Versículo destacado
Josué 3:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR dijo a Josué: Hoy comenzaré a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que sepan que, así como estuve con Moisés, estaré contigo. "
Josué 3:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Josué dijo al pueblo: Santifíquense, porque mañana el SEÑOR hará maravillas entre ustedes.
6 Josué habló a los sacerdotes: Levanten el arca del pacto y crucen delante del pueblo. Ellos levantaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.
7 El SEÑOR dijo a Josué: Hoy comenzaré a engrandecerte ante los ojos de todo Israel, para que sepan que, así como estuve con Moisés, estaré contigo.
8 Ordenarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto: Cuando lleguen a la orilla de las aguas del Jordán, se detendrán en el Jordán.
9 Josué dijo a los hijos de Israel: Acérquense y escuchen las palabras del SEÑOR su Dios.
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Aquí podemos notar cómo Dios honra a Josué. Por medio de la gran obra que está a punto de realizar, Dios quiere mostrarle a Israel que él es su gobernante. Josué, por su parte, honra a Dios y trabaja para que Israel reconozca que Dios es su Dios. A quienes honran a Dios, él los honrará; y quienes han sido levantados por él deben hacer todo lo posible, desde el lugar que ocupan, para honrarlo.
I. Dios habla con Josué para darle honra, en los versículos 7 y 8. Primero, fue un gran honor que Dios le hablara como le había hablado a Moisés, desde el propiciatorio, antes de que los sacerdotes lo retiraran junto con el arca. Esto fortalecería a Josué y haría que el pueblo lo reconociera como líder, porque Dios se complacía en hablar con él de manera tan cercana y personal. Segundo, Dios quería que Josué fuera respetado ante los ojos de todo Israel. Ya le había dicho que estaría con él (Josué 1:5), y eso era suficiente consuelo para Josué; pero ahora todo Israel también lo vería, y eso haría que lo estimaran más. Son verdaderamente grandes aquellos con quienes Dios está y a quienes usa y aprueba en su servicio.
Dios hizo grande a Josué porque quería que el pueblo lo tuviera en alta estima. Los líderes fieles de Dios deben ser honrados como bendiciones para la comunidad, y cuanto más claramente veamos que Dios está con ellos, más debemos respetarlos. Al dividir el mar Rojo, Israel quedó convencido de que Dios estaba con Moisés para sacarlos de Egipto. Por eso Pablo dice que fueron bautizados en Moisés en el mar (1 Corintios 10:2), y en aquella ocasión creyeron en él (Éxodo 14:31). Ahora, al dividir el Jordán, quedarían convencidos de que Dios estaba con Josué para introducirlos en Canaán. Dios ya había honrado a Josué de varias maneras, pero ahora comenzaba a honrarlo como sucesor de Moisés en el liderazgo de la nación.
Algunos han observado que Dios comenzó a honrar a Josué a orillas del Jordán, y que nuestro Señor Jesucristo, el Mediador, también fue honrado públicamente por primera vez en ese mismo lugar. Juan bautizaba en Betábara, que significa «casa de paso», y allí, cuando Jesús fue bautizado, una voz del cielo declaró que él era el Hijo amado de Dios.
Tercero, Dios le dio a Josué autoridad para darles órdenes incluso a los sacerdotes, aunque ellos eran sus asistentes directos (Josué 3:8). «Darás órdenes a los sacerdotes» significa: «Les comunicarás lo que Dios ha ordenado en este asunto y te asegurarás de que lo obedezcan, permaneciendo quietos a la orilla del Jordán mientras las aguas se dividen». De esa manera quedaría claro que era la presencia del Señor, el Dios poderoso de Jacob, la que hacía retroceder al Jordán (Salmo 114:5, 7). Dios podía dividir el río sin los sacerdotes, pero ellos no podían hacer nada sin él.
Los sacerdotes debían dar un buen ejemplo al pueblo. Debían mostrarles cómo hacer todo lo que estuviera a su alcance en el servicio de Dios y confiar en que él los ayudaría en el momento de necesidad. Entonces Josué habló con el pueblo y, al hacerlo, honró a Dios.
