salmo 72:14). También apunta hacia Cristo, el buen Pastor, que reúne a los corderos en sus brazos y los lleva junto a su corazón (Isaías 40:11). Cristo hizo más que arriesgar su vida: la entregó por sus ovejas. El cuidado de David también les enseña a los ministros que deben velar con gran cuidado por las almas, para que no se conviertan en presa del león rugiente.
David también demostró valor al defender su rebaño. Ese es el punto que ahora necesita probar, y no se podía pedir una prueba mejor: no solo rescató a los corderos, sino que también mató al león y al oso cuando atacaron.
Luego David usa su historia como un hombre de fe. Afirma claramente que fue el Señor quien lo libró del león y del oso (1 Samuel 17:37), y le atribuye a Dios todo el mérito por esa victoria. A partir de la ayuda que recibió en el pasado, llega a esta conclusión: el Señor también lo librará de este filisteo. El león y el oso eran enemigos únicamente de David y de sus ovejas, y él luchó contra ellos para proteger su propio rebaño. Pero este filisteo es enemigo de Dios y de Israel. Ha desafiado a los ejércitos del Dios viviente, y por eso David pelea para defender el honor de Dios.
Nuestras experiencias pasadas deben enseñarnos a confiar más en Dios y a cumplir con valor las responsabilidades que tenemos delante. El Dios que nos ha librado antes volverá a librarnos. Incluso la manera en que Dios protege a las criaturas más pequeñas puede fortalecer nuestra confianza en su cuidado especial por su pueblo. El que pone límites al mar y refrena a las bestias salvajes también puede detener a los hombres malvados. Pablo parece aludir a las palabras de David cuando dice que fue librado de la boca del león y, por eso, confía en que el Señor todavía lo librará (2 Timoteo 4:17-18). David quizá también pensó en la historia de Sansón y recibió fuerzas de ella. Su victoria sobre el león fue una señal de las victorias mayores que más adelante obtendría sobre los filisteos.
Así, David responde a la objeción de Saúl y recibe permiso para pelear. Saúl le da una bendición sincera: «Ve, y que el Señor esté contigo». Es una buena palabra, aunque a veces ese tipo de palabras se pronuncian con demasiada ligereza. Pero David todavía tiene un asunto más que resolver.
En segundo lugar, debe quitarse la armadura de Saúl, que el rey insiste en que use para esa gran batalla (1 Samuel 17:38). Saúl viste a David con su propia armadura, no con la de David, porque a este le quedaba demasiado grande. Probablemente Saúl nunca imaginó que el hombre al que estaba cubriendo con casco y coraza pronto heredaría su corona y su manto. David todavía no estaba seguro de cómo atacaría al enemigo, así que también se puso la espada. Pero enseguida descubrió que la armadura solo le estorbaba. Sería más una carga que una ayuda. Por eso le pide permiso a Saúl para quitársela, diciendo: «No puedo andar con esto, porque no estoy acostumbrado». Es decir: «No estoy acostumbrado a usar este tipo de equipo».
La armadura de Saúl podía ser fuerte y de excelente calidad, pero ¿de qué le servía a David si no le quedaba bien o si no sabía usarla? Quienes buscan cosas que están por encima de su preparación y sus costumbres, o envidian la ropa y el equipo de los príncipes, olvidan que lo que mejor nos queda es aquello para lo que hemos sido preparados y a lo que estamos acostumbrados. Si obtuviéramos lo que deseamos, muchas veces querríamos volver a nuestra propia ropa y decir: «No puedo andar con esto». Por eso, es mejor avanzar sin aquello que no nos corresponde.
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De este capítulo
1 Samuel 17:1
"Los filisteos reunieron sus ejércitos para la batalla. Se reunieron en Soco, que pertenece a Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim."
1 Samuel 17:2
"También Saúl y los hombres de Israel se reunieron y acamparon junto al valle de Ela, y se dispusieron para la batalla contra los filisteos."
1 Samuel 17:3
"Los filisteos estaban en una montaña de un lado, e Israel estaba en una montaña del otro lado; entre ellos había un valle."
1 Samuel 17:4
"Entonces salió del campamento de los filisteos un campeón llamado Goliat, de Gat, cuya estatura era de seis codos y un palmo."
1 Samuel 17:5
"Llevaba un casco de bronce sobre la cabeza y estaba armado con una cota de malla; el peso de la cota era de cinco mil siclos de bronce."
1 Samuel 17:6
"Llevaba grebas de bronce en las piernas y un escudo de bronce entre los hombros."
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