Versículo destacado
Números 6:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR habló a Moisés y le dijo: "
Números 6:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 El sacerdote las mecerá como ofrenda mecida ante el SEÑOR. Esto es santo para el sacerdote, junto con el pecho mecido y la espaldilla elevada. Después de esto, el nazareo podrá beber vino.
21 Esta es la ley del nazareo que ha hecho un voto y de su ofrenda al SEÑOR por su consagración, además de lo que esté a su alcance. Conforme al voto que hizo, así deberá cumplir la ley de su consagración.
22 El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
23 Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendecirán a los israelitas; les dirán:
24 El SEÑOR te bendiga y te guarde.
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Aquí se les encomienda a los sacerdotes, además de sus otras responsabilidades, bendecir al pueblo en el nombre del SEÑOR (Números 6:23). Esto también formaba parte de su labor (Deuteronomio 21:5). Dios les concedió este honor porque el menor es bendecido por el mayor. También les dio al pueblo un gran consuelo, pues veía al sacerdote como el portavoz de Dios ante ellos.
Los sacerdotes no podían hacer más que pedirle a Dios una bendición. Sin embargo, como eran mediadores oficiales —personas que hablaban en favor de otros— y actuaban en el nombre de Aquel que ordena la bendición, su oración llevaba consigo una promesa. Debían hablar con autoridad, con las manos levantadas y el rostro vuelto hacia el pueblo. Esto señalaba de antemano la obra de Cristo en el mundo, cuya misión era bendecirnos (Hechos 3:26), como el sumo sacerdote de nuestra fe. Lo último que Jesús hizo en la tierra fue levantar las manos y bendecir a sus discípulos (Lucas 24:50-51).
El obispo Pearson menciona una tradición judía según la cual los sacerdotes bendecían al pueblo solamente al terminar el sacrificio de la mañana, y no el de la tarde. Él dice que esto mostraba que, en los últimos días —los días del Mesías—, la bendición de la ley llegaría a su fin y la bendición de Cristo ocuparía su lugar. Esto también servía como modelo para los ministros del evangelio, los líderes de la congregación, quienes de igual manera debían terminar el culto público con una bendición. Quienes son la boca de Dios para enseñar y ordenar a su pueblo también son su boca para bendecirlo, y quienes reciben la ley también deben recibir la bendición.
Los maestros judíos advertían al pueblo que no dijera: «¿De qué sirve la bendición de este sacerdote pobre y sencillo?». Porque, según ellos, la bendición no dependía del sacerdote, sino del Dios santo y bendito. Eso es verdad. El sacerdote solo era el mensajero, pero Dios era quien otorgaba la bendición.
Aquí se establece una fórmula definida para la bendición. En otros actos de adoración no se exigían palabras fijas, pero esta bendición formal fue ordenada por Dios para que no pareciera provenir de los sacerdotes mismos. Por eso Dios puso las palabras exactas en sus labios (Números 6:24-26).
Observa primero que la bendición se pronuncia sobre cada persona: «El SEÑOR te bendiga». Cada uno debía disponerse a recibirla, y cada uno podía encontrar en ella lo suficiente para alcanzar una verdadera felicidad. «Bendito serás» (Deuteronomio 28:3). Si recibimos la ley como una palabra dirigida a nosotros, también podemos recibir la bendición como dicha a nosotros, como si nuestro propio nombre estuviera escrito allí.
Observa también que el nombre Jehová, el SEÑOR, se repite tres veces. Los eruditos hebreos notaron que cada mención tenía un acento diferente, e incluso los judíos pensaban que había algún misterio en ello. Nosotros sabemos cuál es ese misterio, porque el Nuevo Testamento lo explica. Se nos enseña a esperar la bendición de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, del amor del Padre y de la comunión del Espíritu Santo. Cada uno es Jehová, y aun así no hay tres Señores, sino un solo Señor (2 Corintios 13:14).
La bendición se centra en el favor de Dios, porque de allí procede todo bien. «El SEÑOR te bendiga» significa esto: cuando nosotros bendecimos a Dios, solo hablamos bien de él; pero cuando él nos bendice, verdaderamente nos hace bien. Aquellos a quienes él bendice son verdaderamente bendecidos.
«El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti» alude al sol que brilla sobre la tierra, trayendo luz, consuelo y nueva vida. Significa: «Que el SEÑOR te ame y te permita saber que te ama». No podemos dejar de sentir alegría si tenemos el amor de Dios, ni podemos dejar de estar tranquilos si sabemos que contamos con él.
«El SEÑOR alce sobre ti su rostro» expresa la misma idea, y sugiere la sonrisa de un padre hacia su hijo o la de un amigo hacia alguien en quien se complace. Si Dios nos da señales claras de su favor y aceptación especiales, eso llenará de alegría el corazón (Salmo 4:7-8).
El fruto de este favor es protección, perdón y paz. «El SEÑOR te guarde» habla de la protección contra el mal (Números 6:24). Él es quien guarda a Israel y nunca duerme ni se adormece (Salmo 121:4), y todos los creyentes son protegidos por el poder de Dios. «El SEÑOR tenga misericordia de ti» significa que el SEÑOR muestra compasión y perdona el pecado (Números 6:25). «El SEÑOR te dé paz» incluye todo bien que hace a una persona plenamente feliz (Números 6:26).
Dios también promete confirmar esta bendición: «Pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel» (Números 6:27). Él les da permiso a los sacerdotes para usar su nombre al bendecir al pueblo y para bendecirlo como su propio pueblo, llamado por su nombre. Esto incluye todas las bendiciones que ellos pudieran pronunciar y marca a Israel como el pueblo especial de Dios, escogido por su amor. Llevar el nombre de Dios era su honor, consuelo, seguridad y motivo de apelación: «Somos llamados por tu nombre; no nos abandones».
Dios añade: «Y yo los bendeciré». La bendición divina acompaña a las instituciones divinas y les da poder y eficacia. Lo que Cristo dijo acerca de la paz también es cierto de esta bendición: si allí están los hijos de paz y los herederos de la bendición, entonces la paz y la bendición reposarán sobre ellos (Lucas 10:5-6). En todo lugar donde Dios establece su nombre, se encontrará con su pueblo y lo bendecirá.
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De este capítulo
Números 6:1
"El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:"
Números 6:2
"Habla a los israelitas y diles: Cuando un hombre o una mujer se aparte para hacer voto de nazareo, a fin de consagrarse al SEÑOR,"
Números 6:3
"se abstendrá de vino y de bebida fermentada. No beberá vinagre de vino ni vinagre de bebida fermentada; tampoco beberá ningún jugo de uvas ni comerá uvas frescas o secas."
Números 6:4
"Durante todos los días de su consagración no comerá nada que proceda de la vid, desde las semillas hasta la cáscara."
Números 6:5
"Durante todos los días del voto de su consagración, ninguna navaja pasará sobre su cabeza. Hasta que se cumplan los días durante los cuales se consagra al SEÑOR, será santo y dejará crecer los mechones del cabello de su cabeza."
Números 6:6
"Durante todos los días en que se consagre al SEÑOR, no se acercará a ningún cadáver."
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