Versículo destacado
Jueces 15:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces los filisteos subieron, acamparon en Judá y se desplegaron en Lehí. "
Jueces 15:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Sansón les dijo: «Aunque han hecho esto, me vengaré de ustedes, y después cesaré».
8 Y los golpeó cadera y muslo con una gran matanza. Luego descendió y habitó en la cima de la peña de Etam.
9 Entonces los filisteos subieron, acamparon en Judá y se desplegaron en Lehí.
10 Los hombres de Judá preguntaron: «¿Por qué han subido contra nosotros?». Ellos respondieron: «Hemos subido para atar a Sansón y hacerle lo mismo que él nos hizo».
11 Entonces tres mil hombres de Judá fueron a la cima de la peña de Etam y dijeron a Sansón: «¿No sabes que los filisteos gobiernan sobre nosotros? ¿Qué es esto que nos has hecho?». Él les respondió: «Como ellos me hicieron, así les he hecho yo».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí vemos, en primer lugar, a Sansón perseguido violentamente por los filisteos. Ellos subieron con una fuerza mayor que la del grupo que Sansón había derrotado en la batalla. Acamparon en Judá y se desplegaron por la tierra para encontrarlo, pues habían oído que había ido por allí (Jueces 15:9).
Cuando los hombres de Judá, que habían aceptado tranquilamente el dominio filisteo, dijeron que habían pagado su tributo y que no habían hecho nada para ofenderlos, los filisteos admitieron abiertamente por qué habían venido. No estaban allí para luchar contra Judá en general, sino solo para capturar a Sansón, el juez de Israel (Jueces 15:10). Querían hacerle lo mismo que él les había hecho: devolverles el daño con daño, ojo por ojo.
Aquí había un ejército enviado contra un solo hombre, aunque él mismo era como un ejército. De la misma manera, enviaron a todo un grupo para capturar a nuestro Señor Jesucristo, el Sansón mayor. Sin embargo, habrían bastado muchos menos cuando llegó su hora, y muchos más habrían sido inútiles si él no se hubiera entregado voluntariamente.
Después vemos a Sansón traicionado vergonzosamente y entregado por los hombres de Judá (Jueces 15:11). ¿Eran realmente hombres de Judá? Eran débiles y estaban muy por debajo del espíritu valiente de esa tribu. No eran dignos de llevar el nombre de la tribu de la cual procedía el León de Judá. Tal vez estaban en contra de Sansón porque él no pertenecía a su propia tribu. Movidos por un orgullo absurdo por su rango perdido, preferían ser gobernados por los filisteos antes que ser rescatados por un hombre de Dan.
Con frecuencia, la liberación de la iglesia ha sido obstaculizada por ese mismo tipo de celos y de falsa preocupación por el honor. Sin embargo, lo más probable es que temieran a los filisteos y simplemente quisieran expulsarlos de la tierra, sin importar el costo. Si el pecado no hubiera aplastado su espíritu y dejado al pueblo sumido en un sueño espiritual indiferente, habrían aprovechado aquella oportunidad para sacudirse el yugo filisteo. Si aún les quedara algo de valor, se habrían unido alrededor de un líder tan valiente como Sansón y habrían hecho un esfuerzo decidido por alcanzar la libertad.
Pero no sorprende que quienes se habían rebajado al adorar ídolos inútiles (Isaías 57:9) también se rebajaran hasta el polvo ante opresores crueles. El pecado debilita a las personas. También las vuelve insensatas y les oculta aquello que podría traerles paz.
Es probable que Sansón se acercara a la frontera para ofrecer su ayuda, pensando que su propio pueblo entendería que Dios se proponía usarlo para liberarlos, tal como Moisés esperaba en otro tiempo que su pueblo lo entendiera (Hechos 7:25). En cambio, lo rechazaron. De manera vergonzosa, hicieron dos cosas. Primero, lo culparon por lo que les había hecho a los filisteos, como si les hubiera causado daño en vez de ayudarlos. Esa es la clase de respuesta ingrata que muchas veces reciben quienes prestan el mejor servicio a su nación. De la misma manera, nuestro Señor Jesucristo hizo muchas obras buenas, y aun así la gente estuvo dispuesta a apedrearlo por ellas.
