Versículo destacado
Marcos 10:46 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Llegaron a Jericó. Cuando él salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el ciego Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. "
Marcos 10:46
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
44 y quien de ustedes quiera ser el primero será siervo de todos.
45 Porque ni siquiera el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida como rescate por muchos.
46 Llegaron a Jericó. Cuando él salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el ciego Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna.
47 Cuando oyó que era Jesús de Nazaret, comenzó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!»
48 Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten misericordia de mí!»
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Esta historia corresponde a la que aparece en Mateo 20:29 y siguientes. Allí se mencionan dos ciegos, pero aquí y en Lucas 18:35 solo se menciona a uno por nombre. Si había dos, ciertamente había uno; y este se destaca porque era un mendigo ciego muy conocido.
Se le llama Bartimeo, que significa «hijo de Timeo». Algunos piensan que ese nombre significa «hijo de un ciego», de modo que quizá era el hijo ciego de un padre ciego. Eso habría hecho más grave su condición y aún más asombrosa su sanidad. También presenta una imagen de la sanidad espiritual que Cristo trae a quienes no solo nacen ciegos en el alma, sino que además proceden de padres espiritualmente ciegos.
Este ciego estaba sentado pidiendo limosna, como lo hacen los mendigos entre nosotros. Quienes no pueden ganarse la vida con su propio trabajo y no tienen otra manera de sostenerse son destinatarios legítimos de nuestra ayuda. Debemos cuidar de ellos de manera especial.
Clamó al Señor Jesús por misericordia: «Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David». La miseria es precisamente aquello que despierta la misericordia. Presentó su triste condición ante la compasión del Hijo de David, el Mesías prometido. Se había profetizado que, cuando viniera el Salvador, «los ojos de los ciegos serán abiertos» (Isaías 35:5). Cuando acudimos a Cristo en busca de ayuda y sanidad, debemos reconocerlo como el Mesías prometido, lleno de misericordia y gracia.
Cristo lo animó a esperar misericordia, porque se detuvo y ordenó que llamaran al hombre. Nunca debemos considerar una pérdida de tiempo detenernos cuando es necesario hacer el bien. Quienes estaban a su alrededor, y que primero habían desanimado al ciego, quizá fueron ahora los que le comunicaron el bondadoso llamado de Cristo: «Ten confianza, levántate, te llama». Y si él te llama, te sanará.
Las invitaciones llenas de gracia que Cristo hace para que acudamos a él son razones poderosas para esperar que nos irá bien si venimos y recibimos lo que buscamos. Que cobren ánimo los culpables, los vacíos, los tentados, los hambrientos y los desnudos, porque él los llama para perdonarlos, suplir sus necesidades, ayudarlos, llenarlos y vestirlos, y para hacer por ellos todo lo que su necesidad requiera.
Entonces el pobre hombre se dirigió a Cristo tan rápido como pudo. Se quitó su manto y fue hacia Jesús (Marcos 10:50). Dejó a un lado todo lo que pudiera hacerlo tropezar, retrasarlo o impedirle acercarse. Todo el que quiera venir a Jesús debe despojarse del manto de la autosuficiencia, renunciar al orgullo en sus propias capacidades y liberarse de todo peso y del pecado que fácilmente lo enreda, como una vestimenta larga (Hebreos 12:1).
El favor específico que pidió fue que sus ojos fueran abiertos, para poder trabajar y ganarse la vida, sin seguir dependiendo de los demás. Es bueno y deseable poder ganarnos nuestro propio pan. Cuando Dios les ha dado a las personas sus miembros y sus sentidos, es vergonzoso que, por pereza o insensatez, se hagan como si fueran ciegas o cojas.
Recibió ese favor y sus ojos fueron abiertos (Marcos 10:52). Marcos añade dos detalles que muestran cómo Cristo convirtió esto en una bendición doble. Primero, le concedió al hombre el honor de atribuir el milagro a su fe: «Tu fe te ha sanado». Era fe en Cristo como el Hijo de David, y fe en su misericordia y poder. No fue su insistencia la que obró, sino su fe; o, más bien, Cristo fue quien puso su fe en acción. La ayuda que recibimos por medio de la fe es la más consoladora.
Segundo, Cristo hizo que la bendición fuera doble para el hombre mismo. Cuando recobró la vista, siguió a Jesús por el camino. Esto mostró que verdaderamente había sido sanado, pues ya no necesitaba que alguien lo guiara. También mostró cuán agradecido estaba por la bondad de Cristo. No basta con acudir a Cristo para recibir sanidad espiritual. Cuando somos sanados, debemos seguir caminando tras él, para honrarlo y continuar aprendiendo de él. Quienes tienen visión espiritual ven tanta belleza en Cristo que se sienten atraídos a correr tras él.
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De este capítulo
Marcos 10:1
"Y se levantó de allí y llegó a las regiones de Judea, al otro lado del Jordán. La gente volvió a reunirse alrededor de él y, como acostumbraba, volvió a enseñarles."
Marcos 10:2
"Se acercaron a él los fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?»"
Marcos 10:3
"Él les respondió: «¿Qué les mandó Moisés?»"
Marcos 10:4
"Ellos dijeron: «Moisés permitió escribir un certificado de divorcio y despedirla»."
Marcos 10:5
"Jesús les respondió: Por la dureza del corazón de ustedes, él les escribió este mandamiento."
Marcos 10:6
"Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer."
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