Versículo destacado
Marcos 15:42 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando ya había llegado la tarde, puesto que era la Preparación, es decir, el día anterior al sábado, "
Marcos 15:42
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
40 También había mujeres mirando desde lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María, la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé.
41 (Las cuales también, cuando él estaba en Galilea, lo seguían y le servían;) y muchas otras mujeres que habían subido con él a Jerusalén.
42 Cuando ya había llegado la tarde, puesto que era la Preparación, es decir, el día anterior al sábado,
43 José de Arimatea, miembro honorable del consejo, que también esperaba el reino de Dios, vino, entró con valentía ante Pilato y pidió el cuerpo de Jesús.
44 Pilato se sorprendió ante la posibilidad de que ya estuviera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si llevaba algún tiempo muerto.
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Estamos aquí en el funeral de nuestro Señor Jesús, un funeral solemne y triste. Que, por la gracia de Dios, podamos participar de la semejanza de su muerte. Observemos primero cómo se solicitó el cuerpo de Cristo. Como los cuerpos de los criminales, estaba bajo el control del gobierno. Quienes lo llevaron apresuradamente a la cruz pretendían que fuera sepultado entre los malvados, pero Dios había determinado que estaría con los ricos (Isaías 53:9), y así sucedió.
Se nos dice cuándo se solicitó su cuerpo para sepultarlo y por qué el entierro debía hacerse rápidamente. Ya había llegado la tarde y era el día de la Preparación, es decir, el día anterior al sábado (Marcos 15:42). Los judíos eran más estrictos con el sábado que con cualquier otra fiesta. Por eso, aunque este ya era un día festivo, lo trataban con especial cuidado porque era la víspera del sábado, cuando preparaban sus casas y sus comidas para disfrutar el sábado. El día anterior al sábado también debía ser un día de preparación para el sábado, no principalmente para nuestras casas y mesas, sino para nuestros corazones. Debemos, en la medida de lo posible, dejar a un lado las preocupaciones del mundo y preparar nuestro corazón para el servicio y el gozo de Dios.
En el sábado debían realizarse obras importantes y recibirse grandes bendiciones; por eso era sabio prepararse para él desde el día anterior. De hecho, toda la semana debería organizarse aprovechando bien el sábado anterior y preparándonos para el siguiente. También se nos dice quién pidió el cuerpo y se encargó de sepultarlo: José de Arimatea, llamado aquí un consejero respetado (Marcos 15:43). Era un hombre de posición y de confianza pública, probablemente miembro del alto consejo judío, el Sanedrín o el consejo del sumo sacerdote. Como consejero, se comportaba de una manera digna de su cargo. El verdadero honor pertenece a quienes tienen autoridad, cumplen con su deber y viven de acuerdo con la posición que ocupan.
Pero hay una descripción de él todavía más admirable. Estaba esperando el reino de Dios, es decir, el reino de la gracia en la tierra, el reino de la gloria en el cielo y el reino del Mesías. Quienes esperan el reino de Dios y tienen la esperanza de participar de sus bendiciones deben demostrarlo defendiendo la causa de Cristo, aun cuando parezca derrotada y oprimida. Incluso entre los líderes respetados había por lo menos uno que esperaba el reino de Dios, y su fe condenaría la incredulidad de los demás. Dios lo levantó para realizar esta tarea necesaria cuando ninguno de los discípulos de Cristo tenía los medios, la influencia o el valor para hacerlo.
José fue valientemente a ver a Pilato. Sabía que esto ofendería a los principales sacerdotes, quienes ya habían cubierto de vergüenza a Jesús, pero cobró ánimo y actuó. Tal vez al principio tuvo algo de miedo, pero se armó de valor y decidió honrar los restos del Señor Jesús, sin importar el costo. Pilato se sorprendió al enterarse de que Jesús había muerto, especialmente porque ya había muerto. Quizá esperaba que Jesús se salvara a sí mismo y bajara de la cruz. Era sorprendente que alguien que parecía tan fuerte hubiera muerto tan pronto. Cada aspecto de la muerte de Cristo fue maravilloso, porque de principio a fin su nombre fue llamado Admirable.
Pilato quizá dudó de que Jesús realmente hubiera muerto, pues temía que alguien retirara de la cruz un cuerpo que todavía estuviera vivo, lo cual iría en contra de la sentencia. Por eso llamó al centurión, su propio oficial, y le preguntó si Jesús llevaba algún tiempo muerto (Marcos 15:44). Quería saber si había pasado suficiente tiempo sin ninguna señal de vida, respiración o movimiento que confirmara que la muerte era real. El centurión podía confirmarlo, porque había observado cuidadosamente cómo Jesús entregó su espíritu (Marcos 15:39). Dios tenía un propósito especial en esto. Pilato examinó el asunto con tanta precisión que después nadie podría afirmar que Jesús había sido sepultado vivo y que simplemente se había recuperado, lo cual debilitaría la verdad de la resurrección. El asunto quedó tan completamente establecido que esa objeción nunca llegó a surgir realmente. A veces, la verdad de Cristo queda confirmada incluso por sus enemigos.
