Versículo destacado
Josué 15:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" A Caleb hijo de Jefone le dio una parte entre los hijos de Judá, conforme al mandato del SEÑOR a Josué: la ciudad de Arba, padre de Anac, que es Hebrón. "
Josué 15:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 La frontera salía hacia el lado norte de Ecrón, se trazaba hasta Sicrón, pasaba por el monte Baalá y salía a Jabneel; los extremos de la frontera estaban en el mar.
12 La frontera occidental era el Gran Mar y su costa. Esta es la frontera de los hijos de Judá alrededor, según sus familias.
13 A Caleb hijo de Jefone le dio una parte entre los hijos de Judá, conforme al mandato del SEÑOR a Josué: la ciudad de Arba, padre de Anac, que es Hebrón.
14 Caleb expulsó de allí a los tres hijos de Anac: Sesai, Ahimán y Talmai, hijos de Anac.
15 Desde allí subió hacia los habitantes de Debir; antes, el nombre de Debir era Quiriat-sefer.
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El escritor parece alegrarse de mencionar una y otra vez a Caleb y de honrarlo, porque Caleb había honrado a Dios al seguirlo plenamente. Aquí se vuelve a decir que Josué le dio el monte de Hebrón como herencia (Josué 15:13), y el texto recalca que le fue entregado.
Este regalo se hizo conforme al mandato del SEÑOR a Josué. Caleb tenía un derecho firme basado en la promesa de Dios, pero Josué aun así no quiso actuar por su propia cuenta, ni siquiera a favor de su viejo amigo, porque Dios había establecido que la tierra se repartiera por sorteo. En los asuntos inciertos, es una gran misericordia conocer la voluntad de Dios y ver con claridad cuál es nuestro deber.
También se dice que Hebrón llegó a formar parte del territorio de Judá. Aunque Caleb la recibió antes de que se echara el sorteo de Judá, Dios dirigió los sorteos de tal manera que la ciudad quedó dentro de esa tribu. Fue una disposición bondadosa, para que Caleb no quedara separado de su propio pueblo ni rodeado por otras tribus.
Después de recibir esta concesión, la historia muestra cómo Caleb demostró su valor en Hebrón. Él y quienes lo ayudaron expulsaron a los tres hijos de Anac. Así se cumplió la confianza que había mostrado antes, cuando creyó que el SEÑOR estaría con él (Josué 14:12). El texto no dice que matara a los gigantes, sino que los expulsó, lo cual da a entender que huyeron delante de él.
Su gran tamaño y su fuerza no pudieron sostener su valor. Tenían apariencia de leones, pero el corazón de liebres asustadas. Dios suele obrar de esta manera: derriba a los orgullosos y quita el valor a los líderes (Salmo 76:12; Job 12:24). Del mismo modo, si resistimos al diablo, ese león rugiente, quizá no caiga de inmediato, pero huirá.
Caleb también despertó el valor de otros durante la conquista de Debir, que se describe a continuación. Josué ya había tomado Debir anteriormente, pero los cananeos la recuperaron después de que el ejército siguió adelante, por lo que fue necesario conquistarla otra vez. Después de terminar con Hebrón, una obra que beneficiaba principalmente a su propia familia, Caleb avanzó hacia Debir para el bien de toda la tribu. Debemos aprender de esto a no preocuparnos solo por nosotros mismos, sino a trabajar por el bien de la comunidad a la que pertenecemos.
El antiguo nombre de la ciudad era Quiriat-sefer, que significa «ciudad de un libro», y también se la llamaba Quiriat-saná. Algunos entienden que esto significa «ciudad del aprendizaje», como un centro de estudio entre los cananeos, parecido a Atenas en Grecia. Es posible que allí se conservaran sus registros, crónicas o escritos antiguos. Si era así, Caleb quizá quiso que Israel la tomara para que pudieran conocer lo que allí se guardaba.
Entonces Caleb ofreció a su hija, junto con una buena porción de tierra, a quien conquistara la ciudad y dirigiera las fuerzas en esa tarea. Más tarde, Saúl hizo una promesa similar respecto al hombre que matara a Goliat (1 Samuel 17:25). Ninguno de los dos padres pretendía obligar a su hija a casarse con alguien a quien no pudiera amar, sino que ambos confiaban en que sus hijas aceptarían la voluntad de su padre.
La familia de Caleb no solo era honorable y próspera, sino también temerosa de Dios. Él mismo siguió plenamente al SEÑOR, y probablemente enseñó a sus hijos a hacer lo mismo. Por eso, aquella unión habría sido deseable para un joven. Caleb quería, en primer lugar, ayudar a su pueblo tomando una ciudad importante. También quería que su hija se casara con un hombre instruido y valiente, alguien que valorara la ciudad de los libros y sirviera bien a su pueblo.
La ciudad fue conquistada valientemente por Otoniel, sobrino de Caleb, a quien Caleb probablemente tenía en mente cuando hizo la oferta. Más tarde, Otoniel llegó a ser libertador y juez de Israel, el primer líder individual después de la muerte de Josué. Es bueno que los jóvenes comiencen desde temprano a hacer lo que es grande y bueno, para que puedan brillar en el servicio mientras son jóvenes y recibir honra cuando sean mayores.
