Versículo destacado

Jueces 13:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, y el SEÑOR los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años. "

Jueces 13:1

menu_book El versículo en contexto

1 Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, y el SEÑOR los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años.

2 Había un hombre de Zora, de la familia de los danitas, que se llamaba Manoa. Su esposa era estéril y no había dado a luz.

3 El ángel del SEÑOR se apareció a la mujer y le dijo: Mira, eres estéril y no has dado a luz; pero concebirás y darás a luz un hijo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

El primer versículo presenta un breve relato de la profunda aflicción en la que se encontraba Israel, situación que llevó a Dios a levantar un libertador. Los israelitas volvieron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, y por eso Dios los entregó nuevamente en manos de sus enemigos. Si no hubiera habido pecado, no habría habido necesidad de un Salvador. Pero se permitió que el pecado aumentara, para que la gracia aumentara mucho más.

Los enemigos a los que Dios ahora los entregó fueron los filisteos, sus vecinos cercanos, que vivían entre ellos. Ellos eran los primeros y principales de las naciones destinadas a la destrucción, pero Dios los dejó allí para probar a Israel (Jue 3:1, 3). Los filisteos tenían cinco gobernantes y solo cinco ciudades importantes, de modo que eran pocos en comparación con Israel. Sin embargo, cuando Dios los usó como vara en su mano, se volvieron muy crueles y dolorosos para Israel. Esta aflicción duró más que cualquiera de las anteriores: cuarenta años, aunque probablemente no siempre con la misma intensidad.

Mientras Israel se encontraba en esta angustia, nació Sansón, y aquí un ángel anuncia de antemano su nacimiento. Primero se nos dice de dónde procedía. Era de la tribu de Dan, y Dan significa «juez» o «juicio» (Gn 30:6). Las palabras de Jacob antes de morir: «Dan juzgará a su pueblo», probablemente apuntaban hacia Sansón, indicando que una de las tribus que a menudo se consideraban pequeñas aún proporcionaría un juez para Israel (Gn 49:16). El territorio de Dan estaba junto al territorio filisteo, por lo que un hombre de esa tribu estaba especialmente preparado para frenar su poder.

Los padres de Sansón habían sido estériles durante mucho tiempo. Muchas personas importantes nacieron de mujeres que habían esperado durante años tener hijos, como Isaac, José, Samuel y Juan el Bautista, para que el regalo fuera recibido con mayor alegría cuando llegara. «Canta, oh estéril, la que no daba a luz» (Is 54:1). Las misericordias que se esperan durante mucho tiempo suelen demostrar ser especialmente abundantes, y dejan claro que valió la pena esperar por ellas. También animan a otros a seguir esperando en la misericordia de Dios.

La buena noticia llegó a la madre de Sansón por medio de un ángel del SEÑOR (Jue 13:3), que se le apareció como un hombre, semejante a un profeta o a un varón de Dios. El obispo Patrick considera que este ángel era el mismo SEÑOR, la Palabra del SEÑOR, que más adelante sería revelada como el Mesías. Su nombre es Admirable (Jue 13:18), y también se le llama Jehová (Jue 13:19). El gran Redentor tuvo especial cuidado de preparar la venida de este libertador menor. El mensaje no fue dado principalmente por causa de Manoa y su esposa, que eran danitas sencillos, sino por causa de Israel, cuyo libertador sería Sansón. También señalaba de antemano al Mesías, cuyo nacimiento igualmente tendría que ser anunciado por un ángel.

En el mensaje, el ángel primero reconoce el dolor de ella: «Eres estéril y no has tenido hijos». Esto demostraba que era profeta, pues, aunque era un desconocido, conocía su aflicción. No le dijo esto para avergonzarla, sino porque quizá ella ya estaba lamentando su esterilidad. Dios suele enviar consuelo precisamente cuando las personas sienten su sufrimiento con mayor intensidad: «Ahora eres estéril, pero no siempre lo serás».

Después le aseguró que concebiría y daría a luz un hijo (Jue 13:3), y repitió la promesa en Jue 13:5. Esto muestra el poder de la palabra de Dios. El hombre más fuerte que jamás vivió vino al mundo como un hijo de la promesa, al igual que Isaac, quien nació mediante el poder de la promesa de Dios y de la fe en esa promesa (Heb 11:11; Gá 4:23). Muchas mujeres han tenido hijos después de largos años de esterilidad por la providencia de Dios, pero Sansón nació por promesa, porque era una figura de la Simiente prometida, esperada durante tanto tiempo por la fe de los creyentes del Antiguo Testamento.

El ángel también dijo que el niño debía ser nazareo desde su nacimiento. Un nazareo era alguien apartado para Dios de una manera especial, y por eso la madre también debía seguir las normas del nazareato, aunque ella misma no estuviera bajo un voto de nazareo. No debía beber vino ni bebidas embriagantes mientras el niño estuviera en su vientre ni mientras lo amamantara (Jue 13:4-5). Este libertador de Israel debía estar consagrado a Dios de la manera más estricta y servir como ejemplo de santidad. Dios mostró su bondad hacia Israel al levantar a algunos de sus jóvenes como nazareos (Am 2:11). Otros jueces corrigieron el alejamiento de Israel de Dios, pero Sansón debía sobresalir por encima de todos ellos como alguien especialmente consagrado al SEÑOR.

