Versículo destacado
Levítico 23:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Estas son las fiestas del SEÑOR, las santas convocaciones que ustedes proclamarán en sus tiempos señalados. "
Levítico 23:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Habla a los hijos de Israel y diles: En cuanto a las fiestas del SEÑOR, que ustedes proclamarán como santas convocaciones, estas son mis fiestas.
3 Durante seis días se hará el trabajo, pero el séptimo día es sábado de descanso, una santa convocación. No harán ningún trabajo en él; es el sábado del SEÑOR en todos los lugares donde habiten.
4 Estas son las fiestas del SEÑOR, las santas convocaciones que ustedes proclamarán en sus tiempos señalados.
5 El día catorce del primer mes, al atardecer, es la Pascua del SEÑOR.
6 El día quince de ese mismo mes es la fiesta de los Panes sin Levadura para el SEÑOR; durante siete días deberán comer panes sin levadura.
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Aquí las fiestas vuelven a llamarse las fiestas del SEÑOR, porque él las estableció. La fiesta de Jeroboam, que él inventó por su propia cuenta (1 Reyes 12:33), ofendió a Dios y avergonzó al pueblo. Estas fiestas debían anunciarse en sus tiempos señalados (Levítico 23:4), y las fechas que Dios escogió correspondían a marzo, mayo y septiembre según nuestro calendario actual.
Dios no escogió el invierno, porque en esa época viajar habría sido difícil debido a los días cortos y los caminos lodosos. Tampoco escogió la mitad del verano, porque en aquellas tierras la gente estaba recogiendo las cosechas y las uvas, y no podía dejar fácilmente su trabajo. De esta manera, Dios tomó bondadosamente en cuenta su comodidad al darles sus mandamientos, y al mismo tiempo los llamó a honrarlo con alegría, sin considerar su adoración una carga.
Los tiempos sagrados señalados eran numerosos y se celebraban con frecuencia. Esto tenía el propósito de mantener siempre delante de ellos a Dios y la religión verdadera, y de impedir que cayeran en la adoración de los ídolos de las naciones vecinas. Dios los mantenía ocupados en su servicio para que tuvieran menos tiempo de prestar atención a las tentaciones de sus vecinos idólatras.
La mayoría de estas fiestas también eran ocasiones de alegría. El sábado semanal lo era, al igual que todas las fiestas anuales, excepto el Día de la Expiación, que era un día para hacer las paces con Dios mediante el sacrificio. Así, Dios les enseñaba que los caminos de la sabiduría son agradables y los animaba a servirlo con alegría. Tenían siete días de descanso estricto y convocaciones sagradas: el primero y el séptimo día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, el día de Pentecostés, el día de las trompetas, el primero y el octavo día de la Fiesta de los Tabernáculos, y el Día de la Expiación. Por tanto, había seis días de santa alegría y solo un día de santo dolor. Se nos manda regocijarnos siempre, pero no estar llorando todo el tiempo.
Aquí se repite la ley de la Pascua. Debía celebrarse el día catorce del primer mes, como memoria de su liberación de Egipto y de la salvación especial de sus primogénitos: misericordias que nunca debían olvidar. La fiesta comenzaba con el sacrificio del cordero pascual (Levítico 23:5). Duraba siete días, y durante todo ese tiempo debían comer panes sin levadura (Levítico 23:6). El primero y el último de esos siete días eran días de descanso sagrado y convocaciones sagradas (Levítico 23:7, 8).
No eran días festivos sin propósito, dedicados al entretenimiento, como muchos que se llaman cristianos pasan sus días santos. Se ofrecían sacrificios quemados al SEÑOR en su altar, y podemos suponer razonablemente que también se enseñaba al pueblo a usar ese tiempo para la oración, la alabanza y la reflexión piadosa.
