Versículo destacado

Nehemías 13:15 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban uvas en los lagares durante el sábado, llevaban gavillas y cargaban burros con vino, uvas, higos y toda clase de cargas, las cuales llevaban a Jerusalén en sábado. Los amonesté el día en que vendían alimentos. "

Nehemías 13:15

menu_book El versículo en contexto

13 Puse a cargo de los almacenes al sacerdote Selemías, al escriba Sadoc y a Pedaías, uno de los levitas. Junto a ellos estaba Hanán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque eran considerados fieles, y su función era distribuir las porciones entre sus hermanos.

14 Acuérdate de mí, Dios mío, por esto, y no borres las buenas obras que he hecho por la casa de mi Dios y por sus servicios.

15 En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban uvas en los lagares durante el sábado, llevaban gavillas y cargaban burros con vino, uvas, higos y toda clase de cargas, las cuales llevaban a Jerusalén en sábado. Los amonesté el día en que vendían alimentos.

16 También vivían allí hombres de Tiro que llevaban pescado y toda clase de mercancías, y los vendían en sábado a los hijos de Judá y en Jerusalén.

17 Entonces reprendí a los nobles de Judá y les dije: «¿Qué maldad es esta que hacen, profanando el día de reposo?».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Este es otro ejemplo de la bendita reforma que Nehemías dirigió. Restauró la observancia correcta del sábado y sostuvo la autoridad del cuarto mandamiento. Esta fue una obra muy buena para la casa de Dios y su servicio, porque cuando se ignora el tiempo santo y se lo trata con ligereza, no sorprende que también se descuiden todos los deberes santos.

Primero, expuso el abuso. La ley del sábado era estricta y se recalcaba con frecuencia, y con razón, porque la religión nunca ocupa el primer lugar cuando se pisotean los sábados. Sin embargo, Nehemías descubrió que incluso en Judá, entre el pueblo al que se le había dado el sábado como señal, esta ley se estaba quebrantando gravemente. Sus propios ojos le dieron la evidencia. Los gobernantes que quieren cumplir bien con su deber deben, en la medida de lo posible, ver las cosas por sí mismos y examinar con cuidado lo malo.

Para su gran tristeza, descubrió que el sábado estaba siendo profanado en todas partes, incluso en Jerusalén, la ciudad santa que recientemente había sido dedicada a Dios. Los agricultores pisaban sus lagares y llevaban grano ese día (Nehemías 13:15), aunque Dios había ordenado claramente que durante la época de arar y de cosechar debían descansar los sábados (Éxodo 34:21). Probablemente pensaban que tenían más libertad durante las temporadas de mucho trabajo y que Dios los excusaría. Los que transportaban cargas cargaban sus burros con toda clase de cosas y no le daban importancia, aunque la ley también exigía que los animales descansaran (Deuteronomio 5:14) y prohibía llevar cargas en sábado (Jeremías 17:21).

Luego, los comerciantes y vendedores, hombres de Tiro, aquella conocida ciudad comercial, vendían toda clase de productos el sábado (Nehemías 13:16). El pueblo de Judá y de Jerusalén tenía tan poca gracia que les compraba y los animaba a convertir el día del Señor en un día de mercado, en contra del cuarto mandamiento, que prohíbe hacer cualquier clase de trabajo. No es de extrañar que la religión decayera y que la conducta moral se corrompiera entre ellos cuando abandonaron el santuario y profanaron el sábado.

Después, Nehemías se dispuso a corregir el abuso. A quienes se preocupan por el honor de Dios les resulta insoportable ver que se deshonra su sábado. Observemos cuán sabiamente actuó en su celo por el sábado. Primero reprendió a quienes lo estaban profanando, tanto aquí como nuevamente en Nehemías 13:21. Hizo más que expresar su propio rechazo. Trabajó para convencerlos de que era un pecado grave y les mostró lo que la Palabra de Dios decía en contra de ello. No quiso castigarlos hasta haberles dejado claro primero cuál era la maldad.

También razonó con los gobernantes y llamó a cuentas a los nobles de Judá, enfrentándolos (Nehemías 13:17). Los grandes no están por encima de la corrección de quienes tienen el deber de reprenderlos. De hecho, deberían ser corregidos primero, por la influencia que tienen sobre los demás. Nehemías les preguntó qué clase de maldad era aquella que estaban cometiendo. Tal vez ellos mismos no llevaban grano ni vendían pescado, pero permitían que otros lo hicieran y no usaban su autoridad para detenerlos. De ese modo se hicieron culpables, como sucede con los gobernantes cuando llevan la espada en vano. También daban un mal ejemplo en otros asuntos. Si los nobles se permitían practicar deportes, recrearse, hacer visitas innecesarias o participar en conversaciones ociosas durante el sábado, entonces la gente de negocios de la ciudad y del campo se sentiría libre de profanarlo con trabajo secular, pues eso parecería más aceptable. Debemos responder por los pecados a los que otros son conducidos por nuestro ejemplo.

