Versículo destacado

1 Samuel 22:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" David salió de allí y escapó a la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, descendieron allí para reunirse con él. "

1 Samuel 22:1

menu_book El versículo en contexto

1 David salió de allí y escapó a la cueva de Adulam. Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, descendieron allí para reunirse con él.

2 Todos los que estaban angustiados, endeudados o descontentos se reunieron con él, y él llegó a ser su jefe. Había con él unos cuatrocientos hombres.

3 David fue de allí a Mispá de Moab y dijo al rey de Moab: Te ruego que permitas que mi padre y mi madre salgan y se queden contigo hasta que yo sepa lo que Dios hará por mí.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

David se refugió en la cueva de Adulam (1 Samuel 22:1). No se nos dice si era una cueva natural o una que había sido reforzada por personas, pero parece que era de difícil acceso. David probablemente pensaba que podía defenderla, incluso con la espada de Goliat, contra todas las fuerzas de Saúl. Así que permaneció escondido allí, esperando ver, como diría más adelante, qué haría Dios con él (1 Samuel 22:3).

La promesa de que David sería rey incluía la promesa de Dios de mantenerlo a salvo. Aun así, David tomó medidas apropiadas para protegerse. Si se hubiera negado a tomar precauciones, habría estado poniendo a Dios a prueba. No hizo nada para destruir a Saúl; solo buscó mantenerse a salvo. El hombre que podría haber servido tan bien a su país como juez o comandante estaba encerrado en una cueva y era tratado como una vasija inútil. No debería sorprendernos que, a veces, las luces más brillantes permanezcan ocultas. Es posible que el escritor de Hebreos haya tenido en mente a David, entre otros, cuando habló de personas fieles que anduvieron errantes por desiertos y cuevas de la tierra (Hebreos 11:38).

Fue en ese tiempo cuando David escribió el Salmo 142:1-7, la oración que se describe como escrita mientras estaba en la cueva. Allí dice que nadie lo reconocía y que no tenía dónde refugiarse, pero aun así esperaba que pronto los justos se reunieran a su alrededor.

Los familiares de David llegaron hasta él: sus hermanos y toda la casa de su padre. Fueron para protegerlo, ayudarlo y compartir su suerte. Para los tiempos difíciles nace un hermano. Joab, Abisai y el resto de sus familiares llegaron dispuestos a sufrir con él y arriesgar su vida junto a él, con la esperanza de levantarse también con él muy pronto. Y eso fue lo que ocurrió. Los primeros tres de los valientes de David fueron precisamente los que acudieron a él cuando estaba en la cueva (1 Crónicas 11:15 y siguientes).

Allí David también comenzó a reunir hombres para su propia defensa (1 Samuel 22:2). Ya había aprendido que no podía salvarse simplemente huyendo, así que se vio obligado a protegerse por la fuerza. Sin embargo, nunca actuó como un agresor. Jamás levantó la mano contra su rey ni perturbó la paz de la nación. Solo usó a sus hombres como guardia personal. Aun así, su grupo no era impresionante desde el punto de vista del mundo. No estaba formado por hombres importantes, ricos, valientes ni siquiera especialmente buenos. Eran hombres afligidos, endeudados y amargados; personas cuyas vidas se habían desmoronado y que no sabían qué más hacer. Cuando David se estableció en la cueva de Adulam, ellos se unieron a él, unos cuatrocientos hombres en total. Esto muestra cómo Dios suele usar medios débiles e inesperados para llevar a cabo sus propósitos. Cristo, el Hijo de David, está dispuesto a recibir a las almas afligidas que lo hagan su capitán y le obedezcan.

David también se ocupó de poner a sus padres en un lugar seguro. Mientras Saúl estaba tan enfurecido contra David, no había ningún lugar seguro en Israel para la familia de David. Por eso los llevó ante el rey de Moab y los puso bajo su protección (1 Samuel 22:3-4).

Esto demuestra el tierno cuidado de David por sus padres ancianos. No habría sido correcto dejarlos expuestos al temor y las dificultades que él mismo enfrentaba en su lucha contra Saúl, porque su edad no podía soportar semejante sufrimiento. Así que su primera preocupación fue encontrarles un hogar tranquilo, pasara lo que pasara con él. Los hijos deben aprender de esto a mostrar bondad en el hogar y a corresponder a sus padres (1 Timoteo 5:4), procurando siempre su comodidad y tranquilidad. Aunque ocupen puestos importantes y estén muy ocupados, no deben olvidarse de sus padres ancianos.

David también mostró una fe humilde respecto al resultado de sus problemas. Dijo: «Hasta que yo sepa lo que Dios hará conmigo» (1 Samuel 22:3). Habló con una esperanza modesta, como alguien que se había entregado por completo a Dios y había puesto su camino en sus manos. No esperaba un buen resultado por su propia habilidad, sus armas o sus méritos, sino por lo que la sabiduría, el poder y la bondad de Dios harían por él. Su padre y su madre podían abandonarlo, pero Dios no lo abandonaría (Salmo 27:10).

En ese tiempo David también contó con el consejo y la ayuda del profeta Gad, probablemente uno de los hijos de los profetas formados bajo Samuel y, quizá, enviado por él para ser el guía espiritual de David. Como profeta, Gad oraba por David y le enseñaba la voluntad de Dios. David mismo también era profeta, pero recibía con gusto la ayuda de Gad. Gad le aconsejó que fuera a la tierra de Judá (1 Samuel 22:5), pues David sabía que era inocente y confiaba en la protección de Dios. Además, aun en medio de su difícil situación, deseaba servir a su propia tribu y a su país. No debía avergonzarse de defender su causa ni rechazar la ayuda que se le ofrecía. Fortalecido por esta palabra, decidió presentarse abiertamente allí. De esta manera, el Señor dirigió los pasos de un hombre bueno.

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