Versículo destacado
Salmos 77:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Recordaré las obras del SEÑOR; ciertamente recordaré tus maravillas de tiempos antiguos. "
Salmos 77:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 ¿Se ha olvidado Dios de mostrar su gracia? ¿Ha encerrado con ira sus tiernas misericordias? Selah.
10 Y dije: «Esta es mi debilidad; pero recordaré los años de la diestra del Altísimo».
11 Recordaré las obras del SEÑOR; ciertamente recordaré tus maravillas de tiempos antiguos.
12 También meditaré en toda tu obra y hablaré de tus hechos.
13 Tu camino, oh Dios, está en el santuario; ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
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Aquí el salmista sale de una profunda angustia y calma sus temores de que Dios haya rechazado a su pueblo. Lo hace recordando las grandes obras que Dios había realizado antes en favor de ellos. Ya había intentado hacerlo sin éxito (Salmos 77:5-6), pero vuelve a intentarlo, y esta vez le ayuda. Es bueno seguir usando los medios correctos para fortalecer la fe, aun cuando no produzcan resultados de inmediato.
«Recordaré, sí, recordaré lo que Dios hizo por su pueblo en tiempos antiguos», hasta poder sacar esperanza de esa memoria en medio de una época oscura (Salmos 77:11-12). Las obras del Señor en favor de su pueblo siempre han sido maravillosas. Quedaron registradas para que podamos recordarlas. Si queremos recibir verdadera ayuda de ese recuerdo, debemos reflexionar cuidadosamente en ellas y hablar de ellas, para aprender más nosotros mismos y ayudar a otros a aprender también. Recordar las obras de Dios es una fuerte defensa contra la desconfianza en su promesa y su bondad, porque él es Dios y no cambia. Si comienza una obra, la terminará y la llevará a su cumplimiento.
Dos verdades generales le dieron al salmista un profundo consuelo. Primero, el camino de Dios está en el santuario (Salmos 77:13). Esto significa que es santo, conforme al lugar santo y a la ley santa; así lo entienden algunos. Cuando no podemos explicar los detalles de la providencia de Dios, sí podemos estar seguros de algo: Dios es santo en todo lo que hace. Todas sus obras corresponden a su naturaleza pura y recta. Él tiene propósitos santos en todo, y será reconocido como santo en cada aspecto de su gobierno. Su camino también está de acuerdo con su promesa, que él pronunció en santidad y dio a conocer en el santuario. Lo que ha hecho coincide con lo que ha dicho, y por lo que ha dicho podemos concluir con seguridad que no rechazará para siempre a su pueblo. Su camino conduce al santuario y busca el bien de su iglesia.
Segundo, el camino de Dios está en el mar. Aunque Dios es santo, justo y bueno en todo lo que hace, todavía no podemos explicar por completo sus acciones ni juzgar siempre lo que se propone. «Su camino pasó por el mar, y sus huellas no pudieron descubrirse» (Salmos 77:19). Sus caminos son como aguas profundas que no se pueden medir (Salmos 36:6), o como la estela de un barco en el mar, que no puede seguirse (Proverbios 30:18-19). Debemos aceptar lo que Dios hace, aun cuando no podamos dar cuenta de ello.
Entonces el salmista recuerda varios acontecimientos de los primeros días de Israel. De ellos aprende, en primer lugar, que ningún dios puede compararse con el Dios de Israel (Salmos 77:13). «¿Qué dios es tan grande como nuestro Dios?». Primero debemos darle a Dios el honor que merece por las grandes cosas que ha hecho en favor de su pueblo y reconocer que es superior a todos los demás. Luego podemos hallar consuelo en lo que ha hecho y fortalecernos por medio de ello.
También aprende que Dios es todopoderoso (Salmos 77:14). Él es el único Dios que hace maravillas, mayores que cualquier criatura puede realizar. Ha demostrado abiertamente su poder entre las naciones. Lo que Dios ha hecho por su iglesia ha sido una prueba constante de su poder todopoderoso, porque allí ha mostrado la fuerza de su brazo eterno.
Dios sacó a Israel de Egipto (Salmos 77:15). Este fue el comienzo de su misericordia hacia ellos y debía recordarse cada año en la Pascua. «Con tu brazo redimiste a tu pueblo», un brazo extendido en medio de muchos milagros, «a los descendientes de Jacob y de José». Aunque fueron liberados mediante el poder de Dios, el salmo habla de redención como si hubiera sido realizada mediante un precio, porque esto señalaba de antemano la gran redención que llegaría en el momento establecido: una redención lograda tanto por precio como por poder. Se les llama descendientes de José además de descendientes de Jacob porque José creyó firmemente que Dios cumpliría la promesa. Cuando estaba a punto de morir, habló de la salida de Israel de Egipto y dio instrucciones acerca de sus huesos.