Una vez que todos estuvieron de acuerdo, Otoniel se casó con Acsa, la hija de Caleb. Probablemente ya la amaba, y eso lo impulsó a realizar una hazaña tan valiente. También pudieron influir su amor por su pueblo, la esperanza de recibir honra y el deseo de ganarse el favor de los líderes de Israel; pero su afecto por Acsa le dio un entusiasmo especial. El amor es fuerte como la muerte, y los celos son crueles como la tumba.
Como el escritor está hablando ahora del reparto de la tierra, también nos cuenta acerca de la porción de Acsa. Su herencia era tierra, y eso tenía gran valor porque provenía de la promesa de Dios, aunque los conquistadores de Canaán también habían obtenido muchas riquezas al saquear las ciudades. Parte de su tierra fue un regalo voluntario de Caleb, lo cual era apropiado, ya que ella se había casado dentro de su propia tribu y familia, como las hijas de Zelofehad. Él le dio una tierra del sur: tierra, sin duda, pero seca, probablemente calurosa y fácil de resecarse.
Ella recibió más cuando lo pidió. Quería que su esposo solicitara un campo, probablemente una parcela específica o una extensión de terreno fértil que pertenecía a Caleb y colindaba con la tierra del sur que él ya le había dado al casarse.
Ella pensaba que su esposo tendría en cuenta los mejores intereses de su padre. Sin duda, Caleb estaba muy complacido con aquella gran victoria. Pero su esposo consideró más apropiado que ella hiciera la petición y pensó que tendría más posibilidades de conseguirlo. Así que ella siguió su consejo, aunque era distinto de lo que ella misma había pensado, y manejó el asunto con mucha habilidad.
Primero, escogió el momento adecuado: cuando su padre la llevó a la casa de su esposo. La alegría de Caleb por haber dado a su hija un matrimonio tan bueno haría que estuviera dispuesto a recibir favorablemente cualquier petición de ella. Segundo, se bajó de su burro como señal de respeto hacia su padre. Incluso después de casarse, seguía decidida a honrarlo. Descendió llorando o suspirando, según lo expresan la Septuaginta y la versión latina. Mostró tristeza y preocupación para que su padre le preguntara qué quería.
Tercero, lo llamó una bendición, porque mejoraría mucho su nuevo hogar. Como se había casado no solo con el consentimiento de su padre, sino también en obediencia a su mandato, estaba segura de que él no se negaría a bendecirla. Cuarto, solo pidió agua, sin la cual su tierra tendría poco valor para la agricultura o el pastoreo. En realidad, se refería al campo que tenía manantiales de agua. Su petición era modesta y razonable, y precisamente por eso tenía tanta fuerza.
La tierra sin agua es como un árbol sin savia o un cuerpo sin sangre. Por eso, cuando Dios reunió las aguas en un solo lugar, sabiamente y con bondad dejó algunas en muchos otros lugares, para que la tierra pudiera servir bien a las personas (Salmo 104:10). Al final, Acsa recibió lo que pidió. Su padre le dio los manantiales de arriba y los manantiales de abajo, probablemente dos campos llamados así por las fuentes de agua, igual que hablamos de un campo alto y un campo bajo. Si se trata de un solo campo regado tanto por la lluvia del cielo como por los manantiales de la tierra, aun así la imagen encaja con la manera en que hablamos de las bendiciones espirituales.
De esta historia aprendemos, en primer lugar, que no se viola el décimo mandamiento cuando deseamos, con moderación, las comodidades y los bienes de esta vida, siempre que puedan obtenerse de manera justa y correcta. En segundo lugar, los esposos deben hablar y ponerse de acuerdo sobre lo que es bueno para su familia. Más aún, deben unirse para pedirle a su Padre celestial las mejores bendiciones: las bendiciones de los manantiales de arriba. En tercer lugar, los padres nunca deben pensar que pierden algo cuando les dan a sus hijos lo que verdaderamente es para su bien. Deben darles libremente una porción de sus bienes, además de su apoyo, especialmente cuando sus hijos son obedientes. Caleb tenía hijos (1 Crónicas 2:49), y aun así fue muy generoso con su hija. Los padres olvidan su deber y su lugar cuando escatiman a sus hijos lo que justamente les corresponde, si pueden proporcionárselo razonablemente.
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De este capítulo
Josué 15:1
"Esta fue, pues, la suerte de la tribu de los hijos de Judá según sus familias: llegaba hasta la frontera de Edom; el desierto de Zin, hacia el sur, era el extremo más meridional."
Josué 15:2
"Su frontera sur comenzaba en la orilla del Mar Salado, desde la bahía que mira hacia el sur."
Josué 15:3
"Salía hacia el lado sur de la subida de Acrabim, pasaba por Zin, subía por el lado sur hasta Cades-barnea, pasaba por Hezrón, subía a Adar y daba la vuelta hacia Carca."
Josué 15:4
"Desde allí pasaba hacia Asmón y salía al río de Egipto; los extremos de aquella frontera estaban en el mar. Esta será la frontera sur de ustedes."
Josué 15:5
"La frontera oriental era el Mar Salado hasta el extremo del Jordán. La frontera del lado norte comenzaba en la bahía del mar, en el extremo del Jordán."
Josué 15:6
"La frontera subía a Bet-hogla, pasaba al norte de Bet-arabá y subía hasta la piedra de Bohán, hijo de Rubén."
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