Segundo, le rogaron a Sansón que les permitiera atarlo y entregarlo a los filisteos. ¡Qué hombres tan cobardes e ingratos! Amaban sus cadenas y estaban aferrados a la esclavitud. De la misma manera, los judíos entregaron a nuestro Salvador, fingiendo temor de que los romanos vinieran y les quitaran su lugar y su nación. Hablaron con un espíritu miserable, propio de esclavos: «¿No sabes que los filisteos gobiernan sobre nosotros?». Pero ¿de quién era la culpa? Ellos no tenían derecho a gobernar sobre Israel, y nunca habrían sometido a Israel si el pueblo no se hubiera vendido primero para hacer el mal.
Tercero, Sansón permitió tranquilamente que sus compatriotas lo ataran y lo entregaran en manos de sus enemigos enfurecidos (Jueces 15:12-13). Fácilmente podría haberlos rechazado y haberse mantenido firme en la cima de la roca contra tres mil hombres. Ninguno habría podido capturarlo, y ninguno se habría atrevido. Sin embargo, se sometió pacientemente por varias razones. Primero, quería mostrar una gran mansedumbre unida a una gran fuerza y valentía, demostrando que podía dominar su propio espíritu y que sabía ceder tanto como conquistar. Segundo, al ser entregado a los filisteos, tendría la oportunidad de asestarles un golpe. Tercero, era una figura de Cristo, quien, después de demostrar su poder al derribar a los que habían ido a arrestarlo, se entregó para ser atado y llevado como cordero al matadero.
Sansón se defendió diciendo que lo que les había hecho a los filisteos era justo: «Así como ellos me hicieron, yo les hice a ellos». Era una justicia necesaria, y no debían castigarlo por ello, porque ellos habían comenzado. También hizo un pacto con los hombres de Judá: si se entregaba en sus manos, ellos no lo atacarían, pues entonces él podría sentirse tentado a responderles con un golpe, algo que estaba muy lejos de querer hacer. Ellos se lo prometieron (Jueces 15:13), y entonces Sansón se entregó.
Al traicionarlo, los hombres de Judá fueron, en efecto, culpables de su muerte. No lo mataron con sus propias manos, pero hicieron algo peor: lo entregaron a los filisteos incircuncisos, sabiendo que lo torturarían y abusarían de él hasta matarlo. Tal vez pensaron, como algunos creen que Judas pensó cuando traicionó a Cristo, que Sansón usaría su gran fuerza para escapar. Pero no merecían ningún reconocimiento, aunque él hubiera escapado. Y si pensaban eso, también debieron comprender que Sansón podía haberlos liberado a ellos, si se hubieran mantenido leales y lo hubieran seguido como su líder.
Es justo que las personas permanezcan más tiempo en la miseria cuando, para agradar a sus peores enemigos, tratan tan mal a su mejor amigo. Pocos hombres estuvieron alguna vez tan confundidos, excepto aquellos que trataron de la misma manera a nuestro bendito Salvador.
Por último, vemos a Sansón manteniéndose firme contra los filisteos aun después de haber sido entregado en sus manos, con dos cuerdas nuevas atadas fuertemente alrededor de él. Cuando los filisteos lo capturaron, gritaron triunfantes sobre él (Jueces 15:14), presumiendo de su éxito y burlándose de él. Si Dios no les hubiera atado las manos con más firmeza de la que los hombres de Judá habían atado las de Sansón, lo habrían herido de inmediato con flechas, como más tarde atacaron a Saúl con arqueros, en vez de gritar y darle tiempo para actuar. Pero su alegría confiada era una señal de la ruina que se acercaba.
Observa esto: cuando el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre él, sus cuerdas se soltaron. Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad, y verdaderamente son libres quienes reciben esa libertad de esta manera. Esto señalaba de antemano la resurrección de Cristo por el poder del Espíritu de santidad.
