Versículo destacado
Sofonías 2:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Reúnanse, sí, reúnanse, nación no deseada; "
Sofonías 2:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Reúnanse, sí, reúnanse, nación no deseada;
2 antes que el decreto dé a luz, antes que el día pase como la paja, antes que venga sobre ustedes la ira feroz del SEÑOR, antes que venga sobre ustedes el día de la ira del SEÑOR.
3 Busquen al SEÑOR, todos los humildes de la tierra, los que han cumplido su juicio; busquen la justicia, busquen la humildad. Quizá sean escondidos en el día de la ira del SEÑOR.
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Aquí vemos lo que el profeta quiso decir con aquella terrible imagen del juicio venidero en el capítulo anterior. Su propósito nunca fue llevar al pueblo a la desesperación, sino hacerlo volver a Dios y a su deber. Quería sacarlos de sus pecados por medio del temor, no hacerlos perder la razón. Por eso ahora los llama al arrepentimiento, y a un arrepentimiento nacional, porque esa era la única manera de evitar la ruina de la nación.
Observemos primero el llamado a una reunión nacional, en Sofonías 2:1: «Reúnanse, sí, reúnanse». Acababa de decir que Dios pronto eliminaría a todos los que vivían en la tierra. Uno esperaría que la advertencia fuera: «Dispérsense y corran para ponerse a salvo donde puedan». Ese consejo se daría más adelante, cuando la destrucción de Jerusalén por los romanos fuera inminente (Mateo 24:16), pero aquí es diferente. Dios advierte para no tener que herir, y amenaza para no tener que golpear. Llama al pueblo a usar todos los medios posibles para apartar su ira.
El llamado se dirige a una nación «no deseada». Esto puede significar, en primer lugar, un pueblo que no desea a Dios, que no tiene interés en su nombre, su favor ni su gracia. No está dispuesto a arrepentirse ni a cambiar. Sin embargo, aun a ese pueblo se le dice que se reúna, como si unos pudieran despertar en otros un deseo santo. Con frecuencia Dios se deja encontrar por quienes no lo estaban buscando (Isaías 65:1). O puede significar, en segundo lugar, un pueblo que ya no es hermoso, que ya no merece ser favorecido ni puede ser objeto de complacencia. Israel había sido una tierra agradable, una tierra de deleite (Daniel 11:41), pero ahora ya no resultaba atractiva por sí misma. Aun así, Dios dice: «Reúnanse ante mí». Veamos si se puede hacer algo para evitar la ruina.
Se les ordena reunirse para humillarse juntos ante Dios, ayunar, orar y buscar su rostro. También deben reunirse para consultar entre ellos qué hacer en un tiempo tan peligroso: que cada persona reflexione con cuidado, dé consejos y hable con honestidad, para que todo lo que se haga sea fruto de un acuerdo común y de una acción nacional. Algunos entienden el mandato como: «Examínense cuidadosamente». Es decir, escudriñen su corazón, miren dentro de su conciencia y descubran el pecado que ha provocado la ira de Dios, para encontrar el camino de regreso a él. Cuando Dios trata con nosotros mediante el juicio, debemos examinarnos con cuidado.
Después, el profeta presenta razones para impulsarlos a actuar con toda seriedad y urgencia, en Sofonías 2:2. Deben hacerlo con sinceridad y rapidez, antes de que sea demasiado tarde, antes de que el decreto produzca su resultado y antes de que pase el día. El lenguaje es intenso y conmovedor, destinado a despertar a los pecadores ante la gravedad de su condición. Su peligro es muy grande. Todo está en juego; por eso no es un asunto que pueda tomarse a la ligera. Es la ira ardiente del Señor la que se enciende contra ellos, un fuego consumidor que nadie puede soportar ni resistir. Este es el día de la ira del Señor, el día establecido para el derramamiento completo de su indignación, el gran día anunciado antes (Sofonías 1:14). ¿No deberían prepararse para ese día?
Su peligro también está muy cerca. Deben actuar rápidamente, antes de que el decreto produzca su resultado, porque después será demasiado tarde. La oportunidad se habrá ido y no podrá recuperarse. El decreto aparece como algo que lleva el día dentro de sí, como una criatura a punto de nacer. Ese día los arrasará como la paja llevada por el viento. No sabemos qué puede traer cualquier día (Proverbios 27:1), pero sí sabemos lo que el decreto de Dios traerá sobre quienes siguen negándose a arrepentirse. Por eso deben arrepentirse mientras todavía hay tiempo, durante el tiempo de aceptación. Es sabio que quienes están bajo el juicio de Dios hagan las paces con él cuanto antes, mientras todavía van de camino y antes de que llegue su ira ardiente. En un caso así, las demoras son peligrosas y pueden volverse mortales si endurecen el corazón. ¡Cuán cuidadosos debemos ser todos de hacer las paces con Dios antes de que su Espíritu se retire, antes de que deje de llamarnos, antes de que termine el día de la gracia o antes de que termine nuestra vida terrenal y nuestro destino eterno quede fijado para siempre!
Luego el profeta muestra cómo debe hacerse esto de manera eficaz, en Sofonías 2:3. No basta con reunirse llenos de miedo y confusión. Deben dedicarse con calma y sinceridad al deber de ese momento: «Busquen al Señor». Si quieren hallar misericordia, deben buscar, porque esa es la regla: busquen y encontrarán. El llamado general se dirige a toda la nación, pero no se puede esperar mucho de la mayoría. Si la tierra ha de ser salvada, será por medio de la fe y las oraciones de los pocos piadosos; por eso el llamado se dirige especialmente a ellos.
