Versículo destacado
1 Samuel 19:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" David huyó, escapó, llegó adonde estaba Samuel en Ramá y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Él y Samuel fueron y habitaron en Naiot. "
1 Samuel 19:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 Cuando entraron los mensajeros, he aquí que había una imagen en la cama, con una almohada de pelo de cabra en su cabecera.
17 Saúl le dijo a Mical: «¿Por qué me engañaste así y dejaste ir a mi enemigo para que escapara?». Mical respondió a Saúl: «Él me dijo: “Déjame ir; ¿por qué habría de matarte?”».
18 David huyó, escapó, llegó adonde estaba Samuel en Ramá y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Él y Samuel fueron y habitaron en Naiot.
19 Se le informó a Saúl: «He aquí, David está en Naiot de Ramá».
20 Saúl envió mensajeros para apresar a David. Cuando ellos vieron al grupo de profetas profetizando y a Samuel de pie, puesto sobre ellos, el Espíritu de Dios vino sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.
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Aquí vemos el lugar donde David encontró refugio. Después de escapar de su propia casa durante la noche, no huyó a Belén con sus familiares ni a ninguna de las ciudades de Israel que antes lo habían aclamado. Tampoco intentó ganarse el favor de la gente para ponerse a salvo. En vez de eso, fue directamente con Samuel y le contó todo lo que Saúl le había hecho (1 Samuel 19:18).
David acudió a Samuel por tres razones. Primero, Samuel era el hombre que le había dado la esperanza del trono. La fe de David en esa promesa comenzaba a debilitarse, y corría el peligro de decir apresuradamente: «Todos los seres humanos son mentirosos» (Salmo 116:11). Por eso fue con Samuel para recibir el ánimo que afirmaría su fe. Al correr hacia Samuel, en realidad estaba haciendo de Dios su refugio y confiando bajo la sombra de sus alas. No hay otro lugar donde una persona íntegra pueda sentirse verdaderamente segura.
Segundo, Samuel era profeta y, por lo tanto, estaba en la mejor posición para decirle a David qué hacer en medio de aquella crisis. La noche anterior, David ya había presentado su oración delante de Dios. Ahora aprovechó la primera oportunidad para esperar en Samuel y recibir la dirección y la enseñanza de Dios. Si queremos recibir respuestas apacibles a nuestras oraciones, debemos mantener los oídos abiertos a la palabra de Dios.
Tercero, Samuel estaba acompañado por un grupo de profetas, y David podía unirse a ellos para alabar a Dios. Esa clase de adoración le daría el mejor consuelo posible en medio de su angustia. Había encontrado muy poco descanso o alegría en la corte de Saúl, así que fue a buscarlos en la comunión con Samuel. Quienes viven cerca de Dios disfrutan de la mejor paz que este mundo puede ofrecer, y David había acudido a ese consuelo en medio de su aflicción (Salmo 27:4-6).
David y Samuel se quedaron en Naiot, donde estaba la comunidad de los profetas, en Ramá. Era como un lugar protegido, uno que ni siquiera los filisteos se atreverían a perturbar (1 Samuel 10:10). Pero Saúl se enteró por medio de sus espías (1 Samuel 19:19), así que envió oficiales para capturar a David (1 Samuel 19:20). Cuando no lo llevaron de regreso, envió a otros. Cuando estos también regresaron con las manos vacías, mandó un tercer grupo (1 Samuel 19:21). Al no recibir noticias de ellos tampoco, fue él mismo (1 Samuel 19:22).
Saúl estaba tan ansioso por derramar la sangre de David y tan inquieto por llevar a cabo su malvado plan que, aunque una intervención providencial tras otra lo había detenido, todavía no podía reconocer que David estaba bajo la protección especial del cielo. Era indigno de un rey emprender semejante misión, pero los perseguidores se rebajan a cualquier cosa cuando eso alimenta su odio. Saúl dejó de lado todos los asuntos públicos únicamente para perseguir a David.
David estaba a punto de caer, como un cordero frente a los leones. Sin embargo, Dios lo rescató de una manera distinta. No fue matando al león, como David lo había hecho antes, ni mediante una intervención como la de Elías, cuando Dios consumió con fuego del cielo a los mensajeros. Esta vez, Dios convirtió por un momento a los leones en corderos.