II. Josué habla con el pueblo y llama su atención a la palabra de Dios. Les pide que escuchen con atención (Josué 3:9). «Acérquense a mí», les dice a todos los que puedan oírlo. «Antes de ver la obra de Dios, escuchen las palabras del Señor su Dios, para que puedan comparar ambas cosas y cada una ayude a explicar la otra». Ya les había dicho que se santificaran, y ahora los llama a escuchar la palabra de Dios, porque ese es el medio habitual por el que Dios santifica a las personas (Juan 17:17).
Después les explica con claridad cómo cruzarán el Jordán: las aguas se detendrán (Josué 3:13). «Las aguas del Jordán serán cortadas». Dios podría haber congelado de repente la superficie del río para que cruzaran sobre el hielo, pero algo así podía ocurrir algunas veces por causa del frío natural, incluso en aquella tierra (Job 38:30). Eso no habría manifestado suficientemente la grandeza del Dios de Israel ni habría infundido temor en sus enemigos. Por eso debía suceder de una manera que no tuviera otro precedente excepto la división del mar Rojo.
Este milagro se repite aquí para mostrar que Dios tiene el mismo poder para completar la salvación de su pueblo que el que tuvo para comenzarla. Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. También muestra que la palabra del Señor, como dice la versión caldea en Josué 3:7 —la Palabra eterna misma— estaba con Josué tan verdaderamente como había estado con Moisés. Al dividir las aguas y hacer aparecer tierra seca donde antes la cubría el agua, Dios también les recordó lo que Moisés había enseñado por revelación acerca de la creación (Génesis 1:6, 9). Lo que ahora veían fortalecería lo que habían leído, y sabrían que el Dios al que adoraban era el mismo Dios que hizo el mundo.
El mismo poder estaba obrando a favor de ellos.
Al pueblo ya se le había dicho que siguiera el arca, y ahora se le informa que esta iría delante de ellos hacia el Jordán (Josué 3:11). El arca del pacto debía guiarlos. En los días de Moisés, la nube los guiaba; ahora, en los días de Josué, lo haría el arca. Ambas eran señales visibles de la presencia y el gobierno de Dios, pero bajo Moisés la gracia de Dios estaba, por así decirlo, envuelta en una nube y velada. En Cristo, nuestro Josué, se revela en el arca del pacto sin velo.
Se le llama el arca del pacto del Señor de toda la tierra. «El que es su Dios» (Josué 3:9), aquel que está en pacto con ustedes, es el Señor de toda la tierra. Él tiene todo el derecho y el poder para mandar, dirigir, usar y disponer de todas las naciones y de todas las criaturas. Puesto que es el Señor de toda la tierra, no los necesita, y ustedes no pueden añadirle nada. Por eso es tanto un honor como una alegría que él esté en pacto con ustedes. Si él es de ustedes, entonces todas las criaturas están a su servicio, y cuando él lo disponga, serán usadas a favor de ustedes.
Cuando alabamos y adoramos a Dios como el Dios de Israel y como nuestro Dios por medio de Cristo, debemos recordar que él es el Señor de toda la tierra. Entonces debemos honrarlo y confiar en él conforme a esa verdad. Algunos piensan que el original contiene un énfasis especial que le da más fuerza a la frase, algo como: «Miren: el arca del pacto, es decir, el arca del Señor; el pacto del Señor de toda la tierra».
También se les dice que el arca iría delante de ellos hacia el Jordán. Dios no los guiaría a ningún lugar sin ir delante de ellos y acompañarlos. Podían entrar al Jordán con seguridad si el arca del pacto iba adelante. Si hacemos de los mandamientos de Dios nuestra norma, de sus promesas nuestro apoyo y de su providencia nuestra guía, no tenemos que temer las mayores dificultades que encontremos al cumplir con nuestro deber. La promesa es segura para todo el pueblo de Dios: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y cuando cruces los ríos, no te cubrirán» (Isaías 43:2).
A partir de lo que Dios estaba a punto de hacer por ellos, Josué obtiene la seguridad de lo que Dios haría después. Menciona esto primero porque su corazón estaba concentrado en ello y porque le producía una satisfacción muy profunda.
