Versículo destacado

Jonás 1:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" La palabra del SEÑOR vino a Jonás hijo de Amitai, diciendo: "

Jonás 1:1

menu_book El versículo en contexto

1 La palabra del SEÑOR vino a Jonás hijo de Amitai, diciendo:

2 «Levántate, ve a Nínive, esa gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha subido ante mí».

3 Pero Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia del SEÑOR. Bajó a Jope y encontró un barco que iba a Tarsis; pagó el pasaje y bajó a él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del SEÑOR.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Observemos primero el honor que Dios le concedió a Jonás al enviarlo a predicar contra Nínive. Jonás significa «paloma», un nombre apropiado para todos los profetas de Dios y para todo su pueblo, que deben ser mansos como las palomas y también lamentar los pecados y las aflicciones de la tierra. Su padre era Amitai, que significa «mi verdad», porque los profetas de Dios deben ser personas de verdad.

La palabra del SEÑOR vino a Jonás. Es decir, el mensaje de Dios llegó a él como algo real y de mucho peso. Las palabras humanas pueden estar vacías, pero la palabra de Dios tiene sustancia y poder. Jonás ya conocía la voz del SEÑOR, por lo que podía distinguirla de la voz de un extraño. Ahora el mandato era: «Levántate y ve a Nínive», aquella gran ciudad (Jonás 1:2).

En ese tiempo, Nínive era la capital del imperio asirio y una ciudad famosa (Génesis 10:11). Era grande por su tamaño, riqueza, población y poder. Algunos dicen que medía cuarenta y ocho millas de circunferencia, y quizá era aún más extensa. Sin embargo, las grandes ciudades, al igual que las personas importantes, siguen estando bajo el gobierno y el juicio de Dios. Nínive también era una ciudad pagana, sin un conocimiento verdadero de Dios ni una adoración verdadera. Todavía hay muchas ciudades y naciones grandes sentadas en oscuridad y bajo la sombra de muerte.

Pero Nínive no solo era grande; también era malvada. La expresión «su maldad ha llegado hasta mí» significa que su pecado se había vuelto muy grande, como el pecado de Sodoma (Génesis 18:20-21). Había llegado delante del rostro de Dios, lo que quiere decir que era un insulto abierto contra él. Por eso Jonás debía clamar contra ella y advertirle de la destrucción que se acercaba. Dios estaba a punto de juzgarla y envió a Jonás delante para dar la alarma. Jonás no debía susurrar en un rincón, sino hablar abiertamente en la misma ciudad de Nínive.

Cuando el clamor del pecado sube hasta Dios, el clamor del juicio desciende contra el pecador. Jonás tenía que ir precisamente al lugar donde estaba la maldad y hablar allí contra ella. Otros profetas fueron enviados con mensajes a las naciones vecinas, y más tarde Nahúm habló especialmente contra Nínive, pero Jonás mismo tuvo que llevar esta advertencia. En efecto, Dios le dijo: «Levántate rápido. Ve de inmediato y cumple tu tarea con valor».

Los que sirven a Dios deben levantarse e ir cuando él los envía. Los profetas fueron enviados primero a las ovejas perdidas de Israel, pero no solamente a ellas. Israel tenía el pan de los hijos, pero aun así a Nínive se le permitió comer de las migajas.

En segundo lugar, vemos la deshonra que Jonás le causó a Dios cuando se negó a obedecer y huyó en la dirección contraria (Jonás 1:3). En vez de levantarse e ir a Nínive, Jonás se levantó y huyó a Tarsis, hacia el mar. Quería alejarse de la presencia del SEÑOR. No pensaba que pudiera escapar de la mirada de Dios, sino que quería abandonar su presencia especial, es decir, el llamado profético que lo estaba impulsando a cumplir aquella tarea. Algunos piensan que intentaba escapar del alcance de la profecía al salir de la tierra de Israel, porque quizá creía equivocadamente que la revelación profética estaba limitada a esa tierra.

Es posible que Jonás se negara porque el viaje era largo y peligroso, y porque temía que el mensaje le costara la vida en una ciudad tan poderosa. También pudo haberle importado demasiado el honor de su propia nación y no haber querido que otra nación participara de la revelación de Dios. Más adelante admite que temía que los ninivitas se arrepintieran, que Dios los perdonara y que eso avergonzara a Israel, que durante mucho tiempo había sido el pueblo especial de Dios (Jonás 4:2).

Así que Jonás fue a Tarsis, quizá Tarso de Cilicia. Tal vez la escogió porque tenía amigos o familiares allí y esperaba quedarse con ellos por un tiempo. Bajó a Jope, un puerto marítimo conocido de Israel, buscando un barco que se dirigiera a Tarsis, y encontró uno. La providencia parecía abrirle el camino, aunque estaba huyendo de su deber. Un camino puede parecer fácil y estar abierto delante de nosotros, y aun así ser el camino equivocado.

Probablemente encontró el barco listo para zarpar, así que no perdió tiempo. O quizá simplemente escogió Tarsis porque ese era el destino del barco. En cualquier caso, pagó el pasaje y subió a bordo con los demás. Le importaba poco el costo, con tal de poner distancia entre él y el mandato de Dios. Bajó al interior del barco con los marineros, los pasajeros y los comerciantes, olvidando tanto su dignidad como su deber.

Miremos en qué puede convertirse incluso la gente buena cuando Dios la deja entregada a sí misma. También vemos cuánto necesitamos que el Espíritu de Dios acompañe su palabra, para que todo pensamiento nuestro sea llevado a la obediencia. Isaías dijo que no fue rebelde ni retrocedió porque Dios no solo le habló, sino que también le abrió el oído (Isaías 50:5). Aprendamos, entonces, a no confiar demasiado en las personas ni a sentirnos demasiado seguros de nosotros mismos o de los demás en tiempos de prueba. El que piensa estar firme debe cuidarse de no caer.

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