Versículo destacado
Lucas 8:40 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando Jesús regresó, la gente lo recibió con alegría, porque todos lo estaban esperando. "
Lucas 8:40
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
38 El hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le permitiera estar con él, pero Jesús lo despidió diciendo:
39 «Regresa a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios por ti». Él se fue y proclamó por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús por él.
40 Cuando Jesús regresó, la gente lo recibió con alegría, porque todos lo estaban esperando.
41 Entonces llegó un hombre llamado Jairo, que era dirigente de la sinagoga. Cayó a los pies de Jesús y le rogó que fuera a su casa,
42 porque tenía una sola hija, de unos doce años, que se estaba muriendo. Mientras él iba, la gente lo apretujaba.
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Cristo había sido expulsado por la gente de Gadara. Estaban cansados de él y querían que se fuera. Pero cuando cruzó de nuevo el lago y regresó a Galilea, lo recibieron con alegría, anhelaban su regreso y le dieron la bienvenida de todo corazón (Lucas 8:40). Si algunos no aceptan los regalos que Cristo ofrece, otros sí lo harán. Si la gente de Gadara no quiere ser reunida, todavía hay muchos entre quienes Cristo será honrado.
Cuando Cristo terminó su obra al otro lado del lago, regresó y encontró nuevas tareas esperándolo en el lugar de donde había salido. Quienes se entregan a hacer el bien nunca carecerán de oportunidades. «A los necesitados siempre los tendrán con ustedes». Aquí encontramos dos milagros entrelazados, como también aparecen en Mateo y Marcos: la resurrección de la hija de Jairo y la sanidad de la mujer que padecía una hemorragia, mientras Jesús atravesaba la multitud camino a la casa de Jairo.
Primero, Jairo, un dirigente de la sinagoga, acudió a Cristo en favor de su hijita, que estaba muy enferma y parecía estar a punto de morir. Se acercó con humildad y respeto. Aunque era un dirigente, Jairo cayó a los pies de Jesús, demostrando que reconocía que Jesús estaba por encima de él. Su petición era urgente: le rogó a Jesús que fuera a su casa. Todavía no tenía la misma fe que el centurión, quien le pidió a Jesús que sanara a distancia, pero Cristo aun así fue con él. La fe fuerte es digna de elogio, pero Cristo no rechaza la fe débil. En los hogares donde hay enfermedad y muerte, es una gran bendición tener allí a Cristo.
Mientras Jesús iba de camino, la gente se agolpaba a su alrededor. Algunos sentían curiosidad por verlo, mientras que otros se acercaban porque lo amaban. No debemos quejarnos de una multitud, del apuro ni del ruido mientras estemos cumpliendo con nuestro deber y ayudando a los demás. Fuera de esas circunstancias, las personas sensatas evitarán tanta confusión todo lo que puedan.
Segundo, una mujer que había sufrido una hemorragia acudió a Cristo en secreto. La enfermedad había debilitado su cuerpo y también había agotado su dinero, porque había gastado todo lo que tenía en médicos y solo había empeorado (Lucas 8:43). Como la naturaleza de su enfermedad hacía que no quisiera hablar de ella abiertamente, y como la modestia la mantenía callada, usó la multitud para ocultarse. Mientras más gente hubiera, más escondida pensaba que podría estar. Su fe era fuerte. Creía que, con solo tocar el borde del manto de Jesús, recibiría de él poder para sanar. Veía a Cristo como una fuente tan abundante de misericordia que pensó que podía recibir la sanidad sin llamar su atención. Muchas personas necesitadas son sanadas, ayudadas y salvadas por Cristo mientras están perdidas entre la multitud, sin que nadie más lo note.
Ella sintió de inmediato un cambio en su cuerpo, y su enfermedad quedó sanada al instante (Lucas 8:44). Así como los creyentes disfrutan de una dulce comunión con Cristo, también reciben de él regalos silenciosos que el mundo desconoce. Tienen un alimento que los demás no conocen y un gozo que ningún extraño puede compartir.
