Versículo destacado

Levítico 21:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" El SEÑOR dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles: Ninguno se contaminará por un muerto entre su pueblo, "

Levítico 21:1

menu_book El versículo en contexto

1 El SEÑOR dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes, hijos de Aarón, y diles: Ninguno se contaminará por un muerto entre su pueblo,

2 excepto por un pariente cercano a él, es decir, por su madre, por su padre, por su hijo, por su hija o por su hermano;

3 también podrá contaminarse por su hermana virgen, cercana a él, que no haya tenido marido.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Ya se había establecido que los sacerdotes debían enseñar al pueblo las leyes de Dios sobre lo puro y lo impuro (Levítico 10:10, 11). Aquí Dios también exige que los sacerdotes vivan de acuerdo con lo que enseñan. Quienes tienen la responsabilidad de instruir a otros deben respaldar sus palabras con su manera de vivir (1 Timoteo 4:12).

Los sacerdotes debían acercarse a Dios más que el resto del pueblo y trataban más directamente con las cosas santas. Por eso, debían mantenerse más alejados que los demás de todo aquello que los hiciera impuros o rebajara el honor de su sacerdocio. Esto se aplicaba especialmente al duelo por los muertos. Quienes estaban de luto normalmente se acercaban al cadáver y muchas veces lo tocaban. Los judíos decían que incluso estar a unos seis pies de un cadáver hacía que una persona quedara ceremonialmente impura. Números 19:14 declara que cualquiera que entrara en la tienda donde yacía un muerto quedaba impuro durante siete días.

Por esa razón, los sacerdotes no debían colocarse en una situación que les impidiera entrar al santuario durante siete días, excepto cuando se tratara de sus familiares más cercanos (Levítico 21:1-3). Un sacerdote podía llorar la muerte de su padre o madre, de un hijo, de un hermano o de una hermana soltera, y probablemente también la de su esposa, aunque esto último no se especifica aquí. Ezequiel, que era sacerdote, habría llorado la muerte de su esposa si Dios no se lo hubiera prohibido expresamente (Ezequiel 24:17). La autorización de Dios mostraba respeto por el afecto natural y permitía que sus siervos dejaran por un tiempo el servicio público mientras sufrían la pérdida de sus familiares cercanos. Pero esa excepción no podía extenderse más. Su dolor no debía impedirles por mucho tiempo cumplir con el trabajo del santuario.

Este permiso no se extendía a la muerte de ninguna otra persona, ni siquiera, según la interpretación de algunos, a la de un líder importante del pueblo (Levítico 21:4). Tampoco debían contaminarse por la muerte del sumo sacerdote, a menos que este fuera uno de esos familiares cercanos. Aunque un sacerdote tuviera un amigo muy querido y cercano, no debía concederle la misma excepción si no era un familiar. Si se permitiera ese tipo de duelo por una persona, otros esperarían el mismo trato, y los sacerdotes se apartarían con frecuencia de su servicio. Al mismo tiempo, esta norma nos recuerda que existe un afecto especial hacia quienes están unidos a nosotros por lazos de sangre. Cuando mueren, debemos sentir profundamente su ausencia y permitir que esa pérdida nos recuerde nuestra propia muerte y la necesidad de estar preparados.

Los sacerdotes tampoco debían expresar su duelo de manera desenfrenada o extrema, ni siquiera por sus familiares más queridos (Levítico 21:5). Su dolor no debía seguir las costumbres paganas, como cortarse el cabello o herirse para honrar a los muertos. Las naciones que rodeaban a Israel practicaban esos ritos en la adoración de dioses falsos, creyendo que tales actos podían ayudar a sus seres queridos fallecidos. Aunque esas costumbres funerarias mostraban que la gente creía que el alma continúa viviendo después de la muerte, Dios prohibió esos ritos porque estaban ligados a la adoración falsa. Sin embargo, la ley sí permitía un duelo apropiado y digno por los cuerpos de los muertos, lo cual muestra que no debemos considerarlos simplemente como quienes se han perdido para siempre.

