Versículo destacado

Josué 8:3 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Entonces Josué se levantó con todo el pueblo de guerra para subir contra Hai. Josué escogió a treinta mil hombres fuertes y valientes, y los envió de noche. "

Josué 8:3

menu_book El versículo en contexto

1 Y el SEÑOR dijo a Josué: No temas ni te desanimes. Toma contigo a todo el pueblo de guerra, levántate y sube a Hai. Mira, he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, su ciudad y su tierra.

2 Harás con Hai y con su rey como hiciste con Jericó y con su rey; pero ustedes tomarán para sí como botín sus despojos y su ganado. Prepara una emboscada detrás de la ciudad.

3 Entonces Josué se levantó con todo el pueblo de guerra para subir contra Hai. Josué escogió a treinta mil hombres fuertes y valientes, y los envió de noche.

4 Y les ordenó: Miren, ustedes tenderán una emboscada contra la ciudad, detrás de ella. No se alejen mucho de la ciudad y estén todos preparados.

5 Yo y todo el pueblo que está conmigo nos acercaremos a la ciudad; y cuando ellos salgan contra nosotros, como la primera vez, huiremos delante de ellos.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí tenemos el relato de cómo Hai fue tomada mediante un ataque sorpresa. La estrategia utilizada fue legítima y buena, porque Dios mismo la dirigió. No hay razón para pensar que un método así fuera incorrecto en otras guerras.

No se quebrantó ningún tratado de paz ni se usó una promesa sagrada para obtener una ventaja egoísta. Esas cosas son santas y no deben tratarse a la ligera. Una vez que se da la palabra, esta se convierte en una deuda, incluso frente a un enemigo. Pero en este caso no se dijo ninguna mentira. Lo único que se mantuvo oculto fueron sus propios planes, y ningún enemigo tiene derecho a conocer esos planes.

No se fingió nada falso, excepto una retirada; y una retirada no demuestra necesariamente una derrota ni que no se piensa regresar. Los hombres de Hai debieron mantenerse alertas y permanecer detrás de las murallas de su ciudad. El sentido común debió decirles que no persiguieran a un ejército mucho más grande que el suyo, dejando la ciudad sin protección. Pero si alguien quiere dejarse engañar, que se deje engañar. Si los cananeos escogieron actuar neciamente y quebrantar toda regla de buen juicio al perseguir a Israel, Israel no puede ser culpado por aprovecharse de esa necedad.

Sin embargo, hay cierta dificultad para armonizar las cifras relacionadas con el ataque. En Josué 8:3 se menciona que escogieron a treinta mil hombres y los enviaron de noche, para que sorprendieran la ciudad una vez que quedara vacía. Pero más adelante, en Josué 8:12, se dice que Josué tomó a cinco mil hombres y los puso en una emboscada detrás de la ciudad; y en Josué 8:19 esa emboscada entró en la ciudad y le prendió fuego. Algunos piensan que hubo dos grupos de emboscada: primero treinta mil y después cinco mil; la fuerza mayor habría cumplido otras funciones mientras el ejército principal atacaba abiertamente.

Otros piensan que todo el pueblo simplemente acampó frente a la ciudad y que Josué escogió a treinta mil de entre ellos para la operación. De ese grupo envió a cinco mil a tender una emboscada, pues ese número era suficiente para desplazarse sin ser vistos. El resto, fueran veinticinco mil o los treinta mil completos, realizó el ataque abierto. Si aceptamos que puede haber cierto desorden en la manera en que se cuenta el relato, el punto principal parece suficientemente claro: probablemente hubo una sola emboscada, compuesta por cinco mil hombres, número adecuado para esa tarea.

Los detalles principales del relato son claros. Una fuerza escondida se colocó detrás de la ciudad, en el lado opuesto al ejército principal. Es probable que la configuración del terreno ayudara a mantenerla oculta. Entonces Josué y el ejército que estaba con él se enfrentaron a la ciudad, y la guarnición salió apresuradamente para atacarlos. En ese momento Israel retrocedió, cedió terreno y pareció huir hacia el desierto.

Cuando los hombres de Hai vieron esto, enviaron a todas sus fuerzas para perseguirlos. Así dejaron la ciudad abierta, y los hombres de la emboscada la tomaron y le prendieron fuego. Cuando dieron la señal a Josué con el humo, él se volvió con todo su ejército contra los perseguidores. Para entonces ya era demasiado tarde para Hai. Vieron la trampa en la que habían caído, pero su retirada estaba bloqueada, y todos fueron destruidos. Un engaño parecido aparece en Jueces 20:30 y siguientes.

También podemos ver qué comandante tan valiente era Josué. Primero, sobresalen su juicio y su habilidad. Dios le dio en el versículo 2 la indicación de colocar una emboscada detrás de la ciudad, pero Josué desarrolló sabiamente los detalles. En verdad, la sabiduría fortalece al sabio más que diez hombres fuertes (Eclesiastés 7:19).

