Versículo destacado
Jueces 13:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Manoa dijo al ángel del SEÑOR: «Por favor, permite que te retengamos hasta que hayamos preparado un cabrito para ti». "
Jueces 13:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 El ángel del SEÑOR dijo a Manoa: Que ella se cuide de todo lo que le dije.
14 No debe comer nada que proceda de la vid, ni beber vino o bebida fuerte, ni comer nada impuro. Que cumpla todo lo que le ordené.
15 Manoa dijo al ángel del SEÑOR: «Por favor, permite que te retengamos hasta que hayamos preparado un cabrito para ti».
16 El ángel del SEÑOR dijo a Manoa: «Aunque me retengas, no comeré de tu pan. Y si quieres ofrecer un holocausto, debes ofrecérselo al SEÑOR». Porque Manoa no sabía que era un ángel del SEÑOR.
17 Manoa dijo al ángel del SEÑOR: «¿Cuál es tu nombre, para que, cuando se cumplan tus palabras, podamos honrarte?».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí encontramos más detalles de lo que ocurrió entre Manoa y el ángel durante aquel encuentro. Dios tuvo la bondad de impedir que Manoa supiera desde el principio que estaba hablando con un ángel. Si lo hubiera sabido, quizá habría tenido demasiado miedo para hablar con tanta libertad como lo hizo (Jueces 13:16). Así, Cristo estuvo en el mundo, pero el mundo no lo reconoció. Muchas veces Dios se oculta de nosotros, porque no podríamos soportar su gloria si se manifestara plenamente.
Dios ha escogido hablarnos por medio de personas semejantes a nosotros: profetas y ministros. Incluso cuando habló por medio de ángeles o de su Hijo, ellos se presentaron en forma humana y fueron tomados por hombres comunes de Dios. Manoa quería honrar al extranjero y mostrarle gratitud por las buenas noticias que había traído, así que le pidió que se quedara a comer. Le dijo: «Pronto prepararemos un cabrito para ti» (Jueces 13:15). Quienes reciben el mensaje de Dios deben tratar con bondad a sus mensajeros por amor a Aquel que los envió (1 Tesalonicenses 5:13).
Pero el ángel no quiso comer de su comida. En cambio, le dijo a Manoa que la ofreciera a Dios, tal como le había indicado a Gedeón que hiciera con su ofrenda (Jueces 6:20, 21). Los ángeles no necesitan comida ni bebida. Su alimento consiste en hacer la voluntad de Dios y darle gloria, y ese también era el alimento de Cristo (Juan 4:34). De la misma manera, hacemos la voluntad de Dios cuando comemos y bebemos para su gloria, convirtiendo incluso las comidas ordinarias en actos de adoración.
El ángel también se negó a decirle su nombre a Manoa. Manoa se lo pidió para poder honrarlo debidamente, quizá visitarlo de nuevo y conocer más acerca de aquel buen hombre y buen ministro. Tal vez también quiso honrar al niño poniéndole el nombre del ángel, o enviarle un regalo en agradecimiento por aquel a quien Dios había honrado. Pero el ángel respondió reprendiendo su curiosidad: «¿Por qué preguntas mi nombre?» (Jueces 13:18). Ni siquiera Jacob pudo obtener ese favor del mensajero celestial (Génesis 32:29).
Muchas veces no recibimos lo que pedimos cuando pedimos cosas que en realidad no necesitamos. La petición de Manoa era sincera, pero aun así fue rechazada. Dios le reveló su nombre a Moisés porque ese conocimiento era verdaderamente necesario (Éxodo 3:13, 14), pero aquí no había tal necesidad. Manoa ya había recibido instrucciones claras sobre su deber (Jueces 13:12, 13), y eso era suficiente. Dios nos ha dado en su Palabra toda la dirección necesaria acerca de lo que debemos hacer, pero no ha prometido responder cada pregunta que una mente curiosa pueda plantear.
El ángel dio una razón para negarse: su nombre era «secreto» o «maravilloso». En aquel tiempo no se habían revelado los nombres de los ángeles, para que la gente no comenzara a honrarlos de manera indebida. Después del exilio, cuando Dios había librado a su pueblo de la idolatría, los ángeles sí revelaron sus nombres a Daniel, como Miguel y Gabriel. Más adelante, el ángel le dijo su nombre a Zacarías sin que este se lo pidiera: «Yo soy Gabriel» (Lucas 1:19). Aquí, sin embargo, el nombre permanece oculto o fuera de nuestro entendimiento pleno. Uno de los nombres de Cristo es Maravilloso (Isaías 9:6). Su nombre estuvo oculto durante mucho tiempo, pero ahora se ha dado a conocer por medio del evangelio: Jesús, el Salvador.
