Versículo destacado

Juan 19:16 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Ellos tomaron a Jesús y se lo llevaron. "

Juan 19:16

menu_book El versículo en contexto

14 Era la preparación de la Pascua, como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: «¡Miren a su Rey!».

15 Pero ellos gritaron: «¡Fuera con él! ¡Fuera con él! ¡Crucifícalo!». Pilato les preguntó: «¿He de crucificar a su Rey?». Los principales sacerdotes respondieron: «No tenemos más rey que César».

16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Ellos tomaron a Jesús y se lo llevaron.

17 Él, cargando su cruz, salió hacia un lugar llamado Lugar de la Calavera, que en hebreo se llama Gólgota.

18 Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí tenemos la sentencia de muerte pronunciada contra nuestro Señor Jesús, seguida poco después por su ejecución. Durante algún tiempo, Pilato había estado dividido entre lo que sabía que era correcto y lo que quería hacer. Al final, su sentido del deber cedió, y sus deseos pecaminosos prevalecieron. Temió más a la gente que a Dios.

Pilato dictó sentencia contra Cristo y firmó la orden de su muerte, como dice Juan 19:16. Primero podemos observar cómo pecó contra su propia conciencia. Más de una vez había declarado inocente a Jesús, pero finalmente lo condenó como culpable. Desde que llegó a ser gobernador, Pilato había ofendido y provocado con frecuencia al pueblo judío. Era orgulloso, duro y muy terco. Había tomado dinero del tesoro del templo, el corbán, y lo había usado para un proyecto de abastecimiento de agua. También había llevado a Jerusalén escudos que tenían la imagen del César, lo cual ofendió profundamente a los judíos. Incluso había causado la muerte de muchas personas al mantenerse firme en esas acciones.

Como temía que presentaran quejas por estas y otras ofensas, quiso complacer a los judíos. Eso hace aún mayor su culpa. Si hubiera sido una persona amable y fácil de persuadir, ceder ante semejante presión habría sido menos reprochable. Pero que un hombre tan decidido en otros asuntos y tan feroz de carácter cediera aquí demuestra que era verdaderamente malvado. Le resultaba más fácil herir su conciencia que soportar que contradijeran su orgullo.

Segundo, intentó echarles la culpa a los judíos. No entregó a Jesús a sus propios oficiales, como era habitual, sino a los acusadores: los principales sacerdotes y los ancianos. De ese modo procuró acallar su conciencia, actuando como si solo estuviera permitiendo lo que otros hacían y no fuera él mismo quien lo estuviera llevando a cabo.

Tercero, Cristo fue hecho pecado por nosotros. Nosotros merecíamos la condenación, pero Cristo fue condenado en nuestro lugar, para que no hubiera condenación para nosotros. Dios estaba juzgando a su Hijo, para no tener que juzgar a sus siervos.

Tan pronto como se dictó la sentencia, los acusadores se apresuraron a actuar. Habían logrado lo que querían y no deseaban perder tiempo, por si Pilato cambiaba de opinión y concedía un aplazamiento. Esos son enemigos terribles para nuestra alma: nos empujan a pecar y luego no nos dejan ninguna oportunidad de deshacer lo que hicimos. También temían un alboroto, porque la multitud podría volverse contra ellos después de que habían logrado obtener su apoyo con tanta astucia.

Sería bueno que fuéramos tan rápidos para hacer lo correcto como ellos lo fueron para hacer lo malo. Inmediatamente sacaron al prisionero. Los principales sacerdotes se apoderaron con entusiasmo de la víctima que habían esperado durante tanto tiempo. Por fin había caído en su red. O quizá fueron los soldados encargados de la ejecución quienes lo tomaron y se lo llevaron. No lo llevaron primero de regreso al lugar de donde había venido y después al lugar de la muerte, como sería lo normal entre nosotros, sino directamente al sitio de la ejecución. Tanto los sacerdotes como los soldados participaron en llevarlo.

Ahora el Hijo del Hombre era entregado en manos de hombres malvados e irrazonables. Según la ley de Moisés y, en los casos de apelación, según nuestras propias leyes, los acusadores debían llevar a cabo la ejecución (Deuteronomio 17:7). Aquí los sacerdotes se sentían orgullosos de desempeñar ese papel. Que Jesús fuera llevado no significa que se resistiera. Tenía que cumplirse la Escritura: fue llevado como oveja al matadero (Hechos 8:32). Nosotros merecíamos ser llevados con los criminales a la ejecución (Salmo 125:5), pero él fue llevado por nosotros, para que pudiéramos escapar.

Para aumentar su sufrimiento, hicieron que llevara su cruz mientras tuviera fuerzas para hacerlo (Juan 19:17), conforme a la costumbre romana. Por eso *Furcifer* era un insulto entre ellos. Sus cruces no permanecían fijas en un lugar como nuestras horcas. Al condenado lo clavaban en la cruz mientras esta estaba tendida en el suelo, y después la levantaban y la fijaban en la tierra. Después de la ejecución, por lo general la bajaban y la enterraban junto con el cuerpo, de modo que cada persona crucificada tenía su propia cruz.

El hecho de que Cristo llevara su cruz puede entenderse de varias maneras. Primero, formaba parte de su sufrimiento real. Verdaderamente soportó la cruz. Era un madero largo y pesado, y algunos piensan que ni siquiera había sido alisado o preparado. El cuerpo bendito del Señor Jesús era tierno y no estaba acostumbrado a semejante carga. Acababa de quedar terriblemente debilitado. Sus hombros estaban lastimados por los golpes que había recibido. Cada movimiento podía reabrir sus heridas, y el peso hacía que la corona de espinas se hundiera más en su cabeza. Sin embargo, soportó todo con paciencia, y esto era apenas el comienzo de sus sufrimientos.