Tercero, esta sanidad secreta salió a la luz para honrar tanto al Sanador como a la mujer sanada. Cristo notó que había ocurrido una sanidad: «Alguien me ha tocado, porque sé que de mí ha salido poder» (Lucas 8:46). Quienes han sido sanados por el poder de Cristo deben reconocerlo, porque él lo sabe. No habló como si hubiera quedado debilitado o como si le hubieran hecho una injusticia. Habló con agrado. Se alegraba de que su poder hubiera salido de él para hacer el bien, y no se lo negaba ni siquiera a la persona de menor importancia. Todos podían recibirlo, así como todos reciben la luz y el calor del sol. Y él no tenía menos poder porque de él hubiera salido poder. Cristo es una fuente que desborda.
Entonces la mujer reconoció su situación y la bendición que había recibido. Al ver que no podía permanecer escondida, se acercó y cayó a los pies de Jesús (Lucas 8:47). Debemos recordar que no podemos escondernos de Cristo. Esa verdad debería movernos a derramar nuestro corazón delante de él y mostrarle todo nuestro pecado y toda nuestra aflicción. Ella se acercó temblando, pero su fe la salvó (Lucas 8:48). Puede haber temblor donde todavía existe una fe que salva. Les contó a todos por qué había tocado a Jesús, porque creyó que ese toque la sanaría, y así sucedió. Los que han sido atendidos por el gran Médico deben compartir sus experiencias unos con otros.
Entonces el gran Médico confirmó su sanidad y la despidió con consuelo: «Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz» (Lucas 8:48). Jacob recibió la bendición de Isaac mediante un engaño, pero cuando el engaño salió a la luz, Isaac confirmó la bendición abiertamente. La había obtenido en secreto y de manera engañosa, pero quedó establecida y sellada públicamente. Lo mismo sucedió aquí. Ella había sido sanada, y seguiría sana.
Cuarto, Cristo animó a Jairo a no perder la esperanza, aunque su hija ya había muerto y los mensajeros le dijeron que no molestara más al Maestro. Jesús le dijo: «No tengas miedo; solo cree». Nuestra confianza en Cristo debe ser valiente y estar dispuesta a arriesgar mucho, así como también debe serlo nuestro celo por él. Quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa por Cristo pueden contar con que él hará grandes cosas por ellos, más de lo que pueden pedir o imaginar. Cuando una persona ha muerto, ya no hay lugar para la oración ni para los medios ordinarios. Pero aun entonces, cree, y todo estará bien. Es absurdo llamar a un médico después de la muerte, pero no es absurdo acudir a Cristo después de la muerte.
Quinto, se hicieron los preparativos para devolverle la vida a la niña. Cristo escogió quiénes presenciarían el milagro. Una multitud lo seguía, pero quizá era ruidosa y desordenada. No era apropiado llevar a un grupo tan grande a la casa de una familia respetable, especialmente cuando la familia estaba de luto. Por eso despidió a la multitud. No lo hizo porque temiera que el milagro no resistiera el escrutinio. Ya había resucitado públicamente a Lázaro y al hijo de la viuda. Solo llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan, el grupo de discípulos más cercano e íntimo, junto con los padres. Ellos eran suficientes para presenciar lo ocurrido y después confirmar la verdad.
También hizo salir a los que lloraban. Todos lloraban y lamentaban la muerte de la niña, porque parece que era una hija querida y llena de esperanza, amada no solo por sus padres sino también por los vecinos. Pero Cristo les dijo que no lloraran, porque ella no estaba muerta, sino dormida. Quería decir que, en su caso particular, no había muerto para siempre, sino que pronto volvería a levantarse. Para sus seres queridos sería como si hubiera estado dormida solo unas cuantas horas.