Manoa no debía seguir preguntando, porque no estaba destinado a conocer esa información. Hay cosas secretas que no nos pertenecen, y debemos conformarnos con dejarlas ocultas durante esta vida. Nunca debemos alimentar una curiosidad vana acerca de ellas (Colosenses 2:18). Una verdadera sabiduría consiste en estar conformes con no saber lo que nuestro gran Maestro no ha querido enseñarnos.
Después, el ángel ayudó con el sacrificio y mostró quién era al retirarse. Les había dicho que ofrecieran el holocausto al Señor (Jueces 13:16). La alabanza ofrecida a Dios es la clase de regalo que los ángeles observan y aprueban con mayor alegría, como se muestra en Apocalipsis 22:9: «Adora a Dios». Manoa, con razón, aunque no era sacerdote ni tenía un altar, convirtió la comida en una ofrenda de cereal y la presentó sobre una roca al Señor (Jueces 13:19). En efecto, dijo: «Señor, aquí está; haz con ella lo que quieras». Así también debemos ofrecerle a Dios nuestro corazón como un sacrificio vivo y someternos a la obra de su Espíritu.
Cuando todo estuvo listo, el ángel hizo algo maravilloso, conforme a su nombre. Probablemente fue una señal semejante a la que había mostrado anteriormente a Gedeón: hizo descender fuego del cielo, o subirlo desde la roca, para consumir el sacrificio. Luego subió hacia el cielo en la llama de la ofrenda (Jueces 13:20). Esto demostró que no era simplemente un hombre, como ellos habían pensado, sino un mensajero que venía directamente del cielo. Sin duda había descendido de allí, puesto que volvió a ascender allí (Juan 3:13; Juan 6:62).
Esto también demostró que Dios había aceptado la ofrenda. Señala hacia aquello que hace aceptables todas nuestras ofrendas: la mediación del ángel del pacto, es decir, Cristo, quien presenta las oraciones de su pueblo delante del trono (Apocalipsis 8:3). La oración es el alma que se eleva a Dios. Pero es Cristo, presente en nosotros por la fe, quien hace de nuestra adoración un sacrificio agradable. Sin él, nuestros actos de servicio son como humo ofensivo. Con él, son una llama aceptable. También podemos ver aquí una imagen del sacrificio de Cristo por nosotros, pues él entró en el lugar santo por medio de su propia sangre (Hebreos 9:12).
Mientras el ángel hacía esto, Manoa y su esposa observaban atentamente, y el texto lo afirma dos veces (Jueces 13:19, 20). Eso confirma que el milagro ocurrió realmente. El hecho era verdadero porque dos testigos presenciales lo vieron. Ellos no hicieron nada durante el sacrificio, salvo observar, pero seguramente sus corazones se elevaron con el ángel en gratitud por la promesa que había venido del cielo y en esperanza de que se cumpliera. Sin embargo, cuando el ángel subió, no se quedaron mirando fijamente al cielo, como hicieron los discípulos después de la ascensión de Cristo. Cayeron rostro en tierra, llenos de temor santo y reverencia.
Entonces supieron que era un ángel (Jueces 13:21). Era evidente que no se trataba de un cuerpo humano común, porque la tierra no lo retuvo ni el fuego le hizo daño. Ascendió, y ascendió en medio de las llamas; por eso concluyeron correctamente que era un ángel, pues Dios hace de sus ángeles espíritus y de sus ministros una llama de fuego. Después de eso, el ángel no volvió a aparecerse ante ellos. Había sido enviado para aquella ocasión especial y, una vez cumplido su propósito, no fue enviado para mantener un contacto continuo con ellos, como lo hacían los profetas.
Ellos debían recordar y conservar lo que el ángel había dicho, sin esperar otro mensaje. También vemos el efecto que tuvo esta visión en Manoa y su esposa. Mientras el ángel hacía maravillas, ellos observaron en silencio, y eso era apropiado. Es correcto contemplar con atención las obras maravillosas de Dios y guardar silencio delante de él. Pero después de que el ángel se fue y terminó su obra, tuvieron tiempo para reflexionar sobre lo que había sucedido.
