Versículo destacado
Job 33:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Ciertamente hablaste mientras yo escuchaba, y oí la voz de tus palabras, que decían: "
Job 33:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Mira, conforme a tu deseo, yo estoy en lugar de Dios; también yo fui formado del barro.
7 Mira, mi terror no te asustará, ni mi mano pesará sobre ti.
8 Ciertamente hablaste mientras yo escuchaba, y oí la voz de tus palabras, que decían:
9 Estoy limpio, sin transgresión; soy inocente y no hay iniquidad en mí.
10 Mira, él encuentra ocasiones contra mí y me considera su enemigo.
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En estos versículos, Eliú acusa especialmente a Job de haber dicho cosas que deshonraban la justicia y la bondad de Dios. No está repitiendo un rumor. Dice que él mismo escuchó a Job decir esas cosas, delante de todos los presentes (Job 33:8). Si solo lo hubiera escuchado en privado, quizá habría pensado que no era tan grave como parecía. Pero, como Job lo dijo abiertamente, también era apropiado corregirlo abiertamente. A quienes pecan públicamente se les debe reprender públicamente. Cuando escuchamos palabras que insultan a Dios, debemos hablar en contra de ellas. Somos responsables de cuestionar lo que se dice erróneamente en nuestra presencia, porque el Señor dice: «Ustedes son mis testigos».
Eliú dice que Job había hablado como si fuera completamente inocente (Job 33:9). Job no había usado exactamente esas palabras. De hecho, había reconocido que había pecado y que no era puro delante de Dios. Pero también había dicho cosas como: «Tú sabes que no soy malvado» y «Me aferraré a mi justicia», y Eliú considera que esas afirmaciones son la base de su acusación. Era cierto que Job era un hombre intachable y recto, y no la clase de hombre que sus amigos decían que era. Sin embargo, no debió insistir tanto en ese punto, como si Dios hubiera actuado mal al afligirlo. Es posible que Eliú también haya sido injusto al hacer parecer que Job afirmaba estar libre de todo pecado, cuando en realidad Job quería decir que era recto y que no era culpable de los grandes crímenes de los que sus amigos lo acusaban. Pero quienes hablan apresurada y descuidadamente deben esperar que los malinterpreten. Debieron expresarse con más cuidado.
Eliú también dice que Job había hablado como si Dios fuera severo, siempre atento a sus faltas y aprovechando cada oportunidad para acusarlo (Job 33:10, Job 33:11). Job había dicho cosas como: «Encuentra motivos para acusarme» y «¿Acaso no vigilas mi pecado?» (Job 14:16, Job 14:17). También había dicho: «Me considera su enemigo» (Job 13:24; Job 19:11), y «Pone mis pies en el cepo», con lo cual quería decir que Dios lo había encerrado, de modo que no podía luchar ni escapar (Job 13:27). Asimismo, había dicho: «Vigila todos mis caminos» (Job 13:27). Eliú interpreta estas palabras como quejas de que Dios estaba actuando injustamente contra Job.
La respuesta de Eliú es que Job se equivocó al hablar de esa manera y que debía humillarse delante de Dios y retractarse de esas palabras mediante el arrepentimiento (Job 33:12). Dice: «En esto no tienes razón». Esta acusación es más moderada que la de los otros amigos de Job. Ellos decían que Job no era justo en absoluto, pero Eliú solo afirma que, en este asunto y en esas palabras, Job estaba equivocado. Job no estaba tratando a Dios con justicia. Ser justo significa dar a cada persona lo que le corresponde. No somos justos con Dios si no reconocemos que todos sus caminos con nosotros son sabios y buenos, y que él es justo en todo lo que hace. Eliú también quiere decir que, en esta ocasión, Job no estaba hablando como un hombre justo. No estaba negando el carácter de Job en general, sino señalando que sus palabras no correspondían a ese carácter en ese momento. Las personas buenas todavía pueden hablar mal algunas veces. Debemos decirle incluso a una persona buena cuando se ha equivocado, y no halagarla en sus faltas ni en sus palabras pronunciadas con enojo. Pero tampoco debemos formar un juicio completo sobre el carácter de alguien a partir de un mal momento o de unas cuantas palabras descuidadas. Todos tropezamos en muchas cosas, así que nuestra crítica debe ser justa.
Luego Eliú le da a Job dos razones para reconocer que había hablado mal. Primero, Dios es infinitamente más grande que nosotros, así que es insensato discutir con él. Eliú expresa una verdad sencilla: «Dios es más grande que el ser humano». Job mismo había dicho muchas cosas verdaderas y maravillosas sobre la grandeza de Dios, su poder irresistible, su gobierno soberano, su majestad imponente y su existencia eterna. Eliú le dice que aplique esas verdades a su propia situación. Si Dios es más grande que el ser humano, ciertamente es más grande que Job. Eso debería hacer que Job se avergonzara de sus comentarios amargos e insensatos y se humillara delante de Dios. Esta sola verdad, si realmente reflexionamos en ella, basta para silenciar nuestras quejas y objeciones contra la providencia de Dios, es decir, contra la manera sabia en que él ordena nuestra vida. Dios no solo es más sabio y más fuerte que nosotros, de modo que discutir con él es inútil. También es más santo, más justo y más bueno. Puesto que esas son las excelencias supremas de la naturaleza de Dios, no es razonable encontrarle defectos. Él tiene toda la razón.
Segundo, Dios no tiene que rendirnos cuentas (Job 33:13). Por eso, Job no tenía motivo para seguir contendiendo con él. Quienes se quejan contra Dios en realidad están presentando un caso en su contra y llevándolo a juicio. Pero no hay razón para que alguien haga eso. Es insensato que criaturas débiles y pecadoras luchen contra un Dios de sabiduría, poder y bondad perfectos. Es como si el barro discutiera con el alfarero. Dios no está obligado a explicarnos todas sus acciones. No tiene que decirnos qué planea hacer, cómo lo hará, cuándo lo hará ni por qué medios. Tampoco está obligado a defender ante nosotros cada decisión ni a responder cada pregunta que planteemos. Al final, sus juicios demostrarán que son justos. Si no podemos quedar satisfechos con ellos, la culpa es nuestra, no de él. Por eso, es atrevido y pecaminoso poner a Dios en el banquillo, como si tuviera que demostrarnos que es justo, o exigirle que explique qué está haciendo y por qué lo está haciendo. Él no nos explica todos sus asuntos, aunque sí revela lo suficiente para que sepamos lo que es correcto, como Eliú continúa diciendo (Job 33:14). Aun así, hay cosas secretas que pertenecen solo a Dios y no a nosotros.
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De este capítulo
Job 33:1
"Por tanto, Job, te ruego que escuches mis discursos y prestes atención a todas mis palabras."
Job 33:2
"Mira, ahora he abierto mi boca; mi lengua ha hablado dentro de mi boca."
Job 33:3
"Mis palabras expresarán la rectitud de mi corazón, y mis labios declararán claramente lo que sé."
Job 33:4
"El Espíritu de Dios me hizo, y el aliento del Todopoderoso me dio vida."
Job 33:5
"Si puedes responderme, ordena tus palabras delante de mí y ponte de pie."
Job 33:6
"Mira, conforme a tu deseo, yo estoy en lugar de Dios; también yo fui formado del barro."
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