Segundo, fue diligente y activo. Josué se levantó temprano por la mañana, para no perder tiempo y para tener la mente completamente concentrada en la tarea. Cualquiera que quiera pelear batallas espirituales no debe amar la comodidad. Tercero, mostró valor y firmeza. Aunque Israel ya había sido rechazado antes por Hai, él volvió a guiarlos personalmente por segunda vez (Josué 8:5). También llevó consigo a los ancianos de Israel (Josué 8:10), como si fuera a juzgar a unos criminales en vez de luchar contra enemigos.

Cuarto, fue cuidadoso y considerado. Esa noche entró en medio del valle para organizar lo necesario para el ataque y asegurarse de que todo estuviera listo. El obispo Patrick pensaba que quizá había ido allí solo para pedir en oración la bendición de Dios sobre la misión, y no oró en vano. Quinto, Josué fue constante y perseverante. Cuando extendió su lanza hacia la ciudad (Josué 8:18), no la bajó hasta que la obra terminó. Sus manos permanecieron firmes en la batalla, así como las manos de Moisés permanecieron firmes en oración hasta la puesta del sol. Quienes han extendido sus manos contra enemigos espirituales no deben retirarlas.

Lo que Josué hizo mediante esta estrategia también nos señala al Señor Jesucristo, de quien Josué fue una figura, es decir, una persona que anticipa y prefigura a Cristo. Josué obtuvo la victoria al parecer que cedía, como si él mismo hubiera sido derrotado. De la misma manera, cuando Jesús inclinó la cabeza y entregó su espíritu, pareció que la muerte lo había vencido y que toda su causa había caído. Pero en su resurrección volvió a levantarse y derrotó por completo a los poderes de las tinieblas. Aplastó la cabeza de la serpiente al permitir que la serpiente hiriera su talón.

También vemos la obediencia de Israel. Todo lo que Josué les mandó hacer, conforme al mandato del Señor (Josué 8:8), lo hicieron sin quejarse ni discutir.

Los hombres enviados a tender una emboscada entre Betel y Hai, dos ciudades aliadas contra Israel, fueron puestos en un peligro real. Si los hubieran descubierto, todos podrían haber muerto. Aun así, fueron de buena voluntad; y cuando el ejército principal fingió retirarse y huyó, aunque aquello era vergonzoso y arriesgado, ellos obedecieron a Josué.

¡Qué enemigo tan necio era el rey de Hai! Primero, no utilizó bien a sus exploradores y no logró detectar a los hombres escondidos detrás de la ciudad (Josué 8:14). Este es un ejemplo impactante del poder de Dios para cegar a las personas respecto de aquello que más les conviene, de modo que «no sabía que había hombres que estaban emboscados contra él». Quienes se encuentran en mayor peligro muchas veces son los menos conscientes de ello.

Segundo, cuando Israel pareció huir, sacó todas sus fuerzas para perseguirlo y no dejó a nadie para proteger la ciudad ni cubrir su retirada (Josué 8:17). De esta manera, los enemigos del pueblo de Dios a menudo se destruyen a sí mismos por causa de su propia furia. El faraón hizo lo mismo cuando su persecución entusiasta de Israel lo llevó al mar Rojo.

Tercero, al ver que solo treinta y seis hombres habían muerto de los tres mil que participaron en el ataque anterior de Israel, llegó a la conclusión equivocada de que este ejército más grande también sería derrotado de inmediato (Josué 8:6). Dijo: «Huyen delante de nosotros como la primera vez». Observemos cómo el éxito de los necios los arruina: los llena de orgullo y los empuja hacia la destrucción. Dios había usado a los hombres de Hai como una vara para corregir a su pueblo por su pecado, pero aquella victoria los había llenado de orgullo, como si hubieran obtenido el poder para salvar a su propia nación. Pronto se les mostró su error: una vez que Israel volvió a contar con el favor de Dios, Hai no pudo tener poder sobre ellos. Dios había usado a Hai solo para disciplinar a Israel, y después desecharía la misma vara, aunque Hai tenía una intención muy distinta y solo buscaba destruir (Isaías 10:5-7).

Cuarto, vemos la victoria completa que Israel obtuvo mediante el favor y la bendición de Dios. Cada grupo cumplió su parte. Las fuerzas divididas de Israel se entendieron entre sí mediante las señales acordadas, y todo sucedió conforme al plan. Así, los hombres de Hai, precisamente cuando estaban más seguros de la victoria, se encontraron rodeados. No tuvieron valor para luchar ni espacio para escapar, y se vieron obligados a entregar la vida a sus atacantes. Es difícil decir si fueron más fuertes los gritos de Israel o los lamentos de Hai, pero es fácil imaginar el miedo y la confusión que los invadieron cuando su mayor confianza se convirtió de repente en la más profunda desesperación.

El triunfo de los malvados es breve (Job 20:5). Son enaltecidos por un poco de tiempo para que su caída y ruina sean aún peores (Job 24:24). Observa qué rápido cambia la situación contra quienes no tienen a Dios de su lado.

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