Versículo destacado
Nehemías 8:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El segundo día, los jefes de las familias paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron con el escriba Esdras para entender las palabras de la ley. "
Nehemías 8:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 Los levitas calmaban a todo el pueblo diciendo: «Guarden silencio, porque el día es santo. No se aflijan».
12 Todo el pueblo se fue a comer, a beber, a enviar porciones y a celebrar con gran alegría, porque habían entendido las palabras que les habían declarado.
13 El segundo día, los jefes de las familias paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron con el escriba Esdras para entender las palabras de la ley.
14 Encontraron escrito en la ley que el SEÑOR había mandado por medio de Moisés que los hijos de Israel habitaran en enramadas durante la fiesta del séptimo mes.
15 Y que debían publicar y proclamar en todas sus ciudades y en Jerusalén: «Salgan al monte y traigan ramas de olivo, ramas de pino, ramas de mirto, ramas de palmera y ramas de árboles frondosos, para hacer enramadas, como está escrito».
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Aquí vemos, en primer lugar, la renovada atención del pueblo a la palabra de Dios. Ya habían pasado la mayor parte de un día orando y escuchando, pero no se habían cansado de aquella reunión santa. Al día siguiente, aunque no era un día de fiesta, los líderes del pueblo volvieron a reunirse para escuchar a Esdras explicar la ley (Nehemías 8:13). Encontraban en ello más satisfacción y provecho que en cualquier placer o ganancia de este mundo.
Cuanto más tiempo pasemos con la palabra de Dios, más deberíamos desear conocerla. Si la entendemos correctamente y permitimos que nos transforme, anhelaremos volver a ella una y otra vez, diciendo: «¡Cuán dulces son tus palabras a mi paladar!». Quienes conocen bien las Escrituras seguirán deseando conocerlas mejor. Aquí los sacerdotes y los levitas acudieron con los líderes a Esdras, el maestro capacitado, para entender las palabras de la ley o, como se indica en la nota marginal, para poder enseñarlas. Fueron a aprender por sí mismos, a fin de estar preparados para enseñar a los demás.
Observemos dos cosas. Al principio, la humildad de Esdras los había colocado a su lado como maestros compañeros (Nehemías 8:4, 7). Pero, después de ser puestos a prueba, reconocieron con mayor claridad su propia debilidad y la capacidad de Esdras. Por eso, en el segundo día, su humildad los llevó a ponerse a los pies de Esdras como aprendices. Quienes enseñan a otros primero deben recibir instrucción. Los sacerdotes y los levitas deben ser enseñados antes de enseñar.
En segundo lugar, vemos la pronta obediencia del pueblo a la palabra en un caso concreto: tan pronto entendieron cuál era su deber, lo cumplieron. Es probable que Esdras, usando la sabiduría de Dios que estaba en sus manos (Esdras 7:25), les leyera las leyes relacionadas con las fiestas de ese mes, especialmente la Fiesta de los Tabernáculos (Levítico 23:34; Deuteronomio 16:13). Los ministros deben predicar lo que es verdadero y bueno, pero también lo que es oportuno, mostrando a las personas el deber que corresponde a cada momento.
Entonces repasaron el mandato de Dios acerca de la Fiesta de los Tabernáculos (Nehemías 8:14, 15). Lo encontraron escrito en la ley. Quienes examinan cuidadosamente las Escrituras descubren en ellas muchas cosas que habían olvidado o a las que nunca les habían prestado suficiente atención. Esta fiesta recordaba la manera en que Israel había vivido en tiendas durante el desierto. También representaba nuestra vida en este mundo, donde no tenemos una morada permanente, y señalaba de antemano el gozo santo de la iglesia del evangelio. La conversión de las naciones a Cristo se anuncia bajo la imagen de esta fiesta (Zacarías 14:16). Ellas vendrían a celebrar la Fiesta de los Tabernáculos, porque tampoco tienen aquí una ciudad permanente.
La fiesta debía anunciarse en todas sus ciudades. El pueblo debía recoger por sí mismo ramas de los árboles, y quienes vivían en Jerusalén debían traerlas del monte de los Olivos. Con ellas debían construir cabañas o refugios, vivir allí mientras el clima lo permitiera y alegrarse durante la fiesta.
Obedecieron fielmente este mandato (Nehemías 8:16, 17). Leemos y escuchamos correctamente la palabra solo cuando hacemos lo que dice, especialmente cuando vuelve a despertar un deber que había sido descuidado. Se sentaron en cabañas. Los sacerdotes y los levitas las levantaron en los patios del templo. Quienes tenían casas construyeron cabañas en sus azoteas o en sus patios, y quienes no contaban con ese espacio las levantaron en las calles. Esta fiesta ya se había celebrado antes (2 Crónicas 5:3; Esdras 3:4), pero nunca con tanta solemnidad desde los días de Josué, cuando el pueblo se había establecido por primera vez en Canaán, como ahora se había establecido nuevamente.
Una persona ama demasiado su casa si no puede dejarla por un tiempo para obedecer el mandato de Dios o someterse a su providencia. Pero ellos no solo cumplieron la ceremonia externa; también guardaron su sentido espiritual, pues de otro modo la ceremonia habría significado muy poco. Lo hicieron con alegría, con gran alegría, regocijándose en Dios y en su bondad para con ellos. Todas las fiestas santas, y esta en particular, debían celebrarse con gozo. Eso honraría a Dios y los fortalecería para servirle.
También continuaron escuchando la lectura y la explicación de la palabra de Dios durante todos los días de la fiesta (Nehemías 8:18). Aprovecharon bien su tiempo libre. Ninguna hora disponible se emplea mejor que en estudiar las Escrituras y hablar acerca de ellas. En la Fiesta de los Tabernáculos, Dios había ordenado que la ley se leyera cada siete años. No se nos dice si ese era precisamente el año de la liberación en que debía hacerse aquella lectura (Deuteronomio 31:10, 11). Aun así, dedicaron todos los días de la fiesta a esa buena tarea, y el octavo día celebraron una asamblea solemne, tal como Dios lo había mandado, dando fin a la fiesta el día veintidós del mes.
Sin embargo, no se detuvieron allí, porque el día veinticuatro fue apartado para el ayuno y la oración. El gozo santo no debe impedirnos experimentar una tristeza conforme a Dios, así como la tristeza conforme a Dios tampoco debe impedirnos vivir con gozo santo.
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De este capítulo
Nehemías 8:1
"Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la calle que estaba delante de la puerta de las Aguas, y le pidieron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés, que el SEÑOR había mandado a Israel."
Nehemías 8:2
"El primer día del séptimo mes, el sacerdote Esdras llevó la ley ante la congregación de hombres y mujeres, y de todos los que podían escuchar con entendimiento."
Nehemías 8:3
"La leyó en la calle que estaba delante de la puerta de las Aguas, desde la mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley."
Nehemías 8:4
"El escriba Esdras estaba de pie sobre una plataforma de madera que habían hecho para ese propósito. A su derecha estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías; y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam."
Nehemías 8:5
"Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo; (pues estaba por encima de todo el pueblo;) y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie."
Nehemías 8:6
"Esdras bendijo al SEÑOR, el gran Dios. Todo el pueblo respondió: «Amén, amén», mientras levantaba las manos. Luego inclinaron la cabeza y adoraron al SEÑOR con el rostro hacia el suelo."
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