Cuando los mensajeros de Saúl llegaron al grupo donde David estaba con los profetas, el Espíritu de Dios vino sobre ellos y comenzaron a profetizar; es decir, se unieron a los demás para alabar a Dios. En vez de capturar a David, ellos mismos fueron dominados. De esa manera, Dios protegió a David: aquellos hombres pudieron haberse dejado llevar tanto por el éxtasis profético que olvidaron por qué habían ido, o pudieron haber sido llevados a tal disposición de ánimo que ya no fueron capaces de llevar a cabo un acto tan malvado.
Dios también honró a los discípulos de los profetas y a la comunión de los creyentes. Mostró que, cuando quiere, puede infundir temor incluso en las personas más perversas mediante las señales de su presencia entre su pueblo fiel, y hacer que reconozcan que Dios realmente está con ellos (1 Corintios 14:24-25). Esto también demuestra el valor de las reuniones piadosas y el poder que pueden tener sobre personas cuya mente parecía cerrada a toda influencia. Es precisamente en las reuniones del pueblo de Dios donde debemos esperar con mayor confianza la obra del Espíritu.
Dios también mostró su poder sobre el corazón humano. Aquel que creó el corazón y la lengua puede dirigir ambos para cumplir su propósito. Balaam fue obligado a pronunciar bendiciones sobre Israel, aunque quería maldecirlo. Incluso algunos escritores judíos pensaban que estos mensajeros anunciaron de antemano el ascenso de David al trono.
El propio Saúl también fue dominado por el espíritu de profecía antes de llegar al lugar. Alguien podría haber pensado que un hombre tan malvado estaba fuera del alcance de toda transformación y que jamás podría convertirse en profeta. Sin embargo, cuando Dios escogió este medio para proteger a David, Saúl apenas había llegado, como dice el obispo Hall, al alcance del humo de Naiot cuando comenzó a profetizar igual que sus mensajeros (1 Samuel 19:23). Se quitó su manto real y su equipo de guerra, ya fuera porque eran demasiado elegantes o demasiado pesados para aquella actividad, y luego cayó en un trance o arrebato que duró todo ese día y toda la noche.
Los santos de Damasco fueron rescatados del Saulo del Nuevo Testamento mediante un cambio en su espíritu, pero aquel fue un cambio de naturaleza muy distinta. Fue una transformación salvadora y permanente. Esta, en cambio, solo fue extraordinaria y duró un día. Muchas personas tienen grandes dones, pero no tienen la gracia de Dios. Pueden profetizar en el nombre de Cristo y, aun así, ser rechazadas por él (Mateo 7:22-23).
Aquí vuelve a aparecer el antiguo dicho: «¿También Saúl está entre los profetas?» (1 Samuel 10:12). Antes, esa expresión tenía un significado; ahora tiene el significado opuesto. Saúl había sido rechazado por Dios y estaba siendo impulsado por un espíritu maligno, y aun así se encontraba entre los profetas.
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De este capítulo
1 Samuel 19:1
"Saúl habló con su hijo Jonatán y con todos sus siervos para que mataran a David."
1 Samuel 19:2
"Pero Jonatán, hijo de Saúl, se deleitaba mucho en David. Y Jonatán le contó a David: Saúl, mi padre, procura matarte. Por eso, te ruego que te cuides hasta la mañana, permanezcas en un lugar secreto y te escondas."
1 Samuel 19:3
"Yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde tú estés. Hablaré con mi padre acerca de ti, y te contaré lo que vea."
1 Samuel 19:4
"Jonatán habló bien de David a Saúl, su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo, contra David, porque él no ha pecado contra ti y porque sus obras han sido muy buenas para contigo."
1 Samuel 19:5
"Él puso su vida en su mano, mató al filisteo, y el SEÑOR realizó una gran salvación para todo Israel. Tú lo viste y te alegraste. ¿Por qué, entonces, pecarás contra sangre inocente, matando a David sin causa?."
1 Samuel 19:6
"Saúl escuchó la voz de Jonatán y juró: «Vive el SEÑOR, que él no será muerto»."
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