Versículo destacado
Jueces 7:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Aquella misma noche, el SEÑOR le dijo: Levántate y baja al ejército, porque lo he entregado en tu mano. "
Jueces 7:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 El SEÑOR dijo a Gedeón: «Con los trescientos hombres que lamieron el agua los salvaré y entregaré a los madianitas en tu mano. Que todo el resto del pueblo se vaya, cada uno a su lugar».
8 Entonces el pueblo tomó las provisiones en su mano y sus trompetas. Él envió a todo el resto de Israel, cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres. El ejército de Madián estaba debajo de él, en el valle.
9 Aquella misma noche, el SEÑOR le dijo: Levántate y baja al ejército, porque lo he entregado en tu mano.
10 Pero si tienes miedo de bajar, baja al ejército con Fura, tu siervo.
11 Oirás lo que dicen, y después tus manos se fortalecerán para bajar al ejército. Entonces bajó con Fura, su siervo, hasta las afueras de los hombres armados que estaban en el campamento.
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Como el ejército de Gedeón había sido reducido tanto, no le quedaba otra opción que luchar por fe o no luchar en absoluto. Por eso Dios le da apoyo para su fe, no más soldados.
Primero, Dios le da una base firme para su fe. Nada, excepto una palabra de Dios, puede sostener verdaderamente la fe. Aquí Gedeón recibe esa palabra de manera completa y clara, tal como podía necesitarla (Jueces 7:9). Recibe un mandato que autoriza la acción, aunque a un comandante humano le hubiera parecido atrevida e imprudente: bajar contra el campamento con ese pequeño grupo de hombres. También recibe una promesa que le asegura la victoria, aunque el resultado pareciera muy improbable: «Lo he entregado en tu mano». Esa palabra llegó la misma noche, cuando quizá se encontraba profundamente preocupado y cargado de ansiedad por lo que iba a suceder. En medio de tantos pensamientos inquietantes, estas palabras de consuelo dieron descanso a su alma. El consuelo de Dios alcanza a sus creyentes con poder y en el momento preciso.
Segundo, Dios le da algo más para fortalecer su fe. Le dice a Gedeón que vaya como espía y que, en medio de la noche, baje en silencio al campamento madianita para escuchar alguna noticia que pudiera ayudarlo. En efecto, Dios le dice: «Si tienes miedo de bajar y luchar, ve primero con tu siervo solamente y escucha lo que están diciendo» (Jueces 7:10-11). Dios le da a entender que Gedeón escuchará algo que lo animará mucho. Dios conoce la debilidad de su pueblo y sabe cuánto valor puede infundirles a veces algo aparentemente pequeño.
Dios le dice a Gedeón que lleve consigo a Purá, su siervo, probablemente uno de los diez hombres que lo habían ayudado a derribar el altar de Baal. No debía llevar a nadie más, para que su siervo pudiera ser testigo de lo que escuchara. Así, cuando el asunto se informara después a Israel, la verdad quedaría confirmada por dos testigos. También debía llevarlo porque dos son mejor que uno, y un poco de ayuda es mejor que ninguna.
Cuando Gedeón fue, vio algo que bien podía desanimarlo. Con la luz tenue, quizá a la luz de la luna, pudo ver la enorme cantidad de enemigos (Jueces 7:12). Eran tan numerosos como las langostas, y no demostraban ser más fuertes ni más valientes que ellas. Sus camellos eran incontables, como la arena que está a la orilla del mar.
Pero entonces Dios le permitió escuchar algo que era una señal muy buena. Después de oírlo, Gedeón regresó de inmediato, pensando que ya había recibido aquello que Dios lo había enviado a buscar. Escuchó por casualidad a dos soldados madianitas que hablaban, probablemente mientras permanecían despiertos en sus camas. Uno de ellos contó un sueño. Como suele suceder con los sueños, y por eso no suelen tener mucho valor por sí mismos, era un sueño extraño. Había soñado que una torta de cebada rodaba hasta el campamento de Madián y golpeaba una de sus tiendas con tanta fuerza que la derribaba, hundía sus estacas y rompía sus cuerdas, hasta que la tienda se desplomaba y sepultaba a los que estaban dentro (Jueces 7:13). Como dice Salomón, en muchos sueños hay vacío y confusión (Eclesiastés 5:7). Las imágenes de los sueños suelen mezclarse de maneras extrañas y sin sentido.
