Versículo destacado

Números 30:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Moisés habló a los jefes de las tribus acerca de los hijos de Israel, diciendo: «Esto es lo que el SEÑOR ha mandado». "

Números 30:1

menu_book El versículo en contexto

1 Moisés habló a los jefes de las tribus acerca de los hijos de Israel, diciendo: «Esto es lo que el SEÑOR ha mandado».

2 Si un hombre hace un voto al SEÑOR o jura con juramento ligar su alma con una obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salga de su boca.

3 Asimismo, si una mujer hace un voto al SEÑOR y se liga con una obligación mientras, en su juventud, vive en la casa de su padre;

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Esta ley fue dada a los líderes de las tribus para que la enseñaran al pueblo que estaba bajo su cuidado. Ellos debían explicar la ley, advertir al pueblo cuando fuera necesario y pedirle cuentas si quebrantaba sus votos. Es posible que los líderes de las tribus le hubieran presentado a Moisés un caso como este en una situación urgente y le hubieran pedido que averiguara la voluntad de Dios. Ahora reciben la respuesta: «Esto es lo que el SEÑOR ha mandado acerca de los votos», y este mandato sigue vigente.

1. El caso que se considera es el de una persona que hace un voto al SEÑOR; de ese modo, Dios queda incluido en la promesa, y la persona tiene la intención de honrarlo por medio de ella. Se da por sentado que el voto se refiere a algo permitido por la ley, porque nadie puede prometer hacer algo que Dios ya ha prohibido. También se supone que se trata de algo que no era obligatorio realizar exactamente de esa manera antes de hacer el voto. Una persona podía comprometerse a ofrecer ciertos sacrificios en momentos determinados, dar una cantidad específica o una parte de sus bienes a los pobres, abstenerse de ciertos alimentos o bebidas permitidos por la ley, o ayunar y humillarse en otras ocasiones además del Día de la Expiación.

La gente podía hacer estos votos en un momento de gran fervor, por dolor a causa del pecado, para protegerse del pecado, para buscar una muestra de misericordia o para agradecer a Dios por una misericordia ya recibida. Tales votos pueden ser muy útiles cuando se hacen con sinceridad y cuidado. Los maestros judíos decían que los votos eran una cerca de separación; es decir, una barrera que ayudaba a proteger la vida religiosa. Se dice que quien hace un voto ata su alma con un compromiso. Puesto que el voto se hace a Dios, que es Espíritu, es el alma, con todas sus capacidades, la que debe quedar ligada a él.

Una promesa hecha a otra persona compromete los bienes de alguien, pero una promesa hecha a Dios compromete el alma. Los votos que hacemos en la Cena del Señor, por medio de los cuales no nos comprometemos a nada más que a cumplir con nuestro deber ya establecido, y que ni el padre ni el esposo pueden anular, son compromisos del alma. Por medio de ellos debemos considerarnos apartados de todo pecado y comprometidos a hacer toda la voluntad de Dios. Nuestros votos ocasionales acerca de cosas que antes estaban dentro de nuestra propia libertad de decisión (Hechos 5:4), una vez hechos, también son compromisos del alma.

2. El mandato es que esos votos deben cumplirse con cuidado. La persona no debe faltar a su palabra, aunque después cambie de opinión; debe hacer lo que dijo. La nota al margen dice: «No debe profanar su palabra». Hacer un voto es una institución establecida por Dios, y si hacemos un voto falso, deshonramos esa institución. La Escritura lo deja claro: «Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos» (Eclesiastés 5:5). «No se engañen: nadie puede burlarse de Dios». Sus promesas para nosotros son sí y amén; por eso, las nuestras para él también deben ser sí o no, y no sí y no.

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