Versículo destacado
Números 11:31 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces salió del SEÑOR un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer junto al campamento, como a un día de camino de un lado y a un día de camino del otro lado, alrededor del campamento, y como a dos codos de altura sobre la superficie de la tierra. "
Números 11:31
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
29 Moisés le dijo: «¿Sientes celos por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del SEÑOR fuera profeta y el SEÑOR pusiera su espíritu sobre ellos!»
30 Luego Moisés regresó al campamento, él y los ancianos de Israel.
31 Entonces salió del SEÑOR un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer junto al campamento, como a un día de camino de un lado y a un día de camino del otro lado, alrededor del campamento, y como a dos codos de altura sobre la superficie de la tierra.
32 El pueblo estuvo levantado todo aquel día, toda aquella noche y todo el día siguiente, y recogió las codornices. El que menos recogió juntó diez hómeres, y las extendieron para sí alrededor del campamento.
33 Mientras la carne todavía estaba entre sus dientes, antes de que fuera masticada, la ira del SEÑOR se encendió contra el pueblo, y el SEÑOR hirió al pueblo con una plaga muy grande.
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Dios ya había cumplido su promesa a Moisés al darle ayudantes para gobernar al pueblo. De esa manera, mostró su poder sobre el corazón humano por medio de su Espíritu. Aquí cumple su promesa al pueblo al darles carne, y con ello demuestra su poder sobre las criaturas inferiores y su dominio sobre toda la naturaleza.
Observemos primero la gran abundancia de carne que recibió el pueblo. Un viento —un viento del sureste, según Salmo 78:26— trajo codornices (Números 11:31). No se sabe con certeza qué clase de animales eran. El salmista las llama aves con plumas, o aves con alas. El obispo Patrick se inclina por la opinión de algunos escritores posteriores, quienes creen que eran langostas, un alimento sabroso y conocido en esa región, especialmente porque llegaron con el viento, quedaron amontonadas y podían secarse al sol para usarlas después.
Fueran lo que fueran, cumplieron el propósito de Dios. Proporcionaron a Israel un banquete que duró un mes y mostraron cuán generoso era Dios con su pueblo obstinado. Las langostas, que habían sido una plaga en el fértil Egipto porque devoraban las cosechas, se convirtieron en una bendición en el desierto árido porque el pueblo podía comerlas.
En segundo lugar, observemos cuánto deseaba el pueblo aquella carne. Corrieron a recogerla con un apetito insaciable, ignorando la advertencia que Dios había dado por medio de Moisés: les haría daño y traería castigo (Números 11:32). Durante dos días y una noche siguieron recogiendo carne, hasta que cada jefe de familia había llevado a su casa por lo menos diez homers, es decir, aproximadamente diez cargas de burro.
David una vez deseó beber agua del pozo de Belén, pero cuando la obtuvo no quiso beberla, porque había sido conseguida mediante un esfuerzo peligroso. Los israelitas tenían aún más razones para rechazar aquella carne, porque la habían obtenido al quejarse, y Moisés había dejado claro que se les daba como consecuencia de la ira de Dios. Pero quienes están dominados por deseos pecaminosos siguen adelante para satisfacerlos, aun cuando hacerlo les traiga un daño seguro y arruine su alma.
En tercer lugar, observemos el alto precio que pagaron por su banquete cuando llegó el momento de enfrentar las consecuencias. El Señor los hirió con una plaga muy severa (Números 11:33), probablemente una enfermedad física causada por comer en exceso, que mató a muchos de ellos, quizá especialmente a los líderes de la rebelión.
A menudo, Dios les concede a sus propios hijos lo que piden como una expresión de amor. Él les concedió su petición, pero envió debilidad a sus almas, como dice Salmo 106:15. A pesar de todo lo que se les había dicho, todavía no habían abandonado sus deseos. Así que, mientras la carne aún estaba en su boca, la ira de Dios cayó sobre ellos, como dicen Salmo 78:30-31. Lo que deseamos demasiado, si llegamos a obtenerlo, probablemente se convertirá de alguna manera en tristeza y carga para nosotros.
Dios primero los sació y después los castigó por dos razones. Primero, para proteger el honor de su propio poder, de modo que nadie pudiera decir que no logró destruirlos porque le faltaba poder para proveerles alimento. Segundo, para mostrarnos que, para los pecadores, la prosperidad a menudo prepara el camino hacia la ruina. Son alimentados como un buey que se prepara para el matadero.
Finalmente, el recuerdo de este acontecimiento quedó en el nombre que recibió aquel lugar (Números 11:34). Moisés lo llamó Kibrot-hataava, que significa “tumbas del deseo” o “tumbas de la codicia”. Habría sido bueno que aquellas tumbas de los deseos de Israel también se hubieran convertido en el lugar donde fueran enterrados sus deseos pecaminosos. Esa advertencia debía producir ese efecto, pero no lo produjo. Como dice Salmo 78:32, aun después de todo esto siguieron pecando.
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De este capítulo
Números 11:1
"Cuando el pueblo se quejó, esto desagradó al SEÑOR; el SEÑOR lo oyó, y su ira se encendió. Entonces el fuego del SEÑOR ardió entre ellos y consumió a los que estaban en los extremos del campamento."
Números 11:2
"El pueblo clamó a Moisés, y cuando Moisés oró al SEÑOR, el fuego se apagó."
Números 11:3
"Y llamó aquel lugar Tabera, porque el fuego del SEÑOR ardió entre ellos."
Números 11:4
"La multitud mezclada que estaba entre ellos sintió un intenso deseo; también los hijos de Israel volvieron a llorar y dijeron: «¿Quién nos dará carne para comer?»"
Números 11:5
"Recordamos el pescado que comíamos gratuitamente en Egipto, los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos."
Números 11:6
"Pero ahora nuestra alma está reseca; no hay absolutamente nada ante nuestros ojos, aparte de este maná."
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