Versículo destacado
Josué 5:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Los hijos de Israel acamparon en Gilgal y celebraron la Pascua el día catorce del mes, al anochecer, en las llanuras de Jericó. "
Josué 5:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Y sucedió que, cuando terminaron de circuncidar a todo el pueblo, permanecieron en sus lugares dentro del campamento hasta que sanaron.
9 Entonces el SEÑOR dijo a Josué: «Hoy he quitado de ustedes el oprobio de Egipto». Por eso aquel lugar se llama Gilgal hasta el día de hoy.
10 Los hijos de Israel acamparon en Gilgal y celebraron la Pascua el día catorce del mes, al anochecer, en las llanuras de Jericó.
11 Al día siguiente de la Pascua comieron del grano viejo de la tierra: panes sin levadura y grano tostado, aquel mismo día.
12 Y el maná cesó al día siguiente de que comieron del grano viejo de la tierra. Los hijos de Israel no volvieron a tener maná, sino que aquel año comieron del fruto de la tierra de Canaán.
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Podemos imaginar fácilmente que los habitantes de Canaán estaban asombrados. Al ver lo que Israel estaba haciendo, seguramente pensaban que era muy extraño. A menudo, los soldados creen que sus deberes militares los excusan de cumplir con sus deberes religiosos, porque se sienten demasiado ocupados o distraídos. Sin embargo, Josué comenzó la campaña con un acto de adoración tras otro. Lo que más adelante se dijo acerca de otro Josué podía decirse verdaderamente de él: él y sus compañeros eran hombres que servían como señal (Zacarías 3:8). Escogió el camino correcto, porque lo que comienza con Dios probablemente terminará bien.
Primero, celebraron una Pascua solemne en el tiempo establecido por la ley: el día catorce del primer mes, en el mismo lugar donde habían sido circuncidados (versículo 10). Mientras vagaban por el desierto, no pudieron celebrar esta ordenanza, como otra señal del desagrado de Dios. Pero ahora Dios volvió a consolarlos después de su sufrimiento y respondió a la oración de Moisés cuando se había pronunciado aquella sentencia: «Alégranos conforme a los días en que nos afligiste» (Salmo 90:15). Así fue restaurada aquella fiesta gozosa.
Ahora que habían entrado en Canaán, era muy apropiado recordar los grandes actos del poder y la bondad de Dios que los habían sacado de Egipto. Cuando las bendiciones llegan a su plenitud, deben recordarnos dónde comenzaron. Cuando llega la luz plena del día, no debemos olvidar cuán bienvenida fue la luz de la mañana después de una larga espera. La Pascua fue seguida inmediatamente por la circuncisión, así como quienes recibieron la palabra fueron bautizados y luego partieron el pan de inmediato (Hechos 2:41-42).
Celebraron esta Pascua en las llanuras de Jericó, casi como un desafío a los cananeos que los rodeaban. Sus enemigos estaban enfurecidos, pero no pudieron molestarlos. De esta manera, Dios les dio una prueba temprana de su promesa: cuando subieran a las fiestas, nadie desearía su tierra (Éxodo 34:24). Él preparó una mesa para ellos en presencia de sus enemigos (Salmo 23:5).
Segundo, se hicieron provisiones para el campamento con el grano de la tierra, y luego el maná cesó (versículos 11-12). El maná había sido un regalo maravilloso cuando lo necesitaban, pero correspondía a su vida en el desierto. Era alimento para niños y, aunque era «pan del cielo», ahora preferirían comer el grano de la tierra.
Los habitantes de la región habían huido a Jericó para ponerse a salvo y habían dejado atrás sus graneros y campos con todo lo que contenían. Eso ahora abasteció a este gran ejército. El momento fue muy oportuno. Después de la Pascua debían celebrar la Fiesta de los Panes sin Levadura, algo que no podían hacer correctamente mientras vivieran solamente del maná. Tal vez esa fue una de las razones por las que no la celebraron en el desierto. Pero ahora había grano añejo almacenado en los graneros de los cananeos, suficiente para alimentarlos abundantemente. Así se cumplió el principio de que las riquezas de los pecadores se acumulan para los justos, aunque quienes las almacenaron apenas imaginaban quién las disfrutaría (véase Proverbios 13:22).