El otro hombre, quizá medio dormido, le dio un significado al sueño, y su explicación parecía muy exagerada: «Esto no es otra cosa que la espada de Gedeón» (Jueces 7:14). Los lectores posteriores pueden ver cómo encajaba la imagen. Gedeón había trillado grano para su familia y había preparado tortas para su visitante (Jueces 6:11-19), así que la torta lo representaba apropiadamente. Él y sus hombres eran tan pequeños y débiles como una torta hecha con un poco de harina, tan sencillos como una torta de cebada, preparada rápidamente como un pan cocido sobre brasas, y tan poco probables de derrotar a un gran ejército como una torta de derribar una tienda.
Sin embargo, la verdadera interpretación pertenece a Dios. Él puso el sueño en la mente de un hombre y su significado en la boca del otro. Si Gedeón solamente hubiera escuchado el sueño y hubiera tratado de explicarlo por sí mismo, le habría ayudado muy poco, porque era demasiado confuso. Pero al escuchar su significado de labios de un enemigo, parecía un mensaje de Dios, quien tiene en su mano el corazón y la lengua de toda persona. También mostraba que el enemigo había perdido el ánimo. El nombre de Gedeón se había vuelto tan temible que perturbaba su sueño. La victoria sería fácil de obtener, porque ellos ya la estaban cediendo con tanta debilidad. Dios había entregado a Madián en su mano. Era poco probable que esos hombres lucharan cuando creían que Dios estaba peleando contra ellos.
Cuando Gedeón comprendió que Dios lo había guiado hasta ese lugar exacto, en ese momento exacto, para escuchar aquel sueño y su interpretación, recibió mucho ánimo frente a los pensamientos tristes que había tenido cuando su ejército fue reducido. Se alegró de oír que lo comparaban con una torta de cebada, porque Dios usaría incluso algo tan pequeño para realizar obras tan grandes.
Entonces, con el ánimo renovado y fortalecido, Gedeón primero dio gloria a Dios. Lo adoró de inmediato; inclinó la cabeza o quizá levantó los ojos y las manos, y ofreció a Dios una breve oración de agradecimiento por la victoria de la que ahora estaba seguro y por ese nuevo estímulo para esperarla. Dondequiera que estemos, podemos hablar con Dios y adorarlo, porque el cielo está abierto para nosotros. Dios debe recibir la alabanza por todo lo que fortalece nuestra fe. Debemos reconocer su providencia —su cuidado sabio y su gobierno sobre los acontecimientos— incluso en las cosas pequeñas y aparentemente fortuitas que terminan ayudándonos.
Después Gedeón compartió ese ánimo con sus compañeros: «Levántense y prepárense para marchar, porque el SEÑOR ha entregado a Madián en su mano» (Jueces 7:15).
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De este capítulo
Jueces 7:1
"Entonces Jerobaal, que es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él se levantaron temprano y acamparon junto al manantial de Harod. El ejército de los madianitas estaba al norte de ellos, junto a la colina de More, en el valle."
Jueces 7:2
"El SEÑOR dijo a Gedeón: «El pueblo que está contigo es demasiado numeroso para que yo entregue a los madianitas en sus manos, no sea que Israel se jacte contra mí diciendo: “Mi propia mano me ha salvado”»."
Jueces 7:3
"Ahora, pues, proclama a oídos del pueblo: «El que tenga miedo y esté atemorizado, que regrese y se vaya temprano del monte Galaad». Entonces regresaron veintidós mil del pueblo, y quedaron diez mil."
Jueces 7:4
"El SEÑOR dijo a Gedeón: «El pueblo todavía es demasiado numeroso. Hazlos bajar al agua, y allí los pondré a prueba por ti. Aquel de quien yo te diga: “Este irá contigo”, irá contigo; y todo aquel de quien yo te diga: “Este no irá contigo”, no irá»."
Jueces 7:5
"Así que hizo bajar al pueblo hasta el agua, y el SEÑOR dijo a Gedeón: «A todo el que lama el agua con la lengua, como lame el perro, lo pondrás aparte; harás lo mismo con todo el que se arrodille para beber»."
Jueces 7:6
"El número de los que lamieron el agua llevando la mano a la boca fue de trescientos hombres; pero todo el resto del pueblo se arrodilló para beber agua."
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