A pesar de las faltas posteriores de Sansón, hay razones para pensar que, como nazareo establecido por Dios, durante su vida sí manifestó el verdadero significado de esa separación para el SEÑOR (Nm 6:2). Quienes han de salvar a otros deben distinguirse por una piedad especial. Samuel, quien continuó la liberación de Israel de los filisteos, fue nazareo por causa del voto de su madre (1 S 1:11), y Sansón fue nazareo por mandato del propio Dios. Por eso, la madre de Sansón tuvo que negarse a sí misma y evitar incluso cosas que en otras circunstancias eran lícitas. La promesa puso a prueba su fe, y el mandamiento puso a prueba su obediencia, porque Dios pide tanto fe como obediencia a aquellos a quienes concede sus dones.

Las mujeres embarazadas deben evitar cuidadosamente cualquier cosa que tengan razones para pensar que podría perjudicar la salud o la fortaleza del niño. Tal vez a la madre de Sansón también se le indicó que evitara el vino y las bebidas embriagantes no solo porque su hijo sería nazareo, sino porque sería un hombre de gran fuerza, y su sobriedad contribuiría a ello. El ángel también anunció la obra que este niño realizaría por su nación: «Él comenzará a librar a Israel». Es una gran bendición cuando nuestros hijos no solo son entregados a Dios, sino que también son hechos útiles para el bien de los demás y de su propia generación. No deben vivir escondidos, como una vela debajo de una canasta, sino colocados abiertamente sobre un candelero.

Las palabras «Él comenzará a librar a Israel» también muestran que la opresión filistea duraría mucho tiempo. El rescate de Israel ni siquiera comenzaría hasta que este niño, aún no nacido, creciera lo suficiente para iniciarlo. Y, sin embargo, él solo comenzaría la liberación, lo que significa que la aflicción continuaría después de él. Dios suele llevar adelante su obra poco a poco y por medio de varias personas. Uno pone el fundamento, otro edifica sobre él y quizá un tercero coloca la piedra final.

En esto, Sansón era una figura de Cristo, primero como nazareo consagrado a Dios desde el vientre.

Aunque nuestro Señor Jesús no fue nazareo, los nazareos señalaban hacia él. Él fue perfectamente puro de todo pecado, tan puro que el pecado nunca fue concebido en él, y estuvo completamente consagrado al honor de su Padre. Cristo vino de la comunidad judía en cuanto a su naturaleza humana, porque a ellos pertenecía la promesa de su venida (Ro 9:4-5). En esa promesa, por así decirlo, él estuvo durante mucho tiempo en el vientre de aquella comunidad, que por muchas generaciones lo llevaba en sí; por eso, como la madre de Sansón, era durante ese tiempo una nación santa y un pueblo especial. Debido a él, se les prohibía estrictamente tocar cualquier cosa impura, pues de ellos vendría Cristo en el cumplimiento del tiempo.

Cristo también vino como libertador de Israel, porque Jesús es el Salvador que salva a su pueblo de sus pecados. Sin embargo, hay una diferencia: Sansón solo comenzó a librar a Israel, y después Dios levantó a David para completar la destrucción de los filisteos. Pero nuestro Señor Jesús reúne en sí lo que representaban Sansón y David: él es tanto quien inicia nuestra fe como quien la lleva a su cumplimiento.

Lo siguiente es el informe que la esposa de Manoa llevó a su casa, llena de alegría y apresuradamente, para contarle a su esposo este mensaje tan sorprendente (Jue 13:6-7). La buena noticia le llegó cuando estaba sola, quizá mientras oraba o reflexionaba. Pero no podía ni quería guardársela; por eso le contó todo a su esposo.

Primero le habló del mensajero. Era un varón de Dios (Jue 13:6). Ella podía describir su apariencia, que era muy imponente. Su rostro tenía tal grandeza, sus ojos brillaban tanto y su aspecto resplandecía de tal manera que, según la idea que ella tenía de un ángel, parecía tener rostro de ángel. Pero no podía decir su nombre ni de qué tribu o ciudad de Israel era, porque él no quiso revelárselo. Además, la visión le había producido tanto temor reverente que ella no se atrevió a preguntarle.

Estaba completamente convencida de que él era un siervo de Dios. Pensó que tanto su persona como su mensaje llevaban en sí mismos la prueba de su origen, por lo que no preguntó nada más.

En segundo lugar, le contó el mensaje mismo. Le dio un informe completo tanto de la promesa como del mandamiento (Jue 13:7). Lo hizo para que él también creyera la promesa y para que pudiera recordarle, cuando fuera necesario, que obedeciera el mandamiento. De esta manera, el esposo y la esposa deben compartir entre sí lo que han experimentado en su comunión con Dios y lo que han aprendido de él, para ayudarse mutuamente a caminar por el camino de la santidad.

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