Esta promesa se aplica a todos los que mueren en el Señor. Por eso no debemos lamentarnos por ellos como quienes no tienen esperanza, porque para ellos la muerte es solo un sueño. Es descanso de las duras labores y los problemas de esta vida, y habrá una resurrección: despertarán y se levantarán para recibir la gloria de la vida eterna.
Cristo dijo esto para consolar a los que estaban de duelo, pero ellos se burlaron de él y se rieron. Eran como personas incapaces de apreciar un regalo precioso. También demostraron que no entendían las Escrituras del Antiguo Testamento, pues consideraban absurdo llamar sueño a la muerte. Sin embargo, su maldad terminó sirviendo para bien, porque comprobó el milagro más allá de toda duda. Ellos sabían que la niña estaba muerta y estaban completamente seguros de ello; por tanto, solo el poder divino podía devolverle la vida.
No se nos dice cómo les respondió Cristo, pero pronto mostró lo que quería decir, y espero que eso los llevara al arrepentimiento para que nunca volvieran a reírse de sus palabras. Después sacó a todos de la casa (Lucas 8:54). No eran dignos de presenciar aquel milagro. Como se habían burlado de él en medio de su duelo, también podrían haber encontrado algo de qué burlarse en lo que estaba a punto de hacer, y por eso fueron excluidos con justa razón.
Entonces vino el regreso de la niña a la vida, después de una breve permanencia entre los muertos. Cristo la tomó de la mano, como ayudaríamos a alguien a despertar del sueño, y la llamó: «Niña, levántate» (Lucas 8:55). De esta manera, la mano bondadosa de Cristo acompañó el llamado de su palabra y lo hizo eficaz. Los otros escritores de los Evangelios lo dan a entender, pero aquí se afirma claramente: su espíritu volvió. Su alma regresó para dar vida a su cuerpo.
Esto demuestra claramente que el alma existe y actúa aun cuando está separada del cuerpo, y que por eso es inmortal. La muerte no apaga esta «lámpara del Señor»; solo la retira de su envoltura oscura. Como observó sabiamente Grocio, el alma no es simplemente una combinación o condición del cuerpo, algo que muere junto con él. Es algo que existe por sí mismo y que, después de la muerte, se encuentra en un lugar distinto del cuerpo.
No se nos dice dónde estuvo el alma de la niña durante ese intervalo. Estaba bajo el cuidado del Padre de los espíritus, a quien todas las almas regresan al morir. Cuando su espíritu volvió, ella se levantó y demostró que estaba viva al moverse. También lo demostró por su hambre, pues Cristo les dijo que le dieran algo de comer. Los bebés recién nacidos necesitan leche, y quienes acaban de recibir vida necesitan alimento espiritual para poder crecer.
No debería sorprendernos que sus padres quedaran asombrados. Pero si solo ellos se asombraron, y no los demás que se habían burlado de Cristo, no podemos sino maravillarnos ante la dureza de sus corazones. Tal vez esa fue una de las razones por las que Cristo no permitió que esto se difundiera ampliamente, además de su propia humildad.
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De este capítulo
Lucas 8:1
"Después de esto, él recorría cada ciudad y aldea, predicando y anunciando las buenas noticias del reino de Dios; y los doce estaban con él,"
Lucas 8:2
"y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de quien habían salido siete demonios;"
Lucas 8:3
"Juana, esposa de Chuza, administrador de Herodes; Susana y muchas otras, que le servían con sus bienes."
Lucas 8:4
"Cuando se reunió una gran multitud y acudieron a él de cada ciudad, habló por medio de una parábola:"
Lucas 8:5
"Un sembrador salió a sembrar su semilla. Mientras sembraba, una parte cayó junto al camino; fue pisoteada, y las aves del cielo se la comieron."
Lucas 8:6
"Otra parte cayó sobre una roca y, tan pronto como brotó, se secó porque no tenía humedad."
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