La reacción de Manoa revela un gran temor (Jueces 13:22). Había hablado con confianza acerca del hijo que pronto tendrían con alegría (Jueces 13:8, 12), pero ahora estaba tan perturbado por aquello mismo que debía haber fortalecido su fe, que esperaba que ambos murieran de inmediato: «Ciertamente moriremos». Entre los antiguos judíos era común creer que cualquiera que viera a Dios o a un ángel moriría inmediatamente. Por el momento, esa idea dominó su fe, tal como le había ocurrido a Gedeón (Jueces 6:22).
Su esposa, en cambio, muestra una gran fe (Jueces 13:23). La mujer que algunos consideran el «vaso más débil» fue aquí la creyente más fuerte, y quizá por eso el ángel se le apareció más de una vez. El corazón de Manoa comenzaba a desfallecer, pero su esposa, como una ayuda adecuada para él, lo animó. Dos son mejores que uno, porque si uno cae en el desánimo, el otro puede levantarlo. Los esposos deben ayudarse mutuamente a crecer en la fe y en el gozo siempre que puedan.
Nadie argumenta mejor que la esposa de Manoa en esta ocasión. Su esposo dijo: «Ciertamente moriremos». Ella respondió, en esencia: «No, no tenemos que temer eso. No convirtamos en algo malo para nosotros aquello que en realidad está destinado a nuestro bien. No moriremos a menos que Dios decida quitarnos la vida. Nuestra muerte tendría que venir de su mano y conforme a su voluntad. Pero las señales de su favor que hemos recibido no apuntan a la destrucción». Si Dios hubiera querido matarlos, ella dice que entonces:
(1) No habría aceptado su sacrificio ni habría mostrado su aceptación haciendo que se consumiera (Salmo 20:3, nota al margen). El sacrificio ocupaba el lugar de sus vidas, y el fuego que cayó sobre él demostró que la ira de Dios se había apartado de ellos. El sacrificio de los malvados es detestable para Dios, pero estaba claro que el de ellos no había sido rechazado.
(2) No les habría mostrado todas aquellas maravillas en una época en que las visiones abiertas eran poco frecuentes y escasas (1 Samuel 3:1). Tampoco les habría dado promesas tan grandes y preciosas acerca de un hijo que sería nazareo, una persona consagrada a Dios, y libertador de Israel. No les habría dicho estas cosas si hubiera querido matarlos. No tenemos que temer que las raíces sean destruidas si todavía está previsto que de ellas crezca una rama.
Esto muestra que Dios no quiere la muerte de los pecadores cuando ha aceptado el gran sacrificio que Cristo ofreció por su salvación, ha abierto el camino para que reciban su favor y ha prometido ese favor a quienes se arrepienten. Si hubiera tenido la intención de destruirlos, no habría actuado de esa manera.
Que los creyentes que han conocido la presencia de Dios por medio de su Palabra y la oración, y que han visto señales de que él ha aceptado su obra, encuentren consuelo en esto durante tiempos oscuros y nublados: «Dios no habría hecho lo que ha hecho en mi alma si tuviera la intención de abandonarme y dejarme perecer al final, porque su obra es completa y no engañará a su pueblo con su bondad». Aprendamos a razonar como lo hizo la esposa de Manoa: «Si Dios hubiera querido que pereciera bajo su ira, no me habría dado señales tan claras de su favor». Mujer, ¡grande es tu fe!
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Jueces 13:1
"Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, y el SEÑOR los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años."
Jueces 13:2
"Había un hombre de Zora, de la familia de los danitas, que se llamaba Manoa. Su esposa era estéril y no había dado a luz."
Jueces 13:3
"El ángel del SEÑOR se apareció a la mujer y le dijo: Mira, eres estéril y no has dado a luz; pero concebirás y darás a luz un hijo."
Jueces 13:4
"Ahora, por favor, cuídate de no beber vino ni bebida fuerte, y no comas nada impuro."
Jueces 13:5
"Porque concebirás y darás a luz un hijo, y ninguna navaja pasará sobre su cabeza, porque el niño será nazareo para Dios desde el vientre. Él comenzará a librar a Israel de manos de los filisteos."
Jueces 13:6
"Entonces la mujer fue y se lo contó a su esposo, diciendo: Un hombre de Dios vino a mí. Su aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, muy temible. No le pregunté de dónde era, ni él me dijo su nombre."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.