Versículo destacado
Jueces 16:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Después de esto, sucedió que amó a una mujer del valle de Sorec, cuyo nombre era Dalila. "
Jueces 16:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Y se les informó a los de Gaza: «Sansón ha venido aquí». Entonces lo rodearon y lo acecharon toda la noche en la puerta de la ciudad. Permanecieron quietos toda la noche, diciendo: «Por la mañana, cuando sea de día, lo mataremos».
3 Sansón estuvo acostado hasta la medianoche. A la medianoche se levantó, tomó las puertas de la entrada de la ciudad, junto con los dos postes y la barra, se las puso sobre los hombros y las llevó hasta la cima de un monte que está frente a Hebrón.
4 Después de esto, sucedió que amó a una mujer del valle de Sorec, cuyo nombre era Dalila.
5 Los gobernantes de los filisteos subieron a verla y le dijeron: «Sedúcelo y averigua en qué reside su gran fuerza y cómo podríamos vencerlo, para que podamos atarlo y afligirlo. Cada uno de nosotros te dará mil cien piezas de plata».
6 Dalila le dijo a Sansón: «Te ruego que me digas en qué reside tu gran fuerza y con qué podrías ser atado para afligirte».
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El antiguo dicho «Gato escaldado del agua fría huye» encaja muy bien con Sansón en este pasaje. Más de una vez, su amor por las mujeres lo había puesto en gran peligro, pero no aprendió la lección. Tenía mucha más fuerza que un hombre común, pero mucha menos sabiduría que un niño, y esta vez pagó completamente las consecuencias.
Parece que Salomón tenía especialmente en mente a Sansón cuando advirtió contra el pecado sexual. Acerca de la mujer malvada dice: «Ha derribado a muchos heridos; muchos hombres fuertes han sido asesinados por ella» (Proverbios 7:26). También dice que la adúltera busca una vida preciosa (Proverbios 6:26). La mujer que arruinó a Sansón se llamaba Dalila, un nombre vergonzoso y apropiado para alguien que usa palabras dulces y mentiras para causar daño y ruina a quienes creen que están recibiendo un trato amable.
Primero vemos el afecto de Sansón por Dalila: él la amó (Jueces 16:4). Algunos piensan que ella era su esposa, pero, de ser así, probablemente él la habría llevado a su propia casa. Otros creen que estaba cortejándola con la intención de casarse, pero hay razones importantes para pensar que se trataba de un amor pecaminoso y que vivía en pecado sexual con ella. No sabemos con certeza si era israelita o filistea, pero, si era israelita —lo cual parece poco probable—, tenía el corazón de una filistea.
Segundo, los gobernantes filisteos se asociaron con Dalila para traicionar a Sansón (Jueces 16:5). Le dijeron que su propósito era humillarlo o debilitarlo. No planeaban hacerle daño de inmediato, sino impedir que siguiera haciéndoles daño a ellos. De hecho, parecen haber sido cuidadosos con su promesa, porque aun cuando Sansón estuvo en su poder, no lo mataron enseguida. Querían saber de dónde provenía su gran fuerza y cómo podían atarlo. Tal vez pensaban que llevaba algún amuleto o que tenía alguna magia que lo hacía fuerte, y creían que, si podían encontrarla, lograrían controlarlo. Ya habían descubierto lo suficiente para conocer su punto débil, y ahora esperaban que Dalila descubriera su secreto.
Le prometieron a Dalila mil cien piezas de plata cada uno: cinco mil quinientas en total, una suma enorme, con un valor de más de mil libras esterlinas. Le pagaron para que traicionara al hombre que fingía amar. Así vemos cuán terrible es el amor al dinero como raíz de toda clase de males. Nuestro Señor Jesús también fue traicionado por alguien a quien llamaba amigo, e incluso con un beso, por dinero. Por eso no sorprende que alguien como Dalila, impura e inmoral, también fuera deshonesta.
Tercero, Sansón siguió dando largas a Dalila y guardó su secreto durante mucho tiempo. Ella le preguntaba constantemente de dónde provenía su gran fuerza y cómo podía ser atado y dominado (Jueces 16:6). Fingía que solo quería satisfacer su curiosidad y que pensaba que nadie podría atarlo, excepto mediante su encanto. Cuando ella insistió, él le dijo primero que podía ser atado con siete cuerdas nuevas hechas de fibras frescas (Jueces 16:7). Lo probaron, pero no funcionó, porque él rompió las cuerdas con la misma facilidad con que se rompe un hilo quemado por el fuego (Jueces 16:9).
Como ella siguió presionándolo, él dijo que podrían atarlo con sogas nuevas (Jueces 16:10-11). Esa prueba también fracasó, porque las sogas se rompieron en sus brazos como si fueran hilos (Jueces 16:12). Después, cuando Dalila siguió insistiendo y lo acusó de burlarse de ella durante tanto tiempo, Sansón dijo que entretejer las siete trenzas de su cabello en el telar produciría un gran cambio en él (Jueces 16:13). Esto se acercaba más a la verdad que cualquier cosa que había dicho antes, pero todavía no revelaba todo el secreto. Aun entonces, su fuerza se manifestó, pues arrancó la estaca del telar junto con la tela.
En todas estas pruebas, es difícil decir qué resulta más impactante: la debilidad de Sansón o la maldad de Dalila. La presión constante de ella era cruel y deshonesta. Se acostaba junto a él como si lo amara, mientras planeaba entregarlo a personas que querían matarlo. Al mismo tiempo, la conducta de Sansón era increíblemente insensata. Siguió hablando con una mujer que claramente intentaba hacerle daño. Siguió escuchando una petición tan descarada aun después de ver a los hombres que lo esperaban escondidos en la habitación.