Su duelo tampoco debía convertirse en una reacción apasionada o descontrolada. Los ministros de Dios deben dar ejemplo de paciencia en el sufrimiento, especialmente cuando la pérdida es cercana y dolorosa. Ellos saben, o deberían saber mejor que otros, por qué no debemos entristecernos como quienes no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13). Deben conservar la calma y mantenerse firmes para poder consolar a otros con el consuelo que ellos mismos reciben de Dios. Puesto que al pueblo común ya se le prohibía practicar costumbres funerarias supersticiosas (Levítico 19:27, 28), mucho menos correspondía que los sacerdotes las practicaran.

La razón de esta conducta cuidadosa se presenta en Levítico 21:6: los sacerdotes ofrecían el pan de su Dios, es decir, las ofrendas quemadas. En sentido figurado, esas ofrendas eran el alimento de la casa y de la mesa de Dios. Como su llamado era tan honorable, no debían manchar ese honor dejándose dominar por sus pasiones. Estaban dedicados continuamente al servicio sagrado, por lo que no debían apartarse de él ni quedar incapacitados para cumplirlo. Si se contaminaban, deshonraban el nombre del Dios al que servían. Cuando los siervos se comportan mal, la gente piensa mal de su amo. De la misma manera, quienes ofrecen o comen el pan de nuestro Dios deben vivir vidas santas; de lo contrario, profanan el mismo nombre que dicen honrar.

Los sacerdotes también debían evitar rebajarse por medio de sus matrimonios (Levítico 21:7). Un sacerdote no debía casarse con una mujer de mala reputación, conocida o sospechosa de inmoralidad sexual. No debía casarse con una prostituta, aunque ella afirmara haberse arrepentido, ni con una mujer de conducta deshonesta. Tampoco debía casarse con una mujer divorciada, porque el divorcio sugería que había existido alguna falta. Estos matrimonios estaban permitidos para otros, pero no para los sacerdotes.

Esta norma protegía tanto su ministerio presente como el honor de sus familias. Si un sacerdote se casaba mal, eso avergonzaría su servicio, alentaría a quienes trataban el pecado con ligereza y causaría problemas a los creyentes sinceros. El Nuevo Testamento ofrece una orientación semejante acerca de las esposas de los ministros: deben ser serias y dignas de confianza, para que el ministerio no sea desacreditado (1 Timoteo 3:11). La vergüenza también alcanzaría a los hijos del sacerdote, pues el sacerdocio debía continuar dentro de la familia. Quien ignora la importancia de casarse con una mujer de buen carácter no está procurando el bien de las generaciones futuras. Si alguien desea tener hijos piadosos, primero debe buscar una esposa piadosa y evitar corromper la línea familiar (Malaquías 2:15).

Levítico 21:8 añade que el sacerdote debía ser considerado santo y tratado como alguien consagrado. Esto significa no solo que Moisés debía asegurarse de que se cumplieran estas leyes, sino también que todo Israel debía hacer lo posible por preservar el honor del sacerdocio. Los propios sacerdotes no debían hacer nada que lo dañara. Puesto que el sacerdote era santo para su Dios (Levítico 21:7), el pueblo también debía tratarlo como santo. Debemos honrar a quienes Dios honra.

Los ministros del evangelio deben recibir un honor muy alto por causa de su trabajo (1 Tesalonicenses 5:13), y todo cristiano debe sentirse responsable de proteger ese honor. Sus hijos también deben tener cuidado de no hacer nada que los avergüence (Levítico 21:9). Si la hija de un sacerdote se convertía en prostituta, su pecado era especialmente grave, porque no solo se contaminaba a sí misma, sino que también profanaba su condición consagrada. Otras mujeres no tenían el mismo honor que perder, pero ella sí, porque pertenecía a la familia de un sacerdote y había participado de las cosas santas. También deshonraba a su padre, ya que la gente lo culparía y preguntaría por qué no le había enseñado mejor.

Los pecadores de Sion se burlarían diciendo, en efecto: «Miren a la hija del sacerdote». Su castigo debía ser fuera de lo común: sería quemada con fuego como advertencia para todas las hijas de los sacerdotes. La lección es clara: los hijos de los ministros deben tener especial cuidado de no hacer nada vergonzoso, porque ese pecado resulta doblemente deshonroso en ellos, y el Dios celoso lo juzgará en consecuencia.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Levítico 21:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.