Dios soltó las ataduras de la muerte, y las vendas del sepulcro cayeron del cuerpo de Jesús sin necesidad de que nadie se las quitara, tal como ocurrió con las de Lázaro. Era imposible que la muerte retuviera al poderoso Salvador. De esa manera, triunfó sobre los poderes de las tinieblas que parecían rodearlo y reclamarlo.
Sansón también causó una gran destrucción entre los filisteos que se habían reunido para burlarse de él (Jueces 15:15). Observa lo débil que era su arma. No tenía nada mejor que la quijada de un asno, y aun así la usó con resultados terribles. La mantuvo en la mano hasta derribar a mil filisteos, de modo que la promesa se cumplió más que plenamente: «Uno de ustedes perseguirá a mil» (Josué 23:10).
Una quijada es un objeto incómodo para sostener, y parecería fácil arrebatársela. También es probable que unos cuantos golpes fuertes la hubieran quebrado. Sin embargo, permaneció firme hasta el final. Si hubiera sido la quijada de un león, especialmente de uno que Sansón mismo hubiera matado, podría haber alimentado su orgullo y hacerlo sentirse más impresionante. Pero Dios escogió algo débil y despreciado para realizar grandes obras, de modo que el honor le perteneciera a Dios y no al ser humano.
Uno de los valientes de David mató de una sola vez a trescientos filisteos, pero lo hizo con una lanza (1 Crónicas 11:11). Otro luchó hasta que su mano se cansó y quedó pegada a su espada (2 Samuel 23:10). Aun así, no igualaron a Sansón. ¿Qué podría parecer demasiado difícil para el hombre sobre quien venía con poder el Espíritu del Señor? «Con Dios haremos proezas».
Es extraño que los hombres de Judá no acudieran ahora a ayudarlo. Los cobardes muchas veces solo atacan cuando el enemigo ya está cayendo. Aun así, Sansón debía ser una figura de aquel que pisó solo el lagar.
Entonces Sansón celebró su propia victoria, ya que los hombres de Judá ni siquiera hicieron eso por él. Compuso una breve canción y se la cantó a sí mismo, porque las hijas de Israel no salieron a recibirlo como más tarde lo hicieron con Saúl. El verso de su canción decía: «Con la quijada de un asno, montones sobre montones, he matado a mil hombres» (Jueces 15:16).
La palabra hebrea para «burro» suena parecida a la palabra para «montón», así que aquí hay un interesante juego de palabras. La imagen presenta a los filisteos cayendo con la misma facilidad que los burros. Sansón también le puso un nombre al lugar para conservar la vergüenza de los filisteos: lo llamó Ramot-lehí, que significa «la elevación de la quijada» (Jueces 15:17). Sin embargo, no llevó orgullosamente el hueso como trofeo, sino que lo arrojó cuando terminó de usarlo. En aquellos días, las reliquias tenían muy poco valor.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jueces 15:1
"Pero sucedió algún tiempo después, durante la cosecha del trigo, que Sansón visitó a su esposa llevando un cabrito. Dijo: «Entraré en la habitación de mi esposa». Pero el padre de ella no le permitió entrar."
Jueces 15:2
"Su padre dijo: «En verdad pensé que la odiabas por completo; por eso se la di a tu compañero. ¿No es su hermana menor más hermosa que ella? Te ruego que tomes a la menor en lugar de ella»."
Jueces 15:3
"Sansón dijo acerca de ellos: «Ahora seré más inocente que los filisteos, aunque les haga daño»."
Jueces 15:4
"Sansón fue y atrapó trescientos zorros, tomó antorchas, juntó cola con cola y puso una antorcha en medio, entre cada dos colas."
Jueces 15:5
"Después de encender las antorchas, soltó los zorros en los sembrados de los filisteos y quemó tanto las gavillas como el trigo que estaba en pie, junto con las viñas y los olivares."
Jueces 15:6
"Entonces los filisteos preguntaron: «¿Quién hizo esto?». Y les respondieron: «Sansón, el yerno del timnita, porque este tomó a su esposa y se la dio a su compañero». Los filisteos subieron y quemaron con fuego a ella y a su padre."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.