Al día siguiente del sábado de Pascua, debían presentar delante del Señor la gavilla de las primicias (Levítico 23:10-11). Se les había ordenado hacer esto cuando entraran en la tierra que Dios les daría, y ahora tenían el fruto de esa tierra para presentarlo como ofrenda (Josué 5:12). El grano estaba creciendo y comenzaba a madurar. Así que contaban con abundante grano, tanto añejo como nuevo, como administradores sabios de su casa (Mateo 13:52). En cuanto el fruto de la buena tierra llegó a sus manos, tuvieron la oportunidad de honrar a Dios con él y usarlo en su servicio, tal como él lo había ordenado. Todo quedó dispuesto para que vivieran con bienestar y orden.
Calvino pensaba que habían celebrado la Pascua cada año en el desierto, aunque no se mencione, y que Dios les había permitido a los no circuncidados ofrecer otros sacrificios. Pero algunos creen, basándose en Amós 5:25, que después de pronunciarse la sentencia contra aquella generación no se ofrecieron sacrificios hasta que entraron en Canaán, y que, por lo tanto, tampoco celebraron la Pascua. También vale la pena observar que, después de aquella sentencia en Números 14, la ley sobre los sacrificios en Números 15 comienza con estas palabras: «Cuando hayan entrado en la tierra donde van a vivir».
Hay que notar especialmente que el maná cesó en cuanto comieron del grano añejo de la tierra. Esto demuestra que no llegaba por casualidad ni por la providencia ordinaria, como la nieve o el granizo, sino por la sabiduría y la bondad especiales de Dios. Llegaba exactamente cuando lo necesitaban y duraba solamente mientras era necesario. También nos enseña que no debemos esperar una ayuda extraordinaria cuando ya contamos con los medios ordinarios para recibirla.
Si Dios hubiera tratado a Israel conforme a lo que merecía, el maná habría cesado cuando lo llamaron «pan miserable». Pero mientras lo necesitaron, Dios siguió dándoselo, aunque ellos lo despreciaban. Y cuando dejaron de necesitarlo, se los quitó, aunque algunos todavía lo quisieran. Él es un Padre sabio. Sabe lo que sus hijos realmente necesitan y les da conforme a eso, no conforme a sus estados de ánimo.
La palabra de Dios y las ordenanzas de Dios son como un maná espiritual. Dios las usa para alimentar a su pueblo en este desierto. Aunque con frecuencia no las valoramos como deberíamos, él las mantiene mientras estamos aquí. Pero cuando lleguemos a la Canaán celestial, este maná cesará, porque ya no lo necesitaremos.
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De este capítulo
Josué 5:1
"Y sucedió que, cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al lado occidental del Jordán y todos los reyes de los cananeos que estaban junto al mar oyeron que el SEÑOR había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que nosotros cruzamos, su corazón se derritió y no quedó más espíritu en ellos a causa de los hijos de Israel."
Josué 5:2
"En aquel tiempo, el SEÑOR dijo a Josué: «Hazte cuchillos afilados y vuelve a circuncidar a los hijos de Israel por segunda vez»."
Josué 5:3
"Josué se hizo cuchillos afilados y circuncidó a los hijos de Israel en la colina de los prepucios."
Josué 5:4
"Esta es la razón por la que Josué los circuncidó: todo el pueblo que salió de Egipto, los varones, es decir, todos los hombres de guerra, murieron en el desierto por el camino después de salir de Egipto."
Josué 5:5
"Todo el pueblo que salió estaba circuncidado, pero a todo el pueblo que nació en el desierto por el camino mientras salían de Egipto no lo habían circuncidado."
Josué 5:6
"Porque los hijos de Israel anduvieron cuarenta años por el desierto, hasta que fue consumido todo el pueblo de los hombres de guerra que había salido de Egipto, porque no obedecieron la voz del SEÑOR. A ellos el SEÑOR les juró que no les mostraría la tierra que el SEÑOR había jurado a sus padres que nos daría, una tierra que fluye leche y miel."
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