«Por esto», dijo Josué, «ustedes sabrán que el Dios viviente está entre ustedes» (Josué 3:10). El Dios viviente es el Dios verdadero, el Dios que tiene poder, no uno de los dioses muertos que adoraban las naciones vecinas. Él está entre ellos, aunque no puedan verlo ni hacer una imagen de él. Está allí para darles su ley, proteger su bienestar y recibir su adoración. También está presente con ellos en la gran tarea que tienen por delante, y por eso ciertamente expulsará a los cananeos delante de ellos.
Por lo tanto, el cruce del Jordán tenía el propósito de enseñarles a los israelitas dos verdades claras. Primero, era una señal segura de que Dios estaba con ellos. No podían dudar sinceramente de que Dios estaba entre ellos, a menos que su incredulidad fuera tan obstinada como la de sus padres, quienes vieron dividirse el mar Rojo y aun así preguntaron: «¿Está el Señor entre nosotros o no?» (Éxodo 17:7). Segundo, era una promesa segura de que Canaán sería conquistada. Si el Dios viviente estaba entre ellos, entonces expulsaría a los cananeos. Lo haría de manera segura y completa. ¿Qué podría interponerse en su camino, si los ríos se dividían y se secaban ante él?
La ruptura de la barrera del río era una señal clara de que toda la fuerza del enemigo caería. ¿Cómo podrían los cananeos mantenerse firmes cuando el propio Jordán había retrocedido? Si no podían enfrentarse a este cruce del río y temblaban ante el Dios poderoso de Jacob (Salmo 114:7), ¿qué resistencia podrían ofrecer después de esto? La seguridad de Josué era tan firme que podía darle valor a un israelita para perseguir a mil enemigos, y a dos para hacer huir a diez mil. También concordaba con el cántico de Moisés, pronunciado cuarenta años antes, que ya había anunciado la división del Jordán y su efecto en la expulsión de los cananeos (Éxodo 15:15-17). Allí se presenta a los pueblos de Canaán derritiéndose y quedando inmóviles como piedras hasta que el pueblo de Dios pasara; después, Dios lo introduciría en la tierra y lo plantaría allí.
Debemos aprender de esto que, cuando Dios manifiesta su poder a favor de su pueblo, debemos usar esas obras para fortalecer nuestra fe y nuestra esperanza en el futuro. Como dice el refrán, las obras de Dios son perfectas. Si la crecida del Jordán no podía impedir que Israel entrara, entonces la fuerza de Canaán tampoco podría expulsarlo.
Después, Josué les indicó que prepararan a doce hombres, uno de cada tribu, que estuvieran listos para cumplir las instrucciones que más adelante les daría (Josué 3:12). No parece que estos hombres debieran quedarse con los sacerdotes y caminar junto a ellos mientras llevaban el arca para presenciar de inmediato los milagros realizados por medio de ella, como algunos piensan. Más bien, debían permanecer cerca y estar preparados para el servicio que después se les encargaría (Josué 4:4).
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De este capítulo
Josué 3:1
"Josué se levantó temprano por la mañana; ellos partieron de Sitim y llegaron al Jordán, él y todos los hijos de Israel, y pasaron allí la noche antes de cruzarlo."
Josué 3:2
"Después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento;"
Josué 3:3
"y ordenaron al pueblo: Cuando vean el arca del pacto del SEÑOR su Dios, y a los sacerdotes levitas llevándola, entonces partirán de su lugar e irán detrás de ella."
Josué 3:4
"Sin embargo, habrá entre ustedes y ella una distancia de unos dos mil codos, según la medida. No se acerquen a ella, para que sepan por qué camino deben ir, pues nunca antes han pasado por este camino."
Josué 3:5
"Josué dijo al pueblo: Santifíquense, porque mañana el SEÑOR hará maravillas entre ustedes."
Josué 3:6
"Josué habló a los sacerdotes: Levanten el arca del pacto y crucen delante del pueblo. Ellos levantaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo."
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