Versículo destacado
Números 12:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" De repente, el SEÑOR les dijo a Moisés, a Aarón y a María: «Salgan ustedes tres a la tienda de reunión». Y los tres salieron. "
Números 12:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Y dijeron: «¿Acaso el SEÑOR ha hablado solamente por medio de Moisés? ¿No ha hablado también por medio de nosotros?». Y el SEÑOR lo oyó.
3 (Moisés era un hombre muy humilde, más que todos los hombres que había sobre la faz de la tierra).
4 De repente, el SEÑOR les dijo a Moisés, a Aarón y a María: «Salgan ustedes tres a la tienda de reunión». Y los tres salieron.
5 El SEÑOR descendió en la columna de nube, se detuvo a la entrada de la tienda y llamó a Aarón y a María. Ambos se acercaron.
6 Y dijo: Escuchen ahora mis palabras: Si hay entre ustedes un profeta, yo, el SEÑOR, me daré a conocer a él en una visión y le hablaré en un sueño.
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Moisés no se resentía por el mal que le habían hecho, ni se quejaba ante Dios ni se defendía delante de él. Pero Dios sí lo tomó en cuenta. Él escucha todo lo que decimos cuando estamos enojados y nota cada palabra imprudente. Esta es una buena razón para refrenar la lengua y no hablar mal de los demás. También es una buena razón para cerrar los oídos a la calumnia y no quedarnos pensando en ello cuando otros hablan mal de nosotros. Como dice el salmo: «Guardé silencio y no abrí la boca, porque tú eres quien actúa» (Salmos 38:13-15). Cuanto menos hablamos para defender nuestra propia causa, más Dios se ocupa de ella por nosotros. Una persona inocente que ha sido acusada injustamente necesita decir poco si sabe que el Juez mismo hablará en su favor.
Ahora se presenta el caso, y de inmediato llevan a las partes a la entrada del tabernáculo, la tienda sagrada donde Dios se encontraba con Israel (Números 12:4-5). Moisés había mostrado muchas veces celo por el honor de Dios, y ahora Dios mostró celo por el honor de Moisés. Dios honra a quienes lo honran, y nunca tarda en ponerse del lado de quienes se mantienen firmes por él. En tiempos antiguos, los jueces se sentaban a la entrada de la ciudad para escuchar los casos; aquí, la nube de la presencia de Dios se detuvo en la entrada del tabernáculo. Aarón y María fueron llevados allí como culpables y tuvieron que responder por sus actos.
Entonces Aarón y María tuvieron que reconocer que, por grandes que fueran, no podían pretender ser iguales a Moisés ni levantarse contra él (Números 12:6-8). Es cierto que eran profetas del SEÑOR, pero aun así Moisés era superior a ellos. Dios concedía un gran honor a los profetas. Aunque la gente se burlara de ellos y los maltratara, eran siervos favorecidos y amigos cercanos de Dios. Él se daba a conocer a ellos mediante sueños mientras dormían o por medio de visiones mientras estaban despiertos, y a través de ellos se daba a conocer a los demás. Son verdaderamente grandes y dichosos aquellos a quienes Dios se da a conocer.
Ahora Dios no lo hace mediante sueños y visiones como en tiempos antiguos, sino por medio del Espíritu de sabiduría y revelación, quien muestra a los pequeños lo que los profetas y los reyes anhelaron ver. Por eso se dice que, en los últimos días, los días del Mesías, los hijos y las hijas profetizarán (Joel 2:28), porque conocerán los misterios del reino bondadoso de Dios mejor que los profetas de tiempos anteriores (Hebreos 1:1-2).
Aun así, el honor concedido a Moisés era mucho mayor (Números 12:7). Dios dijo: «Mi siervo Moisés no es así; él es superior a todos ellos». Para recompensar a Moisés por soportar con humildad y paciencia el insulto de María y Aarón, Dios no solo lo declaró inocente, sino que también lo elogió. Aprovechó esta ocasión para concederle un honor duradero. De la misma manera, quienes son insultados y perseguidos por hacer lo correcto recibirán una gran recompensa en el cielo. Cristo los reconocerá delante de su Padre y de los santos ángeles.