Segundo, esto cumplía el modelo que había aparecido antes de él. Cuando Isaac estaba a punto de ser ofrecido, llevó la leña sobre la cual sería atado y quemado. Tercero, era una imagen poderosa de la obra salvadora de Cristo. El Padre había cargado sobre él la culpa de todos nosotros (Isaías 53:6), y él quitó el pecado al llevarlo en su propio cuerpo sobre el madero (1 Pedro 2:24). En efecto, había dicho: «Que la maldición caiga sobre mí», porque fue hecho maldición por nosotros. Por eso la cruz fue puesta sobre él.

Cuarto, esto nos enseña algo. Nuestro Maestro mostró a todos sus discípulos que debían tomar su cruz y seguirlo. Cualquiera que sea la cruz que él nos llame a llevar, debemos recordar que él llevó primero la cruz. Al llevarla por nosotros, ha hecho mucho más liviana la que nosotros llevamos. De ese modo, ha hecho que su yugo sea fácil y que su carga sea ligera. Él llevó la parte de la cruz que tenía la maldición, y esa era la parte más pesada. Por eso, todos los que le pertenecen pueden considerar ligeros y pasajeros los sufrimientos que padecen por él.

Lo llevaron al lugar de la ejecución. Salió, no arrastrado contra su voluntad, sino dispuesto a sufrir. Salió de la ciudad, porque fue crucificado fuera de la puerta (Hebreos 13:12). Para aumentar la vergüenza de su sufrimiento, lo llevaron al lugar común de ejecución, como alguien considerado en todo sentido un criminal. El lugar se llamaba Gólgota, es decir, el lugar de la calavera, donde arrojaban las calaveras y los huesos de los muertos, o donde dejaban las cabezas de los criminales ejecutados. Era un lugar ceremonialmente impuro. Cristo sufrió allí porque fue hecho pecado por nosotros, para limpiar nuestra conciencia de obras muertas y de su contaminación.

Si prestamos atención a las tradiciones de los ancianos, suelen mencionarse dos relatos antiguos acerca de ese lugar. Uno dice que Adán fue enterrado allí y que ese era el lugar de su calavera. Quienes sostienen esta opinión dicen que donde la muerte triunfó sobre el primer Adán, allí el segundo Adán triunfó sobre la muerte. Gerhard afirma que Orígenes, Cipriano, Epifanio, Agustín, Jerónimo y otros mencionan esta tradición. El otro relato dice que ese era el monte de la tierra de Moriah donde Abraham ofreció a Isaac, y donde el carnero fue dado como sustituto de Isaac.

Allí lo crucificaron junto con los otros criminales (Juan 19:18). Allí lo crucificaron.

Observemos qué muerte murió Cristo: la muerte de cruz. Fue una muerte sangrienta, dolorosa, vergonzosa y maldita. Lo clavaron en la cruz como a un sacrificio atado al altar y como a un Salvador firmemente fijado para realizar la obra que había venido a cumplir. Fue levantado como la serpiente de bronce, colgando entre el cielo y la tierra porque no éramos dignos de ninguno de los dos y, en cierto sentido, éramos rechazados por ambos.

Sus manos fueron extendidas para invitarnos y recibirnos. Permaneció colgado del madero durante varias horas, muriendo lentamente, pero todavía completamente consciente y capaz de hablar, para poder entregarse verdaderamente como sacrificio. No fue una pérdida repentina de la vida. Se ofreció a sí mismo de manera consciente y voluntaria.

Observemos también con quiénes murió: otros dos estaban con él. Probablemente esos hombres no habrían sido ejecutados en ese momento si los principales sacerdotes no lo hubieran pedido, con la esperanza de aumentar la vergüenza de nuestro Señor Jesús. Quizá por eso uno de ellos lo insultó, pues sus muertes fueron apresuradas por causa de él.

Si hubieran tomado a dos de sus discípulos y los hubieran crucificado con él, eso lo habría honrado. Pero si semejantes hombres hubieran compartido su sufrimiento, podría haber parecido que lo ayudaban a completar su obra salvadora. Por eso se dispuso que quienes sufrieran junto a él fueran los peores tipos de pecadores: así él podía llevar nuestra vergüenza y quedaba claro que el honor pertenecía únicamente a él.

Esto también lo expuso al desprecio y al odio de la multitud. La gente suele juzgar por las apariencias y no hace distinciones cuidadosas. Pensarían que no solo era un criminal por estar unido a criminales, sino el peor de los tres por haber sido colocado en medio. Sin embargo, así se cumplió la Escritura: fue contado entre los transgresores (Isaías 53:12).

No murió en el altar entre sacrificios, ni su sangre se mezcló con la de toros y machos cabríos. Murió entre criminales, y su sangre se mezcló con la de ellos, hombres ejecutados por la justicia pública. Detengámonos ahora y contemplemos a Jesús con los ojos de la fe. No hubo dolor comparable al suyo.

Contémplalo: una vez revestido de gloria, ahora despojado de ella y vestido de vergüenza. Contempla a aquel que era alabado por los ángeles, convertido en objeto del desprecio de los hombres. Contempla a aquel que había vivido en eterno deleite y gozo en la presencia de su Padre, ahora sumido en el más profundo dolor y agonía. Míralo sangrar, luchar y morir. Contémplalo y ámalo. Ámalo y vive para él. Y reflexiona detenidamente sobre lo que debemos ofrecerle a cambio.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Juan 19:16 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.