Versículo destacado
Salmos 80:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Presta oído, Pastor de Israel, tú que guías a José como a un rebaño; tú que habitas entre los querubines, resplandece. "
Salmos 80:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Presta oído, Pastor de Israel, tú que guías a José como a un rebaño; tú que habitas entre los querubines, resplandece.
2 Delante de Efraín, Benjamín y Manasés, despierta tu poder, ven y sálvanos.
3 Haznos volver, oh Dios, y haz resplandecer tu rostro; y seremos salvos.
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Aquí el salmista habla en nombre de toda la iglesia y ora a Dios porque Israel se encuentra en una situación amarga y angustiosa.
Primero le pide a Dios su favor, porque esa es la mayor necesidad cuando el santuario está en ruinas. Mira a Dios como el Pastor de Israel, el que una vez llamó a su pueblo sus ovejas (Salmo 79:13). Así como las ovejas dependen del cuidado y la guía del pastor, Israel dependía de la protección de Dios. Cristo es el gran Pastor y el buen Pastor, y podemos confiarle el cuidado de las ovejas que el Padre le ha dado.
Dios también «habita entre los querubines», lo que significa que está presente en el lugar donde se encuentra con su pueblo y recibe sus oraciones. El propiciatorio estaba entre los querubines, y la oración nos resulta profundamente consoladora cuando recordamos que nos acercamos ante un trono de gracia. Ese consuelo existe por causa de la gran expiación, el sacrificio que aparta la ira de Dios y abre el camino a la misericordia.
El salmista le pide a Dios que escuche sus clamores y que «resplandezca», es decir, que muestre tanto su gloria como su bondad a su pueblo. Quiere que Dios despierte su poder, que se levante y actúe, como si su fuerza hubiera estado dormida. Como su causa estaba siendo duramente atacada, le pide a Dios que manifieste su poder y traiga salvación.
Dice que esto debe suceder «delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés», las tribus de Israel. Es probable que estas tres tribus representen a toda la nación, y quizá se las menciona porque formaban el grupo que marchaba inmediatamente después del tabernáculo en el desierto. De ese modo, el arca del poder de Dios iría delante de ellos y dispersaría a sus enemigos.
Luego el salmista se queja de que Dios parece estar disgustado con ellos. Teme no solo que Dios esté enojado por sus pecados, sino también que esté enojado incluso con sus oraciones. No es extraño que Dios se enoje con los pecados de su pueblo o con las oraciones de sus enemigos, pero resulta muy doloroso cuando parece estar enojado con las oraciones de los suyos.
Si Dios realmente está enojado con las oraciones de su pueblo, el problema es que piden con malas intenciones (Santiago 4:3). Oran, pero no luchan en oración, o su corazón no está bien delante de Dios. Tal vez se aferran a algún pecado oculto, o quizá oran con enojo y duda. Sin embargo, a veces Dios solo parece estar enojado. Puede estar probando la paciencia y la perseverancia de su pueblo, como probó a la mujer cananea.
Su enojo ha durado mucho tiempo, y eso pesa profundamente sobre ellos. Preguntan: «¿Hasta cuándo estarás enojado?», porque han seguido orando y, aun así, viven bajo el ceño fruncido de Dios. Las señales de ese desagrado les han traído tanto tristeza como vergüenza.
Su tristeza es profunda, porque Dios los ha alimentado «con pan de lágrimas» (Salmo 80:5). Han vivido día tras día en el dolor, como si las lágrimas fueran su alimento diario. Se les ha dado a beber lágrimas en abundancia, no solo una pequeña muestra de tristeza. Muchas personas pasan la vida en el dolor, pero pasarán la eternidad en alegría.
Su vergüenza es igualmente real. Al fruncir el rostro contra ellos, Dios los ha convertido en motivo de contienda para sus vecinos (Salmo 80:6). Sus enemigos competían entre sí para avergonzarlos, pues Israel se había convertido en una presa fácil. Se reían de los temores, las dificultades y los fracasos de Israel. Cuando Dios está disgustado con su pueblo, la tristeza y el triunfo de los enemigos suelen ir juntos.
Por eso el salmista ora con fervor pidiendo la gracia que los haga volver, la gracia que lleva a las personas de regreso a Dios y las prepara para la salvación: «Restáuranos, oh Dios» (Salmo 80:3), «Restáuranos, oh Dios de los ejércitos» (Salmo 80:7), y luego: «Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos». Este es el clamor repetido del salmo, que vuelve a aparecer más adelante (Salmo 80:19). Ellos saben que se han apartado de Dios y de su deber, y que su propio pecado ha provocado que Dios oculte su rostro y que sus enemigos tengan poder sobre ellos.
Quieren comenzar en el lugar correcto. Primero le piden a Dios que los haga volver en arrepentimiento y reforma; después esperan que él regrese con misericordia y rescate. Nadie puede ser verdaderamente salvo sin el favor de Dios, y nadie puede disfrutar de ese favor sin volver a él. Debemos apartarnos del mundo y de la carne, y entonces Dios hará resplandecer su rostro sobre nosotros.
Incluso la conversión misma viene por la gracia de Dios. Debemos preparar nuestro corazón para buscarlo y, aun así, orar: «Hazme volver, y volveré». El salmo es una oración por la nación en conjunto y nos enseña a orar de la misma manera por la misericordia pública: que lo que está mal sea corregido y que, entonces, la angustia disminuya. La santidad de una nación aseguraría su felicidad.
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De este capítulo
Salmos 80:2
"Delante de Efraín, Benjamín y Manasés, despierta tu poder, ven y sálvanos."
Salmos 80:3
"Haznos volver, oh Dios, y haz resplandecer tu rostro; y seremos salvos."
Salmos 80:4
"Oh SEÑOR, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo estarás airado contra la oración de tu pueblo?"
Salmos 80:5
"Los alimentas con pan de lágrimas y les das lágrimas para beber en gran medida."
Salmos 80:6
"Nos haces motivo de contienda para nuestros vecinos, y nuestros enemigos se ríen entre sí."
Salmos 80:7
"Haznos volver, oh Dios de los ejércitos, y haz resplandecer tu rostro; y seremos salvos."
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