También les hizo ver que esto era una maldad porque provenía de un profundo desprecio por Dios y por sus propias almas. Luego razonó con ellos a partir de la historia y de las Escrituras (Nehemías 13:18). Les mostró que quebrantar el sábado era uno de los pecados por los que Dios ya había traído juicio sobre ellos. Si no aprendían de esa advertencia y volvían a cometer los mismos pecados, tenían buenas razones para esperar más juicio. Les dijo, en esencia, que al profanar el sábado estaban provocando aún más ira contra Israel. Esdras había razonado de la misma manera: si volvían a quebrantar los mandamientos de Dios, ¿no se enojaría Él con ellos hasta destruirlos? (Esdras 9:14).

Después trabajó para evitar que el sábado siguiera siendo profanado, porque buscaba la reforma y no el castigo. Si podía corregirlos, no los castigaría. Y si los castigaba, lo hacía únicamente para reformarlos. Esto les da a los gobernantes un modelo: deben ser firmes y sabios, usando la moderación antes de verse obligados a usar la fuerza.

Ordenó que las puertas de Jerusalén permanecieran cerradas desde la tarde anterior al sábado hasta la mañana siguiente, y puso en las puertas a algunos de sus propios servidores, hombres en quienes confiaba por su cuidado, valentía y honestidad (Nehemías 13:19). Su tarea era impedir que se introdujeran cargas durante el sábado, o tarde la noche anterior o temprano la mañana siguiente, para que el tiempo del sábado no se acortara. Sin duda, se permitía el paso a quienes entraban para adorar en los atrios del templo, pero no a quienes llegaban a vender mercancías. Los comerciantes se vieron obligados a quedarse fuera de la ciudad (Nehemías 13:20), donde seguramente deseaban que el sábado terminara pronto para poder vender su grano.

También advirtió a quienes llegaban con mercancías y presionaban para entrar por las puertas. Les dijo que, si volvían, les echaría mano (Nehemías 13:21). Esa advertencia hizo que no regresaran. Si quienes buscan reformar una situación son firmes, pueden lograr mucho más contra los malos hábitos de lo que imaginan. El pecado que simplemente se tolera se vuelve atrevido y no hace caso de los consejos ni de las reprensiones. Pero puede atemorizarse cuando los gobernantes se convierten en terror para el mal. El rey que se sienta en el trono del juicio dispersa todo mal con su mirada.

Luego encargó a los levitas, los servidores del templo pertenecientes a la tribu de Leví, que ayudaran a mantener santo el sábado. Les dijo que primero se purificaran, para que dieran un buen ejemplo al pueblo, y que algunos de ellos vigilaran las puertas (Nehemías 13:22). Como Nehemías y sus servidores pronto tendrían que regresar a la corte real, dejó esta responsabilidad en manos de hombres que podían permanecer allí, para que el sábado fuera honrado no solo mientras él estuviera presente, sino también después de su partida. Una reforma como esta tiene más probabilidades de durar cuando los gobernantes y los ministros trabajan juntos.

El valor, el celo y la sabiduría de Nehemías en este asunto están registrados para que los imitemos. Tenemos buenas razones para pensar que el cambio que produjo fue duradero, porque en el tiempo de nuestro Salvador los judíos habían llegado al extremo opuesto y se habían vuelto excesivamente estrictos respecto al aspecto ceremonial de la observancia del sábado. Nehemías cierra esta sección con una oración (Nehemías 13:22). Su petición es sencilla: «Acuérdate de mí», como dijo el ladrón en la cruz: «Señor, acuérdate de mí». Eso es suficiente. Los pensamientos de Dios hacia nosotros son muy preciosos (Salmo 40:5). Nehemías añade: «Ten compasión de mí».

Está tan lejos de pensar que lo que ha hecho merece una recompensa por estricta justicia, que le suplica a Dios que tenga compasión de él. Esto se parece a las oraciones de Jeremías: «No me lleves en el tiempo de tu paciencia» (Jeremías 15:15), «No me corrijas con ira» (Jeremías 10:24) y «No seas para mí un motivo de terror» (Jeremías 17:17). Aun los mejores creyentes, cuando hacen todo lo posible, siguen necesitando una misericordia que retenga el castigo, porque nadie es justo ni hace el bien sin pecar.

La razón que presenta es esta: «Conforme a la grandeza, o abundancia, de tus misericordias». Cuando nos presentamos ante Dios, debemos depender de su misericordia y no de ningún mérito propio.

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