Versículo destacado

Job 32:15 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Ellos quedaron asombrados; no respondieron más; dejaron de hablar. "

Job 32:15

menu_book El versículo en contexto

13 No sea que digan: Hemos hallado la sabiduría; Dios lo derriba, no el hombre.

14 Ahora bien, él no ha dirigido sus palabras contra mí, ni yo le responderé con los discursos de ustedes.

15 Ellos quedaron asombrados; no respondieron más; dejaron de hablar.

16 Cuando yo había esperado (pues ellos no hablaban, sino que se quedaron inmóviles y no respondieron más),

17 dije: También responderé por mi parte; yo también daré a conocer mi opinión.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Tres cosas ayudan a explicar por qué Eliú intervino en este debate, aunque ya había sido tratado por hombres tan agudos y eruditos.

1. Había espacio para que hablara, y él no interrumpió a ninguno de los dos lados. Ellos estaban asombrados; no respondieron más (Job 32:15). No solo dejaron de hablar, sino que permanecieron en silencio para escuchar si alguien más diría algo, de modo que Eliú tuvo una oportunidad clara para expresarse. No parecían completamente satisfechos con lo que habían dicho; de lo contrario, habrían dado por terminada la discusión en vez de esperar a oír algo más. Por eso Eliú dijo: «Yo también daré mi respuesta» (Job 32:17). No afirmó que iba a emitir el juicio final, porque solo el Señor decide quién tiene razón y quién está equivocado. Pero, ya que cada uno había expuesto su opinión, Eliú también expondría la suya y la dejaría junto con las demás. Cuando incluso la persona más humilde habla con esa modestia, es vergonzoso no escucharla con imparcialidad.

También es posible que aquí Eliú se esté presentando como el escritor de este libro, relatando los hechos como un historiador. Si es así, está diciendo que, después de pedirles atención, ellos quedaron sorprendidos, dejaron de hablar entre sí, no objetaron su derecho a expresarse y permanecieron en silencio para escuchar lo que diría. Quedaron profundamente impresionados por la extraña combinación de valentía y humildad en sus primeras palabras.

2. Se sentía intranquilo, casi angustiado, hasta poder decir lo que pensaba. Ellos tuvieron que dejarlo hablar porque él ya no podía contenerse. Mientras lo meditaba, su corazón ardía dentro de él (Salmo 39:3), y sus palabras estaban encerradas en su interior como un fuego en los huesos (Jeremías 20:9). Anhelaba hablar, como una mujer que necesita alivio cuando tiene los pechos llenos, y Eliú deseaba explicar el caso de Job (Job 32:18-20). Si hubiera pensado que alguno de los otros había llegado al fondo del asunto, se habría quedado callado. Pero como creía que todos se habían equivocado, se sintió impulsado a intentarlo.

Primero, afirma que tenía mucho que decir: «Estoy lleno de palabras». Había escuchado con atención todo lo que se había dicho hasta entonces y lo había reflexionado por sí mismo. Cuando los hombres mayores han hablado extensamente y parecen haber agotado sus ideas sobre la providencia de Dios, Dios todavía puede levantar a hombres más jóvenes y llenarlos de enseñanzas útiles para la iglesia. Este tema nunca puede agotarse, aunque quienes hablan sobre él sí se agoten.

Segundo, dice que sentía una especie de presión interior que lo impulsaba a hablar. El espíritu que estaba dentro de él no solo le enseñaba qué decir, sino que también lo movía a decirlo. Si no le daba voz, estallaría como el vino nuevo dentro de un odre mientras fermenta (Job 32:19). Esto muestra lo doloroso que es para un siervo fiel ser silenciado y relegado. Está lleno de palabras acerca de Cristo y del cielo, y desea hablar para el bien de los demás, pero tal vez no se lo permiten.

Tercero, hablar le daría alivio y satisfacción (Job 32:20). Hablaría para sentirse renovado: no solo quedaría libre de la presión de contenerse, sino que también se alegraría de hacer el bien en el lugar y en la medida que Dios le había concedido. Es un gran consuelo para una persona buena hablar para la honra de Dios y el beneficio de los demás.

3. Estaba decidido a hablar con honestidad, con completa libertad, y a decir lo que consideraba verdadero, no lo que agradara a los demás (Job 32:21-22). No mostraría favoritismo, como hacen los jueces deshonestos cuando buscan obtener algo para sí mismos en vez de hacer justicia. Estaba resuelto a no halagar a nadie. No hablaría falsamente por amabilidad hacia Job, aunque Job fuera pobre y estuviera sufriendo, haciendo que su caso pareciera mejor de lo que Eliú creía que era. A quienes sufren no se les debe halagar, sino tratar con honestidad. Cuando alguien está en dificultades, también es una falsa bondad permitir que el pecado continúe (Levítico 19:17), porque eso solo aumenta la carga. No debemos apoyar injustamente a una persona pobre en su causa, así como tampoco debemos oponernos injustamente a ella (Éxodo 23:3). No debemos permitir que un rostro triste nos lleve a torcer la justicia, porque eso sería mostrar parcialidad.

Eliú tampoco halagaría a los amigos de Job solo porque eran respetados y tenían recursos. No repetiría sus opiniones a menos que estuviera convencido de que eran correctas, ni los alabaría simplemente por su posición. Aunque era joven y estaba ganando influencia, no torcería la verdad para obtener el favor de hombres importantes. Su determinación era buena: «No sé hablar con títulos aduladores a los hombres». No se había acostumbrado a usar elogios suaves y vacíos.

Tenía una buena razón para mantenerse firme, porque, si lo hiciera, su Creador pronto se lo llevaría. Es sabio mantenernos bajo control recordando el juicio de Dios. Aquel que nos creó puede quitarnos la vida en su enojo si no actuamos correctamente. Dios aborrece la falsedad y la adulación. Pronto hará callar los labios mentirosos y silenciará la lengua aduladora (Salmo 12:3). Mientras más tengamos presente la majestad de Dios como nuestro Creador y más temamos su ira y su justicia, menos probable será que pequemos por temor a las personas o por adularlas.

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