En primer lugar, Moisés era un hombre de profunda integridad y de fidelidad comprobada: «Él es fiel en toda mi casa». Esto se menciona primero porque la gracia es superior a los dones. El amor es superior al conocimiento, y servir a Dios con honestidad honra más a una persona que el aprendizaje, las teorías profundas o la capacidad de hablar muchos idiomas. Esta es la característica de Moisés que el apóstol toma en cuenta al mostrar que Cristo es superior a él. Moisés fue fiel solo como siervo, pero Cristo es fiel como Hijo (Hebreos 3:2, Hebreos 3:5-6). Dios confió a Moisés la tarea de comunicar su mensaje a Israel, e Israel confió en él para que hablara con Dios en su nombre. Moisés fue fiel a ambos lados. En esa gran tarea, habló y actuó como un hombre honesto y bueno, cuyo único objetivo era la gloria de Dios y el bien de Israel.
En segundo lugar, Moisés recibió revelaciones más claras de la voluntad de Dios y disfrutó de una comunión más cercana con él que cualquier otro profeta. Escuchó de Dios más que cualquier otra persona, y también con mayor claridad: «Con él hablo boca a boca», o cara a cara (Éxodo 30:11), como un amigo habla libremente con otro. No quedó sumido en el temor y la confusión que a veces experimentaron otros profetas, como Ezequiel y Juan cuando Dios les habló. Por medio de otros profetas, Dios envió advertencias y promesas, que a menudo se comunicaban mediante enigmas, símbolos, figuras y parábolas. Pero por medio de Moisés dio leyes y ordenanzas sagradas, y estas debían expresarse de manera clara y directa.
Moisés también vio más de Dios que cualquier otro profeta. Vio «la semejanza del SEÑOR», como la había visto en Horeb, cuando Dios proclamó su nombre delante de él. Sin embargo, aquello era solamente una semejanza. Los ángeles y los santos glorificados contemplan siempre el rostro de nuestro Padre. Moisés recibió un don especial de profecía que lo colocó por encima de todos los demás profetas; aun así, la persona más pequeña en el reino de los cielos es superior a él. Y nuestro Señor Jesús es incomparablemente superior (Hebreos 3:1 y siguientes).
María y Aarón debían pensar con cuidado en contra de quién habían hablado. Dios les preguntó si no habían tenido temor de hablar contra su siervo Moisés. La forma original de la expresión lo enfatiza aún más: «contra mi siervo, contra Moisés». No tenían ninguna razón para hablar mal de uno de los siervos de Dios, especialmente de alguien como Moisés, que era su amigo, un hombre de confianza y un administrador en su casa. Tampoco debían causar dolor y vergüenza a un hombre a quien Dios había elogiado de manera tan extraordinaria. Debían haber entendido que Dios consideraría ese insulto como un insulto contra él mismo.
Tenemos toda razón para temer decir o hacer algo contra los siervos de Dios. Es peligroso hacerlo, porque Dios los defenderá y considerará lo que les causa daño como un daño contra la niña de sus ojos. Es algo muy serio ofender a los pequeños de Cristo (Mateo 18:6). Son verdaderamente atrevidos en su maldad quienes no temen hablar mal de las autoridades y de los dignatarios (2 Pedro 2:10).
Después de mostrarles su culpa y su necedad, Dios también les manifestó su desagrado (Números 12:9). La ira del SEÑOR ardió contra ellos, y quizá hubo señales visibles de ella, tal vez porque la nube cambió de color o porque aparecieron relámpagos. Pero la señal más clara fue que Dios se retiró y ni siquiera quiso escuchar su explicación. No necesitaba oírla, pues ya conocía desde lejos sus pensamientos. De ese modo dejó claro que estaba ofendido. La retirada de la presencia de Dios es la señal más segura y triste de su desagrado hacia nosotros. ¡Ay de nosotros si él se aparta! Él nunca nos abandona hasta que nuestro propio pecado y nuestra necedad lo alejan.
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De este capítulo
Números 12:1
"María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer etíope con quien él se había casado, porque se había casado con una mujer etíope."
Números 12:2
"Y dijeron: «¿Acaso el SEÑOR ha hablado solamente por medio de Moisés? ¿No ha hablado también por medio de nosotros?». Y el SEÑOR lo oyó."
Números 12:3
"(Moisés era un hombre muy humilde, más que todos los hombres que había sobre la faz de la tierra)."
Números 12:5
"El SEÑOR descendió en la columna de nube, se detuvo a la entrada de la tienda y llamó a Aarón y a María. Ambos se acercaron."
Números 12:6
"Y dijo: Escuchen ahora mis palabras: Si hay entre ustedes un profeta, yo, el SEÑOR, me daré a conocer a él en una visión y le hablaré en un sueño."
Números 12:7
"No sucede así con mi siervo Moisés, quien es fiel en toda mi casa."
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