Aquí también se establece la orden de ofrecer una gavilla de las primicias, es decir, el primer manojo de grano, el segundo día de la Fiesta de los Panes sin Levadura. El primer día se llama sábado porque se observaba como sábado (Levítico 23:11), y al día siguiente debía realizarse este acto solemne. Se llevaba al sacerdote una gavilla, o un puñado, de grano nuevo. Él debía levantarla como señal de presentarla al Dios del cielo y mecerla delante del SEÑOR como Señor de toda la tierra. Esto sería aceptado en favor del pueblo como un reconocimiento agradecido de la misericordia de Dios al llenar de grano sus campos, de su dependencia de él y de su deseo de que él lo conservara para su uso. Era a la vez oración y alabanza (Levítico 23:11).
Junto con ella debía ofrecerse un cordero como holocausto (Levítico 23:12). Así como los sacrificios de animales normalmente se presentaban junto con las ofrendas de grano, este sacrificio de grano se unía a un holocausto, para que el pan y la carne pudieran colocarse juntos sobre la mesa de Dios. Se les prohibía comer del grano nuevo hasta que se hubiera presentado esta ofrenda. Si Dios e Israel iban a celebrar un banquete juntos, era justo que Dios fuera servido primero.
Esta ofrenda de las primicias, hecha en nombre de todo el pueblo, apartaba toda la cosecha para ellos y les permitía usar correctamente y con gratitud el resto. Podemos comer nuestro pan con alegría cuando, en cierta medida, hemos cumplido nuestro deber para con Dios y él ha aceptado nuestro trabajo, porque entonces todas nuestras bendiciones quedan limpias para nosotros.
Esta ley se dio en ese momento, aunque no se pondría en práctica sino hasta que entraran en Canaán. En el desierto no sembraban grano, sino que Dios los alimentaba allí con pan del cielo. Eso debió haberlos dispuesto a darle después su porción del pan de la tierra. Cuando entraron en Canaán, el maná dejó de caer precisamente el día en que se ofreció la gavilla de las primicias. El día anterior habían comido del grano de la tierra (Josué 5:11), y ese día ofrecieron las primicias, lo cual también les daba derecho a comer del grano nuevo (Levítico 23:12). Por eso ya no había necesidad del maná.
Esta gavilla de las primicias señalaba de antemano a nuestro Señor Jesús, quien resucitó de entre los muertos como las primicias de los que han muerto (1 Corintios 15:20). Ese Retoño del Señor (Isaías 4:2) fue entonces presentado a Dios a causa del sacrificio de sí mismo, el Cordero de Dios, y fue aceptado en nuestro favor. Es muy significativo que nuestro Señor Jesús resucitara de entre los muertos precisamente el día en que se ofrecían las primicias, mostrando que él era la realidad anunciada por aquella sombra.
Esta ley también nos enseña a honrar al SEÑOR con nuestras riquezas y con lo primero y lo mejor de todo lo que ganamos (Proverbios 3:9). No debían comer del grano nuevo hasta haberle ofrecido a Dios su parte (Levítico 23:14). Nosotros debemos hacer lo mismo en principio: comenzar con Dios, comenzar nuestra vida con él, comenzar cada día con él, comenzar cada comida con él y comenzar con él cada asunto. Busquen primero el reino de Dios.
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De este capítulo
Levítico 23:1
"El SEÑOR habló a Moisés y le dijo:"
Levítico 23:2
"Habla a los hijos de Israel y diles: En cuanto a las fiestas del SEÑOR, que ustedes proclamarán como santas convocaciones, estas son mis fiestas."
Levítico 23:3
"Durante seis días se hará el trabajo, pero el séptimo día es sábado de descanso, una santa convocación. No harán ningún trabajo en él; es el sábado del SEÑOR en todos los lugares donde habiten."
Levítico 23:5
"El día catorce del primer mes, al atardecer, es la Pascua del SEÑOR."
Levítico 23:6
"El día quince de ese mismo mes es la fiesta de los Panes sin Levadura para el SEÑOR; durante siete días deberán comer panes sin levadura."
Levítico 23:7
"El primer día tendrán una santa convocación; no harán en él ningún trabajo servil."
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