Dios dividió el mar Rojo delante de ellos (Salmos 77:16). Las aguas retrocedieron y se abrió de inmediato un camino a través de aquella enorme masa, como si las aguas hubieran visto al mismo Dios guiando los ejércitos de Israel y se hubieran apartado con temor. No solo se agitaron las aguas de la superficie; también las profundidades se movieron y se abrieron a derecha e izquierda en obediencia a su mandato. Dios también destruyó a los egipcios (Salmos 77:17). Las nubes derramaron agua sobre ellos, mientras la columna de fuego, como un techo sobre el campamento de Israel, protegía a su pueblo de la tormenta. Así, como en el diluvio, las aguas de arriba y las de abajo se unieron para destruir a los rebeldes. Luego los cielos dejaron oír su estruendo, y sus flechas surcaron el aire. El versículo siguiente explica que la voz de su trueno se escuchó en el cielo (Salmos 77:18). El sonido que venía de los cielos era el trueno, y las flechas eran los relámpagos, que dispersaron al ejército egipcio con un temor tan grande que la tierra de la costa tembló y se estremeció.
De este modo, el camino de Dios estuvo en el mar, tanto para destruir a sus enemigos como para salvar a su pueblo. Sin embargo, cuando las aguas volvieron a su lugar, no se pudieron seguir sus huellas (Salmos 77:19). No quedó ninguna marca allí, a diferencia del memorial que más tarde se levantó en el Jordán (Josué 4:9). El relato del cruce del mar Rojo no menciona truenos, relámpagos ni un terremoto, aunque es posible que hayan ocurrido, y Josefo afirma que así fue. También puede ser que el salmo esté señalando los truenos, relámpagos y terremotos que hubo en el monte Sinaí cuando se entregó la ley.
Finalmente, Dios guio a su pueblo como a un rebaño (Salmos 77:20). Eran débiles e indefensos, y podían extraviarse como ovejas, expuestos a las fieras. Por eso Dios fue delante de ellos con el cuidado y la ternura de un pastor, protegiéndolos para que no se desviaran. La columna de nube y de fuego sí los guio, aunque el salmo no la menciona aquí. En cambio, habla de Moisés y Aarón, por medio de quienes Dios los condujo. Ellos no podían hacerlo sin Dios, pero Dios lo hizo con ellos y por medio de ellos. Moisés era su líder, y Aarón, su sumo sacerdote. A través de estos dos hombres, Dios guio, protegió y gobernó a Israel. El gobierno correcto y bueno de los líderes civiles y de los ministros, aunque no sea un milagro tan grande, sigue siendo una bendición tan grande para cualquier pueblo como lo fueron la columna de nube y la columna de fuego para Israel en el desierto.
El salmo termina de manera repentina y no aplica por completo estos antiguos ejemplos del poder de Dios a las dificultades presentes de la iglesia, como quizá esperaríamos. Pero tan pronto como aquel hombre fiel comenzó a pensar seriamente en estas cosas, descubrió que ya había llegado a su objetivo. El simple hecho de empezar a considerarlas le trajo luz y alegría (Salmos 119:130). Sus temores desaparecieron de pronto y de una manera inesperada, de modo que ya no necesitó avanzar más. Siguió su camino, comió y su rostro dejó de estar triste, como le ocurrió a Ana (1 Samuel 1:18).
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De este capítulo
Salmos 77:1
"Clamé a Dios con mi voz, sí, a Dios con mi voz; y él me prestó oído."
Salmos 77:2
"En el día de mi angustia busqué al Señor; mi llaga supuraba durante la noche y no cesaba; mi alma se negaba a recibir consuelo."
Salmos 77:3
"Me acordé de Dios y me turbé; me quejé, y mi espíritu quedó abrumado. Selah."
Salmos 77:4
"Tú mantienes mis ojos despiertos; estoy tan turbado que no puedo hablar."
Salmos 77:5
"He considerado los días pasados, los años de tiempos antiguos."
Salmos 77:6
"Traigo a la memoria mi canto en la noche; converso con mi propio corazón, y mi espíritu hizo una búsqueda diligente."
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