No se fue de inmediato ni decidió no volver jamás. En lugar de eso, regresó y volvió a recostar la cabeza en el mismo regazo que tantas veces había sido un lugar de peligro, donde ya había escuchado el grito: «¡Los filisteos vienen contra ti, Sansón!». Es difícil imaginar a un hombre tan ciego en su manera de juzgar, pero el pecado sexual puede quitarle el entendimiento a una persona.
No es fácil saber qué pretendía Sansón al permitir que Dalila lo pusiera a prueba tantas veces. Algunos piensan que ni siquiera estaba seguro de dónde provenía su fuerza. Sin embargo, parece que sí lo sabía, porque cuando finalmente le dijo qué lo debilitaría de verdad, el texto dice que «le declaró todo lo que había en su corazón». Tal vez pensaba que podía jugar con ella y convertirlo todo en una broma, o que podía confundir a los hombres que lo esperaban y hacerlos quedar en ridículo. Pero fue profundamente insensato al no irse en cuanto comprendió que no podía confiar en ella.
Finalmente, le contó todo el secreto y, si esa confesión lo llevó a la ruina, solo él tuvo la culpa. No guardó su propio corazón de alguien que claramente buscaba destruirlo. Es absurdo tender una red delante de un ave y esperar que no la vea; sin embargo, Sansón vio cómo tendían la red y aun así caminó directamente hacia ella. Si no hubiera estado ciego antes de que los filisteos le sacaran los ojos, tal vez habría visto que lo estaban traicionando. Dalila significa «consumidora», y ella lo consumió.
Dalila siguió provocándolo y terminó agotándolo. Le dijo que no creería que él la amaba a menos que le diera lo que quería en ese asunto (Jueces 16:15). Su argumento era: «¿Cómo puedes decirme “te amo” si no confías en mí lo suficiente para contarme lo que hay en tu corazón?». A las personas profundamente enamoradas no les gusta que pongan en duda su amor. Están dispuestas a hacer casi cualquier cosa antes que ser consideradas insinceras.
Dalila, la amante filistea de Sansón, se aprovechó de esa debilidad. Su reclamo se basaba en una verdad, aunque ella la usó de manera perversa: solo aquellos que verdaderamente tienen nuestro corazón cuentan con nuestro amor. Es una adulación vacía decir que amamos a alguien si nuestro corazón no está realmente con esa persona. No podemos decir que amamos a nuestro hermano, a quien hemos visto, ni a Dios, a quien no hemos visto, si nuestro corazón no está con él.
Ella siguió insistiendo día tras día, y Sansón llegó a sentirse tan miserable que ya no tenía paz a su lado (Jueces 16:16). ¿Por qué no se alejó de ella? Porque había quedado atrapado por un amor que en realidad era lujuria. Ese deseo lo había cegado y lo había vuelto descuidado. Finalmente, ella lo venció y él le contó todo lo que había en su corazón (Jueces 16:17).
Dios permitió que Sansón cayera en este acto insensato como castigo por haberse entregado al pecado sexual. El ángel que anunció su nacimiento no habló de su gran fuerza; dijo solamente que sería nazareo, una persona apartada para Dios, y que no debía pasar una navaja sobre su cabeza (Jueces 13:5). Su fuerza provenía de su dedicación a Dios y, sobre todo, del Espíritu de Dios que obraba poderosamente en él. De esta manera, su fuerza —que provenía de una promesa y no de su naturaleza— apuntaba hacia la fuerza espiritual que reciben los creyentes (Colosenses 1:11, Colosenses 1:29).
Por eso, la señal de su llamado especial era también la señal de su fuerza. Si perdía esa señal, sabía que también estaba renunciando a su fuerza: «Si me afeitan, dejaré de ser nazareo y entonces perderé mi fuerza». El hecho de que su fuerza física estuviera vinculada a su cabello, que por naturaleza no podía darle poder, nos enseña a valorar los medios establecidos por Dios. Debemos esperar su gracia y su ayuda constante solamente mientras usamos los medios que él nos ha dado: la Palabra, los sacramentos y la oración. En estos cuerpos frágiles, Dios deposita este tesoro.
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De este capítulo
Jueces 16:1
"Entonces Sansón fue a Gaza, vio allí a una prostituta y se acostó con ella."
Jueces 16:2
"Y se les informó a los de Gaza: «Sansón ha venido aquí». Entonces lo rodearon y lo acecharon toda la noche en la puerta de la ciudad. Permanecieron quietos toda la noche, diciendo: «Por la mañana, cuando sea de día, lo mataremos»."
Jueces 16:3
"Sansón estuvo acostado hasta la medianoche. A la medianoche se levantó, tomó las puertas de la entrada de la ciudad, junto con los dos postes y la barra, se las puso sobre los hombros y las llevó hasta la cima de un monte que está frente a Hebrón."
Jueces 16:5
"Los gobernantes de los filisteos subieron a verla y le dijeron: «Sedúcelo y averigua en qué reside su gran fuerza y cómo podríamos vencerlo, para que podamos atarlo y afligirlo. Cada uno de nosotros te dará mil cien piezas de plata»."
Jueces 16:6
"Dalila le dijo a Sansón: «Te ruego que me digas en qué reside tu gran fuerza y con qué podrías ser atado para afligirte»."
Jueces 16:7
"Sansón le respondió: «Si me atan con siete mimbres verdes que nunca se hayan secado, quedaré débil y seré como cualquier otro hombre»."
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