Se les describe como «los humildes de la tierra». Esta es una de las marcas que distingue al pueblo de Dios. Son humildes, modestos y pequeños ante sus propios ojos. Son amables y apacibles con los demás; no se enojan fácilmente, no se sienten provocados con facilidad ni permanecen enojados por mucho tiempo. También son tranquilos y sumisos delante de su Dios, tanto ante sus mandamientos como ante su providencia. Por ese espíritu, han «cumplido sus juicios», es decir, han obedecido sus leyes, han guardado su adoración y han tomado en serio su deber para con él. También han trabajado por su honor y por su causa en el mundo.
¿Qué deben hacer? Deben buscar. Esto implica examinar cuidadosamente y esforzarse con constancia para conocer y cumplir su deber. Primero, deben buscar al Señor: pedir su favor y su gracia, acudir a él en cada necesidad y buscarlo desde temprano, con diligencia y continuamente. Segundo, deben buscar la justicia. Deben pedirle a Dios que cumpla sus promesas, mientras se esfuerzan por crecer en obediencia a él. Deben buscar la justicia de Cristo, es decir, la posición correcta delante de Dios que reciben los creyentes por medio de él, y la gracia del Espíritu de Dios plantada en ellos. Deben tener hambre y sed de estas cosas. Tercero, deben buscar la humildad. Esta ya era su característica reconocida, pues se les llamaba los humildes de la tierra; aun así, necesitaban cultivarla más profundamente.
Quienes son buenos todavía deben seguir esforzándose por ser mejores. Quienes tienen mucha gracia todavía necesitan orar y trabajar para recibir más. De hecho, todo el que sobresale en alguna virtud espiritual debe seguir creciendo precisamente en ella, porque allí lo atacarán sus enemigos, allí sus amigos esperarán mucho de él y allí mismo es más probable que se vuelva descuidado.
Como dice el antiguo refrán: «Si dices: “Ya es suficiente”, estás perdido». En los tiempos difíciles que se acercaban, los humildes necesitarían toda la humildad que poseían, y aun eso quizá no sería suficiente. Por eso debían buscarla con fervor y orar para que, cuando Dios en su providencia les diera la oportunidad de practicarla, su gracia los ayudara a mostrar humildad con todos y en toda situación, de modo que su fortaleza correspondiera a las circunstancias.
El Señor también da ánimo para seguir este consejo: «Tal vez queden protegidos en el día de la ira del Señor». Esto es un consuelo especial para los humildes de la tierra. Aunque la ira de Dios viniera sobre la tierra, ellos serían guardados bajo su cuidado especial. «Sin duda te irá bien con los que queden» (Jeremías 15:11). «Te concederé conservar la vida» (Jeremías 45:5). «Yo te libraré en aquel día» (Jeremías 39:17). Se dice: «Tal vez queden protegidos», porque, si alguien ha de ser protegido, ellos son los que tienen más probabilidades de serlo.
El pueblo de Dios no puede tener la certeza de que siempre será librado de los sufrimientos en esta vida, pues los mismos acontecimientos les suceden a todos. Sin embargo, ellos son quienes tienen más probabilidades de ser protegidos y ocupan la mejor posición para recibir el cuidado especial de la providencia, es decir, del gobierno sabio de Dios sobre los acontecimientos. La promesa está expresada con cuidado para probar si confiarán en la bondad de Dios aun cuando solo tengan una promesa que diga «tal vez». También los mantiene humildes y vigilantes, para que no se queden atrás por descuido ni hagan algo que los coloque fuera de la protección de Dios.
Quienes conservan su integridad en un tiempo de pecado generalizado tienen buenas razones para esperar que Dios les encuentre un lugar de refugio, donde estén seguros y en paz en medio de una aflicción común. Como dijo Lutero, estarán protegidos ya sea en el cielo o bajo el cielo: en la completa seguridad del cielo o bajo la protección del cielo.
O quizá esto signifique que ustedes, los habitantes de esta nación, aunque sea una nación «no deseada», serán protegidos en el día de la ira del Señor contra las naciones vecinas, cuando sus juicios se extiendan por toda la tierra. Su tierra será preservada por causa de los pocos humildes que se mantienen firmes y apartan la ira de Dios. Esto nos concierne a todos. Debemos asegurarnos de que estaremos protegidos en el gran día de la ira de Dios. Si nos escondemos en los lugares del deber, Dios nos esconderá en lugares de seguridad (Isaías 26:20). Si preparamos un arca, ella será nuestro refugio (Génesis 7:1).
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De este capítulo
Sofonías 2:2
"antes que el decreto dé a luz, antes que el día pase como la paja, antes que venga sobre ustedes la ira feroz del SEÑOR, antes que venga sobre ustedes el día de la ira del SEÑOR."
Sofonías 2:3
"Busquen al SEÑOR, todos los humildes de la tierra, los que han cumplido su juicio; busquen la justicia, busquen la humildad. Quizá sean escondidos en el día de la ira del SEÑOR."
Sofonías 2:4
"Porque Gaza será abandonada, y Ascalón quedará desolada; expulsarán a Asdod al mediodía, y Ecrón será arrancada de raíz."
Sofonías 2:5
"¡Ay de los habitantes de la costa del mar, nación de los cereteos! La palabra del SEÑOR está contra ustedes. Oh Canaán, tierra de los filisteos, te destruiré por completo, hasta que no quede ningún habitante."
Sofonías 2:6
"La costa del mar será lugar de moradas y cabañas para los pastores, y de rediles para los rebaños."
Sofonías 2:7
"La costa será para el remanente de la casa de Judá; allí se apacentarán. Al atardecer se acostarán en las casas de Ascalón, porque el SEÑOR su Dios los visitará y pondrá fin a su cautiverio."
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