En segundo lugar, vemos cómo fue sepultado el cuerpo de Cristo. Pilato le dio permiso a José para bajar el cuerpo y hacer con él lo que quisiera. Resulta sorprendente que los principales sacerdotes no se hubieran adelantado a Pilato ni hubieran pedido primero el cuerpo para avergonzarlo públicamente. Pero Dios refrenó el resto de su ira y concedió este regalo invaluable a José, quien conocía su valor. Los sacerdotes estaban tan influenciados que no se lo impidieron. Como dice el refrán, solo les importaba que Jesús no volviera a levantarse, siempre y cuando no fuera revivido.
José compró una sábana fina para envolver el cuerpo, aunque en un caso así una sábana vieja podría haber parecido suficiente. Cuando honramos a Cristo, debemos ser generosos y darle lo mejor que podamos, no solamente lo que sea más fácil conseguir. Bajó el cuerpo, desgarrado y golpeado como estaba, y lo envolvió en la sábana como algo de gran valor. Nuestro Señor Jesús se ha entregado sacramentalmente a nosotros en la Cena del Señor, y debemos recibir esa ordenanza de una manera que demuestre nuestro amor por él, quien nos amó y murió por nosotros.
José colocó el cuerpo en su propio sepulcro, en un lugar privado. En la historia de los reyes de Judá, a menudo se consideraba vergonzoso que los reyes malvados no fueran sepultados en las tumbas de los reyes. Nuestro Señor Jesús, aunque no hizo ningún mal sino mucho bien, y aunque se le había dado el trono de su padre David, fue sepultado en las tumbas de la gente común. Su descanso sería glorioso, pero no en este mundo, sino en el venidero. El sepulcro pertenecía a José. Abraham, aun cuando no tenía ninguna otra propiedad en Canaán, al menos tenía un lugar para sepultar a sus muertos; pero Cristo ni siquiera tenía eso. El sepulcro había sido excavado en la roca, porque Cristo murió para hacer de la tumba un refugio y un lugar seguro para los creyentes. Como había sido tallado en la roca, era un refugio firme. «¡Ah, si me escondieras en el sepulcro!». Cristo mismo es un escondite para su pueblo, como la sombra de una gran roca.
José hizo rodar una piedra frente a la entrada del sepulcro, como acostumbraban hacer los judíos al enterrar a los muertos. Cuando Daniel fue echado en el foso de los leones, colocaron una piedra sobre la abertura para mantenerlo dentro, así como aquí pusieron una piedra en la entrada del sepulcro de Cristo. Pero ninguna de las dos piedras pudo mantener alejados a los ángeles de los prisioneros.
Algunas de las mujeres piadosas estuvieron presentes en el entierro y vieron dónde lo habían colocado, para poder regresar después del sábado y ungir el cuerpo. No pudieron hacerlo en ese momento porque no había tiempo. Cuando Moisés, mediador y legislador de la iglesia judía, fue sepultado, se tuvo cuidado de que nadie supiera dónde estaba su tumba (Deuteronomio 34:6). Esto fue porque el respeto del pueblo por Moisés como hombre debía terminar con él.
Pero cuando fue sepultado nuestro gran Mediador y Legislador, se puso especial atención en su tumba, porque él resucitaría. El cuidado que se tuvo de su cuerpo también señala el cuidado que él mismo tendrá de su cuerpo, la iglesia. Aun cuando la iglesia parezca muerta, como un valle lleno de huesos secos, será preservada para la resurrección. Lo mismo ocurre con los cuerpos de los santos, porque Dios ha hecho un pacto con su polvo: no los olvidará.
Pensar en el entierro de Cristo debería llevarnos a pensar también en nuestro propio entierro. Debería ayudarnos a familiarizarnos con la tumba y hacer más fácil enfrentar ese lecho, ya que pronto tendremos que acostarnos en él, en la oscuridad. Pensar a menudo en la muerte no solo disminuiría nuestro temor de ella, sino que también nos impulsaría a prepararnos. Las tumbas siempre están listas para nosotros; por eso, nosotros debemos estar listos para las tumbas (Job 17:1).
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De este capítulo
Marcos 15:1
"E inmediatamente por la mañana, los principales sacerdotes celebraron una consulta con los ancianos, los escribas y todo el consejo; ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato."
Marcos 15:2
"Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Y él le respondió: «Tú lo dices»."
Marcos 15:3
"Los principales sacerdotes lo acusaban de muchas cosas, pero él no respondió nada."
Marcos 15:4
"Pilato volvió a preguntarle: «¿No respondes nada? Mira cuántas cosas testifican contra ti»."
Marcos 15:5
"Pero Jesús aún no respondió nada, de modo que Pilato se maravilló."
Marcos 15:6
"Ahora bien, en aquella fiesta les soltaba un preso, cualquiera que ellos desearan."
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